La muerte de Polaqia

Se me pasó, entre corrección y corrección, la noticia de una de las defunciones más tristes. La que llegará a finales de 2011, con el fin del colectivo Polaqia, un grupo dinámico y activo que ha dado una de las generaciones más interesantes de autores que se recuerden. Su despedida. Aunque sigamos leyendo a los autores que formaban el grupo por esos mundos de dios, la labor de promoción y empuje de jóvenes autores seguirá en el recuerdo.

Informe sobre ciegos

Ser dibujante de tebeos de terror debe ser deprimente. No por nada, no es cuestión de consideración peyorativa sobre el género (que la hay, seguro) o de la sempiterna cuestión de las miserias del que afila lápices para dibujar (que las hay, y a toneladas). Es algo tan simple como impotencia. Me imagino al señor o señora dibujante o dibujanta delante de la página, intentando trasladar esa experiencia cinéfila de escalofrío gélido que va agarrándose a la columna y que explota finalmente en un aterrador susto que nos hace saltar del asiento, ese clima de terror tensionado, de nerviosismo ansioso ante la siguiente imagen… Y claro, también me imagino al pobre dibujante o dibujanta poniendo velitas por tener a mano una sala oscura, una banda sonora de chillones y estridentes violines y el control férreo de los tiempos para que el lector, obediente, pase de viñeta única y exclusivamente cuando se le indique. Pero, ¡ay!, dura es la vida del dibujante o dibujanta o dibujanto, porque el lector resulta ser caprichoso y lee el terrorífico tebeo con halógenos de 2000W y gafas de sol, con música de Parchís y antes de pasar la página, esa que escondía un impactante y terrorífica doble-página destinada a hacerle saltar por los aires, se va a echarse una meadilla ante la presión de la fresquita cerveza que se estaba tomando. Y si esto me lo imagino yo, piensen ustedes en la cara del dibujante/a/o/u/i ante la página en blanco, pensando en lo mismo: terminará dibujando ositos amorosos, que por lo que le pagan es lo mismo. 
Pero no. Resulta que es posible trasladar el terror al papel. A viñetas exactamente. O por lo menos, hay un precedente claro. O una excepción: Alberto Breccia. 
Mira que uno ya está baqueteado en esto de las lecturas terroríficas, pero sigo teniendo grabado a fuego el día que leí dos historias de Breccia, dos adaptaciones: La gallina degollada de Quiroga y El corazón delator de Poe. Aparecían en el Biblioteca TOTEM de El Eternauta, una espléndida versión inacabada de la genial creación de Oesterheld, como algo casi sin importancia, como un relleno más. Pero oigan, qué relleno. Era dos historietas que jugaban con ese expresionismo brutal del claroscuro rotundo para crear una tensión y un ritmo únicos, para romper todas las reglas del juego: el dibujo, antes pasivo ante el lector, toma las riendas y le marca los tiempos. Era algo increíble: