Fantasmas

No se debe decir mucho de The new ghost. Es un tebeito editado con cariño por Nobrow, ya saben esa editorial británica llena de gente joven con ganas de devorar el futuro del tebeo (ojito con ellos), pero éso es lo de menos. De momento, me tienen robado el corazón con sus preciosas ediciones, de apariencia casi artesanal, de tacto sensible y olor a tinta a la antigua usanza. Grapa en el lomo que recuerda que su columna vertebral es la del fanzine, pero estética de qualité que lo acerca al objeto fetiche arrebatador. Muy bonito, sí, pero burdo celofán si no atesorase una historia como la firmada por Robert Hunter, que nace en el relato de terror fantasmal para desembocar en la fábula infantil a través de un recorrido consciente por el sentido de la maravilla. No quiero decir mucho, repito, porque como en los cuentos que leíamos de niños, la sorpresa final forma parte del encanto ingenuo de la fábula. Pero es que este tebeo es una de las historias más bellas que recuerdo en mucho tiempo.
Decía Fernando Savater en la mesa redonda de la Fundación Mapfre que él gustaba de esos tebeos que no olvidaban que eran para niños. Me gustan esos tebeos. Pero yo prefiero, quizás por unas canas mal asumidas, quién sabe, lo que ofrece The new ghost: un tebeo para adultos que por un momento quieren volver a sentir lo que es ser un niño.
Que alguien lo publique en España, por favor…

Los problemas crecen

Los recortes que las administraciones públicas están aplicando están afectando a todo tipo de evento cultural. Si hace unos días sabíamos de las dificultades de la BD gallega, ayer mismo nos enterábamos de la cancelación de la Mostra de Cine de València (entre cuyas actividades se encuentra Mostra Còmic) y ahora desde Zaragoza me llega esta noticia:

Saludos.
Ayer se celebró una reunión con los actuales responsables del Salón del cómic de Zaragoza en la que estuvimos presentes miembros de varios colectivos relacionados con el cómic. Tristemente se nos comunicó que este año el Ayuntamiento ha decidido cancelar el Salón del Cómic de Zaragoza. Por favor, si quieres ayudarnos a evitar que cancelen este importante evento, envía un e-mail de queja o de protesta a las siguientes direcciones:
webmunicipal@zaragoza.es
consejeropresidencia@zaragoza.es (Fernando Gimeno, vice alcalde de Zaragoza)
jblasco@zaragoza.es (Jerónimo Blasco, consejero de cultura)
Agradeceríamos la máxima difusión de este mensaje.

Más información sobre el salón del cómic y la triste decisión que ha tomado el ayuntamiento, una vez más sin contar para nada con la ciudadanía: http://malavida.blogsome.com/2011/09/29/peligra-el-salon-del-comic-de-zaragoza/

