Novedades de Dolmen de febrero

(**)- Breakdown #4, de Takao Saito Tomo. 358 págs. B/N. 14 euros.
Dolmen #184, de Varios autores Revista. 84 págs. Color. 3,99 euros.
Eros #122, de Varios autores Revista. 68 págs. B/N y color. 4 euros.
Historia de las Baleares#2: La Cultura Talayótica, de Quim Bou. Cartoné. 64 págs. Color. 10 euros.
(**)- Invencible 13: Días felices, de Kirkman y Ottley Rústica. 168 págs. 15,95 euros
Los Reyes Elfos: Historias de Faerie III, de Victor Santos y varios. Tomo. B/N. 128 págs. 10,95 euros
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Frank

Poco a poco vamos resolviendo los muchos (e inexplicables) debes que el lector español tiene hacia los grandes genios de la historieta mundial. Si el año pasado solventábamos de un plumazo y con contundencia la ignorancia de Dave Sim o Shigeru Mizuki, este año le toca turno, por fin, a uno de los grandes del panorama independiente USA: Jim Woodring. Casi siempre injustamente olvidado, incluso en su país de origen, quizás porque su obra ha sido siempre completamente ajena a cualquier catalogación. Frente a la coherencia grupal de los autores que en los 80 se agrupaban alrededor de los rescoldos del underground, la combativa autoedición o la insurgencia de aquellos que abanderaban el slice of life como una nueva forma de contracultura, Woodring ejercía de inclasificable elemento discordante, pese a unos inicios casi canónicos en la estela de Justin Green. De hecho, no es difícil establecer paralelismos entre las primeras entregas de Jim, su primera obra, y la mítica Binky Brown meets the Holy Virgin, desde algunas referencias estilísticas – quizás menos evidentes- hasta las más obvias temáticas: la autobiografía, la represión sexual, el uso del arte como vía de autoexorcismo… Incluso algunos referentes de la obra de Green, como la transformación física (los dedos-penes de Binky Brown) aparecen también en Jim en forma de grotescas mutaciones del protagonista, a lo que hay que añadir la fuerte carga de interpretación simbólica que ambos autores practican. Sin embargo, es precisamente ese acento en el simbolismo el que marcaría el distanciamiento de la obra de Green para dar a Woodring la pista de su propio camino, en una senda de surrealismo que iba estableciendo las bases de un universo privado, de un espacio tan personal como hermético, donde el delirio comenzaba a tomar posiciones dominantes. Una evolución que tendría punto de inflexión claro en Quarry Story, donde el onirismo deja atrás definitivamente a la realidad, preparando el terreno para la gran creación de Woodring, Frank. Un personaje nacido casi de casualidad, como muchas veces ha indicado el autor, pero que es la consecuencia lógica de esa progresión hacia un discurso tan personal como único, en el que se puedan plasmar tanto las terroríficas alucinaciones y apariciones que marcaron su infancia como propuestas de reflexión sobre cualquier aspecto vital. La transición se cierra completamente: desde Jim, una realidad cotidiana donde lo surreal intenta colarse de rondón como presencia tangible, hasta Frank, un universo surreal donde la realidad es tan sólo un espejismo pasado por el tamiz de la interpretación del lector. Apenas un puñado de personajes y un escenario aparentemente fijo serán los elementos que Woodring utilice como reto personal, un teatro donde compone sus episodios desde excusas argumentales nimias, tan simples como un paseo de Frank, que irán tomando forma y vida propia.

