Egypt (el de Peter Milligan)

Las cosas de las coincidencias: Planeta DeAgostini publica Egypt, recopilación de la miniserie de Vertigo Voices firmada por Peter Milligan, Glyn Dillon y Roberto Corona, justo cuando el país vive una revolución sin precedentes en la historia, que consigue derrocar a Mubarak tras tres décadas en el poder. Que yo sepa, no hay relación alguna entre ambas cosas. Creo.
Al caso. Disfrutar de esta edición requiere de dos condiciones previas a la lectura, a saber:
1) Si está usted o usteda comprando la edición española…NO MIRE BAJO NINGÚN CONCEPTO LA PORTADA.
2) Piense usted o usteda que está leyendo una historia apócrifa de John Constantine.
La primera condición es indispensable. Sabido es que una portada tiene como función ejercer de canto de sirena que atraiga al lector despistado, pero la edición española que recopila los seis números de esta miniserie tiene exactamente el efecto contrario. Recordaba con agrado la lectura de la serie cuando apareció originalmente en Vertigo, hace la friolera de quince años, pero debo reconocer que la portada elegida para esta edición es tan, tan horrenda (vale, sí, las portadas de la miniserie original tampoco es que fuesen muy originales, pero alguna había pasable) que creo que mi cerebro la bloqueaba y ocultaba a la vista tan perfectamente que tuve que pedirla a mi librero. A lo práctico: los interesados en comprar el tebeo se lo piden al librero y éste, cuidadosamente debe guardar el tomo dentro de un periódico, que aprovecharemos para forrar la portada original a la antigua usanza.
La segunda le da mucho más sentido a esta extraña pero sugerente historia de saltos temporales y antiguas civilizaciones. O por lo menos, lo intenta, porque no hace falta leer muchas páginas para darse cuenta que Vincent Me, el protagonista de esta obra, es un claro sosias de John Constantine con el pelo teñido. Temática, ambientación, personalidad… todo lleva casi de forma unívoca al rubio cínico creado por Alan Moore. Lo que no es ni mejor, ni peor, es implemente una curiosa característica añadida.
Y con las advertencias explicadas, no queda más que decir que Egypt es una historia de lo más entretenido, con planteamientos atractivos, que quizás se pierden en algunas ocasiones por unos dibujantes que cumplen sin más (o incluso con algún menos en el caso de Corona) pese a que la temática daba para el lucimiento gráfico. Se nota que Milligan se encontraba en excelente momento de forma (recién salido de ese monumento que era Shade y tras obras tan interesantes como Enigma, The Extremist o Girl, lejos de la cambiante irregularidad con tendencia a instalarse en la mediocridad a la que nos tiene ahora acostumbrados, excepción hecha de esa magistral reescritura del género superheroico que es X-Force/X-Statix) y que, pese a no firmar uno de sus mejores guiones, sabía cómo mover las piezas de la trama para mantener atento al lector e incluso llegar a sorprenderlo en algunos –contados- momentos.
Esperemos que Planeta recupere de Vertigo, ya puestos, la mucho más interesante Faces con Fegredo o la curiosa y alucinógena Rogan Gosh con Brendan McCarthy (y, por pedir, ¿se acordará alguien del skinhead talidomídico de Skin?). (2)

El 23-F, como nunca te lo han contado

Atentos porque el cómic el 23-F, como nunca te lo han contado, que firman Felipe Hernández Cava, El Cubri, Bartolomé Seguí, Alfredo, Keko y Víctor Aparicio, es uno de los más interesantes que han aparecido en lo que va de año. Un excelente ensayo de Cava sobre el golpe militar con una concepción gráfica excelente que puede pasar desapercibido al ser publicado en el suplemento Magazine de El Mundo. Pero miradlo por otro lado: es un gran tebeo de 48 páginas por apenas un par de euros… :)

Marte necesita mamás…

Y digo yo… Ahora que está previsto el estreno de la adaptación a la gran pantalla de Marte necesita madres, la novela infantil de Berkeley Breathed…¿alguien aprovechará para publicar los tebeos de uno de los mejores autores de historieta americanos de las últimas décadas? Lo digo porque ahí está ese monumento que es Bloom County (recientemente recopilado por IDW).
Que ya, que ya sé que es una tontería, pero es por decirlo…

