De Howard Chaykin a American Flagg!

Tanto Watchmen como The Dark Knight Returns son obras maestras de la historieta. Afirmación indiscutible a mi entender: la lista de razones, tanto de sus valores artísticos como por su contribución a la total renovación de un género mayoritario como el de superhéroes, es interminable. Sin embargo, su inagotable y abrumadora excelencia puede a veces dejar de lado una contribución más fundamental si cabe: su papel como punto de inflexión en la consideración una forma de entender el cómic de autor dirigido a un público adulto. Es cierto que ni el cómic adulto ni el cómic de autor comienzan con las obras de Moore y Miller: en el cómic americano encontramos ejemplos de ambas ideas desde los inicios de la historieta de prensa (con un Hoogan’s Alley, por ejemplo, dirigido a un público adulto) hasta la brutal renovación de la historieta nacida desde la contracultura underground en los 60. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos son experiencia al margen del mainstream, de esa corriente generalista que más que definirla como “comercial”, deberíamos definirla como entroncada en los mecanismos industriales del medio. Durante décadas, la consideración fundamental del tebeo desde la industria era de objeto de consumo y entretenimiento para el público infantil y juvenil, cualquier desviación de la norma sólo podía venir desde la insurgencia combativa y rebelde. Pasó en los EE.UU. , en Europa ( donde el golpe de timón que dan las publicaciones de Losfeld en los años 60 nace desde fuera de la industria establecida) o en Japón (donde la defensa de un cómic adulto comprometido viene a través del movimiento gekiga), aunque en estos dos mercados, la industria supo asumir las reivindicaciones autorales en su provecho, llegando a un ‘entente cordiale’ : en Francia la rebeldía autoral se articuló como movimientos de autoedición que impulsaron toda una nueva industria y concepción de la historieta a su alrededor, que conseguía que el público aceptara y abrazara con fuerza esta una nueva forma de entender la historieta dando lugar a esa época dorada de la revista-magazine de cómics para un público adulto, donde el centro de atención pasaba del personaje al autor. “El ocaso de los héroes en los cómics de autor” titulaba Javier Coma en su famoso libro de los 80, en una frase que acertadamente resumía este cambio de tendencia (un libro a releer, todo sea dicho). Un movimiento que tenía como precedentes claros la reescritura concienciada del género que practica el guionista argentino H. G. Oesterheld ya en los años 50 o al peculiar tradición del manga, que sin dejar de lado la importancia del personaje, daba al autor suficiente autoridad como para decidir sobre su futuro por encima de las decisiones empresariales.
Sin embargo, en los USA los movimientos autorales no afectaban de igual manera a la industria establecida: es cierto que durante el final de la década de los 60 y parte de los 70, la todopoderosa hegemonía del género superheroico se vio torpedeada por experiencias que emulaban el éxito europeo de la revista-magazine, obligando a cambios profundos en las estructuras productivas y creativas del comic-book americano e incluso dando cobijo a experiencias de autor dentro del mainstream. Pero eran movimientos obligados por una coyuntura donde el personaje seguía siendo el motor de la industria. Pese a que incluso la editorial Marvel abrazaba experiencias autorales bajo el paraguas protector de la novela gráfica o incluso de la revista-magazine, el autor seguía estando en un segundo plano de importancia respecto al personaje tanto en la consideración del público como de la industria. Una situación que cambió radicalmente con la llegada de estas obras que tenían a Moore y Miller como cabezas visibles. Watchmen, Daredevil o The Dark Knight nacen desde dentro la industria, con personajes propios de una tradición empresarial que rechazaba violentamente cualquier atisbo de autoría, pero que definitivamente se rinden ante el autor. Frente a la costumbre de seguir los cómics de un personaje, Moore y Miller establecen un cambio de rumbo fundamental: a partir de ellos, serán los autores los que marcarán la pauta. Más allá de la creación de esa Edad Oscura del superhéroe, de la maduración del género o de la generalización absurda del ‘grim & gritty’, el cambio real que marcan es que la hermética industria americana del comic-book, el paradigma y epítome de la consideración del comic como objeto de consumo y entretenimiento juvenil, supo darse cuenta de que estas obras cambiaron el foco de atención del público y la propia consideración del cómic. Se pueden dar muchas razones, desde el agotamiento del género al cambio de hábitos de un lector cuyo media de edad crecía rápidamente, pero lo realmente cierto es que este cambio en el mainstream que fue decisivo para que el cómic de autor dirigido a un público adulto llegase en el mercado americano a una mayoría de edad que se impulsó definitivamente a través de la novela gráfica, logrando trasvases y puntos de conexión entre el lector del mainstream superheroico y el alternativo indie que dieron lugar a una nueva concepción de la industria americana del cómic que ya no se aglutina de forma tan exclusiva alrededor del género de superhéroes y da oportunidades al autor.
Todo esto es conocido (si no lo han hecho ya, leánse La novela Gráfica, donde Santiago García desgrana este recorrido exhaustivamente). Sin embargo, creo que sistemáticamente olvidamos en estos razonamientos una figura que, por su transversalidad e inconformismo, muchas veces es tan inclasificable que queda invisible fuera de todo razonamiento: Howard Chaykin. Un autor formado en la prolífica (y lógica) escuela de admiradores de Gil Kane que entraría en la industria mainstream justo en ese momento de alejamiento circunstancial del género superheroico para abrazar otros territorios como la fantasía o el terror, permitiéndole dedicarse a personajes poco convencionales como Dominic Fortune o Killraven. Pero su rebeldía pronto le llevó a aterrizar con proyecto propio en Star*Reach, el influyente proyecto alternativo de Mike Friedich que se convertiría con el tiempo en uno de los principales impulsores de la nueva filosofía autoral que se estaba gestando en la industria americana. Una revista que, a diferencia de la pujante rebeldía del movimiento underground, apostaba por una interpretación novedosa de la fantasía y ciencia-ficción, donde la mentalidad de Chaykin entroncaba perfectamente. Cody Starbuck nacía en estas páginas como una space-opera canónica en los cimientos, pero de vocación rebelde y provocadora en sus formas, tanto por la osadía de las temáticas y diálogos como por una concepción gráfica de radical experimentación. Frente a la tradición narrativa imperante, Chaykin remueve toda preconcepción: deja el tradicional dibujo entintado y de coloreado industrial para aprovechar las nuevas posibilidades de reproducción con un estilo pictórico influenciado por la ilustración de Bob Peak o Bernie Fuchs; rompe la estructura de la página y la usual identificación de la viñeta como elemento nuclear de la narración para depurar las enseñanzas de Kane y Steranko aportando ideas más modernas con claras influencias también europeas (es difícil no imaginar ciertas influencias de Sergio Toppi). Paradójicamente, se mantiene fiel a una concepción de la historieta como objeto de entretenimiento, pero revisando sus posibilidades desde una postura que no renuncia a ser compatible con la provocación inteligente.