Viendo las páginas de Frank, caminando por Unifactor, la tentación de comenzar a hacer relaciones con Krazy Kat es poderosa: la figura antropomorfa de Frank, un personaje basado en los “animalitos” de los dibujos animados del que nunca sabremos a ciencia cierta si es un gato, perro, conejo o especie definida, es fácilmente trasladable a Krazy y su incierta sexualidad. El universo mutante de Coconino parece una región más de Unifactor. O Unifactor parte natural de Coconino, quién sabe, aunque bien mirado en Coconino es el escenario el que muta y en Unifactor son los actores. El cerrado elenco de personajes de la obra de Herriman, casi más hermético en el caso de Woodring, el paseo de Frank frente al ladrillazo como motor de la historia… Muchas coincidencias que se desvelan como caprichosos apriorismos y coincidencias a medida que avanza la lectura de Frank: es difícil que la musicalidad y ritmo de Herriman tengan correlato en la muda obra de Woodring y es evidente que las intenciones son muy alejadas, demasiado. Quizás, quién sabe, es tan sólo que la genialidad del absurdo encuentra lugares comunes de expresión y que tanto Herriman como Woodring compartieron sus sueños más allá de las limitaciones de tiempo y espacio, conceptos sin sentido alguno en Unifactor o en Coconino. O quizás, también, es una evolución natural de uno en otro, que ha sabido impregnarse y alimentarse de muchísimas más experiencias: más fácil es, por ejemplo, encontrar en Frank los mecanismos del guiñol, presentes tanto en la estructura como en la presencia de un Mr. Punch redivivo en la forma casi sacralizada de Whim, por no hablar de la brutal influencia del dibujo animado que va desde los Fleischer y Disney hasta Chuck Jones y Tex Avery, pasando por la cultura pop, la ilustración más radical y, por supuesto, el cómic underground americano, en un cóctel que la buena mano de Woodring consigue dotar de una extraña naturalidad. Quizás uno de los aspectos más sorprendentes de Frank es que todo ese cúmulo de referencias está presente sin renunciar a sus orígenes de una u otra forma a través de un grafismo anárquico en lo individual que consigue un pasmoso efecto de homogeneidad en lo global. A medida que pasamos las páginas de Frank, la sensación que se tiene es de juego caleidoscópico, de una especie de mantra orgánico donde las formas se van sucediendo sin tregua con lógica uniformidad. Sin embargo, si nos vamos fijando en cada personaje de forma aislada, en cada escena, veremos que Frank sigue los cánones del dibujo animado infantil y lúdico, mientras que ManHog recuerda a Gilbert Shelton y Crumb a la vez que Pupshaw y Pushpaw son iconos de rabioso surrealismo pop (quizás se podría calificar a Woodring del exponente máximo del lowbrow art). Por no hablar de una estética formal que bebe tanto del arte islámico como del radicalismo de Robert Williams sin despeinarse. Es decir, un mejunje que debería ser tan imposible como indigesto, pero que Woodring consigue conjuntar con una armonía asombrosa para poder contar esas historias de Frank donde todo, absolutamente todo es posible.
Y llegamos al momento más delicado: “Sí, todo muy bonito, pero ¿qué cuenta Frank?”

Pues no lo sé. O sí. O yo que sé. Se podría decir, quizás, que Frank cuenta aquello que el lector quiere leer en sus páginas. Es como una especie de mantra en movimiento que va llevando al lector a una especie de trance mesmérico donde todo es posible. Las mutaciones continuas, el cambio, lo orgánico transformado en inorgánico… Todo puede ser leído como un simple gag de slapstick “vintage” depurado y descontextualizado o como una pesadilla lovecraftiana trasladada a un Dibulliwood alucinógeno y perverso. O como una profunda reflexión sobre el ser humano que toca desde los temas más trascendentes a los más banales. O quizás como una experiencia estética radical… Quién sabe. Lo único claro es que Woodring reta al lector a un viaje sin retorno a su propia psique, a una demolición descontrolada de todo lo aprendido. Leer Frank es un revulsivo total que centrifuga las neuronas a alta velocidad, un reset total del sistema de realidad establecido que deja la mente en un renovado estado de equilibrio.
Una obra maestra, una genialidad… el adjetivo es lo de menos porque Frank no los admite. Los crea.

Aunque lo que sí admite adjetivo es la calidad de la edición de Fulgencio Pimentel: espectacular. Servidor hace años que no ve algo parecido. Y me quedo corto.
Enlaces:
Web de Jim Woodring
The Woodring Monitor
Fulgencio Pimentel

Enlaces luneros

Ración de luneros, que tenía la sección muy abandonada. Muchas y muy variadas webs (donde sí se puede comentar).