La edad del silencio

Como bien dice Hernández Cava en su excelente prólogo a La edad del silencio, buscarle a OPS equiparaciones con Chirico, Topor, Dalí o Magritte es tarea baldía. Vale, aceptemos que se puede entrar en juego del rastreo de influencias gráficas de ese heterónimo de Andrés Rábago que fue OPS, pero no dejaría de ser eso, un entretenimiento que demostraría que OPS resulta de un ejercicio consciente de absorción de ideas y estilos al que habría que sumar desde el surrealismo a nombres como Hogarth, Grosz, El Bosco, Munch o Gutiérrez Solana, en una lista casi infinita que hace imposible cualquier intento de etiquetación más allá de la definida por esas tres enigmáticas letras. Y sería además una pérdida de tiempo ante una obra que lo que requiere, lo que pide a gritos, es ser absorbida con todos los sentidos. No vale simplemente pasar las páginas. Hay que empaparse, embelesarse, abstraerse, sumergirse y fascinarse. Hacer de cada imagen un mantra que ejerza toda su potencia de extractor brutal de ideas y reflexiones. Sólo así se puede disfrutar al 100% de este reto continuado al lector que recopila las contribuciones de OPS a revistas como Triunfo, Hermano Lobo o Cuadernos para el diálogo.
Y ojo, mucho ojo con el tramposo envoltorio aparente de surrealismo que usa OPS en sus imágenes. Un espejismo que hace pensar en ese automatismo psíquico puro ajeno a la razón que enunciaba Breton, en un juego simbólico que elude lo racional para escapar al mundo onírico. Incluso Andrés Rábago, el hombre escondido tras las tres letras, ha llegado a identificar a OPS precisamente con lo no racional frente a un El roto que navegaría por lo cotidiano. Sin embargo, las propuestas de OPS son exactamente lo contrario, no son huídas del mundo real, son metáforas razonadas de la realidad circundante, lúcidas traducciones de la sociedad que nos rodea, que actúan de exorcismo controlado de sus demonios con eficacia quirúrgica. Ya sea en forma de ilustración o de historieta, el mensaje de OPS es siempre categórico, irrebatible. Puede estar sujeto a interpretaciones y matizaciones, puede suponerle al lector un esfuerzo mayor o menor de implicación y descubrimiento, pero será siempre aplastante, definitivo.
Pero además de su valor intrínseco, el lector ya avezado tiene una oportunidad única para descubrir el inicio de ese camino que años más tarde desembocaría en ese compañero diario que es El Roto. No es difícil ver entre las páginas de La edad del silencio ideas y destellos que luego se retomarían más tarde en las colaboraciones que OPS tenía en TOTEM o Madriz, en ese Bestiario de animales domésticos reconvertidos en pesadillas siniestras de inquietante cotidaneidad. Recuerdo perfectamente la turbadora portada del número 19 de TOTEM, esas marionetas perdidas en sí mismas con la mirada fría y muerta, que ahora encuentro en forma primitiva pero ya intrigante en las páginas de La edad del silencio… Y esas historietas donde, ya en los años 70, OPS ensayaba narraciones donde tiempo y espacio se expandían más allá de la viñeta y la composición, experimentando con composiciones y formas que tres décadas después siguen siendo vanguardistas y atrevidas.
Un libro que, además, goza de edición espectacular, cuidada y mimada en la reproducción, que tiene como único pecado no haber incluido referencia cronológica alguna. Quizás la atemporalidad de la obra de OPS no la precisa, pero algunos –posiblemente demasiado enciclopedistas- la hubiésemos agradecido.

