Más lecturas variadas

Yo sigo con mis lecturas variadas: tenía ganas de leer el Curiosity Shop (Glénat) de Montse Martín y Teresa Valero. Primero, porque Teresa es guionista en la que tener confianza y segundo, reconozco, por una extraña relación mental que me llevaba desde esa tienda de curiosidades que plantean las autoras a la lóbrega e inquietante tienda de Ben Chusai que visitaba Gog (sí, me gusta Papini, ese extraño individuo capaz de pasar del escepticismo agnóstico a un ultracristianismo pasando por el fascismo y terminando casi en la acusación de apostasía por apologético del diablo). Las neuronas tienen estos comportamientos erráticos, ya se sabe, y poco tiene que ver la obra de Teresa y Montse con la oscura ensoñación de Papini, sin que eso signifique demérito alguno. A lo que iba, que una vez leído, lo que me encuentro es un correctísimo y canónico tebeo de aventuras, de esos que tanto gustan en Francia. A medida que uno lo va degustando, recibe sabores conocidos en todo momento: por aquí un Indiana Jones, por allí un Adéle Blanc-Sec y por allá hasta un aroma de Beroy… Quizás incluso pueda caer una ligera sensación de ya visto, pero aunque sean cartas marcadas, las autoras juegan tan bien con ellas que uno se deja llevar por esta intriga policiaca entre arqueólogos con tintes (pocos, pero justos) fantásticos. Entretenidísima, conforme a todas las reglas y requerimientos del tebeo de aventuras, pero sólida e inteligentemente desarrolladas, con esos apuntes históricos y políticos que dan realismo a la trama y con la excelente labor gráfica de Montse Martín, de cuidada ambientación en lo visual y sencilla y efectiva en lo narrativo. El primer álbum deja buen sabor de boca, ahora a por el segundo. (2-)
Se me había retrasado la lectura de Agencia de Viajes Lemming (Astiberri), nueva entrega de mi segundo portugués más adorado en esto de los tebeos, José Carlos Fernandes (el primero, por si alguien siente curiosidad, tiene nombre que empieza por Manuel y termina por Caldas), que recupera en este caso el tránsito por ese particularísimo universo que fusiona a Ben Katchor, Italo Calvino o Borges en este encargo veraniego para un diario portugués que se convirtió en un sugerente atlas de geografías imposibles. Es cierto que una vez uno conoce a Ben Katchor se puede tener la tentación de pensar que al portugués le falta originalidad (y no digamos si se es más o menos aficionado a los cuentos de Calvino o Borges), pero si bien pueda ser cierta la escasez de novedad, lo cierto es que el portugués asume sus influencias para bordarlas en un discurso personal y tan válido y de calidad como los referentes, hasta el punto que, por lo menos en mi caso, me la refanfinfla: disfruto su obra con el mismo entusiasmo que la de sus inspiradores y servidor se lo ha pasado pipa con estas historias de ciudades fractales, ciudades banales o conjuntos históricos construidos desde la falsedad histórica. (2)
Sigo con Cárcel de amor (Apa Apa Cómics), obra con la que Sergi Puyol toma carrera y ambiciones con una narración larga en la que demuestra que las buenas vibraciones que dejaban las historias cortas de Una caja, una silla eran más que justificadas. Puyol elige buscar la inquietud del lector con una historia de amor llevada a un universo frío y distante, una sociedad aparentemente real donde cada individuo es presa de sus temores y frustraciones, una sociedad enferma de miedo y odio al otro. Es ese universo de extraños que se miran sin reconocerse que tan bien retrató Clowes en Like a velvet glove cast in iron, o el de la terrorífica opresión constante de Eraserhead, en el que Puyol ha eliminado el elemento extraño para dejar sólo lo cotidiano, aumentando si cabe esa extraña sensación de desasosiego sin causa aparente. Un terrorífico mundo que esconde un secreto que, sorprendentemente, resulta más aceptable y lógico que ese exterior de agobiante normalidad. Puyol juega con el ritmo de las 20 primeras páginas con tino para llevar a ese extraño descubrimiento que romperá las reglas de lo aceptado, siguiendo las enseñanzas de Dash Shaw, pero intentando en todo momento que la composición y la narrativa aporten también esa sensación de cotidiana indiferencia desganada para centrar todo la atención del lector en ese diálogo de la diferencia que centra la obra, la oposición entre lo extraño y lo supuestamente normal y aceptado por la sociedad. Buen arranque del que se puede notar cierto bajón en la segunda parte de la obra, en la que se entiende el objetivo del autor – intentando dar una vuelta de tuerca a esa aceptación de lo anómalo como natural- pero que, por lo menos en mi caso, me chirría en su desarrollo argumental quizás demasiado forzado. Puede ser la falta de experiencia en una obra de mayor recorrido pero, pese a todo, el resultado es recomendable y sugerente. (2-)

Comments are closed.

Post Navigation