Repaso al 2010 (I): Lo mejor

¡Quién diría que estamos en lo más profundo de la madre de todas las crisis! O por lo menos, en lo que ha calidad de los tebeos publicados durante este año: si el 2009 sudé tinta (bueno, no, bytes si acaso) para hacer la selección anual, el pasado 2010 ha resultado casi peor. Eso sí,me resulta mucho más sencillo resumir este 2010 con una sola palabra: Mizuki. Sin duda alguna, lo mejor del año, todo un descubrimiento que promete muchas lecturas maravillosas. Un año suculento del que destaco 20 tebeos como ya es costumbre. Y, como ya es costumbre también, el aviso de rigor: ésta es una lista personal, simple expresión de mis gustos y criterio. Que si gusta bien y si no, pues que se olviden de ella, que seguro que hay por ahí gente con mucho mejor gusto y criterio que servidor (y ojo, que este año ha sido de muy pocas lecturas, así hay que cogerla con más pinzas que nunca).


1. Operación Muerte, de Shigeru Mizuki (Astiberri)
2. Cerebus: Alta Sociedad, de Dave Sim (Ponent Mon)
3. Asterios Polyp, de David Mazzucchelli (Sins Entido)
4. Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco (Random House Mondadori)
5. Dios en persona, de Marc Antoine Mathieu (Sins Entido)
6. NonNonBa,de Shigeru Mizuki (Astiberri)
7. El destino del artista, de Eddie Campbell (Astiberri)
8. Wilson, de Daniel Clowes (Random House Mondadori
9. Rébétiko, de David Prudhomme (Sins Entido)
10. Los Muertos Vivientes, de Robert Kirkman y Charlie Adlard (Planeta DeAgotini)
11. Parecer es mentir, de Domenique Goblet (Norma)
12. Planetary, de Warren Ellis y John Cassaday (Norma)
13. Aula a la deriva, de Kazuo Umezz (Ponent Mon)
14. Duelo de caracoles, de Sonia Pulido y Pere Joan (Sins Entido)
15. El invierno del dibujante, de Paco Roca (Astiberri)
16. Lulú, mujer desnuda, de Etienne Davodeau (La Cúpula)
17. En mis ojos, de Bastien Vivés (Diábolo)
18. Los practicantes del espanto, de Pierre Lapolice (Andoliado)
19. Viaje, de Yuichi Yokoyama (Apa Apa Cómics)
20. Los viejos tiempos, de Sfar (Ponent Mon)