TEBEOBIEN, el recién estrenado blog del activo twittero y comentarista de esta página.
Serie de viñetas, blog de Octavio Beares que promete mucha calidad e información.
Cazando viñetas, más explícito, impòsible.
Es una locura, pero podría funcionar, un modesto y simple intento de dominar el mundo por parte de un grupo de talentosos genios del mal.
OPiniones sueltas, viñetas cautivas, interesante y trabajado blog de el_bru
El devorador de cómics, y a fe mía que los devora! ;)
Más caprichos de comic, ya he enlazado algunos de sus interesantes posts, pero es que las historietas que cuelga son sensacionales, no os lo perdáis.
A panel, a day… keeps the doctor away. Gran verdad.
En todo el colodrillo, excelente página de información con entrevistas (no os perdáis la que le hacen a Jesús Merino 1 y 2), trabajados monográficos…
Punto y comics, blog sobre cómics y algunas cosas extrañas más.
Rey Palomo, el webcómic
La novena página, de momento está parada, pero atentos a ella, porque cuando vuelva lo hará con fuerza.
La balada del mar salado, música, cómics y literatura
La Vida Imaginaria by David Jack Viajes, Comic, Ilustracion y otros exitos del pop.
Cultura comiquera, artículos, ideas y novedades sobre cómic, historieta, libros ilustrados y novela gráfica
Hey kids, comix! Fotos de niños leyendo tebeos. O la infancia perdida…
Art Nueve, blog de cómics y variedades

Más esenciales en España

Pleno: Asterios Polyp y Notas al pie de Gaza ya han aparecido en España, en la recámara de varias editoriales me confirman: La Parenthèse, de Elodie Durand, Les noceurs, de Brecht Evens, Le bleu est une couleur chaude, de Julie Maroh y Cinq mille kilomètres par seconde, de Manuele Fior. Casi nada.. :)

La sorpresa italiana

Parecía que el premio al mejor álbum de Angouleme se iría este año para los EEUU, ya con Mazzucchelli, ya con Sacco, pero la sorpresa no ha podido ser más agradable: Cinq Mille kilometres par second, del italiano afincado en Oslo Manuele Fior. A mi entender, uno de los grandes álbumes de lo que he podido leer de la selección de este año. Echadle un vistazo a las páginas de su web porque es una preciosidad, de ver y de leer. Y tenemos suerte: lo veremos seguro publicado en España :)

Los premios de Angoulême

– Premio de la BD alternative: “L’arbitraire”
– Premio del Patrimonio: Attilio Micheluzzi (a ver si alguien se anima a publicar en España obras suyas, como esa joya que es Bab-El-Mandeb)
– Premio Revelación: La Parenthèse, de Elodie Durand y Trop n’est pas assez, de Ulli Lust (que ya se había adjudicado el premio Artémisia 2011 de la bd femenina)
– Premio de la audacia: Les noceurs, de Brecht Evens
– Premio Mirada al mundo: Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco. Lógico, esperado y merecido.
– Premio Intergénération: Pluto de Naoki Urasawa
– Premio a la mejor serie: Il était une fois en France T. 4, de Fabien Nury y Sylvain Vallée
– Premio especial del jurado: Asterios Polyp, de David Mazzucchelli
– Premio del público: Le bleu est une couleur chaude, de Julie Maroh
– Fauve d’or al mejor álbum: Cinq mille kilomètres par seconde, de Manuele Fior ¡Sorpresa!
Y ya es oficial: Art Spigelman, Gran Premio de Angoulême.

Swamp Thing

Planeta DeAgostini publica una bonita edición recopilatoria del Swamp Thing de Alan Moore, una obra maestra del género de terror que sigue siendo tan inquietante y sugerente como en su primera lectura. No sé por qué, pero sigo asociando “La cosa del pantano” con la etapa de Wrightson y Wein y a “Swamp Thing” con la de Alan Moore. Cuestión fonética, supongo: la primera me suena cortante y rotunda, como las tintas de Wrightson. La segunda, sinuosa y viscosa, de pronunciación arrastrada que ya pone los pelos de punta con su sonido…

