Repaso al 2017 (I): Lo mejor

Me van ustedes a perdonar la pose snob, pero las mejores lecturas que he tenido este año me las han proporcionado tebeos publicados allende nuestras fronteras. Que no es que el año patrio haya sido malo, ni mucho menos, como veremos más adelante, pero es que las seis obras que voy a comentar brevemente me han dejado patidifuso. La primera, la impresionante My favorite thing is monsters, de Emil Ferris (Fantagraphics), que ya está arrasando, con merecimiento y lógica en casi todas las listas que se han hecho de lo mejor del año en los USA. No es para menos, dejando de lado la sorprendente historia de su autora y su magnética personalidad (busquen entrevistas, se lo aconsejo), Ferris ha construido con esta obra un debut tan inesperado como inédito, en tanto está llamada a ser una de las mejores obras publicadas -y no exagero, creedme- en lo que llevamos de siglo XXI. Una historia que nace desde lo privado, desde el supuesto cuaderno de recuerdos, para ir creciendo en todas las direcciones. El diario de una niña que se cree hombre lobo en el Chicago de los años 60 y su investigación de la extraña muerte de su vecina abrirá una conexión en el tiempo hasta un terrible relato de abusos en la Alemania prenazi y el holocausto. Una ficción que bebe de la realidad para crear un discurso propio donde la aproximación gráfica es fundamental, con ese estilo hiperrealista a bolígrafo que construye la memoria a modo de nota desordenadas. A medida que ahondamos en su lectura, la sorpresa va en aumento: la obra va adquiriendo nuevos matices, nuevas lecturas, que nos permiten vislumbrar que esos paisajes caóticos conforman un monumento impresionante, con un sentido y una razón, haciendo que pasado, presente y futuro se diluyan en un único camino. Para el 2018 está prevista la aparición del segundo volumen de la obra en EE.UU. y del primero en España (publicada por Penguin Random House). La obra de la década.

La segunda, la contundente La terra dei figli, de Gipi (Coconino Press). El italiano se aventura en el género postapocalíptico, demostrando que las letanías que anunciaban su final por saturación solo recordaban el terrible veneno que supone la repetición para los géneros. Porque Gipi no necesita explicaciones ni justificaciones para adentrarse en la historia sin red, dejando que los personajes respiren, sufran y vivan, dejando que al lector la búsqueda de respuestas. Una de las mejores obras de este autor, que se publicará en España en 2018 de la mano de Salamandra Graphic. La tercera plaza corresponde a Les amours suspendus, de Marion Fayolle (Magnani), donde la autora prosigue con su particular uso del simbolismo gráfico para realizar una triple pirueta sin red, una apasionante reflexión sobre el amor, sobre la pasión y el enamoramiento que la autora compone a ritmo de comedia musical silente, de canciones que dialogan creando su propia música visual. Maravilloso. Y la cuarta de este particular podio es para Deserto/Nuvem, de Francisco Sousa Lobo (Chili Com Carne), en la que el portugués confirma ser uno de los autores más sugerentes del panorama europeo actual. Una obra formada por dos relatos: por un lado, el que realiza sobre la Cartuja de Évora, una magistral reflexión sobre la existencia, sobre el silencio y la creencia, en la que Sousa entremezcla la arquitectura de la página con la real. Por otro, el relato del proceso creativo, de la investigación y de sus reflexiones personales, de cómo la obra puede cambiar al autor.

Para el final dejo dos obras que, sin ser estrictamente de cómic, reflexionan sobre el medio desde distintas y apasionantes perspectivas: Variations, de Blutch (Dargaud) y Monograph, de Chris Ware (Rizzoli). La primera, un juego de homenajes en el que el dibujante recrea páginas de obras famosas de Morris, Franquin o Lauzier, entre otros muchos. Más allá de la curiosidad, el trabajo de Blutch nos habla de la plasticidad del medio, de cómo el discurso del autor es construido por su estilo. La segunda, un impresionante documento sobre el autor de ACME Novelty Library, una especie de desnudo integral de su proceso creativo, de la investigación gráfica del gran renovador del lenguaje del cómic.