en una secuencia sin precedentes (Krigstein, quizás, se acercaba), cuatro viñetas se repetían incesantemente. Un solo cambio: una onomatopeya cada vez mayor. Un único resultado: nuestros propios latidos se acompasaban frenéticamente al ritmo de lo ficcionado, se transformaban en ansiedad y sentíamos ese escalofrío primordial y atávico incomprensible que es el miedo. Y lo mismo para La gallina degollada, en la que de nuevo la imagen repetida y esa palabra ROJO, marcada a fuego tipográfico saliendo de bocas mudas y de unos ojos perdidos consigue espantar hasta lo impensable. Breccia había captado la esencia del terror, no necesitaba de ritmos, músicas ni efectos. Sólo necesitaba crear miedo y espanto. Era lógico que fuese, también, el único dibujante capaz de traducir a dibujos la prosa de Lovecraft. Esos monstruos ignominiosos que se desplazaban por geometrías imposibles con formas y colores inhumanos encontraron en las aguadas y los efectos de Breccia el cómplice ideal, llevando el expresionismo al límite del impacto visual ante el lector, usando luces y sombres para insinuar y sugerir, para ir deslizando lentamente un estado de ánimo, un cúmulo de sensaciones, una alucinación gráfica que se tornase tangible, que erizase todos y cada uno de los pelos del cogote. 
Pero donde quizás ese terror se hace más palpable es cuando Breccia se atrevió con Sabato y su Informe sobre ciegos, un relato magistral sobre el camino que lleva a la locura que deja siempre pequeños flecos a la reflexión, a la duda sobre esa sociedad atenazante y mutiladora del individuo que nos rodea. Manteniendo ese espíritu – y perdóneseme la herejía-, Breccia multiplicó la eficacia de la pluma de Sabato hasta el infinito, extrayendo del relato original la esencia del terror, de ese miedo a lo desconocido que lleva del delirio y la paranoia a la pura locura. De golpe, los miedos atávicos y primordiales de Lovecraft toman sentido y forma, como parte oculta de la mente humana que puede aparecer proyectada en cualquier esquina. Nuestra psique se intenta proteger de lo desconocido, de aquello que nos perturba transformándolo en señal de peligro, de algo a evitar ante todo y sobre todo. Sin embargo, como bien demuestra el personaje de Fernando Vidal, aquello que nos atemoriza nos fascina, nos impulsa a seguirlo pese a la amenaza de destrucción. Y Breccia borda esa avalancha de sensaciones contradictorias, de elementos que nos inquietan y nos atraen a la vez, siempre con ese juego magistral de sus aguadas, con la insinuación de sus contrastes, con formas imposibles que la razón no reconoce pero el subconsciente acepta como parte de sus recuerdos más olvidados, dinamitando las conexiones entre imaginación y realidad para conseguir dibujar la esencia del terror.
Aprovechen ustedes la edición de Astiberri y no se pierdan esta obra maestra del viejo Breccia.

