23-F

Es curioso que, entre tanta celebración del aniversario de la intentona de golpe de estado del 23-F, nadie recuerde que una de las reacciones más rápidas y comprometidas fue la del mundo del tebeo con el especial “El golpe” de la revista El Víbora, aparecido apenas unas semanas después con colaboraciones de Max, Martí, Gallardo, Pons, Ops, Mariscal o Shelton entre otros. Posiblemente, el verdadero punto de inflexión que marcó la madurez del tebeo español.

Hellboy: la cacería salvaje

Lo he dicho muchas veces y me repito como el ajo antivampiros: soy de los del bando Hellboy. Hago confesión pública antes de decir nada porque creo que rojo demonio creado por Mignola genera tantas pasiones como aburridos bostezos. Y lo entiendo. Para algunos, el universo de Hellboy es fascinante: una especie de pastiche autoconsciente de su existencia, que es capaz de fusionar sin vergüenza ni prejuicios los mitos y leyendas esotéricas de la cultura popular clásica con esa nueva encarnación pop del siglo XX que reescribe el terror en términos de confabulaciones, pero sin perder un delicioso aroma folletinesco. Aunque ya digo, entiendo que para muchos sea un aburrimiento soberano, porque aunque Mignola sea un dibujante de grafismo atractivo, aunque sus tebeos tengan ritmo y sean de lo más entretenidos, es verdad que repite esquemas y planteamientos continuamente. Vamos, que incluso servidor, que es fan del personaje, muchas veces no tiene muy claro si está leyendo una entrega nueva o releyendo una antigua, para qué negarlo. Y claro, si uno es fan, fan, fan, pues oigan, que le da lo mismo una que dos tazas. Pero si no lo es, los bostezos se escuchan hasta en Sebastopol, lógico.
Sin embargo, su nueva entrega, La cacería salvaje representa una radical ruptura de esta línea. Acompañado del siempre espectacular Fegredo, Mignola parece buscar un nuevo camino a las aventuras de Hellboy, que si bien es consistente y coherente con todo lo leído hasta ahora, abre un amplísimo abanico de nuevas posibilidades a la serie, entroncando la mitología pop propia de Hellboy con la de los jugosos mitos artúricos. Una atrevida jugada, muy sorprendente cuando estamos ante un icono de proyección mediática y comercial establecida, pero que puede ser muy interesante. De momento, el primer volumen de esta nueva saga aporta una mayor introspección del protagonista, un mayor desarrollo de personajes, a costa eso sí de perder algo de ese humor socarrón que caracterizaba la serie. Puede no ser importante según cómo derive la serie, pero hay que estar atentos, porque puede hacer también que la serie se lastre de forma irremediable, ya veremos. Esas chispas de humor formaban parte indisoluble de la personalidad del personaje.
Resumiendo: si sois fans, una entrega entretenidísima que aporta sorprendentes giros. Si dejasteis la serie por aburrimiento, dadle una oportunidad que la cosa se pone interesante… (2)