Cody Starbuck es un completamente consciente de su naturaleza pulp y se regodea en ella, defendiendo una concepción del héroe más próxima a un alegre y dicharachero Douglas Fairbanks que al canon de Campbell, marcando esa distancia con un elemento fundamental en la obra de Chaykin: la ironía. Un camino que refinaría en sus siguientes adaptaciones literarias (Las estrellas mi destino, Espadas del cielo, flores del infierno e Imperio, obras en su mayoría inéditas en España a excepción de lo poco publicado en Comix Internacional) pero que culminaría en 1983 con una obra que merece por sus características entrar de pleno derecho dentro de ese Olimpo particular habitualmente monopolizado por Watchmen o The Dark Knight Returns: American Flagg!.
Publicada como serie propia, fue uno de los lanzamientos pioneros de First Comics, un proyecto editorial pionero que intentaba combatir el monopolio de Marvel y DC con propuestas que si bien compartían lugares comunes en lo argumental, se basaban en la filosofía de respeto a la autoría (creator-owned) generalizada en el movimiento indie. Una fusión de conceptos que Chykin aprovechó completamente con una serie transgresora desde cualquier perspectiva que se tomara: American Flagg! es una serie de ciencia-ficción con un héroe que se autodefine como ortodoxo, defendiendo el “american way of life” clásico y los valores fundamentales del país, en una apariencia canónica que pronto se revelará como una más de las continuas ironías del autor. A modo completamente profético, crea una distopía agresiva y radical donde el poder político ha sido completamente sustituido por el de los mass-media empresariales a través de la megacorporación Plex, que mantiene un control total de lo que queda de unos EE.UU. completamente asolados por los desastres (ojito a las predicciones explicativas que da Chaykin en una de las entregas: cambio climático, colapso financiero…). Los supervivientes tuvieron que trasladarse a Marte como única opción de supervivencia y, años más tarde, el actor judío Reuben Flagg vuelve a la Tierra como policía de la corporación para intentar redimir a un país fagocitado por el mercantilismo. A priori, uno más de los muchos guiños evidentes hacia el judaísmo que Chaykin suele introducir en sus obras (se ha reconocido repetidamente como ateo pero de raíces judías), pero que de nuevo no son más que juegos de manos envenenados para lanzar sus inteligentes provocaciones: frente al sacrifico cristiano que está en la base del camino del héroe, Chaykin recupera su héroe modelo-Fairbanks (de hecho, todos los héroes de sus tebeos tienen el mismo rostro) como un pícaro de manual. Busca, como todo héroe que se precie, el bien, pero sus medios y maneras son cuanto menos cuestionables: Reuben Flagg es, ante todo, un vividor que disfruta de la vida y que se toma su labor heroica no como una misión evangélica, sino como un divertimento, como una aventura lúdica en la que no se priva de gozar del sexo, de la fiesta y de cualquier placer que se le ponga delante. Un auténtico hedonista que, aunque sus éxitos como actor hayan pasado a la historia, no duda ni un minuto en sacar partido de su atractivo físico con las féminas.
Un andamiaje festivo y recreativo que no duda en ir abarrotando de tipo de críticas hacia la sociedad, los modelos empresariales, los emporios mediáticos, la política corrupta y, por supuesto, el propio concepto de aventurero, siempre envueltas en sátira e ironía fundamentada en unos diálogos vibrantes, rápidos y cáusticos.  Pese a que la crítica al contexto político del momento (la administración Reagan) es obvio, la obra de Chaykin no sólo no ha envejecido, sino que su mensaje permanece vivo hoy en día.  Y siempre junto a una composición tan barroca como atrevida crean ese particular discurso narrativo tan acelerado que parece pura síncopa. Con el control completo de los recursos clásicos en la mano, se lanza a una experimentación pura en la narración: juega con la composición, con la distribución de la página, con la ruptura de los límites de la viñeta. Juega con las onomatopeyas integrándolas en la dinámica visual de la página, que a su vez es puesta a prueba en todas sus posibilidades. Actuando como precursor, Chaykin toma préstamos de otros medios como la televisión, la informática o los entonces nacientes videojuegos. Toma elementos visuales de la ciencia-ficción de la época (con Blade Runner a la cabeza), pero los reescribe a la luz de su pasión por la estética de los años 50, omnipresente en toda obra de este autor, pero como siempre peculiarmente revisada para esta obra.
A mi entender, American Flagg! debería ser el tercer gran cimiento, junto a Watchmen y The Dark Knight Returns, sobre el que se edifica esa reinterpretación moderna de los géneros del mainstream que desemboca claramente en un cambio de concepción del lector sobre la naturaleza de la historieta. Sin embargo, nunca aparece mencionada. Reconozco que ni siquiera yo la cito cuando he hablado de estos temas… ¿por qué? Supongo que las razones hay que buscarlas en la propia iconoclastia de Chaykin: al igual que Moore o Miller, no sólo nunca ha renunciado a la naturaleza del cómic como parte básica de la industria del entertainment, sino que la reivindica, pero a diferencia de ellos, nunca se ha reconocido como un artista. De forma consciente y reiterada ha evitado y rechazado cualquier interpretación de su obra más allá del entretenimiento, pese a las obvias diferencias con otros productos de la época, actuando siempre a contracorriente: cuando Moore y Miller reformulan el género desde el mainstream, Chaykin lo hace desde la independencia. Cuando esos mismos autores salen de la gran industria para buscar nuevas perspectivas, él vuelve al mainstream más clasicó para reivindicar los personajes de la Golden Age (Blackhawk, Twilight…) adelantándose al espíritu de ABC Comics. Y, sobre todo, hay un elemento diferenciador claro: la ironía. Las obras de referencia que cambiaron el mainstream se toman en serio tanto el medio como las historias que contaban. Es verdad que Moore deja sutiles elementos de ironía en Watchmen, pero Chaykin es abiertamente satírico, el humor es parte consustancial de un discurso que capaz de lanzar sus invectivas desde un primer paso fundamental, reírse de sí mismo. Una apariencia de superficialidad que le permite desligarse de toda hipoteca previa y lanzarse a esa aventura tan acelerada como ácida. No me gustaría pensar que la seriedad marca la diferencia de consideración de una obra frente a las otras, pero reconozco que es imposible evitar cierta aprobación condescendiente de la grave transcendencia de las obras de Moore y Miller frente al desvergonzado libertinaje de un autor que bebe directamente de Kurtzman en sus planteamientos satíricos. Es absurdo, pero esa habitual falta de respeto hacia el humor como la forma más importante de la inteligencia en la cultura existe.
Y, también, hay que añadir en el caso de American Flagg! que la prolongación forzada de la serie pasó factura. Tras un primer arco argumental espectacular (que coincide con lo publicado por Norma en su recopilatorio), Chaykin fue dejando la autoría de la serie primero en dibujantes invitados y, posteriormente, en guionistas (incluyendo un pequeño spin-off de Alan Moore), que no supieron mantener el elevadísimo nivel de la serie. Aunque la retomó más adelante con brillantez, ese bajón de la serie pasa demasiada factura y muchos recuerdan más esa agonía que el deslumbrante inicio y su importante influencia.
Puede que la causa del olvido que comentaba haya que buscarla en esa inquietud inconformista de Chaykin. De hecho, durante ese periodo de decadencia, firma algunas de sus mejores obras, como Time2, un ciclo de dos novelas gráficas en las que Chaykin realiza un ejercicio autobiográfico insólito, que evita la narración historicista de su vida para acometer un arriesgado periplo sentimental por sus gustos culturales. Si la norma dice que la personalidad de una persona se reconocer a partir de sus vivencias pasadas, Chaykin la transgrede de nuevo siendo capaz de definir su personalidad fijándose en sus pasiones culturales, buscando explicación a su afición por el jazz, la literatura pulp o la estética años 50. Pero no se queda contento con semejante experimento: se atreve a lanzar una de las críticas más salvajes y despiadadas que se han escrito hacia la industria del entretenimiento hollywoodiense. Black Kiss es, aparentemente, una inmensa gamberrada que es capaz componer un mejunje que mezcla el mundo del cine con vampiros, sexo explícito en todas sus formas y maneras, hiperviolencia e incluso al Vaticano y su supuesta gran colección privada de pornografía. Pero de nuevo, Chaykin lanzaba un órdago a la grande a la industria: una década antes de que otros autores “provocaran” a las almas bienpensantes y puritanas con excesos hiperviolentos y algo de sexo impúdico, los cómics publicados por Vortex buscaban sistemáticamente los límites de la industria atacándola con todo aquello que era tabú. Transexuales, mafiosos, políticos corruptos, Iglesia vendida… todo era posible en una obra que fue prohibida en algunos estados y que sufrió todo tipo de censuras previas por parte de imprentas y distribuidores, obligada a venderse dentro de una bolsa negra.