Inauguración de la exposición El azul es un color cálido

El viernes 1 de julio, a las 19:30, se inaugura en el Espacio Sins entido de Madrid (C/ Válgame Dios, 6) la exposición “El azul es un color cálido” de la ilustradora francesa Julie Maroh. Cuya exposición procede de la novela gráfica del mismo título, premiada en el Festival de Angoulême 2011 como mejor obra por el público. En el acto estarán presentes Julia Maroh (autora), Ricardo Esteban (editor) y Lorenzo Díaz (traductor). La exposición estaré disponible desde 1 al 31 de julio.

Cadáver Exquisito

Las etiquetas tienen atractivo, es indudable. Por alguna razón profundamente instalada en alguna parte de nuestro cerebro de reptil, nos encanta poner etiquetas a las cosas. Quizás la burocracia no tiene nada que ver con la civilización y sí con la genética humana, quién sabe. Ponemos etiquetas y las dejamos ahí puestas, bien grandes, expuestas y con cierto ánimo de perpetua eternidad, alegres y felices de haber ordenado el mundo a nuestro alrededor. Lo que no está muy claro es si las cosas llevan su etiqueta o si, al final, el mundo se va adaptando a esas etiquetas cual Matrix mutable, transformando el ligero papel del post-it en duro mármol de lápida que entierra cualquier futuro cambio. Divago, pero me explico: ¿hasta qué punto la etiqueta que le ponemos a un autor condiciona su obra? En estos tiempos de tags y web semántica, parece que la costumbre que parecía haber alcanzado su cénit con la invención del Dymo se haya exacerbado exponencialmente, hasta el punto que lo que era calificativo pasa a ser identidad pura y dura. Si no tienes etiqueta, no sales en Google, y si no sales en Google, no eres, finito. Lo de pienso, luego existo ha pasado a la historia: estoy en Google, luego existo. Si a un autor le plantamos la lápida-etiqueta de “costumbrista” o “autobiográfico” o “novelagrafista” o lo que sea… ¿puede sobrevivir a un cambio de etiqueta?¿Se puede quitar alegremente esa etiqueta sin caer en el olvido mediático 2.0©? En su día, la diversidad, la riqueza y adaptabilidad del artista eran valores y méritos, pero en esta sociedad que funciona a velocidad de F1 (no el coche, sino la tecla), como cambies de tag demasiadas veces, Google no te pone en los primeros puestos y, chas, desapareces. Y sin banda sonora de Alex y Cristina (gran chica, proclamo).
Pongo un ejemplo: llega una joven autora, que se lanza allá por 2007 a eso de la internet para contar su vida en uno de los mejores webcomics (o webBD) que se hacen por las galias (referente absurdo, reconozcámoslo, en un tiempo donde la geografía sólo tiene sentido para la geolocalización de tiendas próximas): Ma vie est tout à fait fascinant (algo así como “Mi vida es completamente fascinante”). Blog/webcomic donde la autora demostraba chispa, ingenio e inteligencia para esto de la historieta y que la lanzaría a la fama mediática. Fue conocida y le encargaron series que enlazaban con los contenidos de las etiquetas de Google: “joven”, “mujer”, “autobiografía”. Y le fue bien la cosa: revistas femeninas que le encargan series, buenas ventas de los libros que recopilan sus historietas en web…
¿Pero podría escapar de las lápidas? ¿Era Penélope Bagieu un ejemplo más de la rapidez con la que internet encumbra y entierra, de esa capacidad indecible para crear humo con forma de nube de tags?
Pues ni idea, la verdad. Pero ha dado un argumento incontestable en forma de tebeo que demuestra que conseguirlo, quién sabe si lo logrará, pero merecerlo, lo merece sobradamente: Cadáver exquisito. Una ficción que cuenta la historia de Zoe, joven y con una vida de mierda. Cualquier estudio académico la catalogaría automáticamente en el cajón de incultas o casi analfabetas, con un novio en el paro que duerme con los calcetines puestos mientras se tira pedos y un trabajo de azafata que no parece la aspiración de su vida. Una existencia gris que encuentra un día un punto de inflexión total cuando conoce a un escritor sin inspiración, ermitañado en su casa. Contado así, parece el comienzo de una nueva película de un Rohmer redivivo, pero puede asegurarles a ustedes que el devenir de los acontecimientos es tan sorprendente como bien aderezado de una sana mala leche que acerca más a la joven autora a la acidez del genio de un Lauzier que a la plácida bonhomía del cineasta. A Bagieu no le tiembla el pulso y va dinamitando los tópicos, lanzando salvas a diestro y siniestro y dándole la vuelta a la tortilla para beneplácito de un lector que poco a poco va tomando partido hasta casi lanzar olés ante el quiebro final que reconvierte a Zoe en heroína completa de la picaresca industrial. No en vano, la obra apareció originalmente en la colección Bayou, demostrando que Joann Sfar tiene tanto ojo creando tebeos como fichando nuevos valores para el noveno arte. Vamos, que la señorita Bagieu se merece que toda la ristra de lápidas que se le encalomaron en su día se derrumben para dejar sólo una: la de una excelente autora.

Fin de semana (lecturas variadas)

