Presentación de Killer Toons

[Nota de prensa]
La colección de KILLER TOONS 2.0 se incrementa con un nuevo número especial dedicado al humor negro. La revista se presenta este sábado a las 15.00 h en el restaurante SOUL FOOD , situado en el numero 39 de la conocida popularmente como Calle de la Feria de nuestra capital. Se trata de un cómic que lleva autoeditando 15 años el colectivo cordobés Ediciones Canallas, compuesto por Raulo, Moi, Zonum, Miguel Angel Cáceres, El Juan Pérez y Rafa Infantes y que este año ha obtenido el galardón de Mejor Revista Andaluza en el festival IMAGINAMÁLAGA 2010. Continue Reading →

Hágase el caos

Decía mi profesor de historia de 1º de BUP (para los más jóvenes, el equivalente a lo que ahora es 3º de ESO… ¡qué triste es tener ya que explicar estas cosas!) que la historia era la aventura más apasionante. Tenía razón el Carlitos (que, por cierto, era un grandísimo profesor, tanto literal como académicamente), aunque no es que la frase sea original ni suya: la historia es fascinante. Primero nos gustaba por la épica de las batallas y, algo que nunca me explicaré, por lo militar: coleccionábamos los cromos de “Grandes Batallas” y de “Armas de la historia” con pasión cuando éramos niños. Luego, con el tiempo, nos fuimos dando cuenta de que la historia era mucho más y que escondía una complejidad casi imposible de abarcar. Y que las historias de los conflictos humanos eran como decía mi profesor, apasionantes. Digo esto porque a veces pensamos en el “género histórico” como una especie de ficción, cuando de lo que estamos hablando es, precisamente, de nosotros. De una especie de autobiografía colectiva que nos marca como sociedad de la que se puede aprender muchísimo. Y da igual que la aproximación sea realista o de ficción, en ambos casos se pueden citar grandes obras. Sólo hace falta que el autor sea lo suficientemente inteligente como para saber sacar jugo de esa historia. Una característica que, en el caso de Felipe Hernández Cava, el mejor guionista de tebeos que tenemos en este país, se cumple por exceso, como bien demuestra con Lux, la primera entrega de Hágase el caos, su nueva obra junto a Bartolomé Seguí (bonito título, aunque no sé si me gusta más el original francés, Les racines du chaos). No me gusta mucho hablar, por norma, de series que tienen una estructura cerrada de varias entregas sólo habiendo leído la primera, pero me perdonarán ustedes, que este caso tiene bula.
El envoltorio ya de por sí es atractivo: un complot para asesinar al Mariscal Tito durante una visita a Inglaterra en 1953, presentado a modo de intrigas de espionaje con sutil aroma a Le Carré (uno no puede evitar esperar que Smiley aparezca en cualquier momento al volver la página), que ya de por sí, justifica la lectura del álbum. Pero lo que viene detrás es mucho más interesante: un análisis de la compleja y enmarañada historia de los Balcanes, núcleo gordiano de la política europea durante el siglo XX y con la figura de Tito como lugar común. De momento en este primer álbum, Cava coloca las piezas de esta partida de ajedrez con destreza, ayudado por un inspirado Seguí que tiene que lidiar con el regalo envenenado que le da su guionista: una labor de documentación que se adivina puntillosa y prolija y un guión cargado de necesario texto y muchas viñetas pequeñas. Pero Seguí consigue hacer malabares y equilibrios en la punta de un alfiler para conseguir que no sólo todo quede perfectamente unido, sino que además funcione con precisión suiza para dejarnos a la espera de la siguiente entrega.
Que esperemos sea pronto. Recomendabilísimo.

Y mi quiniela…

Sigamos con el juego de los premios: ahí va mi quiniela con relació i explicació de la falla incluida…

Mejor obra: Autobiografía no autorizada 3, de Nacho Casanova
(Nominados: Blacksad 4. El infierno, el silencio, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido, El invierno del dibujante, de Paco Roca, Ken Games 3: Ciseaux, de José Manuel Robledo y Marcial Toledano, Autobiografía no autorizada 3, de Nacho Casanova)
La de Nacho o Ken Games. La razón es puramente práctica: creo que los votos evitarán tanto a Paco Roca, tan multipremiado que ya parece como que no toca (aunque su obra me parece la mejor de las cuatro, a falta de la, a mi entender, mejor obra del año, Duelo de caracoles), como a Blacksad, que ya se lo ha llevado un par de veces… Pero ojo con la dispersión, las cuatro son muy votables…