Curiosamente, un ataque hacia una industria que le acogería durante varios años (en los 90 comenzaría en la televisión actuando de asesor de series como The Flash), hastiado de una industria del cómic de la que pese a todo nunca llegó a separarse (ahí quedan obras tan interesantes como Power & Glory, para aquella aventura pseudo-Legend-pero-quiero-ser-Image llamada Bravura), a la que volvió por la puerta grande en el nuevo siglo. Es cierto que su prolífica vuelta al mainstream parece más bien seguir una política de procurarse un cómodo plan de pensiones, pero quien tuvo retuvo y, de vez en cuando, se descuelga con joyas de la detonación incontrolada como la miniserie Challengers of Unknown, una excelente revisión de esta mítica creación de Jack Kirby que recoge el espíritu provocador de American Flagg! (inexplicablemente inédita en castellano), o esa nueva incursión en Dominic Fortune que más bien parece la continuación -algo edulcorada- de su Black Kiss.
Norma reeditó hace poco Black Kiss y acaba de editar ahora el primer volumen recopilatorio de American Flagg!, en una edición que supera a mi entender la original americana de Dynamic Forces. De momento en los EE.UU. no se ha publicado el largamente anunciado segundo recopilatorio de la serie (este volumen contiene los números 1 al 14), pero vale la pena lanzarse ya por este tomo: contiene lo mejorcito de la serie y el primer arco argumental de doce números se puede leer de forma casi autoconclusiva, por primera vez además de forma completa en España (una parte se publicó en Zona 84).
Aprovechen estas dos ediciones y háganse un regalo estas navidades (y a ver si alguien se anima a recuperar otras obras ya publicadas en España como Cody Starbuck, Espadas del cielo, flores del infierno y, por supuesto, las inéditas Las estrellas mi destino o Imperio).

71 Comentarios en “De Howard Chaykin a American Flagg!

  1. Pues yo reconozco que el aspecto inicial de AMERICAN FLAGG! me ha echado para atrás. Espero que la cosa mejore cuando empiece su lectura.

    A mí lo que más me gustó de Chaykin -da pena tener que hablar en pasado- fue su breve actualización de LA SOMBRA. Por cierto ¿aquí llegaron a publicar LA SOMBRA de Helfer y Kyle Baker?

    • Álvaro Pons on 12 diciembre 2011 at 22:47 said:

      Pues dale oportunidad joan. Por desgracia no se publicó esa etapa de La Sombra, y es una lástima pirque es excelente.

    • lacarceldepapel on 12 diciembre 2011 at 23:03 said:

      No te lo pierdas Joan. Por desgracia, nunca se publicó esa etapa en castellano, y es excelente. Sí se publicó otra obra muy interesante de esta pareja, justice inc.

  2. No, de La Sombra sólo se publicó hasta la etapa de Sienki, la de Baker está inédita, y es una pena pq está cojonuda.

    Para mi, el mejor chaykin es el de mediados de los 70/principios de los 80. Vamos, lo que ha mencionado Álvaro, Cody Starbuck, Gideon Faust, Espadas del cielo, flores del infierno y Empire… saldrían un buen par de tomos.

  3. Claro, Álvaro, JUSTICE INC. era muy bueno, por eso quería ver el trabajo del mismo dúo en LA SOMBRA. Y creo que en JUSTICE INC. Kyle Baker se lo trabajó bastante. Una deliciosa historia de espías, con un protagonista bastante amargado que podía moldearse la cara a su antojo.

    Sí, FHNavarro, creo que la cosa era así: la miniserie de Chaykin, la miniserie de Helfer junto a Sienki y luego continuaba con Helfer y Baker, pero aquí no salió.

  4. He dicho que Kyle Baker se lo trabajó bastante porque ultimamente parece que lo único que le interesa es despachar el trabajo cuanto antes, desde que descubrió el ordenador. El guión de Helfer era un reloj suizo del que no sobraba nada.

  5. Efectivamente, Joan, ese fue el orden de publicación de La Sombra. Si no recuerdo mal Helfer tb. fue el guionista de los dos primeros anuales de la serie.

    Estoy contigo, Baker últimamente está un poco flojeras.

    Un saludo

  6. Mal empiezas, Álvaro, diciendo que es indiscutible la calidad de obras maestras de Watchmen y de Dark Knight. No voy a entrar en la discusión, pero, desde luego, existe. Yo sólo comparto la opinión de, por ejemplo, Mique Beltrán sobre la primera. Puedes leerla en el monográfico que el El Maquinista le dedicó y que debes tener en tu tebeoteca. Moore, Miller y Chaykin, parece que el post de hoy va de talentos enormemente sobrevalorados (y lo que queda).

    • lacarceldepapel on 12 diciembre 2011 at 23:29 said:

      Hombre, yo soy el primero que discute Watchmen (te remito a mi entrada sobre la obra en Mis tebos favoritos), pero me parece que todavía le restan méritos para ser excelente, igual que Miller. Y, des luego, no comparto laopinion de Mique. Pero creo que no sepuede decir que Moore, Miller o Chaykin san sobrevalorados. Te pueden gustar más o menos sus obras, pero la importancia de su influencia me parece objetivable, tanto en lo artístico como en lo industrial.