Adiós a los comentarios

A partir del 1 de febrero, se cerrarán definitivamente los comentarios en este blog.
Lo he pensado mucho, de verdad. Sé que los comentarios son la parte más importante de La Cárcel de Papel, que se ha formado una comunidad de amigos impresionante pero, en los últimos tiempos, la situación se ha desmandado completamente. Durante 2010, los comentarios se han multiplicado de forma espectacular y, con el aumento, se ha generalizado en las discusiones y debates un tono cada vez más violento, de enfrentamiento directo, de bronca en definitiva. No es cuestión de una bronca en particular o de un troll. Es un problema genérico de los comentarios que obliga a una labor constante de moderación, a una inversión de tiempo semanal espectacular (en algunas semanas se puede llegar a los casi 1000 comentarios) que, en este momento de mi vida, no puedo hacer tan fácilmente. Os recuerdo que esta página sólo la hago yo, nadie más, y llega un momento que tengo que elegir entre hacer una entrada o moderar comentarios.
He aprendido muchísimo de los comentarios, algunos me han puesto las pilas y me he emocionado con muchos de ellos… pero la situación ha llegado a un límite al que no le encuentro solución sencilla. Las broncas son un problema que, reconozco además, me molesta profundamente. No va conmigo, sorry. Y, por muchas vueltas que le dé, llego siempre a la misma respuesta: lo mejor es cerrar los comentarios. Sé que se podría obligar al registro de los participantes, que hay otros medios, pero en este momento, no tengo tiempo de ponerlos en marcha.
No sé si esta decisión será para siempre o en un futuro cercano o lejano volveré a activar los comentarios. No lo sé, sinceramente. Pero de momento, es lo que pasará la semana que viene.
A todos los habéis hecho de los comentarios un lugar de encuentro y de participación educada, de disfrute personal, sólo puedo que daros las gracias y pediros disculpas por cerrar los comentarios (y a los otros, a los trolls a los que os encanta la gresca y la bronca maleducada, olvidadme).

Una muerte en la familia

Nueva muerte en el universo Marvel. Parece que el paso por la funeraria deja réditos importantes y la lista comienza a ser importante, engrosada esta vez por uno de los cuatro fantásticos. Nada que objetar, la política de decesos de Joe Quesada ha sido coherente y repetitiva y, si me apuran, previsible: una muerte al año no hace daño y engrosa el bolsillo. Pero lo curioso es que la propia editorial Marvel/Disney ha filtrado el terrible y funesto secreto a la prensa antes de que salgan los tebeos, poniendo en guerra a millones de aficionados spoileados en su amor propio.
Sin embargo, tal actitud no deja de ser absoluta y totalmente coherente con los nuevos principios de la editorial, que básicamente se resumen en una sencilla frase: ¿quién necesita lectores?
La cuestión es obvia: en estos tiempos que corren, lo que importa única y exclusivamente es el comportamiento en bolsa de la empresa, las acciones y la cara de felicidad de los inversores. Que no compran tebeos, todo sea dicho. Lo de vender tebeos pues está bien, pero seamos claros: el negocio ya no está en los tebeos, está en el marketing, en los media. Y eso Quesada lo ha hecho maravillosamente bien: ha demostrado ser un experto manipulador de los medios, como me comentaba hace poco Rafa Marín, consiguiendo que la empresa aparezca en todos los periódicos del mundo, en todas las televisiones…y viendo cómo sus acciones suben. Que el tebeo sea un churro, que se muera y reviva a las tres semanas… que los aficionados de toda la vida se quejen, es lo de menos. Lo importante es salir por todas partes y que los inversores piensen que la empresa es la rehostia en piruleta. Y después, utilizar esos dineros en hacer películas que dan mucha pasta. ¿Los personajes?¿Los autores? Bueno, sí, son las piezas de marketing…
Y en el fondo, el verdadero argumento de la muerte de este fantástico es, como bien decía Rafa Marín, muy simple: Chris Evans no puede hacer dos personajes a la vez en el cine, quedaría feo (selecciona para leer, es un spoiler gordo. Bueno, ya no).
¡Cómo está el mundo, Facundo!
(por cierto, cambien lo anterior por DC y funciona igual…)