Lo mejor del año (III): Cosas mías

El 2016 que nos ha dejado ha sido un año especial para mí en lo comiquero, marcado por contrastes extremos. Ha sido el año en el que he hecho realidad un sueño: poder organizar una exposición de los autores de la llamada Nueva Escuela Valenciana, una ilusión que llevaba persiguiendo desde hace años para poder reivindicar la importancia de una generación de autores que, a mi entender, se estaba olvidando. El proyecto, además, se enmarcaba dentro otro mucho más ambicioso: la incorporación del cómic al discurso expositivo del IVAM. Reconozco que cuando desde la dirección del IVAM se contactó conmigo para hacer una exposición sobre tebeos, tuve muchas dudas y fui muy escéptico, lo veía simplemente como un intento sencillo de desvincularse de las funestas épocas pasadas del museo, pero como siempre que en Valencia se habla de tebeos, como flor de un día sin mayor recorrido. Pero me equivoqué: desde la primera entrevista con la nueva dirección tuve claro dos cosas: por un lado, la sinceridad de la propuesta, fundamental, y por otro, no menos importante, que la intención del museo no acababa en esa exposición inicial, sino que la encuadraba como punto de partida de la incorporación del cómic a la oferta artística y cultural de la institución. Estos primeros contactos fueron a finales de 2014, y ya a principios de 2015 se me hizo el encargo formal de preparar una gran exposición sobre tebeos. Yo tenía clara cuál era mi propuesta inicial, pero no tuve ni que presentarla: el mismo director me propuso que nos centráramos en el cómic valenciano de los años 70 y 80. ¡Fue como darme un chute de adrenalina directo! Lo que no me podía esperar es que, al mismo tiempo (exactamente, casi el mismo instante: ambos proyectos se me plantearon el mismo día), desde el Museo de Prehistoria se me propusiera otro proyecto completamente distinto, una exposición didáctica sobre Prehistoria y Cómic. Un proyecto tremendamente sugerente (sobre todo con un hijo pequeño, al que le encantan esos temas), pero que me parecía complicado combinar con el anterior. Afortunadamente había casi un año de distancia entre las fechas de inauguración, con lo que me decidí, algo inconscientemente, a aceptar ambos. Al final, ese año de distancia se convirtió en cinco días. Verídico. Pero esas dos exposiciones salieron y, por los comentarios, bastante bien. En ambos casos con total implicación de la institución y, sobre todo, con gran y entusiasta respuesta de público.

Dejando lo personal a un lado, creo que las dos exposiciones marcan un camino al que hay que sumar la exposición organizada por el Museo ABC, Superhéroes con Ñ, comisariada por Julián Clemente, y la impulsada por la Fundación Telefónica, El arte en el cómic, comisariada por Asier Mensuro. Son cuatro ejemplos claros que demuestran que el cómic ha derribado totalmente las barreras que se le habían impuesto y que ha entrado en la consideración cultural institucional sin prejuicios, desde perspectivas tan diferentes como los superhéroes o la línea clara, desde la consideración expositiva artística o la didáctica, explotando y aprovechando todas sus vertientes. Me consta que estas iniciativas han contagiado a otros museos y que, desde varias grandes instituciones museísticas ya se está trabajando en la incorporación del cómic a su discurso desde diferentes opciones. Y aquí, por importancia, hay que incluir por necesidad la colección de cómic del Museo del Prado, inaugurada durante la exposición de El Bosco con el cómic de Max y que tendrá continuidad (¡y qué continuidad!).

Pero vuelvo a lo personal: reconozco que la recepción de la exposición VLC Valencia Línea Clara me emocionó. Poder deambular por el museo, de forma anónima, escuchando las conversaciones de admiración hacia la obra de autores que me parecen fundamentales, fue algo maravilloso. Pero igualmente me emocionó, casi más si me apuráis, la respuesta de los chavales a la exposición de Prehistoria y Cómic. Las respuestas de los chavales, el libro de firmas donde dibujaban y expresaban lo bien que se lo habían pasado, fue realmente una satisfacción.