Los mejores publicados por estos lares

“La edad de oro del cómic en España” fue un titular que desató no pocas polémicas, pero que recoge con exactitud la realidad que está viviendo el lector de cómics en nuestro país: una diversidad tan inabarcable como espectacular. El cómic forma parte ya de la oferta editorial de todas las editoriales, pequeñas y grandes, exhibiendo una oferta inimaginable hace 20 años. De las apenas 600 novedades que enumeraba el anuario del tebeo editado por Glénat en 1993 a las casi 4000 que tenemos 25 años después. Busquen lo que quieran: hay para cualquier lector, para cualquier gusto. Desde el aficionado que quiera lo más rupturista y vanguardista hasta aquél que solo quiera evasión, desde el que busca la reflexión más profunda al que quiere recuperar con nostalgia sus lecturas pasadas. Hay sitio para todos. Una abundancia que hace cada vez más difícil la confección de las “listas del año”, porque la sensación de que se han quedado muchas cosas fuera es casi opresiva. En mi caso, de las miles de novedades que salen en España puedo haber leído una cantidad muy importante, pero ridícula si la comparamos con el global. Y eso que juego con ventaja, porque muchísimas de las reediciones y recuperaciones que se han editado en nuestro país ya disfrutado, igual que muchas obras que ya había leído en su idioma original. Ventajas de la edad, que alguna tendría que tener. Pero, pese a mi disciplina de un tebeo diario, apenas llegaré a haber leído entre 400 y 450 de las novedades publicadas en España: poco más de un 10%. Querer hacer de ese porcentaje una generalidad es absurdo y poco riguroso. Así que estos listados son, simplemente, una selección de mis lecturas: tómenlos con la debida prevención y solo como una recomendación más cuya utilidad dependerá, por supuesto, de los gustos particulares de cada uno o cada una. Ahí va la lista (como siempre, el orden es más o menos a bulto, se podrían considerar grandes bloques de diez obras donde decidir que una es mejor que otra es casi absurdo y solo depende de gustos y del momento):

  1. Arsène Shrauwen, de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel)
  2. Cuttlas, de Calpurnio (DeBolsillo)
  3. El club del divorcio, de Kazuo Kamimura (ECC)
  4. La mujer de al lado, de Yoshiharu Tsuge (Gallo Nero)
  5. Pinturas de guerra, de Ángel de la Calle (Reino de Cordelia)
  6. Revista M21, de VV.AA
  7. Roco Vargas: Júpiter, de Daniel Torres (Norma)
  8. Estamos todas bien, de Ana Penyas (Salamandra Graphic)
  9. Nuevas estructuras, de Begoña García-Alén (Apa Apa)
  10. Las 100 noches de Hero, de Isabel Greenberg (Impedimenta)
  11. La levedad, de Catherine Meurisse (Impedimenta)
  12. Cómics 1994-2016, de Joulie Doucet (Fulgencio Pimentel)
  13. Los cuadernos de Esther, de Riad Sattouf (Sapristi)
  14. Face, de Rosario Villajos (Ponent Mon)
  15. El Sr. Lambert, de Sempé (Blackie Books)
  16. El patito Saubón, de Carlos Nine (Reservoir Books)
  17. Una hermana, Bastien Vivés (Diábolo)
  18. Cortázar, de Marc Torices y Jesús Marchamalo (Nórdica)
  19. Un policía en la luna, de Tom Gauld (Salamandra Graphic)
  20. El informe de Brodeck, de Manu Larcenet (Norma)
  21. Conociendo a Jari, de José Jajaja (Fulgencio Pimentel)
  22. Maldito Allende, de Olivier Bras y Jorge González (ECC)
  23. TIK TOK comics (http://www.tiktokcomics.com)
  24. La pequeña forastera, de Nagabe (ECC)
  25. Oscuridades programadas, de Sarah Glidden (Salamandra)
  26. Hâsib y la reina de las serpientes, de David B (Impedimenta)
  27. Estela plateada, de Dan Slott, Mike Allred y Laura Allred (Panini
  28. Las cosas del querer, de Flavita Banana (Lumen)
  29. Disparen al humorista, de Darío Adanti (Astiberri)
  30. Viñetas de plata, de Laura Pérez Vernetti (Reino de Cordelia)

 