Arzak

Para comentar Arzak, es necesario antes hablar de Arzach. Y de Harzak. O de Harzack. E incluso de Harzach. Ortografías mutables con las que aparecieron cuatro historietas llamadas a cambiar una forma de entender el tebeo. Hagamos un poco de historia: mediados de los 70, recién estrenados los primeros movimientos de cómic adulto en Francia en la década anterior y con las primeras experiencias de cómic alternativo lideradas por dibujantes (Hara Kiri, L’Echo des Savanes) ya en los kioscos, se anuncia una nueva experiencia editorial autogestionada: Metal Hurlant. Cuatro dibujantes (exactamente tres y un gestor, Dionnet, Moebius, Druillet y Farkas), todos con experiencia en esta nueva etapa que se estaba gestando tras las revueltas culturales de los años 60, toman las riendas de un proyecto que nace, como toda contracultura joven y contestaria, en oposición a los modelos establecidos. El objetivo, lanzar una revista de cómics de género, siguiendo la tradición francobelga liderada entonces por Pilote pero dejando esta vez todo la libertad en manos del dibujante, con especial atención a lo gráfico. Una revista llamada a revolucionar concepciones estéticas que tendría como icono más representativo de toda su producción cuatro historietas mudas. Cuatro relatos breves firmados por Moebius, el alter ego de un Jean Giraud que ya triunfaba con Blueberry, protagonizados por un silencioso personaje que surcaba extraños paisajes a lomos de algo parecido a un pterodáctilo. Publicadas en los primeros números de la nueva revista, cada una de las entregas llevaba un título de cambiante ortografía: todas fonéticamente idénticas, todas escritas de forma diferente. Sin guión previo. “Improvisadas”, según el autor, en una afirmación casi imposible de creer a la vista de la perfección técnica del dibujo. Absurdas y surrealistas en su fondo. Espectaculares en su forma. Influyentes hasta cambiar completamente la forma de entender el género durante una década.
Y es que la propuesta de Moebius no era tan espontánea como parecía: en un mercado claramente dominado por los personajes y, sobre todo, regido por una serie de guionistas que no sólo acaparaban la atención medíatica (Goscinny, Charlier…) sino que también eran los responsables de la producción, Moebius lanza así una defensa a ultranza del dibujante, de la historieta como narración gráfica no literaria. Toma ejemplo del dadaísmo para reclamar una forma de creación más fresca e improvisada, pero es tan sólo una coartada para su discurso: una historieta muda, apabullante en lo gráfico, que deja la palabra apartada para centrarse en la narración dibujada. El dibujo como centro absoluto de la historieta, con historias que nacen de la fantasía (lógico en tanto se busca el lucimiento gráfico) pero cometen la entonces herejía de apostar conscientemente por un públic adulto, pervirtiendo las tradiciones del cómic francobelga clásico juvenil. Sexo, violencia y drogas como alambrada que impide la entrada al lector juvenil y que anuncian claramente la vocación adulta de esta nueva historieta. Quizás hoy se puede ver esta estrategía como ingenua, pero en su día era toda una provocación, brutal. Y, para colmo, un título cambiante que resumen claramente esa idea: las palabras cambian, el sonido es siempre el mismo. Arzak.
Un mensaje claro, conciso y contundente que resultó transcender rápidamente sus motivaciones. La excelencia gráfica de Moebius, la potencia de las ilustraciones de estas cuatro historias, la sugerente atmósfera de estos mundos oníricos (Moebius afirmaba que eran historias creadas a partir de sueños), resultaron todavía más influyentes que el discurso de rebeldía del dibujante. Se convirtieron en un icono, en el exponente máximo de una nueva era de libertad gráfica y argumental que, paradójicamente, daría lugar a una preocupante uniformidad estilística. El trazo de Moebius se convirtió en el paradigma de la nueva historieta: desde el tebeo americano al japonés, los imitadores de Moebius se multiplicaron por todo el planeta, en un fenómeno sólo comparable a la influencia de los grandes clásicos como Disney.