 

vlcprehis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son dos exposiciones que tuvieron muchísimo trabajo. La primera la tenía clarísima desde hace años, pero hubiera sido imposible sin la colaboración desinteresada de Jesús Moreno, que con su conocimiento expositivo me aportó ideas y soluciones que nunca hubiera pensado y que multiplicaron el impacto de la muestra. No era fácil, había que exprimir un presupuesto voluntarioso y esforzado para las expoliadas cuentas del museo, pero exiguo. Gracias a Jesús y el gran equipo del IVAM, conseguimos que ese presupuesto pareciera diez veces superior y que la obra de Calatayud, Sento, Micharmut, Daniel Torres Mique Beltrán, Mariscal y Manel Gimeno brillaran todavía más. La segunda creía que era una exposición más modesta… ¡pero resultó un monstruo que crecía desmesuradamente! Cuando comencé a preparar la expo, tenía en la mente un buen puñado de series con protagonismo prehistórico, pero cuando fui tirando del hilo, la lista se hizo interminable. Afortunadamente, el museo se implicó totalmente y la exposición fue tomando forma. Aquí la labor de Helena Bonet, que comisarió conmigo la expo, fue esencial: su capacidad didáctica, su conocimiento y su implicación fueron la base real de todo lo que se ha visto en la Beneficiencia de Valencia, al que hay que añadir el gran trabajo de diseño del equipo del museo.

Os podéis imaginar que estas dos exposiciones me produjeron muchas satisfacciones. Pero miré usted por dónde, el destino siempre equilibra la balanza. Durante la preparación de la expo, me llegaron dos terribles noticias: casi en los primeros preparativos, Micharmut me contaba que estaba gravemente enfermo. Cuando ya estábamos preparando el montaje, Paco Camarasa me daba la noticia de que el cáncer que padecía se había propagado al páncreas.
Me quedé devastado.
Conozco Conocía a Paco desde hace 20 años, desde que comenzó su aventura en Ediciones Joputa, casi en paralelo a que comenzara a escribir en la Cartelera Turia. A partir de una entrevista que le hice, comenzamos a tratarnos hasta desarrollar una profunda amistad. Gustos similares, ideas parejas y mucha complicidad que se plasmó en decenas de proyectos, muchos que llegaron a buen término, muchos más que se quedaron en el camino. El origen de la expo del IVAM hay que buscarlo, precisamente, en la expo que preparé con Pedro Porcel y Paco para la Biblioteca Valenciana, tebeos Valencianos, un repaso a la historia del tebeo valenciano desde sus orígenes que circuló por la comunidad y el salón del cómic de Barcelona en 2007 y del que salió el libro Viñetas a la luna de València. Fue también de ese catálogo de donde salió mi amistad con Micharmut. Un autor casi maldito, con fama de ermitaño, pero que me abrió las puertas de su casa. Primero fue para trabajar en la maqueta del libro, pero poco a poco, las largas conversaciones dejaron paso a una buena amistad que se tradujo en muchas, muchísimas horas hablando con él, intercambiando tebeos, descubriendo maravillas. Dice Pedro Porcel que él ha conocido artistas de talento inmenso, pero solo a un genio, Micharmut. Y yo hago mías esas palabras. Porque al estar con él, descubrías que su mirada era diferente a la de los demás, que veía cosas ocultas para el ojo normal. Donde tú ves el balcón de una casa, Micharmut veía vida llena de historias.
Paco fue el único editor que supo ver esa genialidad de Micharmut.
En apenas unos meses, el puto cáncer se los llevó. Lo de Paco fue inesperado. Sabíamos que su cáncer era terminal, pero ya lo había vencido un par de veces antes y él mismo creía que, aunque la batalla estaba perdida, tendría un poco más de tiempo para cerrar sus proyectos. No lo tuvo. Un jueves hablaba con él sobre un par de proyectos que quería acabar a la vuelta del verano y en los que le estaba echando una mano, y apenas dos días después me comunicaban su muerte. Lo de Quique era esperado, cierto, fue una larga, larguísima lucha, pero al final no pudo aguantar. Ninguno de los dos pudo ver la exposición, esa espina se me quedará clavada siempre. No soy creyente pero, en este caso, quiero imaginar que existe algo, algún lugar remoto donde Paco y Quique están confabulando imposibles y maravillosos tebeos.

pacoquique

(Foto de Gotham News)

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