Primer plato y postre

Que Mauro Entrialgo es uno de los mejores humoristas que tenemos en este país no es noticia nueva. Ya he comentado por estos lares mi admiración por su mirada inquisitiva y ácida de la realidad cotidiana, que le confirma como el mejor notario de las incoherencias y estupideces de ese colectivo sin cabeza llamado sociedad. Estamos acostumbrados a que sus historietas tengan, además, un humor discreto de contundente efecto retardado, se leen con una sonrisa que no da lugar a sonoras carcajadas pero que queda ahí, en un runrún continuo, enquistadas en alguna neurona perdida para, de repente, aparecer como un fogonazo que ilumina la triste realidad: es inevitable, en algún (demasiados, me temo) momento de nuestro vida nos reconocemos como protagonistas de una de esas anécdotas que Mauro contaba. Y es entonces cuando nos rendimos, a la risa abierta por nuestro ridículo, y a la sabiduría del dibujante que ya predijo la situación.
Un maestro del humor, vamos, pero que quizás para muchos estaba encasillado en una forma de hacer particular de hacer reír entroncada en el costumbrismo. Lo que en principio, es una tontería como la copa de un pino, porque ya me dirán ustedes por qué un humorista o un dibujante tiene que salir de su estilo para ser mejor. Como si un tenista de éxito tuviera que meter goles para ser bueno o un científico cantar la Traviata sin fallos para optar al Nobel.
Una tontería que, además, Mauro ya había callado reiteradamente con obras que certificaban su capacidad camaleónica (recuerdo ahora aquella delicia que fue Los domingos). Pero por si quedaba alguien que dudara, no tiene más que acercarse a De Postre, pequeña delicatesen gastronómica que acaba de editar Fulgencio Pimentel (con su archiconocida y reconocida calidad) reuniendo los chistes que se publicaron durante un par de años en un suplemento semanal. Y digo “chistes” por dos razones: primera, porque son muy divertidos y, segunda, porque son un homenaje irredento y entregado a esos chistes que poblaban las revistas de Bruguera de los años 60 y 70, rebosantes de ese humor absurdo y casi surrealista que tan bien practicaban los Vázquez, Peñarroya, Ibáñez, Conti, Cifré y demás genios de la época. Es curioso cómo podemos encontrar a través de estas viñetas las raíces del humor de Mauro, fuertemente anclada en esos autores prodigiosos que firmaban un humor universal pero que, también, supieron usar vitriolo de alto octanaje en sus historias de lo cotidiano, como hace el creador de personajes que ya forman parte de la fauna urbana como Ángel Sefija, El Demonio Rojo, Tyrex, Herminio Bolaextra o Drugos.
Y ojo que la cosa no termina aquí, porque este mes tenemos ración doble de Mauro. A la delicatesen anterior hay que sumar una nuevo aportación gastronómica, ésta más propia del invierno y de los excesos navideños, a modo de excesivo y suculento plato de cocido de esos que obligan a terminar la comida con ración doble de sal de frutas ENO: El dibujosaurio, más de 400 páginas publicadas por Diábolo que reúnen toda la amplísima diversidad de trabajos de Mauro, desde historietas hasta diseños, carteles, dibujos, bocetos y lo que haya salido de la inagotable mente de este creador.
Dos obras inexcusables.

(Adelanto de El dibujosaurio)

4 Comentarios en “Primer plato y postre

  1. corbenforever on 5 diciembre 2011 at 12:17 said:

    Inmenso talento el de Mauro. Su obra no tiene el menor desperdicio. Dos compras seguras. ¡Feliz puente a todos!

  2. Excelentes textos de este gran humorista…

  3. DE POSTRE vino publicándose en ZAZPIKA, el suplemento dominical del diario GARA, de Gipuzoa.

  4. Pilon on 6 diciembre 2011 at 14:06 said:

    Lo de que el De postre salió en Gara lo pone en los créditos del libro, lo tengo delante.

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