9 años rayado


Pues sí señores. Nueve años ya. Aunque la cosa comenzó en pruebas allá por mayo del 2002, la fecha oficial de parto de La Cárcel de Papel fue un 27 de diciembre de 2002. Lo que ha llovido y todo lo que ha pasado. Miro atrás y creo que casi todo ha cambiado. En mi vida, en el mundo del tebeo, en internet… Todo menos una cosa: me siguen apasionando los tebeos. Siguen siendo eso mágico que me sulibeya, que me deja maravillado, que me admira y que me enamora.
No hay nada como los tebeos (bueno, sí, un enano que corre por aquí desde hace casi un par de años, pero ésa es otra historia…).
Y respecto a esta cárcel, pues me parece increíble que sobreviva pese a todo. Reconozco que en los últimos tiempos la tengo algo abandonada, pero es que compaginar lo de leer devorar tebeos y la vida cotidiana era más o menos posible, pero combinar lo de ser padre, leer tebeos, trabajar y esas cosas habituales como dormir y otros vicios, pues se hace un poco más cuesta arriba. Así que perdónenme ustedes la falta de compulsiva actualización que antaño caracterizaba esta página. Supongo que, poco a poco, volverá y, quizás, el décimo aniversario (que llegará, llegará) traiga una página algo más normalizada. Quizás, también, un poco de vuelta al pasado, que releo aquellas primeras entradas y encuentro una frescura que he perdido, me temo que demasiado embargado por esa supuesta responsabilidad de “hacerlo bien” que me tengo que quitar de encima como sea. Dejar de lado las reseñas infinitas y volver a una relación más informal, a retomar eso de “diario de un lector de tebeos” que caracterizaba a esta página en sus inicios. Que son muchas y muy buenas las páginas que dan información hiperactualizada y excelentes y curradas reseñas de tebeos, a años-luz de las mías.
Y, por lo demás, amigos y amigas, ante todo y sobre todo sigan leyendo tebeos. Disfrutándolos por encima de cualquier debate u opinión, de modas, fobias y filias; buscando el criterio propio, el gusto personal, aquellas cosas que hacen de leer un tebeo un placer.
Acabo con un regalito de 9 aniversario: Migrañas infernales, una de las historias que más me gustan de la larga historia del tebeo patrio, que es capaz de experimentar radicalmente desde el respeto reverencial al tebeo clásico español, con homenajes evidentes que van de Coll a Hergé pasando por Sanchis o Urda, mezclando la estructura del cuento tradicional con la serie negra a la par que con el costumbrismo más cotidiano, con un fondo de surrealismo tan irreverente como divertido. Apareció, allá por los 80, en la revista Cairo, formando parte de la serie Raya. Y era de Micharmut, claro.



El (c) de esta historia es de Micharmut, y ha sido publicada con su consentimiento.