Diez años de Arrugas

Hace justo diez años que apareció Arrugas, de Paco Roca. Un tebeo que estaba llamado a ser el punto de inflexión decisivo para que el público cambiara su percepción del tebeo, entendiendo hasta qué punto es un medio adulto y con un potencial infinito. Arrugas supuso el reconocimiento de Paco Roca, llamado a ser, si no lo es ya, uno de los mejores autores que ha tenido el cómic patrio en su historia, pero fue muchas cosas más: la popularización definitiva del Premio Nacional que lo lanzó al estrellato, el inicio de esa línea de trabajo de la historieta llamada hoy “Medicina Gráfica“, el reconocimiento de los medios, el paso de los cómics al cine, una de las primeras animaciones adultas… Quizás mucho para una sola obra, pero Paco supo asumir esa responsabilidad de echarse encima el cómic nacional, de saberse en el centro del huracán mediático, pero sin perder el sentido común y sabiendo que Arrugas era solo un paso en su evolución como autor que hoy sigue en camino, sin dejar nunca que el éxito le ciegue.

Hace ahora diez años publiqué esta entrada en el blog DDT de EP3. Y la sigo manteniendo:

Arrugas y Olvido

No me parece que decir de una obra que me ha hecho llorar sea una buena crítica. Es más, es seguramente la peor de las reseñas posibles. Parece equipararla a uno de esos telefilmes lacrimógenos que llenan las tardes sabatinas. Sin embargo, en el caso de Arrugas, de Paco Roca, la situación es muy diferente. Creo que es una descripción perfecta para una obra donde las lágrimas no llegan por una fácil provocación sensiblera, sino por el inteligente y emotivo despliegue de una sensibilidad exquisita en el tratamiento de una enfermedad tan dura y devastadora como el Alzheimer. Mientras que otros, la mayoría, podrían caer en el fácil recurso de dar pena al lector, en Arrugas se opta por una descripción tan bella como demoledora del proceso de pérdida de la identidad. Desde que Emilio, el protagonista, llega a la residencia, asistimos a una batalla de imposible victoria, en la que el anónimo enemigo destrozará aquello que nos convierte en humanos: nuestra memoria. Paco ha sido capaz de sintetizar el proceso degenerativo en apenas unas escenas esbozadas, evitando el morbo o la fácil lágrima para centrarse en unas ausencias que van creciendo a cada página, convirtiéndose en un terrible agujero sin fondo que absorberá a la persona. Un camino de discreción en el que, además, articula un bellísimo discurso sobre el ser humano, sobre la amistad y la necesidad de encontrar un apoyo aún en los momentos más extremos. Un discurso que automáticamente obliga al lector a bajar todas sus defensas, derrotado por una historia que nos golpea con la fuerza de un martillo pilón. De repente, entendemos el horror de una enfermedad que es capaz de diluirnos, de hacernos desaparecer dentro de nuestro propio cerebro. El cuerpo sigue ahí, presente y activo, pero la mente y con ella, el ser humano, se han perdido definitivamente. No hay ya más alma y queda sólo el recuerdo. Un recuerdo que, más terrible todavía, es la única huella de nuestro paso por el mundo y puede ser borrado con la misma sencillez con que lo fue la persona. Es muy difícil, por no decir imposible, contenerse ante una obra como Arrugas. Paco Roca te desarma desde las primeras páginas, atrapándote en una espiral de olvido de la que es imposible deshacerse. Y cuando ya no podemos más, las lágrimas son el único recurso que tenemos para pedirle a Paco que deje de tocarnos el corazón, que no queremos reconocer que lo que estamos leyendo es la vida. La real, la que posiblemente vivamos en carne propia o cercana.
Una obra que admite sin problemas el calificativo de extraordinaria y que no me cansaré de recomendar, tan dura como bellísima.
Un ejercicio de lectura necesario para demostrarnos que seguimos siendo humanos.