Max

Panóptica, la exposición que acaba de inaugurar el MUVIM valenciano sobre la obra de Max es impresionante. Un recorrido exhaustivo a través de más de 100 originales de la evolución del artista debería ser excusa suficiente para que cualquier aficionado se pasase por ella. Estará abierta hasta el 5 de septiembre, hasta se puede uno organizar estas vacaciones de verano para darse una vuelta por Valencia, comerse una paellita y disfrutar de Max. Pero reconozco que hay dos cosas que me han impresionado muchísimo de la muestra (a la que volveré, con tranquilidad, varias veces): la primera, la limpieza impoluta de los originales de Max, comentada por muchos de los asistentes con apuestas incluso sobre si eran originales o reproducciones. La segunda, la clara expresión de Max de sentirse parte de una evolución, de un ecosistema creativo alrededor de la historieta, que queda reflejado en dos grandes paneles a la entrada y final de la exposición. En el primero, una estantería gigantesca recibe al visitante con obras de Ever Meulen, Boffa, Ware, Coll, Bruguera… todas las influencias que definen y dan forma a un autor. En la final, un gran esquema donde todos esas influencias son representadas a modo de inmenso diagrama de relaciones, que explica cómo esas influencias han interactuado con el entorno y con su propio personalidad, en Francesc Capdevila, fundiéndose en un sólo concepto llamado Max.
Que grande es este hombre…

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