Novedades de marzo de Astiberri

(**)- Un verano insolente, de Denis Lapière y Rubén Pellejero. Traducción: Ana Sánchez Color. Cartoné 120 páginas. Tamaño 17×24 cm. 19 euros
Bone 7 – Edición Bolsillo Círculos fantasma, de Jeff Smith Traducción: Gonzalo Quesada Color. Rústica 160 páginas. 13 x 18 cm. 9 euros
(**)- Agencia de viajes Lemming, de José Carlos Fernandes Color. Cartoné 136 páginas. Tamaño 24 x 17 cms. 20 euros
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3, Calle de los Misterios

Era difícil que 3, Calle de los Misterios, la nueva obra de Shigeru Mizuki que publica Astiberri alcanzara las cotas de las magistrales Operación Muerte y NonNonBa o de la sugerente Kitaro pero, aun así, uno no puede evitar el esperar cada nuevo título de Mizuki como un acontecimiento, casi recuperando aquella juvenil pasión que obligaba a ir cada día a darle la lata al quiosquero para ver si había salido nuestro tebeo favorito. Tales eran las ganas que no sé yo si leí esta nueva obra o la deglutí, habida cuenta del placentero eructo intelectual expelido tras cerrar el libro. Pero qué gustazo oigan. No se puede negar que 3, Calle de los Misterios no es del nivel de las citadas antes, está claro, pero eso no quita que este paseo por el misterioso mundo de las leyendas urbanas que hace Mizuki sea de lo más gratificante: pisos desaparecidos en centros comerciales, mujeres que vuelven de la muerte insospechadamente, portales que llevan a mundos desconocidos, calles que llevan a otras dimensiones… Temas clásicos de esos programas nocturnos de lo paranormal que Mizuki reescribe en términos propios, conectando esa mitología moderna del misterio con las antiguas tradiciones japonesas de fantasmas. Y el resultado, como era de esperar, tan sugestivo como interesante. Sin necesidad llegar a la provocación continuada que destila el tratamiento del terror de Hino o Suehiro Maruo – en otra perspectiva diferente aunque coincidente en muchos términos-, las siete historias que componen este volumen generan inquietud a través de una extraña sensación de misterio enraizada en lo desconocido de lo cotidiano. Una relectura de aquello que nos parece normal que lo transforma en ajeno y distinto de lo más atractiva. No se lo pierdan. (3+)

¿Vuelve el “Continuará”?

Lo dije y lo repito: una de las grandes posibilidades del cómic de distribución digital es la posible recuperación del modelo de “Continuará”. El modelo por entregas en quiosco, relegado por el avance del tomo y, posiblemente, una sociedad que ya no quiere esperar para consumir, parecía destinado a extinguirse. Pero en los sistemas digitales, mediante suscripción, puede resurgir de forma importante y definitiva, abriendo camino a un nuevo modelo de convivencia entre papel y medios digitales: suscripción anual por una cantidad pequeña (se dan ejemplos de 0,99$ semanales) y después recopilación en papel… Todo sea dicho, exactamente igual que en el modelo japonés: distribución semanal baratísima en publicaciones de usar y tirar y posterior recopilación de las series en tomos. Apple da el primer paso abriendo un sistema de suscripción para la Apple Store. Sumen ustedes la pléyade de tablets que se anuncian para este año y las diferentes tiendas (hasta Telefónica acaba de anunciar una).