A primera vista, es evidente la espectacular reducción de obra de autores nacionales. El silencioso cierre de las colecciones de autores españoles de Planeta y la paralización de la producción propia en otras editoriales ha pinchado el sueño que se vivió el año pasado. Aún así, hay que destacar obras tan interesantes como Autobiografía no autorizada, de Nacho Casanova, Plaza Elíptica, de Santiago Valenzuela, Sarà Servito, de Laura y Felipe Hernández Cava, ¡Pintor!, de Esteban Hernández, Sexo, amor y pistachos, de Ramón Boldú, Medusas y ballenas, de Cristina Vela, Abulio, de Joan Cornellá, Barcelona Low Cost, de Aníbal Mendoza y Martín Tognola, ¿Quién ama las fresas?, de Clara Tanit-Arqué, La canción de los gusanos, de Ález Romero y López Rubiño o Tú me has matado, de David Sánchez.
Respecto al manga, además del ciclón Mizuki, del que hay que reseñar además la edición de Kitaro, hay que celebrar que autores como Hideshi Hino o Taniguchi hayan seguido con su presencia continua en las librerías. El primero con sus excelentes historias de terror y el segundo con dos pequeñas joyas como El gourmet solitario o Un zoo en invierno. Hay que añadir a la lista la sobria Pluto, de Naoki Urasawa.
Del resto de Europa, Bastien Vivés demuestra que se vale en el género igual de bien que en los temas intimistas con Por el imperio, junto a Morwan, mientras que Bourgeon vuelve a Los pasajeros del viento con algunas sombras y bastantes luces. Destacan también Ensalada de Niza, de Baudoin, ¡Puta Guerra!, de Tardi, Rosalie Blum, de Camille Jourdy, Derecho de Suelo, de Charles Masson y el delirio personal de Inside Moebius. Y suponiendo que la Gran Bretaña sea Europa, no está de más incluir ese experimento tan interesante como inclasificable que es Alice in Sunderland, de Bryan Talbot. Y por simple comodidad, dada la adopción sueca, incluiremos aquí al mozmbiqueño Rui Tenreiro y su sugerente La celebración.
Del tebeo estadounidense, Scalped, de Jason Aaron y R. M. Guera, confirma que existen esperanzas de encontrar obras de calidad en un mainstream que no llega a creerse los buenos resultados de experimentos como Strange Tales. A éstas obras hay que unir la habitual cosecha llegada del cómic independiente, con títulos como Alec, de Eddie Campbell, Templanza, de Cathy Malkasian, Los cuentos de Pete el leñador, de Lilli Carré o las Nuevas historias del viejo Palomar de Beto (a la espera de que se publiquen en España dos obras fundamentales que han aparecido en EEUU este año: las nuevas entregas de Locas de Jaime Hernández y ACME Novelty Library de Ware, magistrales).
A destacar también este año dos obras argentinas: La herencia del coronel, de Lucas Varela y Carlos Trillo y Carlos Gardel, con un Muñoz pletórico, incomensurable, ilustrando el guión de Sampayo.
Como ya viene siendo costumbre, las reediciones se alzan con un protagonismo que, me atrevería a decir, supera ampliamente al de las novedades en algunos momentos, casi convirtiéndose en política editorial preferente. Destaca especialmente la labor de Manuel Caldas, orfebre de la edición cuidada que nos ha regalado este año nada más y nada menos que con Los niños Kinder, de Lyonel Feininger y Dot & Dash, de Cliff Sterret. Un monumento le tendrían que poner a este hombre. Los clásicos americanos han tenido también presencia importante con Julieta Jones, el preciosista trabajo de Stan Drake y Elliot Caplin, y el volumen Strange Suspense, de Steve Ditko o no tan clásicos pero casi como Los nuevos mutantes de Claremont y Sienkiewickz o el Sandman de Neil Gaiman. Muy acertada también la recuperación de clásicos europeos como Gil Pupila, de Tilleux, Theodore Poussin, de Frank LeGall, RanXerox, de Liberatore y Tamburini, Los ojos del gato, de Moebius y Jodorowsky o Adéle Blanc-Sec, de Tardi, al igual que la de clásicos japoneses como Adolf, de Tezuka o la deliciosa y desternillante Dr. Slump de Toriyama. Y ojito al apartado español, que viene fino: Onírica de Beroy, Cutlas de Calpurnio, Raspa Kids de Álex Fito, Frank Cappa, de Manfred Sommer, Gustavo de Max, Fuga en la modelo de Gallardo y Mediavilla, Lo peor de Vázquez, de Manuel Vázquez o Los doce trabajos de Hércules, de Miguel Calatayud. Mención también al magistral Sargento Kirk de Oesterheld y Pratt y a ese atracón nostálgico que ha supuesto la recuperación de clásicos de la Fletway/IPC como Zarpa de Acero y Kelly Ojo Mágico.
El mundo fanzinero sigue activo y potente, dando agradables sorpresas como Colibrí o las publicaciones casi profesionales de Ultrarradio: Transdimensional Express y Mortland. Y aunque no sea fanzine, su espíritu está en cada una de las páginas del excelente Usted está aquí de Berrio y Ágreda.
Y para acabar, excelente año también para la teoría de la historieta: la consolidada enciclopedia de los cómics dirigida por Guiral ha llegado a su séptimo volumen mientras aparecen libros que serán referencia obligada en el futuro como Tragados por el abismo, de Pedro Porcel. Además, los importantes trabajos de Santiago García en La novela gráfica y de Vicent Sanchis en Franco contra Flash Gordon y Tebeos Mutilados. Sin olvidar las biografías de Vázquez firmada por Guiral y de Steranko por Ángel de la Calle. También buena noticia ha sido la aparición de la excelente y cuidada revista CHT, así como de la publicación digital Laraña. Mención de honor, por supuesto, a la labor de Tebeosfera, que este año ha publicado un número especial dedicado al género de terror que pasará a la historia.