Corregir es aburrido. Tremendamente aburrido, es la parte que más odio de la docencia, por mucho que algunos compañeros me hablen maravillas del punto sádico que se puede conseguir durante el proceso de corrección. Y, sobre todo, deja poco tiempo para la lectura, pero algo deja, así que os hago rápida recapitulación de algunos tebeos que no deben caer en el olvido:
Él fue malo con ella (He done her wrong), de Milt Gross es uno de esos tebeos que merecen no un reseña, sino una tesis doctoral completa. Como bien comentaba Santiago García, posiblemente la primera novela gráfica de la historia, el primer cómic consciente de usar la historieta desde la completa libertad autoral, conectando las experiencias pictórico-narrativas de Masereel, Nuckel o Ward con la tradición estilística y narrativa del cómic de prensa en una obra profundamente moderna. La exquisita edición de Caldas es una ocasión inmejorable para hacerse con esta obra. Volveré a hablar de esta genialidad.
Paolo Pinocchio, una divertidísima reescritura del mito de Collodi que toma del original ese catálogo de perversiones sociales para ponerlo al día y transformarlo en una cruel y ácida revisión de esta sociedad mass-media que nos envuelve. SI Little Nemo se despertaba al final de cada aventura, Paolo Pinocchio comiena cada historieta intentando escapar de un infierno que recuerda gráficamente a Sfar y Trondheim, pero suelta mala baba a raudales en cada paso. Referencias a los mitos mediáticos, a la política, a la mitología y la religión mezcladas con el único afán de ser lo más corrosivo posible. Muy recomendable (2+)
Billy Bat, de Naoki Urasawa, comienza con ese arranque apasionante y adictivo al que ya nos tiene acostumbrados este autor. A medio camino entre la estructura repetitiva de las novelas de King y de la genialidad hipnótica de Hitchcock, el nipón transforma un tebeo de espías de esos que se publicaban tradicionalmente en la Golden en una trama de misterio apasionante. Sabemos que la cagará al final, pero el camino con este hombre suele ser una montaña rusa de sensaciones tan, tan adictiva, que vale la pena. Me estoy comiendo ya las uñas esperando el segundo.
Los hombres lobo de Montpellier, de Jason, es un nuevo ejemplo de la atípica capacidad de este hombre para hacer cócteles imposibles de lo inmiscible. Y mira que se había atrevido al pastiche más inverosímil, pero reconozco que mezclar una historia de hombres lobos americanos en París con Truman Capote me parecía, a priori, tan delirante como irrealizable. Vamos, que el noruego había encontrado definitivamente la horma de su zapato. Pero nada más lejos de la realidad: el resultado es, como siempre. sorprendentemente novedoso. Pese a que Jason vuelve una y otra vez sobre la misma estructura argumental, cada obra se articula desde una elección narrativa completamente distinta, transformado esta vez la historia de Desayuno con diamantes en una especie de reflexión bergmaniana sobre el amor con toques de fantasía imposible, con una puesta en escena de los silencios extraordinaria. Otro más a la saca de los obligados. (2+)
La vida con Mr. Dangerous, del impronunciable Paul Hornschemeier reúne a la perfección todas las virtudes y vicios de este autor. Por un lado una innegable capacidad para trasladar al lector historias profundamente melancólicas pese a su estilo frío y distante. Por otro, una reiterada costumbre de caer en el diálogo excesivo y artificioso que rompe en muchos momentos el buen ritmo de la historia. Dos extremos que, en afortunadamente se equilibran en la balanza para producir obras de discreto encanto que, sin emocionar, dan espacio a la reflexión. Y la obra publicada por Astiberri es un buen ejemplo, un interesante planteamiento sobre la génesis de la soledad y el aislamiento social, sobre el cascarón que el ser humano se crea para alejarse de los suyos, pero que en algunos momentos se torna ajeno. Aun así, una lectura estimulante. (1+)
Y, mientras, en la mesa, me esperan cuatro delicatesen: el If’n Oof de Brian Chippendale, el mejor discípulo de Gary Panther, el Congress of Animals del inconmensurable Jim Woodring (reconozco que es uno de esos pocos autores que me fascinan), la fantabulosa edición del Mickey Mouse de Floyd Gottfredson de Fantagraphics y la edición anotada por Dennis Kitchen de esa joya que es la saga de los Shmoos de Li’l Abner que se ha marcado Dark Horse. Me espera un gran fin de semana… :)

Tertulia Thermozero sobre coleccionismo de tebeos

La Asociación Thermozero Cómics presenta la segunda tertulia sobre cómics que versará sobre el coleccionismo de tebeos. Será el próximo día 25 de junio, sábado, entre las 19:00 y 21:00 horas. Tendrá lugar en el Centro Joaquín Roncal, sito en la Calle San Braulio nº 5-7 de Zaragoza. Para todos aquellos interesados en este mundo que no vayan a estar en Zaragoza, se pondrá a disposición un servicio de emisión en directo a través de este enlace.
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Flash!

Qué bueno es el Flash Gordon de Dan Barry!!!!! (bueno, y de Kurtzman, Frazzeta, Fujitani, Harrison y toda la pléyade de ayudantes que tuvo). Sin duda, uno de los mejores tebeos de ciencia-ficción de la historia. La calidad de reproducción de la edición de Panini no es como para tirar cohetes y es una verdadera lástima que no sea más que una mínima parte de la extensa etapa de Barry, pero es una de las mejores lecturas (si no la mejor) que podrán tener este verano. Avisados quedan.