Arzach/Harzach/Harzak/Harzack formaba ya parte de la mitología de la historieta y se convertía en la primera piedra del edificio Humanoide, de una leyenda con no pocos claroscuros, pero que está plagada de aciertos sorprendentes.
Pero ésa es otra historia…
Treinta años después, Moebius retoma a su silencioso personaje tras su particular travesía del desierto llamada Inside Moebius, ya instaurado en el Olimpo de la historieta, sin necesidad de cambiar nada ni de llamar a la revolución. Sólo por el placer de volver a los enigmáticos paisajes de Tassili. Era lógico, tras Le Chasseur Deprimmé, el hiponótico regreso al universo del garaje hermético de Jerry Cornelius (inexplicablemente inédita todavía en castellano), el siguiente paso sólo podía ser éste. Sin embargo, en esas décadas han pasado muchas cosas y aquél personaje rebelde se ha dejado por el camino muchas cosas, como el silencio, la ortografía incierta y voluble y la improvisación. Arzak habla y protagoniza una historia de ciencia-ficción de corte clásico, deudora hasta límites sospechosos -de momento- de George Lucas.
Arzak llega a Tassili con espíritu de western crepuscular, aprovechando esa capacidad innata del dibujante para dar profundidad a sus viñetas de espacios abiertos (¡Pocos desiertos son tan inmensos como los que dibuja Moebius!), con diálogos de inspiración ochentera llenos de palabras inventadas a modo de retruécano con ínfulas tecnológicas. Todavía es pronto para juzgar una historia que se desarrollará durante tres álbumes, pero no se puede evitar cierto aroma a naftalina en la historia que plantea Moebius, que no deja de tener su atractivo. Para los que vivimos aquellos locos 80 de las revistas, la nueva singladura de Arzak tiene algo de encanto nostálgico pese (o gracias) a las continuas referencias starwarseras, llevada en volandas por la calidad gráfica de Moebius, que como décadas atrás vuelve a ser el centro absoluto de la obra. Es curioso cómo la dualidad Giraud/Moebius se mantiene pese al paso del tiempo, sólo hay que comparar las últimas entregas de Blueberry con este nuevo Arzak: se comparten, paradójicamente, escenarios y argumentos basales del western, en un caso literales, en otro proyectados a la ciencia-ficción, pero con estrategias narrativas diferenciadas. Mientras que Blueberry prima la acción, la profusión de viñetas para una narración rápida y un dibujo de cuidado barroquismo en el detalle, en Arzak las viñetas se amplían para dar espacio a un ritmo más pausado, con un trazo de línea limpia que da más protagonismo al color. Giraud/Moebius vuelve a mostrar una bicefalia perfectamente planificada, que pierde quizás el atractivo de la dualidad entre tradición y revolución que expresaba en los 70, pero mantiene el de su excelsa calidad gráfica.
Una lectura curiosa de momento, veremos cómo sigue la serie, pero que a mi entender tiene como principal problema el carisma de aquellas primeras cuatro entregas. Demasiado fundamentales, demasiado icónicas como para volver a ellas. Es cierto que Moebius se aparta de aquella línea, pero hay mitos que es mejor no tocar, dejarlos en el recuerdo para que sigan aumentando su leyenda.
Ya veremos…
Eso sí, espectacular la edición de Norma de este álbum, a gran formato, con exquisita reproducción (lástima que se haya quedado en el camino la primera edición que se lanzó del álbum en Francia, en blanco y negro).

