Celluloid

Que un cómic erótico decepcione tiene muchas lecturas, lo reconozco. A fin de cuentas, los objetivos de un lector de cómic erótico pueden ser bien variados. Y todos dignos, oigan, que a estas alturas no nos vamos a poner pejigueros y tan gratificante es el placer intelectual para el espíritu como el onanista para el cuerpo. Y digan lo que digan, los placeres del cuerpo también lo son del espíritu y viceversa. Pero el caso es que en mi caso – que ustedes se lo crean o no, busco la parte más espiritual en la lectura erótica- la lectura de Celluloid, la nueva novela gráfica de Dave McKean, ha sido bastante decepcionante. Partía con buenas intenciones: me gusta mucho el estilo gráfico de McKean y me gusta su manera de abordar la inquietud creativa… pero aquí la cosa no funciona. Primero porque creo que su estilo de dibujo, entre el trazo visceral y el collage de dibujo y fotografía, le pega poco a las intenciones. Lo segundo, porque lo leído es una especie de pastiche que a ratos recuerda a un tanto a una enésima Eyes Wide Shut como a una versión descafeinada de Gothika sin Halle Berry, todo bien a arregladito a modo de previsible Rosa Púrpura del Cairo por no dejar los símiles fílmicos.
Resumiendo: que me he aburrido como una ostra. Me sigo quedando con Laura, Moore y Melinda y demás.
Seguimos, con ganas, a la espera de Calligaro.

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