      • Jorge on 13 diciembre 2011 at 0:41 said:

        Pues qué quieres que te diga, Álvaro, son opiniones y estoy en total desacuerdo contigo: son el ejemplo de autores sobrevalorados más flagrante de la historia del cómic. Echo de menos una crítica menos complaciente con ciertas vacas sagradas del tebeo anglosajón surgido en los alrededores del "mainstream" norteamericano de los ochenta y noventa; empezando por Moore y Miller, precisamente. Creo que cualquier crítico de formación literaria se quedaría estupefacto con la poca sustancia de la obra de ambos y cómo se les exaltó desde de su público original (sobre todo, lectores de superhéroes que no habían leído otra cosa en su vida) y por la mayor parte de la crítica comiquera, que comparte carencias culturales similares.

        Acabo de releer From Hell y me sigue pareciendo un pastiche con ínfulas que no resistiría el más mínimo análisis serio de un crítico de fuera del medio. Qué decir del 300 de Miller, por ejemplo. Son obras con unas pretensiones literarias desaforadas y una ejecución abigarrada, petulante y adolescente. Cuando el cómic sea comúnmente aceptado como miembro de pleno derecho por los demás medios artísticos habrá una revisión crítica de su joven historia y muchos de los jaleados autores de los que hablamos, serán vistos, espero, como aquellos que ayudaron al "mainstream" norteamericano a despojarse de sus limitaciones autoimpuestas, historia del cómic por lo que supusieron más que por lo que hicieron, desde luego, no para poner al lado de los Prado, Juillard, hermanos Hernández o Gipi, por citar unos pocos, gente que ya hace arte que se codea con lo mejor de cualquier medio; sin voces, ni aspavientos, ni complejos.

        • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 0:54 said:

          Jorge: admito que a nivel argumental Watchmen tiene muchos puntos en contra. Pero no se debe olvidar en el caso de la historieta que el análisis puede ser tanto argumental como formal, y ahí la complejidad de ña obra de Moore es interesantísima, nunca antes se había llevado a ese extremo. En cualquier caso, creo que es injusto lo que dices devFrom Hell, que sí me parece una gran obra, superior a Watchmn en todos los frentes y que sí admite análisis mucho más interesantes y diversos, tanto desde lo formal como desdeotros ámbitos. Es cierto que en e sentido la imporancia de Watchmen puede estar máslimitada algénerod superhéroes, pero no debemos despreciar el género porque sí, sobrevtodo si comparamos dirctamente con algunos autores a los que se les puden encontrar idénticas limitaciones, como Juillard. No creo que, de todas formas, se pueda hablar de sobrevaloración en un autor que ha llegado a tener un congresodesde l ámbito académico de la literatura. ;)

          • Jorge on 13 diciembre 2011 at 1:06 said:

            No me entiendas mal, no critico el género de superhéroes. Hablamos de La Sombra de Chaykin y yo guardo como una joya en mi biblioteca la miniserie con mi adorado Sienkiewicz. Estoy criticando Watchmen, From Hell, El Regreso del Señor de la noche, 300, Sin City… obras que, como he dicho antes, están muy sobredimensionadas. Ya te digo, narrativamente, From Hell, por ejemplo, es un abosluto desastre; no se sostiene por ninguna parte. Ni lo que cuenta ni cómo lo cuenta. De sólo recordar el inacabable capítulo del pedante paseo en carro en plan guía turístico por todo Londres…. :)

          • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 4:37 said:

            No estoy de acuerdo, Jorge. Primero porque creo que metes en el saco bras que son incomparable: 300 o Sin City me parecen infumables, pero no por eso dejo de valorar al Miller de Born Again o TDKR. Y en el caso de Moore, repito: si un autor da para hacer un congreso academico, difícilmente puede estar sobredimensionado, al contrario, indica que su comlejidad es tan alta que permite múltiples visiones. Yo, personalmente, creo que From Hell es fascinante en su complejidad narrativa. Que esas escenas que comentas son interesantes y para nada pedantes, al contrario. Pero qué decir por ejemplo de Lost Girls, que te deja en el asiento ya en su primer capítulo, o de Promethea, o de tantas y tantas obras que permiten lecturas y relecturas inagotables…

          • Hoy en día se hacen congresos sobre todo, Álvaro, debes de saberlo. Se nombra doctor honoris causa al primero que pasa, como a Rodrigo Rato. La universidad ya no es la vara de medir que antes se suponía y cae muchas veces en los mismos errores y prejuicios que el resto de la población. Tú con tu experiencia tendrás tu opinión. Pero dices que a Moore le han dedicado un congreso y hay autores literarios destinados a pasar a la historia de la literatura a los que sólo recientemente se han dignado a hacerles uno y prestarles atención académica, como es el caso de Juan Marsé. La democratización de la cultura y la llegada de la cultura popular a las aulas ha supuesto muchas cosas buenas, ha renovado el aire y ha modernizado la institución pero ahora no se diferencia tanto del resto de la sociedad, lo cual es en la mayoría de los aspectos algo bueno. Por eso un congreso ya no es muestra de nada.

            Donde tú dices interesante yo digo aburrido y donde tú dices complejidad narrativa yo digo barroquismo de una panzada de bibliografía mal digerida, como indican las notas del autor al final del libro. From Hell es de una torpeza narrativa inaudita y tiene el gran defecto pueril de querer meter todas las referencias posibles que uno ha leído sobre el tema e imbricarlas todas. Toda esa supuesta complejidad, esa cháchara, esos saltos en el tiempo, esos acercamientos a Dios, no esconden que no está contando nada. O, bueno, no deberían. Porque, ¿cuál es el tema de From Hell, Álvaro?

          • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 11:55 said:

            La naturaleza del ser humano.

          • Palabras mayores. Es complicado hablar sobre la naturaleza humana cuando tu protagonista precisamente está retratado como un ser desprovisto de humanidad. Una excepción, un psicópata, como se sugiere ya en la escena inicial del entierro del padre. William Withey Gull mata por sumisión a una jerarquía y por la falta de empatía propia de su trastorno, y utiliza como excusa (al igual que Moore) las alucinaciones interiorizadas que le producen sus numerosas lecturas enfermizamente asimiladas. El personaje no evoluciona, no se interroga, no duda sobre sus actos, no muestra diversos lados ni contradicciones, más allá de si lo que está haciendo responde al plan divino para el que cree que ha sido reclutado.

            Si quisiera hablar sobre la naturaleza humana hubiera encontrado más material dramático en las mujeres víctimas, pero para Moore no son más que personajes secundarios que sólo utiliza para cuadrar la trama. No le interesa profundizar en ellos más allá de las cuatro pinceladas cotidianas extraídas de libros sobre la época. En último término, From Hell no es más que el enésimo intento de construir una respuesta al mito de Jack el Destripador con visos de verosimilitud (como admite en el epílogo, "El baile de los cazadores de gaviotas"), el resultado es una morbosa recreación lastrada por su incontinencia, efectista y desordenada, que no aborda grandes temas porque está demasiado ocupada en parecer brillante y compleja, encajando el mayor número posible de citas y referencias y dando rienda suelta a las recurrentes visiones místicas del autor. Un cómic que dista mucho de la obra maestra que nos han vendido.

        • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 0:59 said:

          Ahora bien, tampoco se puede extrapolar dirctamente a partir de una obar: yo creo que 300 es una mierda, pero no creo que se pueda aplicar el mismo análisis a otras obras como Born Again o TDKR.
          Esa revisión de la historiadl medio se debe hacer sin prejuicios, asumiendo qu no existen límites prefijados por la temática, y sólo así se puede eescbrir que hay obras maestras del cómic en el tebeo infantil, en el manga, en la tira de prensa, en eL tebeo europeo, en el indepeninte Usa y, por supuesto en el género de superheroes. Lo que no quita que los géneros de producción más industrializada (manga, comic book usa, álbum francobelga) tengan una mayor prporción de basura.

          • Jorge on 13 diciembre 2011 at 1:20 said:

            Como te he escrito en el anterior mensaje, no me tienes que convencer sobre la posibilidad de encontrar grandes obras en cualquier género, sean más o menos comerciales. Comparto tu punto de vista. :)

    • lacarceldepapel on 12 diciembre 2011 at 23:30 said:

      Y que conste que apostillo "a mi entender" :)

    • Hola, Jorge. ¿Es posible leer ese texto en algún lugar de la Red? Las opiniones heterodoxas siempre son enriquecedoras si están bien argumentadas, y confío que este sea el caso…

      • Hola, Javi, no sé si alguien habrá digitalizado el ejemplar en cuestión, no lo creo. Ahora mismo no lo tengo aquí. En cualquier caso era una respuesta en una entrevista que no iba sobre eso, era más una escueta contestación provocativa que un estudio crítico, si no recuerdo mal. Simplemente lo he nombrado como ejemplo de que hay gente que piensa distinto sobre este tema, en el que parece que existe un acuerdo general e incuestionable

        Podría haber citado también a Pepo Pérez en su reseña de El señor Jean de Dupuy y Berberian del U 21 de septiembre del 2000 dedicado a Daniel Torres, donde decía -este sí lo tengo aquí-: "como esa mediocridad de obra maestra de From Hell, y que me perdonen sus fans, pero es que personalmente me está pareciendo un truño de mucho cuidado: qué cargante, qué artificioso, qué aburrido". Aunque no sé si seguirá pensando lo mismo :)

        • Ah, vaya, pensé que sería algo más armado… Bueno, gracias de todos modos.

        • Entonces Jorge , solo por curiosidad, ¿Cuales son para ti las obras maestras a tener en cuenta? Por que tanto Prado y Juillard sobre todo a pesar de tener grandes aciertos entre su produccion tienen verdaderos truños a nivel de guion entre sus creaciones.
          Y que conste que comparto la mayoria de tus opiniones- aunque un tanto radicales –
          sobre Miller y que Chaykin es como muchisimo entrenido y eso en obras de hace bastante tiempo.

          • Hola, Ángel. Para empezar, creo que los términos "obra maestra", "obra de arte" se han convertido, por su abuso, en hipérboles lexicalizadas que habría que intentar evitar en el vocabulario de la crítica seria y usarlos sobre todo en un ámbito más informal, como las conversaciones entre amigos. Es un lenguaje más propio del "fan", o, últimamente también de la mercadotecnia, que del análisis.

            No es una cuestión de cuáles considero yo mejores obras que Watchmen, From Hell, 300, Sin City o Black Kiss, sino de que considero éstas lejos de la perfección que se les atribuye actualmente, hasta el punto de que dudar sobre su calidad es anatema. A Moore y a Miller se les ha aupado al olimpo de la Historieta; al primero con vistas a ocupar el puesto de mejor guionista de todos los tiempos y al segundo codeándose de igual a igual con gente como Will Eisner. Mientras tanto, fuera del ámbito anglosajón, que es el que impera, el que establece valores y marca tendencias, existen multitud de autores con obras notablemente mejor acabadas que no reciben una décima parte de su atención, cuando no se les olvida. Cuestionar lo que se acepta de forma común (muchas veces sin análisis previo) porque viene de donde viene o porque lo dice quien lo dice es un ejercicio de independencia intelectual, por eso hay que rebelarse contra etiquetas como "obra maestra indiscutible" (aunque ya sé que era sólo una forma de hablar de Álvaro).

          • lacarceldepapel on 14 diciembre 2011 at 16:46 said:

            Jorge, a ver, es evidente que el número de obras maestras es reducido y muy pequeño. Y que se suele exgerar en el uso del término, pero yo sí que creo que, en ese reducido grupo de 100 o 150 obras maestras, las obras de Moore y Miller deben estar. SI te fijas en mi lista particular de Tebeos favoritos, ninguna de las dos está en primeras posiciones, pero están. A mi entender ambas tienen valores artísticos y no artísticos (que también hay que valorar) muy importantes: pero subamos a las obras al Olimpo, no a los autores. Y tampoco caigamos en el reduccionismo de evitar todo un género o todo un ámbito a la hora de evaluar. Para mí es mucho más importante Fred que Miller, por ejemplo, pero ambos considero que son fundamentales para entender la historieta hoy.

  7. Hombre Jorge, discutible es todo, pero si piensas en los 80 te vienen esos títulos a la cabeza. Y creo que tanto Moore como Miller encadenaron obras (LA COSA DEL PANTANO, MIRACLEMAN, V DE VENDETTA, WATCHMEN… y DAREDEVIL, DARKNIGHT, AÑO UNO) cuya calidad es notable dentro y fuera del género, y no eran cositas fruto del azar. Destacaban sobre el resto y lo siguen haciendo.

    Y yo soy de los que cree que en el mundo del tebeo más que talentos sobrevalorados hay talentos infravalorados que convendría rescatar. Quizás el problema está en que Miller y Moore siempre están en boca de todos, para bien o para mal, y nos olvidamos de otros muchos.

  8. perdón por disentir, pero los dibujos de American Flagg son muy bonitos, pero la historia no se entiende ni a tiros. IMHO y todo eso.

    • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 0:04 said:

      Rafa, ya digo que la forma de narra de Chaykin es sincopada y acelerada, pero la historia es muy divertida… O por lo menos a mí me lo pareció… :)

  9. Sí, Chaykin es un guionista difícil. Deja espacios en blanco para que los rellene el lector, utiliza varios narradores, traza elipsis y muchas veces cuesta entender a qué vienen algunas de sus voces en off, pero el resultado es espectacular y tremendamente divertido. Y para espectacular Cody Starbuck, Espadas del Cielo, Flores del Infierno et al. Sí, por favor, que alguien lo rescate en un integral. Menudo colorido viniendo precisamente de un daltónico.

  10. pa mí! black kiss es su obra maestra.

  11. Jorge on 13 diciembre 2011 at 0:57 said:

    Por que esta edicion es superior a la de Dynamite? es que yo soy comprador en general en version original, pero norma edita bien y al edicion es bonita… puedo llegar a pensarme el adquirirla en castellano si alguien me dice por que es mejor.