Novedades de Sins Entido Octubre

Atentos a la obra de Manuele Fior, uno de los mejores tebeos que se han publicado este año…
(*)- VENENO, de Bárbara Yelin y Peer Meter. 19×23 cm. Rústica. 200págs Precio: 20€
(**)- CINCO MIL KILÓMETRO POR SEGUNDO, de Manuele Fior 17×24 cm Rústica con solapas 144 págs. Precio: 19€
(**)- DEAR PATAGONIA, de Jorge González 20×27 cm Cartoné 288 págs Precio: 30€
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Lecturas variadas de fin de semana

El fin de semana se presentaba interesante: el impresionante volumen que acaba de editar Drawn & Quaterly recopilando historias de Anders Nilsen era suficiente motivo para esperar una lectura fructífera pero, al final, las cosas se tuercen y lo leído nada tiene que ver con lo previsto. Pero antes de que se me vaya de la cabeza, que hay un par de obras de autores patrios que merecen lectura: comienzo por La mano del diablo, de Brais Rodríguez, que llegaba con un amplio palmito de suficientes razones para justificar su lectura (ahí es nada: premio Castelao, primera obra larga del cocreador del sugerente Carne líquida…). Y las previsiones se cumplen: el dibujante se lanza a una historia compleja, de denuncia de la guerra a través de los sinsentidos y absurdos que genera desde una perspectiva íntima, separada del gran ruido de la batalla. Evita mostrar la barbarie para centrarse en la locura humana que rige la guerra contando la historia de unos soldados que llegan a una pequeña alquería, confrontando la realidad sencilla de los que simplemente quieren seguir su vida con la lógica imposible de los que justifican el horror. Como era de esperar, el dibujante se acerca al problema desde atajos inesperados, que evitan lo patente para sugerir y mostrar desde una posición escorzada, difícil, que obligue al lector a continuar el razonamiento, dejándole espacios en blanco para la reflexión. Se nota, eso sí, que el relato largo le pasa todavía factura a un autor acostumbrado a la historia breve, con una narración que se desarrolla demasiado por momentos, por escenas definidas en donde el autor exprime ese mensaje que busca trasladar, pero que flaquea en la argamasa que las une. No es grave, la obra se disfruta y deja buen poso y, sobre todo, anuncia a un autor a seguir en el futuro.
Otra obra que también deja buen sabor de boca es Borra de LuisD, un autor que debuta en el escenario de la mirada al pasado, volviendo a la inocencia de la niñez para buscar esos momentos donde la infancia comienza a quebrarse. El autor opta por un ritmo tranquilo, de paseo por el pasado que intenta rememorar las sensaciones de aquellos momentos, desde los primeros miedos a las ilusiones, de los olores a los sonidos. No hay grandes dramas ni momentos que cambian una vida. Sólo hay experiencias, de esas que se van sumando para formar eso que se llama persona. Un tebeo agradable que, quizás, juega con la desventaja de cierta saturación para el lector en este tipo de temas y con el evidente problema de llegar el último. Es difícil, por ejemplo, sustraerse a comparar el trabajo de LuisD con el de Fermín Solís, coincidente en temas, pero es injusto y erróneo: el extremeño es ya un maestro en su trabajo, definido, enfocado y centrado en lo que quiere contar y LuisD todavía tiene tiempo para encontrar un discurso propio, un lugar para contar sus historias. Borra es un excelente primer paso.
Sigo con cosas leídas que quiero comentar: Los muertos vivientes 14, de Kirkman y Adlard. Tengo por un momento la tentación de ponerlo a caer de un burro, por aquello de aburrirme de decir siempre lo bueno que es. Decir que es repetitivo en sus esquemas, que Kirkman vuelve a introducir un vértice dramático exagerado para romper la línea argumental y provocar una nueva y esperada inflexión. Que Adlard es un poco muñón y que funciona tan de fórmula que cansa. Que la historia comienza a agotarse…¡yo qué sé! Y todo sería verdad, ojo, pero me dejaría en el tintero lo más importante: que funciona a las mil maravillas. Todo lo dicho es cierto, palabrita, el reguero de defectos de la serie es largo y extenso a poco que uno se ponga a buscarlos, pero todos desaparecen como por arte de magia cuando se juntan. Juego de espejos, prestidigitación, trampas, sí, pero para el lector sigue siendo lo menos importante. Lo único que sabe el lector es que queda fascinado por el malabarismo continuo de estos dos autores. Aun sabiendo todos los trucos, Los muertos vivientes sigue enganchando desde su primera a su última página.

Toca leer en otro idioma, que siempre es bueno esto de ejercer las lenguas bárbaras: The hidden, de Richard Sala. Nueva prueba de lo incomprensible del mercado español, que da la espalda a uno de los autores más sugerentes e interesantes que está teniendo el género de terror hoy en día (menos mal que, en su día, Recerca editó Peculia…). Y nueva vuelta de tuerca del autor, que esta vez se lanza directamente a bucear en los clásicos para continuar a Mary Shelley, explorando y actualizando la continuación del mito de Frankenstein a golpe de apocalipsis pseudo-zombi. Los lugares comunes de Sala se repiten: querencia por la atmósfera pulp, la estética Addams y Gorey para ahondar en la visión ingenua del terror de la cultura popular, desde el mito clásico del mad doctor a la scream girl de los años cincuenta cinematográfica… Pero siempre aportando una lectura reflexiva que une la propia exploración respetuosa del género con la desmitificación más deconstructiva. Empeño complicado que Sala suele conseguir con nota. Vamos, una gozada.
La siguiente lectura, la continuación del Arzak de Moebius. Eso mañana, que tengo que digerir un poco esta versión starwarsizada y de domada ortografía de aquellas míticas cuatro historias que definían la iconografía e ideología de Metal Hurlant.