Novedad de Amaníaco

Humor bajo 33 excusas, de José Orcajo BN. 15x21cm. 288 páginas. Precio: 15 euros
Amaníaco presenta, para este mes de junio, “Humor bajo 33 excusas”, un recopilatorio de chistes gráficos del humorista y dibujante José Orcajo, que con chispa e ingenio da un repaso a distintos temas de actualidad.
El prólogo del historiador y estudioso del humor gráfico Luis Conde, sirve para abrir y presentar Humor bajo 33 excusas, de José Orcajo.
A lo largo de las 288 páginas del álbum podremos ver una recopilación de chistes gráficos que dan un repaso a toda una serie de situaciones complejas de la actualidad tratadas, con chispa y humor, pero no por ello exentas de una ácida crítica.
El autor, el dibujante segoviano José Orcajo, humorista gráfico con años de oficio, ha trabajado en periódicos como El Norte de Castilla, El Adelantado de Segovia o Diari de la Pau, entre otros. También colaboró en las revistas El Jueves, Puta Mili, Barragán, El Triangle o Superlópez.
En 1999, junto con otros dibujantes montó la revista satírica El Cochinillo Feroz. Ganó el premio Mortadelo de oro en 1983 y en 2007 resultó ganador, en la categoría de humor gráfico, en los Premios Francisco de Cossio. En 2010 fue uno de los candidatos al Premio Iberoamericano de Humor Gráfico «Quevedos».
A la venta a partir del 23 de junio

Paco Alcazar y La Espada salvaje de Krotar en Cine Basura

Os paso la nota de prensa:
Este viernes 24 de Junio, a las 22:45 tendremos la última sesión del videochat Cine Basura de Canal+ Xtra.
El grandísimo Paco Alcázar (http://pacoalcazar.blogspot.com/) será nuestro invitado para comentar, junto a Viruete y Paco Fox, La espada salvaje de Krotar. posiblemente la peor imitación de Conan que jamás se haya rodado. El trío amenizará con sus ocurrencias el visionado de la película, y todo esto lo podréis ver gratis por streaming pinchando aquí: www.canalplus.es/Cine-Basura.
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Novedades de dibbuks de julio

Ojito, mucho ojito al excepcional R97 de Bernard Giraudeau y Christian Cailleaux. Luego no digan que no avisé… :)
(**)- R97 – LOS HOMBRES EN TIERRA, de Bernard Giraudeau y Christian Cailleaux 17 x 24 cm. – 120 págs. en color – Cartoné – 16.- euros
(*)- LA LADRONA DEL CEMENTERIO, de Eric Omond & Yoann 17 x 24 cm. – 152 págs. en color – Cartoné – 18.- euros
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ALVAREZ RABO en ETB

La Eli, la encantadora secretaria del Sr. ALVAREZ RABO me dice que hoy jueves, a las 14:30, el excelso artista hará aparición estelar en el programa de cocina Robin Food en EITB2, donde el cocinero David de Jorge intentará la receta de ¨rabo con almejas¨ y ALVAREZ RABO les enseñará a hacer un ¨Draimartini rabero¨ deprisa y corriendo. Que no se lo pierdan, oigan.

Llega Lance 3

Os paso el comunicado de Manuel Caldas sobre el tercer volumen de Lance:
Estimados seguidores de “Lance”: He recibido ayer, de la imprenta, los primeros ejemplares de “Lance 3” y estoy muy satisfecho con el resultado: al nivel de los volúmenes anteriores. Creo que en poco más de una semana podré empezar a atender los pedidos de quienes me los hagan.
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Novedades de junio de Astiberri

(**)- Omaha 3, de Reed Waller y Kate Worley Blanco y negro. Cartoné 224 páginas. Tamaño 17 x 24 cm. 22 euros
(**)- El vendedor de estropajos, de Fred Vargas y Edmond Baudoin Cartoné. Blanco y negro 64 páginas. Tamaño 17 x 24 cm. 12 euros
Bone 9 – Edición Bolsillo La corona de cuernos, de Jeff Smith. Traducción: Gonzalo Quesada Color. Rústica 224 páginas. 13 x 18 cm. 9 euros
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Guitian en Komic

El viernes 24 de junio, a las 18:00h, Alberto Guitián firmará ejemplares de su obra El circo Lorza en la librería Komic de Santiago de Compostela (Rua San Pedro de Mezonzo, 34).