  12. comparar literatura e historieta es un error.
    no creo que un cómic (o una peli) pueda llegar a la profundidad de una novela (ni tiénen que pretenderlo), son cosas diferentes

    • bum-bam-ba-da-bum!

    • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 4:26 said:

      Leox: comparar lietratura con cómics es un error, en efecto, pero no por la diferncia de profundidad o complejidad, sino porque la respuetsa del lector es distinta. Son medios distintos, pero se puede conseguir igual omayor profundidad con un cómic que con una novela, te lo aseguro. El problema es que es absurdo comparar, porquenllegas a reducciones al absurdo: yo jamás he encontrado una novela que llegue al grado de dolor y rabia que expresa el Gernika de Picasso…¿La pintura es superior a la novela? No he leído nada más profundo. Comlejo que el Quijote….¿La literatura de los ültimos cuatro siglos es inferior? No, primero es absurdo comparar medios distintos que producen respuetsas distintas, es como compara el sabor de una naranja y el sonido de una guitarra. Segundo porque aunque se pudiera, sería injusto comparar un medio que lleva dos milenios produciendo obras con otro que apenas lleva un par ontres de siglos. Pero no por una inferioridad de partida de uno u otro.

    • John Space on 13 diciembre 2011 at 14:06 said:

      La etiqueta "NOVELA gráfica" ya indica de por sí dicho error.

    • si sois vosotros los que habéis (y seguis) comparando.
      simplemente he hablado de profundidad (introspección psicológica, matices, interpretaciones, etc). Más que nada porque un cómic, por lo general, te lo lees en una tarde y una novela te lleva una semana. En una novela cada descripción tiene tantas interpretaciones como lectores mientras que la "puesta en escena" del cómic está "más hecha".
      Pero si me preguntáis me quedo con los cómic, tiénen un algo misterioso que me atrapa…

      • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 18:13 said:

        leox: tú mismo te respondes, creo… :) Yo lo que quería argumentar es eso, que no existe un medio superior o inferior. Todo depende de la respuesta estética e intelectual que produce en el lector. A mí una ópera de Wagner, sinceramente, no me dice mucho. Sin embargo, con la versión de In a sentimental Mood de Sarah Vaughan entro en trance místico… :) No creo que el tipo de profundidad dependa de su longitud o tiempo de lectura, porque precisamente el cómic puede aportar ese tipo de matices de otra manera, desde el dibujo. No es que la puesta en escena este más hecha, sino que se aporta una interpretación distinta a partir del dibujo. Ese misterio que te atrapa es precisamente todo lo que aporta el cómic que la literatura no puede. Es evidente que eso no significa que sea mejor o peor, es distinto. Y desde ese momento, la comparación es imposible. No es una cuestión de evitar el debate como dice javi3r, sino de llevarlo a su contexto: no para decidir si un medio es mejor o peor que otro, sino simplemente para comparar las diferentes y diversas respuestas emocionales que provocan en las personas que los reciben.

  13. por cierto, del chaykin me encantó Blackhawk y la Sombra

    • jeremias ariel on 13 diciembre 2011 at 16:00 said:

      are you crazy????

      • jeremias ariel on 13 diciembre 2011 at 16:02 said:

        es decir, era por lo de la profundidad….

        • tiene la misma profundidad una opera de wagner que una canción de los beatles?
          es mejor una opera que una canción pop?

          pues eso

          • jeremias ariel on 13 diciembre 2011 at 20:18 said:

            si, por supuesto que tiene la misma profundidad, o mejor dicho, alcanza las mismas alturas artisticas una cancion de los beatles que una opera de cualquiera… al menos para mi, la altura artistica de los betales es de las mas altas nunca alcanzadas en la historia de la humanidad…

            y lo mismo puedo decir de Krazy Kat, de The Spirit, de cualquier obra de Tezuka….

            ¿como que la literatura es mas profunda?

            Intuyo, igualmente, un problema semantico en la definicion de "profundidad" en este debate…

  14. John Space on 13 diciembre 2011 at 14:05 said:

    Yo tampoco puedo con Chaykin. Se me hace pesadísimo, ya sea en sus trabajos con personajes propios o o con ajenos.

    Me temo que de los tres grandes que se han mencionado hasta ahora Moore sigue siendo el mejor.

  15. javi3r on 13 diciembre 2011 at 15:13 said:

    ¿Y por qué no comparar distintos medios artísticos? ¿Por qué no tiene sentido? Creo que es muy razonable (e interesante) plantearse si las palabras son más profundas que las imágenes. Yo, por ejemplo, considero más absorbente la lectura de un libro que ver una película. Entiendo que las palabras nos sirven conceptos o ideas de forma directa. Mientras que una imagen siempre tendrá que pasar por el filtro de uno de nuestros sentidos (la vista) y la resta "potencia intelectual". Pero mi opinión es lo de menos, lo más importante es no echarse las manos a la cabeza porque alguien se sienta más próximo a una forma de arte que a otra. Y, sobre todo, no cerremos la puerta a un debate tan enriquecedor como el que surge de comparar disciplinas artísticas.

    • Cojamos una lectura amplia, como "Todo Mafalda" o todo Astérix…
      ¿De verdad podría alguien afirmar con suficiente convicción que es inferior o menos profunda que cualquiera de los obras literarias más reputadas?
      Como lecturas más breves, ¿serán "Astérix y Cia" o algunos relatos de Eisner como "Juego sucio" (aquel del maniquí caído en la calle…) peores que los de los mejores cuentistas?
      ¿Y seguro que no se podría decir otro tanto de infinidad de películas y, actualmente sobre todo, series de televisión?
      No importa el medio, sino el talento.

      • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 18:14 said:

        Cinna: completamente de acuerdo, no importa el medio, sino el talento.

        • javi3r on 13 diciembre 2011 at 20:16 said:

          Contestando a ambos: importa el medio e importa el talento. Importa todo lo que queramos que importe. TODO en esta vida es opinable y comparable (aunque paradójicamente llegué a esta conclusión cuando me di cuenta de que toda opinión por muy bien argumentada que esté no escapa a la subjetividad de quien la exprese). Es más, TODO debe ser opinable y comparable. Simplemente porque se trata de un ejercicio intelectualmente muy saludable. Que vosotros optáis por el "no se pueden comparar"? Bueno, pues ese rato de sana reflexión que os perdéis.