Mejor guión: Pere Joan por Duelo de caracoles
(Nominados: Blacksad 4. El infierno, el silencio, de Juan Díaz Canales, El invierno del dibujante, de Paco Roca, Ken Games 3: Ciseaux, de José Manuel Robledo, Duelo de caracoles, de Pere Joan)
La dispersión de voto aquí puede dar lugar a cualquier cosa, pero creo que la profesión reconocerá que Pere es incluso mejor guionista que dibujante. Que ya es decir…

Mejor dibujo: Jazz Maynard
(Nominados: Blacksad 4. El infierno, el silencio, de Juanjo Guarnido, El invierno del dibujante, de Paco Roca, Ken Games 3: Ciseaux, de Marcial Toledano, Jazz Maynard 4. Sin esperanza, de Roger)
Cualquiera puede ganar, menudos cuatro monstruos… La dispersión de voto hará que el que gane lo haga por margen estrecho, pero apuesto por Roger IBáñez.

Autor revelación: David Sánchez
(Nominados: Ximo Abadía, Jesús Alonso Iglesias, David Sánchez, Martín Tognola)
Pues en este caso, creo que mi elección está clara. Aunque Clonk es una obra muy interesante y prometedora y Barcelona Low Cost toda una sorpresa, la contundencia del Tú me has matado de David Sánchez es inapelable…

Mejor revista: Retranca
(Nominados: Cthulhu, Dolmen, Retranca, Usted está aquí)
Sigue la histeria dicotómica de esta categoría. Lo de “de o sobre” cómics es uno de los grandes absurdos de estos premios con una categoría de divulgación donde Dolmen entraría a la perfección. Dicho eso, que ya era hora que una revista tuviera los huevos que tienen los de Retranca. Combativos, con mala leche y con ganas de meter dedos en ojos ajenos. Una revista de sátira política como debe ser.

Mejor fanzine: Adobo
(Nominados: Adobo, Andergraün, El Naufraguito, Zocalo)
Yo apostaba por La Cruda, la verdad, pero estando ahí Adobo, lo tengo clarísimo. (Sí, El naufraguito es la hostia, pero ya ganó en 2003)

Premio a la divulgación
(Nominados: Borja Crespo, Santiago García, Pedro Porcel, Yexus)
Mi voto irá por Pedro Porcel por su gigantesco y titánico Tragados por el abismo, excelente culmen de una larga trayectoria cuajada de obras fundamentales y de mucha labor en el tebeo desde aquellos tiempos de Arrebato (y también, para qué negarlo, por cercanía y cariño hacia alguien a quien admiro profundamente). Pero todos se lo merecen: la obra y labor de Santiago García, tanto en La novela Gráfica, como desde ABCD o Mandorla es impresionante; qué decir de Borja, todoterreno capaz de montar jornadas, escribir y sacarle 25h al día. O la sabiduría y experiencia de Yexus, tantos años ya desde El diario Montañés o desde la dirección de Viñetas de ayer y hoy… ¿Un ex-aqequo a los cuatro?

Mejor obra extranjera: Asterios Polyp
(Nominados: Asterios Polyp, de David Mazzucchelli; En mis ojos, de Bastien Vivès; Los muertos vivientes, de Robert Kirkman y Charlie Adlard; Wilson, de Daniel Clowes)
Sin mis preferidos (Mizuki, Sacco o Sim), mi voto va para Asterios Polyp.

Mejor película basada en un cómic o donde la historieta sea protagonista: María y yo
(Nominados: El Gran Vázquez, de Óscar Aibar, Kick Ass, de Matthew Vaughn, María y yo, de Félix Fernández de Castro, Scott Pilgrim vs The World, de Edgar Wright)
La única que tiene que ver de verdad con un tebeo es la preciosa María y yo. Aunque me encantaría ver que esta categoría sólo ha existido fugazmente un año…

¡No me gustan!

