Marvel gana a Kirby

Finalmente, Marvel parece haberle ganado la partida a Jack Kirby. El largo enfrentamiento legal entre Marvel y los herederos de Kirby parece tener un agrio final con la sentencia que reconoce a Marvel/Disney como la propietaria legal de los derechos de los personajes al considerar que el trabajo de Kirby fue un simple encargo y que su labor, por tanto, no es protegida por las leyes americanas de Copyright.
Y uno, claro, se pregunta ingenuamente si los Cuatro Fantásticos o Thor, por poner sólo dos ejemplos, tendrían el impacto que tuvieron si se hubieran “encargado” a cualquier otro dibujante…
Mal día para los autores, mal día para el tebeo…

¿Los superhéroes invaden Francia?

Que raro, rarito, está el mercado francés. Primero, Delcourt se merienda Soleil, que ya es maniobra de esas importantes. Segundo, Dargaud, acojonada ante el movimiento, se queda con DC ante la mirada estupefacta de Panini. Y ahora Glénat anuncia que creará un sello dedicado al cómic americano mainstream a finales de año. Tras el éxito y caída del manga como motor de la industria, ¿serán los superhéroes el nuevo impulso del mercado galo? Una posibilidad que suena rara, porque los superhéroes en Francia nunca han gozado de excesivo éxito. Pero oigan, ya se sabe, nunca digas de este agua no beberé…

Julia y Roem

La nueva encarnación de Enki Bilal como autor cumplidor que entrega un álbum al año a sus lectores –veremos lo que dura…- me tiene algo desconcertado, lo reconozco. Pero oigan, que se agradece ver más activo al dibujante, que parece más entregado a su labor creativa comiquera que a los excesos del panteón mitológico en el que le había colocado la prensa francesa durante años (recordemos que este hombre conseguía que uno nuevo de sus álbumes fuera primera página de diarios), aunque eso signifique el paso a una etapa de irregularidad tras años de soberbias obras. Buen ejemplo era la primero tri y después tetralogía de El sueño del monstruo, una serie que deambuló entre lo casi infumable y lo extraordinario con una preocupante tranquilidad, o la reciente (que raro utilizar esta palabra con Bilal) Animal’z, donde parece dejar por fin los temas anteriores para centrarse en un futuro apocalíptico que, por lo menos personalmente, no me llegó a atraer demasiado. Así que ante el anuncio de una nueva obra, tocaba ahora santiguarse ante San Eisner y preguntarse qué Bilal daría la cara ahora. ¿El de las magistrales continuaciones de Nikopol?¿El de la ácida 32 de diciembre? ¿O el de la flojísima Cita en París?…
Pues ni uno ni otro sino todo lo contrario, porque Bilal da un inesperado giro acudiendo al clásico de los clásicos para su nueva obra, adaptando el Romeo y Julieta de Shakespeare a ese particular universo apocalíptico predicho en Animal’z. Curioso y arriesgado, cuanto menos. La obra de Shakespeare, casi el catálogo por antonomasia de los retratos de las relaciones humanas, ha conocido todo tipo de traslaciones, incluyendo evidentemente el cómic, donde destacan por derecho propio las geniales aproximaciones de Gianni de Luca, que transformaba la composición de página en una puesta en escena teatral rigurosa y brillante, exquisitamente respetuosa con la obra original. Pero, también, ha sido la