Fraternity

Fraternity, la obra de J.L.Munuera y Juan Díaz Canales que acaba de publicar Astiberri tiene olor de filmoteca, de atracón cinéfilo en sesión triple con pequeño descanso de esos de los de antes, con diapositiva de “Visite nuestro bar” incluida. De esos días donde uno descubre El niño salvaje de Truffaut y, casi sin solución de continuidad, degustar después las aventuras de Sabu en El ladrón de Bagdad.
Porque aunque el origen de la historia de esta comunidad utópica de New Fraternity que cuentan Díaz Canales y Munuera hay que buscarlo en la realidad, en ese final de siglo XIX donde eran posibles experimentos sociales como el New Harmony de Robert Owen, buscando alternativas a un capitalismo que tras la revolución industrial empezaba a enseñar ya esas garras de depredador inmisericorde que con tanto orgullo presume hoy, todo la ficción que presentan los autores bebe de decenas de influencias de la cultura popular. Del cine, del cómic, de la literatura… desde la leyenda del niño salvaje que toma sin vergüenza elementos de Mogwli, Victor de Aveyron o Kaspar Hauser a la isla Utopía pasando por El gigante de hierro de Bird, el extraterrestre spielbergiano (de hecho, no son pocos los lugares comunes con el reciente Super 8 de Abrams a los que llega esta obra), el Village de Night Shyalamayan o, incluso, el Watchmen de Gibbons y Moore. No tomados a modo de puzzle o influencias conscientes, sino a modo de matices, de aromas que van llegando a medida que vamos leyendo y que demuestran hasta qué punto un autor es hijo de sus propias culturas. Es verdad que la historia tiene como punto débil la previsibilidad, ese anticipado “homo homini lupus” que viene obligado por la introducción del elemento fantástico (en un curioso modo contrario a la esperanza unificadora del ataque exterior que Moore tomaba de Reagan), que a mi entender debilita la estructura en tanto fuerza una conclusión demasiado epidérmica por evidente, cuando el referente real daba a la historia mimbres para una reflexión mucho más profunda y compleja. No sé hasta qué punto es voluntad de los autores o inconsciente exigencia del mercado francobelga más comercial, que suele gustar de ese elemento mágico aun cuando su inclusión rompa la baraja de la coherencia (pienso ahora en el caso de Luxley, de Mangin y Ruizgé, un excelente punto de partida al que los elementos mágicos restan muchísima fuerza), pero aunque da lectura suficiente, me quedo con las ganas de haber ahondado un poco más en esa utopía que hoy ya no sabemos si es imposible o la salvación del desastre que vivimos.
Mención aparte para la labor de Munuera, que desde una solidez narrativa y gráfica intachable se permite jugar con el cromatismo (con la inestimable ayuda de Sedyas) y el estilo pictórico de los fondos para matizar y crear atmósferas y estados de ánimo en el lector. Una gran labor que, como ya es habitual, se hubiera disfrutado mucho más en el tamaño original francés, pero uno ya se va acostumbrando a esta esquizofrénica industria editorial española que tiene como norma editar en cualquier tamaño que sea distinto al original.

14 Comentarios en “Fraternity

  1. Pues francamente, para mí ha sido una gran decepción. El dibujo y la ambientación son muy buenos, impecable la labor de Munuera… Pero la trama de Díaz Canales me parece un sindiós, se entremezclan tres tramas: La sociedad utópica, el niño salvaje y el extraño "monstruo"… (mas subtramas de guerra y amor) Y discurren entre sí sin llegar a ningún sitio, preguntándome continuamente como encajan unas con otras y que sentido tienen.
    Con total sinceridad, para mi han sido 20 € malgastados.
    Vaya desde aqui mi recomendación de invertir esos mismos 20 € (19 € en realidad) en la otra obra de Astiberri "En la cocina con Alain Passard" de Blain: Una lectura Deliciosa (en todos los conceptos de la palabra).
    Un Saludo!

    • lacarceldepapel on 22 Noviembre 2011 at 16:20 said:

      El problema más que no vayan a ningún sitio, creo, es que se fuerza tanto la máquina que sólo se deja una salida a la trama completamente previsible y se dejan de lado otras más interesantes. Pero la lectura es agradable, más que decepción yo creo que lo que se queda es la sensación de que daba para mucho más que un buen entretenimiento.

  2. A mi también me decepcionó la historia.
    Un apunte, creo que es importante recalcar que los colores corren a cargo de Sedyas, no de Munuera.

  3. jlmunuera on 22 Noviembre 2011 at 17:50 said:

    Pues nosotros estamos muy contentos con la edición de Astiberri. Gracias por los comentarios.
    JL-

  4. luchino on 22 Noviembre 2011 at 19:18 said:

    Oscar, o bien el carcelero, ¿ puedes dar algún dato mas sobre el libro de Blain que mencionas ? Lo ví el otro día y lo ojeé un poco, pero no supe muy bien de qué iba la cosa, no sé si es un libro de recetas ilustrado, o una historia que transcurre en una cocina.
    Dicho sea con todos mis respetos.

  5. Luchino… Es una mezcla de historias y del devenir de un chef de alta cocina (en la cocina, en sus campos de cultivo, etc…) y entre historia e historia del dia a dia del restaurante se van intercalando recetas tal cual, con su texto descriptivo y con un desarrollo en cómic de una página. A mi me ha gustado mucho y las historias-receta tienen su encanto. A mi me ha gustado mucho, aunque tambien me encanta la narración el dibujo y la expresividad que transmite Blain (me encanta el estilo de este autor, todo sea dicho). Para que te hagas una idea, mas o menos el cómic es un 65% de cómic y un 35% de recetas (Ojo! estimación subjetiva, no me he puesto a contarlas).
    En resumen, el cómic es entretenido, elegante y curioso!!!
    Un Saludo!

  6. Thumb Down on 23 Noviembre 2011 at 2:48 said:

    La miniaturización es aún más decepcionante y sorprendente si se tiene en cuenta que el anterior trabajo del mismo dibujante, "El juego de la luna", procedente también de Dargaud, sí se publicó en el tamaño original por Astiberri y ha tenido el suficiente éxito como para tener una SEGUNDA EDICIÓN.

  7. luchino on 23 Noviembre 2011 at 9:26 said:

    Gracias a Oscar y a el carcelero. PUes puede que me lo pille, a mí también me gusta mucho Blain, en especial la sensación de dinamismo y movimiento que transmite el dibujo.

  8. McClure on 23 Noviembre 2011 at 19:41 said:

    Qué repelentillos son esos pulgares (metonimia, no los pulgares per se) para mostrarse a favor o en contra de una opinión.

  9. Eduardo Lopez on 23 Noviembre 2011 at 21:29 said:

    Paso olimpicamente. No compro comics reducidos. Si alguna vez la reeditan en el formato que toca, la compraré. Mientras tanto hay muchos otros comics en los que gastar mi dinero.

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