Jijé

Razones tendrá la cosa, pero lo cierto es que mientras el tebeo francobelga más humorístico ha estado siempre presente en nuestro país, con evidente éxito (Astérix, Spirou, Pitufos, etc), la línea más realista del tebeo francobelga ha sido casi siempre más ignorada. Siempre se han dado honrosas excepciones, pero lo cierto es que instituciones del tebeo realista del otro lado de los Pirineos como Hubinon, Jijé o Jacques Martín son por estos lares unos ilustres desconocidos, quizás porque por estos lares hemos sido más de la escuela americana realista: mientras que Buck Danny, Barbarroja, Tanguy, Alix o Jerry Spring apenas aparecían por los kioscos, Flash Gordon, Príncipe Valiente o El hombre enmascarado han tenido una presencia casi continuada.
Y es una verdadera lástima, porque al aficionado español se le niega la posibilidad de conocer a algunos de los autores más importantes de la historia del tebeo, como el caso de Jijé, de importancia decisiva para entender el tebeo adulto actual y del que difícilmente ningún aficionado español podrá decir mucho más allá de los tópicos conocidos: “el maestro de Moebius”, “Jerry Spring es el antecendente de Blueberry”… Frases hechas que en modo alguno hacen justicia al que posiblemente sea el autor más importante, junto a Hergé, en la construcción de la BD actual. Una trascendencia fundada no sólo en su obra, sino en la proyección e influencia que ha tenido. Recordemos brevemente que Joseph Gillian comenzó su carrera profesional en Spirou, la gran competidora del Journal de Tintin que con tanto éxito se publicaba en la Bélgica de los años 40 y 50. Tras la segunda guerra mundial, Dupuis se lanzó a la “reconquista” del mercado con un número especial firmado por nombres que revolucionarían el medio como Jijé, el debutante Jean Michel Charlier, Sirius, Hubinon, Morris, Maurice Tilleux… Excelentes autores entre los que destacaba con luz propia Jijé, encargado entonces de series como Valhardi, Christophe Colomb o la continuación del Spirou de Rob-Vel, que creó un estudio en Bruselas en el que se rodeó jóvenes dibujantes provenientes del dibujo animado: Franquin, Morris, Will y Eddy Paape, formando un equipo que pronto se conocería con el nombre de Escuela de Marcinelle, en contraposición a la Escuela de Bruselas liderada por Hergé. Aunque muchos siguen pensando en la Escuela de Marcinelle como la línea Franquin, la realidad es que fue Jijé el gran inspirador e impulsor de este grupo, eje fundamental de lo que sería la revista Spirou, que poco a poco dejaba atrás la era dirigida por Jean Doisy para lanzarse a una nueva forma de entender la historieta bajo la dirección de Yvan Delporte. Fue el responsable de que Franquin pasase a Spirou comenzando una carrera magistral, de que Morris iniciase Lucky Luke en el almanaque de 1947 de la revista o de que Hubinon se dedicase a Blondin et Cirage. Poco a poco, abandonó toda su ingente producción en la revista para dedicarse a partir de 1955 a una de sus creaciones Jerry Spring, donde plasmaría su magistral concepción de la historieta. El cowboy llenaba el hueco del género western que había dejado la desaparición en la revista del Red Ryder de Fred Harman con una visión renovada, que heredaba los conceptos canónicos marcados por Harman o el Cisco Kid de Salinas (con el que tiene no pocas conexiones), pero los reinterpretaba con un grafismo y narrativa visual heredados de Caniff, creando una serie que no perdía de vista su objetivo de entretenimiento juvenil (gracias además a la colaboración en los guiones de autores como Maurice Rosy, René Goscinny o Acquaviva entre otros) pero que rompía los esquemas habituales del género introduciendo una mayor dinámica, una concepción más abierta de la aventura con toques humanistas – que sentaría la base de lo que sería una de las grandes obras maestras del tebeo mundial, El teniente Blueberry de Charlier y Giraud- y, sobre todo, una concepción gráfica que bebía tanto de los escenarios cinematográficos como de los seriales televisivos que Jijé pudo ver durante su breve etapa en los EE.UU. Una serie y un autor que influenciaría de forma decisiva a autores como Moebius (alumno aventajado de Jijé, que trabajó en Jerry Spring igual que su maestro terminó colaborando en alguno álbumes de Blueberry), Derib, Hermann o Mezieres, aumentando si cabe la importancia de Jijé.
Por desgracia, en España la serie apenas se publicó. De los más de veinte álbumes de la serie que firmó Jijé, tan sólo se llegaron a publicar aquí un puñado por iniciativas de Editorial Molino (que publicó tres álbumes), SEPP Mundis (1 álbum) o RO Ediciones (1 álbum). Una inexplicable ausencia que la edición de Ponent Mon del primer integral de la serie en blanco y negro resuelve levemente. Con una excelente edición, calcada de la francesa, el primer volumen recoge las cuatro primeras aventuras del personaje (Golden Creek (Le secret de la mine abandonnée) 1955, Yucca Ranch 1955, Lune d’argent 1956 y Trafic d’armes 1957), en cuidado blanco y negro siguiendo los deseos del autor, que siempre indicó sus preferencias por publicar sus dibujos sin color (no es la primera vez, en los años 70, en vida del autor, se reeditó ya en este formato) y con una excelente (aunque polémica) introducción de Philippe Capart que quizás tiene como mayor problema su elevado precio. Cara, quizás demasiado para un mercado tan pequeño como el español, pero precisamente consecuencia de ese reducido tamaño, creando un círculo vicioso del que es difícil salir. Esperemos que no sea un impedimento y que esta edición pueda seguir en un futuro hasta completarse.
Un autor tan imprescindible como Jijé merece ser conocido en nuestro país.
Enlace:
Jijé parodiando a Jijé
Una curiosidad: las pinturas de Jijé

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