Presentación de Mi organismo en obras

El martes 28 de junio, a las 19.30 h., se presenta en la librería Pictogràfics de Barcelona (C/Bertrellans, 5) la novela gráfica Mi organismo en obras, de Fermín Solís. El acto correrá a cargo del autor, del dibujante Sebas Martín y de su editora, Montserrat Terrones. En el mismo acto se inaugurará una exposición sobre la obra que estará vigente todo el mes de julio.

Aburrido

Me dejo esto un poco abandonado unas semanas (ay señoras y señores, las obligaciones del mundo real mandan que no veas…) y a la vuelta me encuentro la cosa patas para arriba: que si Spiderman (el máximo, alias el último para los que todavía estudiamos francés en aquello de la EGB) se muere, que si el Universo DC se reinicia desde cero… Y veo a gente revuelta y emocionada, foros donde se discute… y pienso que me coge ya mayor este tema. O resabiado, porque al final, todo son diferentes perros con el mismo collar, el de un complejo sistema editorial que no sabe cómo subsistir y que está viviendo una lenta y agónica autodestrucción. El modelo de “universo superheroico” del comic-book americano, que incluye la continuidad y todas las mandangas alrededor de los poderosos personajes, está en crisis. En una crisis profunda y que ya no tiene salida. Y no da pena, la verdad, porque se lo han buscado ellos: han matado y resucitado tantas veces a la gallina de los huevos de oro que ahora ni el equipo de House sería capaz de inventarse un bendito lupus que tratar al enfermo. Ritmo cardiaco cero, encefalograma plano, hora de la muerte, la que ustedes quieran.

Se lo cargaron ya cuando decidieron que la continuidad era sagrada y que se podía conseguir el movimiento perpetuo manteniendo ese precepto y que los lectores se mantendrían indefinidamente fieles a los personajes mientras que los más jóvenes se iniciarían en la secta con alborozo y felicidad. Resultó que no, que los lectores se mantenían fieles sí, incluso hasta que la presbicia ya no les permitía leer tebeos con la facilidad de antaño, pero los jóvenes resultaron ser díscolos e infieles, poco interesados ponerse al día en una continuidad que no se resumiría ni en una versión extendida de la Espasa-Calpe. Conclusión, vamos a empezar de cero para engancharlos. Pero claro, empezaban de cero, los enganchaban y, con el tiempo, volvían a cometer todos y cada uno de los errores: los lectores crecían y los nuevos, insistentes en su desobediencia, se iban a los videojuegos y el manga.
Se lo cargaron, también, cuando pensaron que ser un producto de entretenimiento y consumo rápido era equivalente a tomarle el pelo al lector y a producirlos con el mismo mimo y cariño que el que produce industrialmente chopped para gatos. Basura etiquetada que mientras no sea tóxica, pues vale. Pensaron que la época dorada de los 80 se vivió gracias a su inefable gestión comercial y se olvidaron de que aquello fue posible gracias a autores, a comic-books que demostraron que el cómic de autor no conoce de formas o límites y que puede nacer, rebelde y obstinado, en las condiciones más deplorables y terribles.
Se lo cargaron cuando decidieron que los ingresos del cine eran tan suculentos que mejor dedicar todos sus esfuerzos a las adaptaciones cinematográficas, pensando en los personajes sólo como lucrativas franquicias que había que mantener vivas a toda costa, aunque fueran vegetales conectados a máquinas de respiración artificial. Se pusieron la venda ante los ojos cuando el género de superhéroes se trasvasó definitivamente al cine, se la quitaron para ver los ceros de los beneficios y se la volvieron a poner cuando vieron que el cine no empujaba las ventas de tebeos.
Y ahora nos venden un reinicio del universo DC tan absurdo, tan vacuo y tan falto de posibilidades que ni merece la penar hablar de él. Es una vuelta a lo de siempre, llámese Crisis en tierras infinitas, llámese Secret Wars, Civil War, 52, o la madre que los parió. Es lo de siempre con el único objeto de enganchar sangre joven para que luego vaya al cine. Porque lo único que les interesa es que pasen por caja, consuman muchas palomitas y paguen la entrada de la reluciente adaptación en molesto 3D. Y lo mismo con el joven arácnido definitivo, que resulta no ser tan definitivo y vuelve a caer en la misma rueda de errores para, dentro de unos años, volver a morir, volver a renacer y volver a comenzar desde cero.
El propio género ha entrado en crisis, por culpa de unos ejecutivos miopes que son incapaces de ver más allá de sus narices que tratan a los personajes como franquicias que hay que exprimir a las que no les dejan ni un puñetero barbecho. No son capaces de ver la vitalidad del mercado nipón, con personajes de ciclo vital definido, que nacen, crecen y mueren sin que so debilite lo más mínimo a la industria, al contrario, la refuerzan. No son capaces de dar libertad a los autores, el alma verdadera de los personajes, los que de verdad crean las historias, los que logran que su imaginación epate al lector y los atraiga a la lectura.
Puede, ya digo, que me pille mayor. O que me haya hecho muy gafapasta, también. Pero servidor, ante estas noticias, se aburre profundamente y encuentra más razones, si cabe, para volver a los maravillosos Showcases de DC, a esa época de imaginación desatada que firmaban Otto Binder o John Broome. O a esos disparatados y demodés 70 con Neal Adams y Denny O’Neil, a Kirby, Ditko y Byrne…

