Bakuman

Que los autores de manga son capaces de extraer épica de cualquier situación nadie me lo tiene que demostrar: servidor ya se quedó maravillado en su día de esta capacidad casi innata del manga al ver cómo era posible quedarse enganchado con el grado de cocción de un croissant en ¡Amasando Japan!. Así que no es sorpresa alguna que la propia profesión de mangaka sea tratada con tal grado de emoción y épica que la realización de una historieta se convierta en algo rivalizante con la gran batalla final del torneo de artes marciales entre Goku y Satanás Cor Petit (Piccolo en la versión castellana…es que uno no puede evitar pensar en la serie en catalán), más si los responsables de ese proyecto de llevar el camino de iniciación en la profesión a viñetas son Tsugumi Ōba y Takeshi Obata, autores de la muy entretenida (aunque inevitablemente cayera en la repetición) Death Note. Sea por una cosa o por otra, es evidente que Bakuman, cuanto menos, es una lectura entretenidísima que, de momento y leídos los tres volúmenes editados en España, todavía no peca de esa repetición continua de esquemas que tanto afecta a los mangas de éxito.
Sin embargo, más allá del puro interés de entretenimiento y del siempre curioso retrato sociológico de la sociedad japonesa que supone una temática de este estilo (que lleva a la práctica diaria esa exigencia del avance personal por el esfuerzo que vemos continuamente en su cultura, etc), hay que reconocerle las aventuras de los dos jóvenes Moritaka Mashiro y Akito Takagi una serie de segundas lecturas mucho más sugerentes y, casi si se me permite, apasionantes en algún momento: por un lado el retrato de una industria descomunal, tan perfectamente engrasada en su funcionamiento como inapelable e inmisericorde con el fracaso. La antítesis, en ese sentido, de la experiencia de Tatsumi por salir de esa industria que podíamos leer recientemente en una Una vida errante. Pero también, como un atrevido juego metalingüístico en el que leemos un manga que tiene los ingredientes, normas y técnicas que los propios protagonistas explican y aplican para hacer un manga de éxito. Cualquiera de estas razones es una buena excusa para acercarse a la serie y pasar un buen rato con ella. (2)

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