XXIII Xornadas de Ourense

Las Xornadas de Banda Deseñada de Ourense estarán dedicadas a la memoria de Benito Losada
Las Xornadas de Banda Deseñada de Ourense celebrarán su 23ª edición del 4 al 18 de octubre. Será este un año de transición y austeridad, de actividades mínimas, marcado por el homenaje a Benito Losada, el difunto director de la Casa a Xuventude y coordinador de este evento desde sus inicios, a través de una exposición colectiva que se ubicará en dicha institución. Continue Reading →

Monstruos

Así entre nosotros, no me apetecía mucho leer Monstruos, la novela gráfica de Ken Dahl sobre el herpes. Primero porque no tengo últimamente mucho tiempo para lecturas, y para los padecimientos ajenos ya tengo yo los míos. Segundo, porque en este caso, uno ya va servido y sabe por experiencia propia lo verdaderamente irritante que pueden llegar a ser las famosas calenturas, así que no me hacía falta que me lo contaran de segunda mano.
Pero oigan, pese a todo, uno no puede evitar sentirse atraído por esas cosas con dibujitos en papel llamados tebeos y, por mucho que tuviera razones para evitar la lectura, a poco que un par de conocidos me preguntaron sobre el tebeo y otro par me comentó lo bien que estaba, pues oye, a tomar por saco los remilgos y directo a la lectura.
Y bien que hice, porque Ken Dahl si bien es cierto que la obra podría calificarse de “tebeo didáctico” sobre los penosos males de las pústulas labiales del herpes, hay mucho más. Ante todo y sobre todo, el relato del desarrollo de un hipocondriaco tan exagerado como patético, que transforma toda su vida en obcecación por el dichoso virus, destrozando su existencia desde el exterior al interior. Dahl tiene pulso narrativo y cuenta su vida enferma con gracia y salero, que se dice, desde los achaques de su enfermedad a las dificultades del tratamiento en el sistema sanitario americano, pasando por supuesto a cómo afecta a sus relaciones personales, en una especie de crescendo obsesivo que, sin embargo, toma total sentido una vez concluida la lectura. Monstruos es una obra armada alrededor de un final (ya saben, la teoría de Miller), que mientras la vas leyendo es divertida y tiene su aquél, pero que no evita que pensemos “pues no es para tanto”, pero que cuando llegas al final adquiere un sentido completamente nuevo, convirtiéndose en una cruel ironía que vapulea al autobiografiado y lo pone a la altura del betún.
¡OJO! SPOILERS Continue Reading →