Superman vs. Muhammad Alí

Recuerdo que la edición gigante de Superman vs. Muhammad Alí me fascinó de pequeño. Aquella edición gigante de Novaro destacaba brutalmente entre el montón de tebeos colgados con pinzas que había en el quiosco. Y salía Cassius Clay, que por aquél entonces era casi un mito mediático para la chiquillería de la época, aunque no tuviésemos muy claro el porqué y nos dejara un poco aturullados lo del cambio de nombre. Pero joder, cómo fascinaba este tebeo. Qué luchas míticas, que puñetazo de Superman parando la ola gigante (lo de tsunami no se llevaba)… En resumen, un tebeo candidato ideal a permanecer bien resguardado en la memoria nostálgica al que, con casi total seguridad, le sentaría muy mal la relectura adulta. Sin embargo, leído hoy, casi cuarenta años después de aquél primer shock, me sigue pareciendo igual de fascinador en su extraña y peculiar rareza. Es verdad que no aguanta el mínimo análisis intelectual: Denny O’Neil firma un previsible guión de manual, plagado de tópicos desde la primera a la última página, desde el tratamiento de la historia –los malos extraterrestres, malísimos, copiados fielmente de los skrulls en aspecto y casi, casi en fonética, el combate con esfuerzo titánico en el último momento- a, por supuesto, unos prejuicios sociales que en ningún momento son, ni tan siquiera, puestos en duda: el héroe afroamericano se presenta como un ejemplo máximo del american way of life, aunque nadie se plantee que la única posibilidad de éxito entonces para un afroamericano sean los deportes… por no hablar de que la única opción de duelo entre civilizaciones es, por supuesto, a hostia limpia. Pero, pese a todo, sigue siendo raro: es un crossover imposible que hace tambalearse los cimientos del género de superhéroes. La mezcla del Mundo Real ™ con el universo superheroico era ya habitual por esas fechas, tanto desde el acercamiento de los superhéroes al comportamiento de la vida real (que tendría como cúspide la obra de Alan Moore décadas después) como desde la inclusión de los comportamientos sociales reales como escenario de fondo de las personalidades y actitudes de los personajes (con el Spiderman de Lee y Ditko como referente claro y primigenio). No era raro que personajes reales se pasearan por las páginas de los tebeos de Marvel o DC; sin embargo, Superman vs. Muhammad Alí no plantea una simple aparición estelar del púgil americano, es un enfrentamiento entre el concepto de héroe mitológico -reconvertido por el género de superhéroes en el ideal conceptual de héroe del siglo XX- con el héroe de la calle, el ídolo real. Un héroe que sigue a pies juntillas el manual de Campbell frente a un héroe nacido de los mass media, en el que el carisma y la ambición pesan más que el camino seguido. Superhombre vs. Hombre en toda su extensión, el American Way of Life adoptado por un alienígena de bondad incorruptible frente a la verdadera expresión de un American Way of Life consentido por las clases dominantes pero ganado a golpe de tortazo. Los tópicos se suceden, pero en el fondo, no se puede obviar que el discurso triunfal y provocador de Alí, rebelde y revolucionario si se quiere, es una reivindicación del héroe real frente al imaginado, una fractura brutal de ese universo de superhombres que, de golpe y porrazo –nunca mejor dicho-, baja a la cruda realidad: ellos no existen, el único héroe que existe de verdad es Alí, el hombre, el real. El apretón de manos final entre Superman y Alí es, más que una expresión tontorrona y bobalicona de feliz cooperación intergaláctica, un reconocimiento tácito de mutua no agresión: “no salgáis de los tebeos”, parece decir Alí, “en el mundo real no tenéis nada que hacer contra los puñetazos de verdad”.