          Y no se trata de complejitis como dicen ahí abajo (a estas alturas de mi vida tengo muy claro que la historieta es una disciplina artística fascinante). Alguien, contestando a lo que yo decía arriba, podría haber afirmado que el cómic está por encima de la literatura y la pintura porque puede escoger lo mejor de ambos medios. Y tendría cierto sentido y sería divertido seguir por ahí el debate… pero nadie parece interesado. En fin, con lo bonito que es plantearse cosas…

          • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 20:46 said:

            javi3r: ojo que no estoy diciendo eso, que precisamente llevo años diciendo que no existe la opinión objetiva y que todo es opinable. No digo que no se puedan comparar, lo que digo es que es absurdo que esa comparación sea para sacar como conclusión que un medio es mejor que otro. Sería un gran error hacer la comparación para eso. Lo que sí es comparable, por supuesto, y además debe ser sujeto de análisis, es la riqueza de las diferencias. El analizar qué hace cada medio diferente y único, comparar las respeustas en el lector, las posibilidades… Pero de ahí sacar que la literatura es mejor que el cine o el cómic… me parece una conclusión ridícula y que no atenderá nunca a la realidad fascinante de la relación que se establece entre el creador y el receptor de la creación.
            Yo creo que no tiene sentido decir que el cómic está por encima de la literatura o pintura, por ejemplo. Pero sí que tiene sentido, y mucho, analizar las diferencias, buscar cuáles son sus préstamos, su evolución, sus posibildades. De hecho, alguna vez ya he hablado al respecto de que no considero al cómic un híbrido de pintura y literatura a poco que se comparen profundamente… Es bonito plantearse cosas, pero con un objetivo abierto, de enriquecer el debate, pero no para decir que "éste es mejor que el otro", de verdad, creo que es errar las grandes posibilidades del debate.

          • javi3r on 13 diciembre 2011 at 21:10 said:

            Entonces estamos de acuerdo en más cosas de las que pensaba. Si para mí lo de menos es decir si una es mejor que otra. Lo que cuenta son los argumentos que aportes. Pero date cuenta de lo siguiente: tú mismo cuando haces tus listas de los top del año estás comparando y expresando que unos te parecen mejores que otros (de ahí el orden que estableces). O sea que comparar es algo muy natural (innato en los seres humanos) y se puede entender como un punto de partida a un debate. Que en el fondo (muy en el fondo) decir que cualquier cosa es mejor que otra es absurdo? Pues sí, pero yo estoy convencido de que Fun Home es mejor que cualquier trabajo de Rob Liefeld ;)

          • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 21:35 said:

            javi3r: sí, pero hago comparaciones dentro del mismo medio. Lo que digo que es absurdo es comparar entre medios, pero no dentro del mismo medio, es lógico ahcerlo para establecer unos mínimos criterios coherentes, que no objetivos. Por supuesto que en este caso me parece razonable y normal, pero repito, lo que no me parece razonable es comparar entre medios para establecer qué es mejor. Es decir, no verás que jamás haga una lista que mezcle novelas con tebeos o películas. Puedo ahcer una de cada caso, pero no mezclando porque creo que no tiene sentido, que los criterios no son extrapolables y una comparación que intente establecer una prelación, imposible. No digo que hacer comparaciones dentro del medio sea absurdo, ojo.

          • javi3r on 13 diciembre 2011 at 22:37 said:

            Ok, aclarado. Entonces no estamos de acuerdo. A mí parece tan razonable comparar dos medios artísticos (música y literatura, por decir algo) como dos obras de un mismo medio artístico (qué sé yo… Watchmen y Maus). La diferencia estriba en la complejidad. Obviamente es infinitamente más difícil argumentar por qué piensas qué tal o cuál arte es mejor que otra. Pero ése es la diferencia, no otra.

            Sobre comparar obras de medios diferentes (aunque yo no hablaba de eso) a mí no me produce gran interés. Pero, imposible? No. Complicado? Enormemente.

          • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 22:50 said:

            Pero no es un problema de complicación, es que sinceramente, no le veo sentido a definir si la literatura es mejor que la música, por ejemplo. Puedo entender que se comparen objetivos específicos ("¿qué es mejor para describir una escena?", por ejemplo), pero compararlos en su totalidad para definir si un medio artístico es mejor que otro… pues no lo entiendo, la verdad. Porque la riqueza de la discusión no es decidir si uno es mejor o peor, sino analizar las diferencias y obtener el máximo de ambas expresiones. No es un problema de complejidad, sino de sentido y objetivos. Para mí tanto la literatura como el cómic son dos medios. Y como tales con posibilidades de los mejor y lo peor. Te puedo aceptar a regañadientes que comparemos dos obras de dos medios distintos, aunque creo que sólo se puede hacer desde la definición de elementos muy limitados, pero de ahí a comparar medios para obtener una prelación…no lo entiendo. ¿Qué se obtiene diciendo "la literatura es mejor que la música"? No lo entiendo y es más, creo que es una banalización. Se pueden hacer esas comparaciones, repito, limitadas a cuestiones aisladas, sin duda, pero vuelvo a mi argumentación: la comparación no es para buscar un ganador, sino para establecer diferencias, para estudiar su riqueza. Por supuesto que este análisis es complejo, pero es precisamente lo interesante de su estudio. Pero no creo que se pueda plantear como una comparación, sino como un análisis, como un estudio, que en ningún momento debe buscar un ganador.

          • javi3r on 13 diciembre 2011 at 23:44 said:

            Lo que intento expresar es que si podemos afirmar que un cómic es mejor que otro y argumentarlo, podemos hacer lo propio comparando un medio artístico con otro. Contestando a la pregunta"¿Qué se obtiene diciendo 'la literatura es mejor que la música'?": Lo mismo que afirmando que Maus es mejor que Watchmen; un punto de partida para analizar y reflexionar, nada más. "Buscar un ganador" es lo de menos… en ambos casos. Creo que ahora sí no entendemos.

  16. esta discusión es infinita. nadie (y menos en un vlogg de cómix) ha dicho que un medio sea superior o inferior, mejor o peor.
    el simple disfrute estético de contemplar una página de krazy kat no te lo puede dar una novela, al igual que no sería muy digerible un comic con 500 páginas de divagaciones mentales de un personaje.
    En estas pequeñas cosas se ve la complejitis que tenemos los lectores de tebeos, siempre comparándose con otros medios y saltando indignados en una defensa que nadie ha pedido y que no es necesaria.

    • jeremias ariel on 13 diciembre 2011 at 20:26 said:

      la cantidad de palabras no determina la complejidad, ni la sofisticacion, ni la cantidad de ideal o conceptos que contiene una obra…

      y eso suponiendo que la complejidad, sofisticacion y cantidad de conceptos es lo que constituye la profundidad… y no es asi

      la profundidad esta dada por la destreza y efectividad de un hechizo artistico X, completamente indefinible, pero, reitero, si lo que quieres es cuantificar densidad coneptual, pues, la densidad conceptual de una sola imagen puede ser infinita… ni hablar de un monton de imagenes ordenadas en una secuencia narrativa a traves de un determinado dieseño y acompañadas de texto…

  17. JL Munu on 13 diciembre 2011 at 18:24 said:

    El mejor chaykin es el de Star warssss, yeahh!

    • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 19:29 said:

      JOder, todavía me acuerdo cuando esperaba desesperado la salida de los tebeítos de Star Wars en el quiosco… :) (por cierto, a mí me desconcertó la colección de cromos -que eran cromos entonces, no esa inmersión en el mercantilismo llamado "trading cards"-, que tenía traducción sudamericana y los llamaba Arturito y Sitripio…)

  18. JL Munuera on 13 diciembre 2011 at 18:41 said:

    Bromeaba, claro, aunque la adaptación de star wars es muy importante para mí, afectivamente, de cuando no había vídeo, ay, y un tebeo hacía las veces. (con una secuencia en Tatooine que no salía en la peli y una traducción de tunet Vila bastante desconcertante: "estos simpáticos robots son R2D2 y C3PO, pero FAMILIARMENTE, los llamaremos Artoodeetoo y Setrepeeeo") (???) XD.
    Mi Chaikin favorito, el más sólido a mi juicio, a falta de leer el Black Kiss y releer el American Flagg, es The Shadow.
    No creo que pueda ponerse al nivel de Moore o Miller, aunque es cierto que el tono irónico aporta un plus bastante interesante (pero, atención, mucho de lo que yo pensaba ironía en Miller ha resultado ser verdad de la buena, pura sinceridad narrativa!) (XD)
    Desde luego, lo pondría un paso por encima de Starlin, pero no estoy seguro de que alcance el nivel de los otros dos, especialmente Moore (que también sabe jugar a la ironía metalingüística, como en La Liga de los Caballeros Extraordinarios) y que para mí es el más significativo del grupo…

    • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 19:26 said:

      JL: no comparo a nivel de calidad, que coincido contigo en que Moore está muy por encima, también en el uso de la ironía, sino en la importancia de esos tres autores en un momento determinado para el cambio de consideración hacia un l tebeo de autor adulto en el mainstream USA. La ordenación sería Moore muy por delante y Miller y Chaykin detrás, aunque ya el orden de preferencia de estos dos cada vez tiendo más a intercambiar los puestos lógicos y poner por delante a Chaykin.

      • JL Munuera on 13 diciembre 2011 at 19:41 said:

        sospecho que a Franky le va a costar caro la última cagada. Pero en honor a la verdad, a muchos nos abrió los ojos a la narración y espero que esta sombra harto espesa que tiene encima no empañe la apreciación de las virtudes objetivas de sus 3 primeros grandes trabajos (Daredevil, Ronin y TDK).

        • jeremias ariel on 13 diciembre 2011 at 20:30 said:

          bueno, no es para discutirlo, pero para mi moore esta lejos de miller, es decir, creo que miller es mucho, mucho mejor… moore es muy cerebral, y en esas construcciones cerebrales que hace uno puede alcanzar el truco… el truco de miller es inalcanzable e infinito…

          como ven, hay opiniones para todo

          • lacarceldepapel on 13 diciembre 2011 at 20:47 said:

            Por supuesto, Jeremias, por supuesto. Es verdad que la visceralidad de Miller es una de sus fuerzas, por lo menos en ese trío de obras que es TDKR, Ronin o Daredevil y, en menor medida pero sin exlcuirlo, DK2. Pero también es cierto que esa fuerza y rabia le ha perdido… :)

          • John Space on 13 diciembre 2011 at 21:25 said:

            Al lado de ROB!, ésos no son nadie, ni nada.

  19. Dicker on 14 diciembre 2011 at 0:57 said:

    A mi es que Chaykin me parece un flojeras, a él sí que se le puede aplicar "sobrevalorado" sin miedo a pecar de exceso.

    Nombrarlo en la misma línea que el barbudo de Northampton que mata sus horas colgado de la ventana mirando a los demás, o del tipo que más rápido le gustaría desenfundar al Norte del Missisipi dirección Vermont, chirría.

    Chaykin me parece un guionista decente y un dibujante decente, incluso si me apuran, el antecesor directo de gente como Warren Ellis o Mark Millar, usaba muy bien los medios para polemizar, le encantaba provocar, pero debajo del ruido no quedaba gran cosa.

    The Shadow no me gustó (no en comparación con el clásico), Black Kiss es un ejercicio de provocación dirigido a la pacata sociedad USA (crap sense of humour).

    Yo no lo compararía ni con Starlin, cada uno debería saber su sitio y Starlin manejaba la space opera como nadie, ni Moore, ni Miller ni Chaykin.
    Luego se mete a escribir la muerte de Robin y no hay por donde pillarlo, pero ese es otro tema.

    ¡JUSTICE INC!

    Voto a bríos, ese comic es una joya, una obra maestra de Helfer y Baker, reedición ya¡¡¡¡

    ¡Y de Principe Valiente también, que hace mucho que no lo reeditan!

    Ahm…a sí, Chaykin, con perdón, les suele gustar a los amantes del comic para adultos, vamos, los de la pilililla de Den de Corben…si no lo digo reviento (no se lo tomen en serio, o no mucho al menos ),

  20. Disculpad el retraso y que porfíe en temas caducos.
    A diferencia de Álvaro, pero coincidiendo con él en lo esencial, creo que uno se podría plantear el combinar un medio con otro. Si uno es sensible al cine y a la literatura, por ejemplo, él particularmente sí podría hacerse una lista en la que pudieran alternar unas y otras obras. Y de la misma manera que uno puede preferir a Hitchcock o a Welles, acaso anteponer a Chaplin o a Joyce, según su particular sensibilidad.
    Si uno fuera buen conocedor de la arquitectura y del cómic, pues acaso también se podría permitir un ránking en el que "Little Nemo…" le pareciera más meritorio que tal o cual catedral, por dispar que fueran sus envergaduras y expectativas.
    Lo realmente productivo, como apunta Álvaro, es luego entrar al detalle. Cuando el genial Shakespeare resuelve Romeo y Julieta con la confusión trivial de Píramo y Tisbe, ¿no puedo yo entender que en "West Side Story" lo superan en la solución final que le dan a la película?
    Yo no he leído el reciente libro de Maitena, con muy buenas críticas, ¿pero, necesariamente, por ser literatura, ha de superar su obra dibujada?

    Yendo a otro tema y a las composiciones de páginas sofisticadas. ¿Nadie se acuerda del buen Alex Niño, sobre todo ilustrando a Conan, al lunático de Von Daniken o ilustrando relatos solventes como "Arrepiéntete Arlequín"?

  21. Juan Carlos on 17 diciembre 2011 at 2:29 said:

    A las por tí numeradas Cody Starbuck, Espadas del cielo, flores del infierno Las estrellas mi destino o Imperio yo añadiría su personalísima Square2 que tengo muchas ganas de leer. Todas ellas muy superiores a las realizadas para Vertigo.

  22. Reseña excesivamente larga. Vengo buscando info sobre el comic y tengo que pasar porvarios párrafos que me aportan poco.

  23. n3storm on 22 diciembre 2011 at 9:10 said:

    Hola, me gustaría leer tu artículo así como otros de tu web pero me resulta doloroso debido, sobre todo, a la ausencia de espacios entre párrafos. Además creo que debería haber más divisiones en tu texto.
    Contacta conmigo si quieres que te eche una mano en el aspecto técnico.
    Salud!

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