excusa de no pocas transformaciones tan cargantes como olvidables. A priori, un reparto restringido de personajes, las pasiones humanas desatadas, las trampas del destino… juegan a favor de Bilal: son elementos presentes de forma casi constante en su obra desde que comenzara su andadura personal, ya sin Pierre Christin, en aquella hipnótica y sugerente Femme Piege. A lo que hay que añadir que tampoco la obra Shakespeare es nueva para él: a principios de los 90, uno de los primeros trabajos fuera del mundo del cómic de Bilal fue la realización de decorados del ballet Roméo et Juliete para el prestigioso coreógrafo Angelin Preljocaj.
Y juega bien sus cartas: Bilal va introduciendo el drama de Montescos y Capuletos en su universo apocalíptico y devastado de forma gradual, como una especie de pregunta retórica que se interroga sobre si es posible todavía el amor apasionado en esa escena de destrucción final, de plomiza atmósfera sin vida. Poco a poco, los personajes de Shakespeare van poseyendo a los protagonistas de Roem y Julia, transformando la realidad en una representación teatral improvisada de la que sólo Lawrence/Lorenzo parece ser consciente. El drama va creciendo ante los ojos del lector y Bilal, siempre inteligente, lanza la pregunta crucial: ¿hasta dónde puede existir la tragedia de la existencia humana? Las obras de contenido apocalíptico suelen aferrarse a ese espíritu de supervivencia del ser humano, una necesidad puramente animal de permanecer frente a las circunstancias más adversas y terribles, pero la cuestión aquí es más sutil, más profunda: ¿es el drama parte indivisible del ser humano? O incluso, si se me apura, plantea esa inmanencia intrínseca a las tragedias de Shakespeare de lo convierten, más que en un referente de los posibles argumentos del drama, en el canon absoluto de la literatura occidental que proponía Bloom, en el retrato exacto de la naturaleza humana que tanto irritaba a Wittgenstein.
Bilal no sorprende en el apartado gráfico: sus atmósferas plomizas son más opresivas que nunca, su ritmo pausado es tan brillante como siempre, su dominio de la elipsis y los tiempos, magistral… Pero es capaz de ir más allá, proporcionando un sutil tono de teatralidad para adaptarse a las necesidades del original shakesperiano que redondea su soberbia labor de interpretación gráfica.
Sin embargo, y pese a que la lectura es gratificante, queda un regusto extraño, inclasificable. Por alguna razón, Julia y Roem no termina de cuajar. Es interesante, sin duda: plantea una original aproximación a la adaptación teatral y deja interesantes cuestiones en el aire… pero hay algo en la maquinaria que no llega a funcionar engrasadamente. Puede que sea ese final ajeno y discordante, más capriano que shakesperiano. Puede que sea esa gelidez habitual con que Bilal se aproxima a las relaciones humanas, mala acompañante de la visceralidad de los sentimientos del dramaturgo británico… Reconozco que no sé encontrar el porqué de esa sensación final agridulce. Ni siquiera argumentar de forma razonada esas sensaciones. Podría resumir, quizás, en un ambiguo “Me ha gustado, pero no me ha convencido”, pero sería traicionar por los buenos momentos que me ha proporcionado la lectura.
Ustedes mismos.

