Monstruos

Así entre nosotros, no me apetecía mucho leer Monstruos, la novela gráfica de Ken Dahl sobre el herpes. Primero porque no tengo últimamente mucho tiempo para lecturas, y para los padecimientos ajenos ya tengo yo los míos. Segundo, porque en este caso, uno ya va servido y sabe por experiencia propia lo verdaderamente irritante que pueden llegar a ser las famosas calenturas, así que no me hacía falta que me lo contaran de segunda mano.
Pero oigan, pese a todo, uno no puede evitar sentirse atraído por esas cosas con dibujitos en papel llamados tebeos y, por mucho que tuviera razones para evitar la lectura, a poco que un par de conocidos me preguntaron sobre el tebeo y otro par me comentó lo bien que estaba, pues oye, a tomar por saco los remilgos y directo a la lectura.
Y bien que hice, porque Ken Dahl si bien es cierto que la obra podría calificarse de “tebeo didáctico” sobre los penosos males de las pústulas labiales del herpes, hay mucho más. Ante todo y sobre todo, el relato del desarrollo de un hipocondriaco tan exagerado como patético, que transforma toda su vida en obcecación por el dichoso virus, destrozando su existencia desde el exterior al interior. Dahl tiene pulso narrativo y cuenta su vida enferma con gracia y salero, que se dice, desde los achaques de su enfermedad a las dificultades del tratamiento en el sistema sanitario americano, pasando por supuesto a cómo afecta a sus relaciones personales, en una especie de crescendo obsesivo que, sin embargo, toma total sentido una vez concluida la lectura. Monstruos es una obra armada alrededor de un final (ya saben, la teoría de Miller), que mientras la vas leyendo es divertida y tiene su aquél, pero que no evita que pensemos “pues no es para tanto”, pero que cuando llegas al final adquiere un sentido completamente nuevo, convirtiéndose en una cruel ironía que vapulea al autobiografiado y lo pone a la altura del betún.
¡OJO! SPOILERS
Lo que hasta el momento era un relato de un quejicoso compulsivo, se transforma en un alegato contra la ignorancia que impregnan las enfermedades que pueden tener un origen sexual, contra la estupidez de un estigma autoinfligido sobre una enfermedad que afecta a más del 80% del planeta. Sobre cómo perder no sólo el tiempo, sino parte de nuestra vida por el desconocimiento. Y ahí, la obra de Ken Dahl multiplica su valor y se hace realmente educativa e interesante, con un mensaje claro y contudente: ¡no seas hipocondríaco, idiota! :)
(2+)
FIN DE SPOILERS
– Entrevista a Ken Dhal (en inglés): 1 2 3
Avance de la obra

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