Polina

Aprovecho la (excelente) edición en castellano que acaba de lanzar Diábolo de Polina, de Bastien Vivés, para recuperar la reseña que hice con motivo de la edición en Francia de esta imprescindible obra:
Comenté en su día que Amistad Estrecha me había decepcionado, que desprovisto Bastien Vivès de esa especial capacidad para transmitir emociones y sensaciones, su obra quedaba mermada, excesivamente ingenua y conocida, como ya ocurría con la primeriza Elle(s). Pero Vivès me sigue pareciendo llamado a hacer cosas grandes, muy grandes en la historieta, por lo que no he tenido ningún problema en lanzarme a devorar su siguiente obra, Polina.
Y qué maravilla.
Triple pirueta mortal sin red, ahí es nada. Primera vuelta, en un simple y delicado bitono, dejando que las masas de negro y el trazo se muevan limpios en la página. Segunda vuelta, sin artificios narrativos, una composición sencilla y discreta. Tercera vuelta: lidiar en la arena de las historias íntimas y privadas del maestro Baudoin. Ejecución perfecta, giros impolutos, recepción en el suelo sin apenas violencia, dejándose llevar. Aplausos. El público en pie, pidiendo más.
Pero que la perfección de la ejecución no oculte la inspiración de la historia que cuenta esta vez Vivès, la de la joven bailarina Polina Oulinov, entregada a la danza desde que era apenas una niña, en cuerpo y alma. Una historia construida a través de silencios, de decisiones calladas, de renuncias. Que sigue la relación entre la niña que llega a mujer y su férreo profesor Bojinski, en una historia prohibida que rezuma sensualidad en apenas unos gestos unas miradas. Y Vivès, excelso, dejando que los cuerpos sean de nuevo los que manden las expresiones y sensaciones. Fijando gestos apenas perceptibles. Miradas furtivas de culpa, de pasión contenida. Construyendo una olla exprés de sentimientos que nunca llega a explotar, manteniendo una tensión inaguantable escondida tras la bambalina de la historia. Contenida, apenas vislumbrada en esos silencios, pero omnipresente, opresiva.
Sigue las enseñanzas de Baudoin con mimo y escrupuloso respeto, pero pronto se revela como un alumno superdotado capaz de rebatir al maestro las enseñanzas. Vivès y Baudoin viven la misma relación de tensa admiración que Polina y Bojinski. Se unen, se abrazan, bailan juntos, aprenden y se admiran, se separan…pero no pueden estar apartados. Y en Polina, se desata esa pasión con un dibujante en estado de gracia, capaz de llevar al papel la danza como pocas veces hemos visto, capaz de exprimir esa sinestesia que afloraba en cada viñeta de El Gusto del Cloro para que oigamos la música, que leamos la partitura a través de unos cuerpos en movimiento que acaparan toda la atención en un espacio sin fondos, blanco, sólo marcado por una gestualidad corporal apenas esbozada con un par de trazos donde siempre contrasta la fina línea con gruesas masas de oscuridad.
Un álbum hermosísimo. Impactante. Para degustar en silencio, dejando que la música y el movimiento emanen de él con la naturalidad que sólo Vivès es capaz de transmitir. (4)

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