Autobiografías

Debería, pero a estas alturas todavía no pierdo mi capacidad de sorpresa ante la polémica que levantan las obras de género autobiográfico entre los aficionados al cómic. Es verdad que es un género acompañado muchas veces por la controversia, pero mientras que en literatura ésta suele ser originada por los contenidos de la obra en cuestión (ya saben, la morbosa revelación de cualquier secreto de alcoba o de escándalos políticos de aupa), en este nuestro tebeo, el tema de discusión es otro, es el que se haga un tebeo sobre la propia vida. Un debate completamente estéril, de imposible planteamiento en cualquier otra área de la creación, porque sí, uno puede discutir si tal o cual chaval es demasiado joven para contar su vida –lo vemos a diario en las biografías de futbolistas o cantantes que con menos de 20 años ya cuentan su vida-, pero cuestionar la validez de un género es un poco ridículo. Todavía estamos así, qué se le va a hacer. En otros campos se discute sobre la transición entre el diario personal y la autoficción impuesto por la postmodernidad y, en este mundo virtual de los tebeos, sobre si sólo se publican obras de gente que cuenta su vida. Lo que todo sea dicho, es ridículo, porque de las más de 1700 obras publicadas en España el año pasado, el número de tebeos con argumento autobiográfico es de apenas un puñadito de obras. Otra cosa diferente es que esas obras puedan tener o no más atención mediática…pero tampoco. Al final, lo que reina en prensa es si Superman deja de ser americano o si Spiderman se muere de una vez con una sobredosis de Raid.
A mí, personalmente, me gusta la autobiografía. Es verdad que contar la vida puede ser un ejercicio narcisista aburrido. Es verdad que puede ser una catarsis personal tan ajena como críptica para el lector. Es verdad que se puede perder la identificación con lo contado. Todo verdad, pero también es cierto que la única aventura real que tenemos en este mundo es vivir la vida. Ahí es nada. A algunos les parecerá una chorrada, una nimiedad, pero uno piensa que eso de vivir todos los días es algo tan maravilloso, tan único, que cualquier vida por aburrida que parezca ya es un logro. Es más, soy de los que piensan que leer sobre las experiencias de los demás no es una práctica voyeurista enmascarada de intelectualidad, sino una forma de reconocer a los demás y comprenderlos, de ponernos en su lugar. De eso tan demodé de ser mejores personas. Es posible que, como dicen los teóricos del tema, el aumento de la autobiografía y su forma más moderna, la autoficción, tenga que ver con la famosa muerte del autor que enunciara Barthes, que tiene que tomar el protagonismo para convertirse en personaje. Puede ser, pero el siglo pasado ya dejó claro que la única norma creativa es que no existen normas y lo que de verdad queda es poder disfrutar de las obras que nos llegan. Y, en muy poco tiempo, para regocijo de los que piensan que sobran las obras de este tema, me llegan dos obras autobiográficas muy diferentes.
Hoy es el último día del resto de tu vida, de Ulli Lust es una de esas obras llamadas a captar la atención mediática contando la escapada a Italia de la autora cuando era una joven punk de 17 años. No se le puede negar a la directora del sugerente proyecto electrocomics.com la ambición de planteamientos y la buena intención, pero me quedan demasiadas dudas tras la lectura. Hay un intento razonable de trasladar al relato la estructura de un diario personal, con una estructura azarosa que tan pronto es una reflexión personal como un cuaderno de viaje, pero es una elección que casa mal con la ficcionalización del relato, introduciendo confusiones narrativas que sorprenden y que al final resultan anticlimáticas en el hilo narrativo. Es verdad que se puede argüir que esas incoherencias son las propias de una joven de 17 años, pero resultan ajenas e increíbles dentro de la autoficción elegida. De hecho, el relato gana enteros en su segunda parte, cuando se convierte en una excusa para retratar la sociedad siciliana controlada por las familias mafiosas. Es más, uno se olvida de la historia de Ulli y Edi para centrarse más en los comportamientos, actitudes y protocolos mafiosos que relata la autora. Sin embargo, el mayor problema que le encuentro a la obra es una molesta carga de moralina que recorre toda la obra. Una especie de juicio paternalista que rechaza de forma inconsciente las decisiones de la joven Ulli y que no pude evitar aflorar a lo largo del relato, que poco a poco se va constituyendo en una gran catalogo tópicos moralistas, a saber que lo de las malas compañías es muy malo y que quien se aparta del recto camino, lo pasa muy mal. No he podido evitar pensar en la transparencia con la que Davodeau planteaba la escapada de Lulú, mucho más rica para el lector. Decepcionante.
Muy diferente es Mi organismo en obras, nueva incursión de Fermín Solís en ese sosías suyo que es Martín Mostaza, del que hemos conocido su infancia y ahora llegamos a una madurez incipiente, a esas primeras decisiones que condicionan una vida que ya empieza a cambiar. Y Fermín, ya curtido en esto de contar su vida a través de otro, demuestra que la autobiografía destila riqueza en cómo llegan las vivencias al lector, en la capacidad de contagiar los sentimientos y las emociones. No es necesaria la identificación, el reconocimiento de los lugares comunes: se disfruta precisamente de la felicidad del otro, se sufren sus dudas y se lamenta su desgracia. No es una comunión de sentimientos, sino llegar a la conexión de la complicidad entre autor y lector. Una complicidad que transforma la lectura en un ejercicio más complejo, de construcción de una memoria común en la que Martín Mostaza nos da pie a, también, recordar nuestras propias experiencias. Y como buenos amigos, sentimos que compartimos con el autor esos momentos, esas vivencias. No es fácil conseguir la naturalidad a la que ha llegado Solís. Ha sido un largo camino, que comenzaba en aquél bonito pero primerizo Los días más largos que yo, en aquellos días de Cárcel titubeante, decía que me recordaba mucho a Rabagliatti. Un camino errático, de experiencias distintas y variadas, de cambios vitales para el autor y, sobre todo, de aprendizaje para Martín Mostaza, que ha tomado lecciones tanto de las incursiones genéricas como de las experiencias aparentemente anecdóticas de Las pelusas de mi ombligo. Hoy, Solís ya no me recuerda a Rabagliatti. Me recuerda a Fermín Solís y, sobre todo, me trae memoria de mí mismo.