Lo de no estar de acuerdo con las nominaciones de los premios del Salón de Barcelona y la polémica posterior sobre quién vota y demás debe entenderse ya como parte ineludible de la propia dinámica de los premios. Quizás estéril, pero es un debate sano que siempre ayuda para futuras ediciones. En este caso, son muchos los que se preguntan cómo es posible que no esté una u otra obra. A mí, por ejemplo, ausencias como las de Duelo de caracoles, Notas al pie de Gaza, NonNonBa, Operación muerte o Cerebus me parecen increíbles… pero uno acepta el juego democrático de los votos, que suele dar lugar a estas cosas. Poco importa quién vota, la verdad. Cierto es que le daría más transparencia a la cosa, pero no es tan importante: al final, los votos son la expresión de un gusto colectivo que, por lógica, no tiene por qué coincidir con el mío. Es más, los resultados con la mecánica de votos son lógicos. Sirva como ejemplo el caso de Mizuki, un autor a mi entender (y el de muchos) de obligada presencia en cualquier listado y que, sin embargo, no aparece. Y la razón me parece obvia: la propia dispersión de los votos en un sistema de nominación abierta. Si, digamos, se han emitido unos 400 votos (que por lo que se cuenta es lo habitual en esta primera fase), salvo casos de obras extraordinarias que concitan todo tipo de consenso tipo Maus o El arte de Volar, con 30 o 40 votos se tiene una nominación y si un autor tiene más de una obra ese año, se diluye el voto a favor de terceros. A lo que hay que añadir que el voto de la profesión (es decir, un amplio colectivo que integra dibujantes, guionistas, libreros, distribuidores, críticos y editores) es tan, tan disperso que se favorece todavía más este tipo de resultado. Un voto, además, que suele venir mediado por miles de parámetros: desde los que votan en bloque (conocido es el caso de alguna editorial…ejem, ejem), desde los que hacen campaña entre sus amigos, desde los que no votan en la primera fase porque es más cómodo ir a la segunda, votaciones a la búlgara de ciertos grupos y, por supuesto, que posiblemente el colectivo que menos tebeos lee en este país es el de los dibujantes de tebeos… :) Lo que no quita que la gran mayoría de votantes lo haga con convicción y responsabilidad, sin duda, pero que tampoco nos extrañen resultados que no son los que esperábamos. Es lo bueno que tiene esto de la democracia.
Otra cosa es que los premios del Salón, con todo el prestigio y popularidad que hayan ganado, sean expresión de cualquier tipo de canon, baremo o nivel de calidad. No, son la expresión de la voz de la profesión, una voz tan respetable como la de cualquier otro colectivo o individuo y, por supuesto, tan abierta al debate como cualquier otra.
Resumiendo: que oigan, que da lo mismo quién sea nominado. No pongamos en duda los resultados ni saquemos conclusiones sobre nada, sobre la capacidad de los votantes ni sobre nada. Simplemente, usemos esas nominaciones como base de un siempre sano debate. Más si se hace con amigos delante de unos refrescos y unas buenas tapas.
Ahora bien, muy diferente es un tema que ya comenté hace unos días con motivo de la categoría de “mejor película” y que Santiago García articula mucho más coherentemente que yo: la necesidad de reformular por completo los premios de Barcelona. No tanto por obtener unos resultados “mejores”, sino por adecuarlos a la realidad de la historieta actual. No puede ser que se sigan manteniendo las mismas estructuras de votación y categorías veinte años después de su creación. Es cierto que no es obligatorio cambiar nada (los Óscar siguen manteniéndolas tras más de 80 años), pero creo que sería signo de vitalidad y de reflexión el adaptar las categorías y mecánica a los tiempos que vivimos.
Por la parte de las categorías, ya comenté algunas ideas y apoyo plenamente la propuesta de Santiago, añadiendo que no hay que tener miedo a aceptar nuevas categorías y cerrar otras. Que las cosas cambian y más en estos días de internetes y demás cosas digitales.
Pero también se debe cambiar la mecánica profundamente. Primero por la necesidad de adecuarse a las posibilidades que nos da la tecnología con las redes sociales: los premios del público, en lugar de ser una simple y absurda repetición de los premios de “la profesión”, podrían aprovecharse completamente de facebook, twitter, tuenti y demás para convertirse en verdaderos termómetros de los gustos del público, lo que además tendría gran utilidad para los editores y autores. Segundo porque la dispersión que se produce en las nominaciones debido a la técnica de fases da lugar a que, efectivamente, una obra pueda alcanzar una nominación con un puñado de votos, favoreciendo una picaresca que, aunque no se dé, siempre queda en la duda. La selección previa por jurado podría ser la solución, aunque evidentemente la designación de un jurado sería un tema bien peliagudo. Una posibilidad podría ser, por ejemplo, que cada gremio designe una representación por votación y que esa comisión de “elegidos” sea la que designe los candidatos (no es necesario que sea una comisión pequeña, mediante internet es relativamente fácil articular este proceso aunque sea una comisión de 20 o 30 personas).
Eso sí, independientemente de los cambios, lo que sí que es urgente y necesario es definir claramente qué es el Gran Premio del Salón. Si se quiere que sea un premio al estilo de Angoulême (un autor en activo) o reconocimiento a toda una trayectoria. Cualquiera de las dos opciones es razonable, pero si se opta por la primera, como parece indicar la deriva que ha tomado este reconocimiento en los últimos años, es obligatorio, de justicia y necesario incluso, establecer ya un reconocimiento a toda una trayectoria. Los autores se merecen que la profesión reconozca a aquellos que han dedicado toda su vida al tebeo. Y que éstos se vean reconocidos, queridos y justamente admirados.