La protectora

En días como éstos, con la que está cayendo con la dichosa crisis, no puedo evitar acordarme continuamente de El perfil requerido, una historieta corta de Keko incluida en esa genialidad que es La casa del muerto, en la que el dibujante retrataba con escalpelo filoso la silueta del “político perfecto”. Era una más de las muchas historietas que conformaban un tebeo que provocaba un espanto profundo, abisal, firmado por un autor ya especializado en andar por el filo de la navaja para asomarse al precipicio de las miserias humanas, plasmándolas a modo de reflexiones inquietantes más próximas al género de terror que al ensayo social. Y es que Keko Godoy, madrileño que muchos recordarán por aquellos primeros pasos de contrastado blanco y negro en el Madriz, ha ido perfeccionando la angustiosa habilidad de desnudar con sus dibujos la psique humana, dejando expuesta una pesadilla ponzoñosa, que tumba cualquier discurso de hipocresía individual o colectiva. Como en aquella película de Carpenter, las historietas de Keko son unas gafas que permiten ver la realidad que oculta la atmósfera de neones coloridos y brillantes que nos rodea, hurgando en nuestra materia gris para activar unas neuronas anestesiadas por el incesante bombardeo mediático. No hay más que recordar esa visión escalofriante de la feliz iconografía de los cincuenta que se marcó el dibujante en 4 botas o las píldoras de hiriente sentido común que ha lanzado en los Almanaques dirigidos por Micharmut.
Poco a poco, Keko ha ido creando con su obra un catálogo de terrores cotidianos, de los miedos que intentamos olvidar maquillados con aroma de McDonalds e iluminación catódica. Un paseo involuntario por un género que pedía a gritos que, por fin, se lanzara directamente a sus brazos. Sin ambages ni intermediarios: si Keko es capaz de erizar hasta vellos que no sabíamos que existían con su retrato de la realidad, ¿por qué no zambullirse a consciencia en terror, en ese género clásico entre los clásicos?
La respuesta tiene nombre La protectora. Y apellidos: Henry James. Nada en Keko es fácil. Su obra es un reto a la inteligencia del lector porque para él mismo es un desafío. Lidiar con el terror no podía ser menos y se pone el listón a una altura estratosférica: continuar a Henry James. Tomar una de las narraciones de terror que más fascinación ha provocado, Otra vuelta de tuerca, y darle una nueva lectura a partir de dónde lo dejó el que es considerado como uno de los escritores más importantes de la historia (Harold Bloom dixit). Una nueva vuelta de tuerca.
Tras los terribles sucesos que desembocaron en la muerte de Miles, la pequeña Flora vuelve junto a la Sra. Grose con su tío, el señor de Bly. Punto de partida para que Keko teja una compleja y opresiva red alrededor de la historia original, que mantiene intacto el juego de ambigüedades de James, pero que ahonda en las razones de la locura que ocurrió en aquella casa. De repente, la enajenación de la institutriz comienza a ser sólo un pequeño resquicio por el que escapar de un entorno insano, en el que iremos descubriendo que aquellas perversiones insinuadas de Quint y la anterior institutriz no son más que una parte del verdadero terror, el de mirarse al espejo de un degeneración asumida como única libertad frente a la imagen que el mundo ha creado de sí mismo.

Keko afina su trazo para dotar a sus viñetas de una atmósfera asfixiante, jugando con imágenes de realidad fotográfica, pero manipuladas a modo de grabados de época hasta conseguir una sensación de irrealidad indefinible. El inmaculado blanco y negro se ensucia de tramas grises de naturaleza orgánica, imprevista y visceral, consiguiendo que una extraña sensación de impudicia se extienda por toda la obra. Composiciones que obligan al lector a detenerse, a tocar la ruptura de las líneas para sentir como se quiebra la razón. Páginas que enfocan su atención a las miradas, a ojos ausentes, a miradas soslayadas, a miradas discretas, a miradas perturbadas y, sobre todo, a ojos que desafían al lector directamente, mirándole sin pestañear trasladando una desazón perturbadora. Llevando la lectura por las cloacas del ser humano para sentir su hedor y sentir miedo, pánico por la verdadera naturaleza de lo que somos.
La obra de James ha tenido muchas adaptaciones, más o menos literales (en el cine, desde Frankenheimer a Amenábar, pasando por la estupendísima versión de Clayton o la curiosa de Eloy de la Iglesia, en la literatura en incluso en el cómic, como la poco conocida versión de Crepax), pero pocas veces han conseguido trasladar esa sensación indescriptible de angustia y desasosiego que transmitía James, de espiral hacia una locura desconocida.
Keko lo consigue.
Ahí es nada, oigan, ahí es nada. (4+)

Exposición de LPO

El viernes 23 de septiembre, a las 19:30h, se inaugura en el Espacio Sins entido de Madrid (C/ Válgame Dios, 6) la exposición HAY TIEMPO EN LOS 80, que muestra obra original de LPO. Estarán presentes LPO (autor de la obra), Andrés Rábago (Ops/ El Roto), Jorge Arranz (dibujante) y Rafael Menéndez (Profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense)
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