Curso de ilustración y cómic en Granada

[Nota de prensa]
UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA ESTUDIAR ILUSTRACIÓN Y CÓMIC EN ANDALUCÍA
El pasado mes de junio abrió sus puertas Estación Diseño, una nueva Escuela de Diseño y Artes Visuales situada en Granada. Entre su oferta formativa destacamos un curso de 500 horas presenciales íntegramente dedicadas a la Ilustración y el Cómic. El curso sigue una metodología de proyecto, de manera que a su término el alumno contará con un amplio portfolio de trabajos. El objetivo del curso es formar a profesionales capaces de trabajar como ilustradores en sectores como el editorial o el publicitario, o bien de desarrollar sus propios proyectos como autores de cómic.
Más información en www.estaciondiseno.es

Novedades de La Cúpula

(**)- Luba, de Beto Hernandez 582 páginas blanco y negro 17 x 24 cartoné P.V.P.: 39,00 €
Kiss comix 238, de Varios autores 68 páginas 20,5 x 26,5 grapado P.V.P.: 4,50 €
(**)- Skin deep, de Charles Burns 100 páginas blanco y negro 17 x 24 cartoné P.V.P.: 17,50 €
(**)- O. C. Crumb 15: Las reflexiones de Tio Bob, de Robert Crumb 68 páginas blanco y negro 21,5 x 28 rústica P.V.P.: 14,00 €
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Keko

Muchos lo han intentado, pero sólo Keko ha conseguido darle una vuelta de tuerca a Henry James. Lo publicará Edicions de Ponent: La protectora. Apunten en sus agendas, porque será uno de los tebeos del año.

Los números del 2010 (IV). Reparto entre editoriales

Sin duda, 2010 será recordada por un hecho sin precedentes en la historia reciente del mercado del cómic español: por primera vez en casi 20 años, las estanterías de las librerías especializadas no estuvieron dominadas por las novedades de Planeta DeAgostini, que ha cedido el trono a Panini, la editora de Marvel en España. Un dato que merece análisis más detallado, por un lado porque en el fondo puede no decir nada: sin saber datos de ventas, ser el que más novedades publica no tiene porqué corresponderse con el que más factura (de hecho, supongo que en los últimos años este honor debería estar entre Ediciones B -alias Mortadelo-, Salvat -alias Astérix- o Glénat -alias Naruto & Esther-), sino simplemente con el que más presencia tiene en los canales de distribución. Por otro, porque Panini llega a ese puesto sin estridencias ni aumentos espectaculares de producción. La editorial italiana ha mantenido una estrategia de publicación coherente durante los últimos años, consecuente con su presencia y distribución y con una política de novedades estricta. Se puede discutir el baile de formatos, de coleccionables, etc, pero el número de novedades mensuales se ha mantenido siempre muy estable. Por contra, Planeta de Agostini ha pasado por una reestructuración brutal de su política de novedades, reduciendo sus más de 1000 novedades de 2008 en más de un 60% en 2010.
En un mercado tan cerrado como el del cómic, todo un terremoto… de bastante poco impacto hacia el exterior, todo sea dicho. El mercado del tebeo apenas alcanza un 3% de la facturación del sector editorial (como bien dice un buen amigo, no tenemos ni grupo parlamentario propio) y más del 70 por ciento de las novedades siguen siendo editadas sólo por cuatro editoriales.

El Premi Ciutat de Palma de Còmic, en peligro

Acaba de ser instaurado y ya está en peligro: los recortes presupuestarios afectan al Premio Ciutat de Palma de Còmic, que pasa a ser bianual. El sector ya se ha hecho eco del tema y, la verdad, la decepción es lógica. Un premio importante y de prestigio que, nada más comenzar su carrera se frena, augurando también malas expectativas para las extraordinarias actividades culturales que se realizan en Palma alrededor del cómic. Es cierto que, en épocas de crisis, se impone la austeridad, pero no menos cierto es que se pueden buscar desde soluciones imaginativas para mantener esta promoción de la cultura hasta, simplemente, recortar las cantidades económicas de todos (todos, remarco) los premios que entregue la institución pública.
Esperemos que el Ayuntamiento de Palma reflexione sobre el tema…