Los jóvenes no lloran

Coinciden dos obras en las estanterías de las librerías que tienen a la juventud como argumento principal. En primer lugar la segunda entrega de La vida secreta de los jóvenes de Riad Satouff (La Cúpula), un visión de la juventud construida a modo de fragmentos deslavazados oídos aquí y allá, más que nunca “tranches de vie” cogidas a vuelapluma que configuran un panorama desolador de la sociedad que vivimos. No soy seguidor del Satouff humorista de Fluide Glacial (reconozco que su serie más famosa, Pascal Brutal, me deja totalmente frío), pero su mirada como testigo de su entorno es tan atenta como lúcida y destacable. Aunque aparentemente su labor sea simplemente de espectador circunstancial, el azar de las pequeñas historias cotidianas que va recopilando resulta de lo más inquietante, convirtiéndose en una especie de muestreo de la realidad social circundante donde la medianía se alza como protagonista absoluto. Se puede tomar la lectura de La vida secreta de los jóvenes como esos catálogos de burradas colegiales de adolescentes, cierto, pero a poco que uno deje un pequeño espacio a la reflexión, las risas se convierten en sudor frío. Y si encima uno mira a su alrededor, comprobará que esa atonía existencial está también nuestro alrededor, expandiéndose como una terrible epidemia (2+).
Y no menos interesante es el Girls don’t cry de Nine Antico (Glénat), última obra de esta autora con la que se estrena en nuestro país (dejando inédita la extraordinaria Conney Island Baby). Tras esa colorida portada que homenajea explícitamente el Boys don’t cry de The Cure se oculta una corrosiva revisión de realidad de las adolescentes parisinas, un seguido de anécdotas cotidianas de la vida de tres jovencillas que se revelan como un cliché exagerado y acentuado de la superficialidad más frívola, exponentes perfectos de ese modelo de comportamiento vomitado por los medios que ensalza el adiós el culto a la marca registrada como forma de éxito social. La mirada de la autora es despiadada y feroz en una fingida sencillez que, por desgracia, resulta extrañamente próxima y verídica, construyendo unos personajes que recuerdan a extraños monstruos de Frankenstein catódicos creados con los retales de cualquier revista para quinceañeras o la publicidad que las bombardea. La propuesta no puede ser más subversiva, porque el retrato de Antico sabe moverse en el filo de la navaja de un cariño paternalista y consentidor hacia esos jóvenes y la reflexión obligada que ese testimonio produce hacia nuestra responsabilidad como sociedad. ¿Qué sociedad estamos construyendo? ¿Es la felicidad de la juventud un simple escenario de cartón piedra de banalidad absoluta? ¿O debemos aceptar que esos valores que adoramos ya no existen y la sociedad ha cambiado radicalmente?
Una propuesta muy interesante que se acompaña además de un tratamiento gráfico de inspiración setentera cautivador, donde las líneas rectas desaparecen sustituidas por las más apacibles curvas, con un tratamiento del color completamente pop que acentúa el trazo que define con elegancia vestuarios y peinados como elemento fundamental de esta nueva cultura de la moda de marca (y que, por momentos, me recuerda a ese genial francotirador que fue Serafín). Muy recomendable (2+).

Comments are closed.

Post Navigation