El héroe

20110414-071729.jpgMira que no me gusta hablar de obras en curso, pero el primer volumen de El héroe, de David Rubín, es de esas obras que obligan a la fuerza. Porque es un tebeo que contagia entusiasmo y vitalidad desde esa primera página que hace reverencia a Jack Kirby sin prejuicios, abriendo una lectura briosa e incontenible. Leer El héroe es como escuchar una de esas canciones de swing imparable que obligan a mover los pies, a repiquetear los dedos siguiendo la melodía de forma casi inconsciente. Es pasar páginas con afán infantil, recuperando esa experiencia de lector que se olvida de la razón por un momento y disfruta con plenitud de un héroe que se adapta a los tiempos, una revisión de los trabajos de Hércules que ha pasado por Jack Kirby, por la MTV y los videojuegos sin vergüenza, absorbiendo y volcando influencias culturales y mediáticas sin dejar espacio para tomar aliento.
Pero hay que tener cuidado: hablamos de David Rubín, de un autor que ha dado muestras sobradas de saber jugar con sentimientos descarnados a la par que reflexivos en sus obras anteriores y que, en ésta, oculta tras esa fachada de emoción aventurera, también nos reserva algo más. No sabemos el qué, pero la narración va dejando pistas, pequeñas ideas sueltas apenas esbozadas que hablan del conflicto entre el héroe y la realidad, de la ficción enfrentada a reconocerse sólo como parte de la imaginación.
Muchas ideas, mucha pasión, mucho disfrute, mucho entretenimiento y, sobre todo, muchas ganas de ver la siguiente entrega de esta obra que se antoja, de momento, como extraordinariamente apetecible.

Comments are closed.

Post Navigation