Granja 54

Tomo la lectura de Granja 54 con prejuicios. La sombra de Rutu Modan es alargada y pienso que la obra de los hermanos Seliktar será similar y, por tanto, inferior. Error. Craso y terrible error. Sólo las primeras páginas, con esa lenta aproximación a una habitación en la que sólo entrevemos apenas unas personas de pie, indican que la obra sigue caminos muy diferentes a los imaginados, en una sensación que se confirma de inmediato con la primera de las tres historias que componen el libro. Tres momentos en la vida de Noga, tres instantes anecdóticos de la vida de esta mujer apenas esbozados por Galit y Gilad con una delicadeza exquisita, articulando texto y dibujo con la geometría de los versos de un poema, dotando a la lectura de niveles de ritmo diferenciados. El fino y elegante grafismo, apoyado en un bitono de presencia contundente, juega con un compás lento, de secuencia cinematográfica descompuesta. El texto, por su parte, apuesta por una aparente redundancia que pronto revela su intención: texto y dibujo coincidirán prácticamente en su descripción excepto en pequeños detalles, en ínfimos y casi indescriptibles rasgos que aparecen así subrayados, señalados con evidencia por ser la única discordancia en la intersección de imagen y texto, llevando al lector a la ruptura de ese equilibrio horizontal que texto y dibujo marcan con exactitud.
Tres historias sobre infancia, adolescencia y madurez que coinciden en buscar momentos de confrontación de vida y muerte en la vida de Noga: el primer beso torpe de amor y la muerte de su hermano pequeño, la muerte de un perro y la estupidez de la adolescencia, el amor adulto y el descubrimiento de una realidad social de enfrentamiento. Momentos de tragedia profunda o ridícula, como suelen ser en esta vida, contrastados con los pocos de dicha, que son entrelazados, tejidos con una sencillez falsa, que va dejando una estela de pequeños matices y trazos que demuestran la minuciosidad con la que los hermanos Seliktar han compuesto este particular poema gráfico, en el que se escuchan tanto ecos del proceso de aprendizaje, de la pérdida de la infancia y la locura de la juventud, como de la situación política y social de un país en estado de guerra permanente. Apenas se oyen mientras leemos el libro, apenas se entreven, pero van envolviendo la lectura hasta tomar forma propia y definida, acompañando y enriqueciendo la lectura de Granja 54. Muy recomendable. (3)

Comicats. Maullidos entre viñetas

[Nota de prensa]
El Salón del Cómic de Barcelona presenta la exposición Comicats. Maullidos entre viñetas que mostrará el protagonismo que los felinos han tenido y tienen en la historieta con una selección de páginas originales. Una de las grandes obras maestras del cómic es Krazy Kat de George Herriman, que centra su trama en un triángulo amoroso compuesto por Krazy Kat, el ratón Ignatz y el perro Offisa Pupp. Un cómic publicado entre 1913 y 1944 que rebosa romanticismo y humor dentro de una trama del todo surrealista, donde el trazo y la puesta en escena de Herriman dotan a la serie de una creatividad desbordante. Otro felino histórico que estará en la muestra es Cicero’s Cat de Bud Fisher i Al Smith, un cómic de carácter humorístico.
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Big Culo Day 2011

Big Culo Day habemus, ya saben, la propuesta de Don Jotacé para llenar de traseros la blogosfera. ¿Y qué ponemos este año? Porque ya se ha hecho por aquí revisión completa de culos gafapastosos, homenaje a Don Guido Crepax e incluso la demostración de que existía ya desde hace mucho…. Así que.. ¿qué queda?
Hombre, ya puestos, la cosa se puede poner en plan igualitario y reivindicar culo prieto masculino, que las señoras también tienen derecho a alegrarse la vida. El recurso a Corben es obligado, claro…

Aunque ojo, que el prieto culo de Den también tuvo sus momentos, digamos, poco acertados…

Pero claro, el espíritu Jotacé me temo que obliga a que los glúteos sean preferentemente femeninos, por lo que que hay que buscar otra opción… Así que vamos a intentar algo todavía inexplorado: ¡los culos clásicos! Y qué mejor que ir al gran Caniff y su maravillosa Miss Lace, que provocaba todo tipo de desviaciones oculares y problemas de cervicales con su paso…

Aunque me temo que, pese a las desviaciones, la señorita Lace nunca dejó su flanco trasero al descubierto. Como mucho, mucho, tuvo un pequeño accidente…


Algo es algo. Y es de Caniff, oigan. El dibujo, no el culo.

Cierto es que son muchas las opciones: también podíamos haber ido por otro clásico, Don Joe Shuster, creador de Superman, que ya tenía claro la importancia de la supervisión…

Pero ya puestos, quizás el culo más importante, el culo que realmente marcó una época, sea el primero de todos, el de la dulce Jane de Norman Pett, que enseñó sus posaderas en los periódicos británicos antes que nadie. He aquí el momento cumbre:

¡Hala! ¡Ya está bien! Circulen, circulen…