Seguramente O’Neil y Adams no se planteaban esta lectura de su obra, más operación comercial afortunada en un momento de bajada en picado de las ventas que reflexión sesuda sobre el género. Sin embargo, la tentación está ahí y la lectura es tan posible como sugerente y atractiva.
Aunque no deja de ser una paja mental innecesaria para disfrutar de este tebeo: si usted o usteda, querido o querida, lector o lectora se quiere obviar lo anterior, hágalo con total tranquilidad y refocílese con lujuria en el espectacular trabajo gráfico de Neal Adams. Ponga el cerebro en modo de ahorro de energía y dé saltos de alegría incontenible ante el despliegue de sapiencia compositiva y narrativa del dibujante, que firma el que, a mi entender, es su mejor trabajo. Sólo por ver cómo Adams concentra toda la potencia la potencia visual de la página en el puñetazo de Superman contra el tsunami o por esa magistral e impresionante doble página donde Alí da su discurso, ya vale la pena tener esta historia. Qué habilidad para resaltar el momento épico, para acentuar el dramatismo y subrayarlo visualmente, obligando al lector a seguir el camino marcado… Toda una lección de narrativa. Lástima que para esta ansiada reedición se haya optado por un espantoso recoloreado photoshopero lleno de brillitos y volúmenes que, en algunas ocasiones, se carga el trazo de Adams. Una actualización tan innecesaria como absurda, que no aporta nada a la obra y, a mi entender, le resta fuerza. Planeta sigue en este aspecto fielmente lo marcado por la nueva edición americana, con una excelente calidad de reproducción, aunque sigue su política de publicar las obras en formato contrario al original. Y eso que lo tenía difícil esta vez, ya que en los USA esta nueva edición se publicó en formato comic-book y en el original gigante. Pero la solución era obvia: ni uno ni otro. Así que la edición española se queda a medio camino entre las dos… Snif.
En cualquier caso, un tebeo a disfrutar.

Ciegos

Abandono momentáneamente mi retiro de corrector irredento (miles y miles de exámenes, oigan… o eso me parece), para hacerles una recomendación: si sólo pueden comprarse un tebeo este mes, que sea la excelente edición que ha hecho Astiberri del magistral Informe sobre ciegos de Alberto Breccia y Ernesto Sábato. No hay epítetos suficientes para alabarlo. Una delicatessen para gourmets que tiene una escalofriante y actual lectura…

Tenderete II en El Cabanyal de Valencia

[Nota de prensa]
Vuelve TENDERETE, el mercadillo de autoedición gráfica y sonora por excelencia, esta vez nos mudamos al Cabanyal aprovechando el calor y las largas tardes (prácticamente de verano).
Tenderete II se realizarán los días 16, 17 y 18 de junio en L’Escola del Cabanyal, y además del mercadillo habrán conciertos, conferencias, pases de video, sorteos y despiporre a mansalva!
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Presentación de The Beats

El martes 14 de junio, a las 19:30h, se presentará en FNAC Callao de Madrid el libro The Beats, de Harvey Pekar y Ed Piskor. En el acto participarán el escritor Félix Romeo, el traductor del libro y crítico Santiago García y el editor Samuel Alonso.