Vale, acepto que hago un poco de trampa al colocar en primera posición el magistral e hipnótico Arsène Schrauwen, de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel). Es cierto que se debería colocar en la lista de “reediciones y recopilatorios”, pero aprovecho que el tercer volumen se publicó durante este año para justificar que esté en la lista principal. Justificación personal absurda, porque Schrauwen ha conseguido con esta obra crear algo que trasciende cualquier medida. Los hallazgos formales de esta aventura fitzcarraldiana son inacabables, pero que no oculten un discurso que es capaz de transitar sin despeinarse desde el realismo mágico al surrealismo, desde el costumbrismo al relato colonial, de la reflexión psicológica a la histórica. Y es posible que con Cuttlas, de Calpurnio (DeBolsillo) se pueda argumentar que es un recopilatorio de las planchas publicadas en 20 minutos, pero me da igual: la genialidad de esta serie es apabullante, capaz de seguir innovando en cada historieta, capaz de extraer nuevas e inexploradas posibilidades a la narración gráfica después de 35 años. De El club del divorcio, de Kazuo Kamimura (ECC), solo puedo decir que ya era hora que se publicaran las grandes obras de un autor que en nuestro país solo se conocía a la sombra de Tarantino. Sus obras son brutales acercamientos a la miseria humana, que duelen al leerlos. Igual que las obras de Yoshiharu Tsuge, de quien Gallo Nero publica el recopilatorio de relatos cortos La mujer de al lado. Poco se puede decir de esta obra que no sean epítetos hiperbólicos. La primera obra española en la lista es el Pinturas de guerra, de Ángel de la Calle (Reino de Cordelia), un autor que se prodiga poco, demasiado poco, a la vista de la imponente obra que ha publicado este año. Una denuncia de la violencia de las dictaduras, pero que esconde capas y capas de reflexiones, personales, políticas, sobre la creación, sobre el arte. Una obra que en cada nueva lectura presenta nuevos caminos inexplorados.

Treinta y cinco años después de que la revista MADRIZ cambiara mi forma de apreciar la historieta, la emisora de radio municipal M21 recupera ese espíritu transgresor para crear la Revista M21, un sólido proyecto que toma aquel concepto para actualizarlo a través del lenguaje del periodismo. Una iniciativa de cómic periodístico con una selección fabulosa de autores y autoras, que sabe apostar por la innovación en el estilo, pero también por el respeto a los grandes autores. Para mí, desde luego, una de las grandes sorpresas de este año. Con Júpiter (Norma Editorial), Daniel Torres consigue lo imposible: volver a la saga de Roco Vargas para cerrar todos los flecos abiertos, para mirar atrás y tomar impulso hacia el futuro. Torres experimenta con la narración, se deja llevar por la exploración de nuevos caminos en lo gráfico, pero con mano firme en una historia que para el lector de la saga es perfecta y, me atrevo a decir, emotiva.

Estamos todas bien (Salamandra Graphic), es el sorprendente debut en la novela gráfica de Ana Penyas, una joven ilustradora que llega al cómic con las ideas muy claras y una obra que reivindica el recuerdo de esas mujeres calladas que vivieron durante la dictadura a través de a vida de sus dos abuelas. Penyas maneja los silencios con soltura, pero sobre todo me ha fascinado cómo narra con los segundos planos, con los escenarios, dándoles carta de protagonismo propio. Una obra excelente que promete mucho. Otra obra de autora fascinante es Nuevas estructuras, de Begoña García-Alén (Apa Apa), auténtico ejercicio de estilo en el que la autora desarrolla una recorrido por los lugares fijándose en las miradas en los pequeños objetos, componiendo un ritual de poesía visual en el que cada página actúa como la estrofa de un poema, en un difícil pero conseguido equilibrio de la imagen, de las viñetas y del texto que genera experiencias emotivas y sensitivas.

Y la primera decena se cierra con una autora que está demostrando pese a su juventud un discurso de una solidez y recorrido difícil de igualar: Isabel Greenberg. Con Las 100 noches de Hero (Impedimenta) vuelve a su tierra temprana para explorar diferentes temáticas desde la reivindicación de la fábula, de ese cuento moral clásico que Greenberg demuestra es válido más allá del canon clásico para reflexionar sobre el empoderamiento de la mujer, sobre la fuerza de la ficción y, por supuesto, la universalidad del amor.

Poco se puede añadir a todo dicho sobre La levedad, de Catherine Meurisse (Impedimenta). Catarsis personal del terrible trauma de los asesinatos de Charlie Hebdo que la autora redirige por el camino de la exploración del arte como redención y salvación. Un relato duro, visceral, pero que es también una de las más bellas declaraciones de amor al arte y su necesidad. Cómics 1994-2016 (Fulgencio Pimentel) recopila todo el trabajo de Joulie Doucet en el cómic, una buena parte inéditos en nuestro país. La obra de Doucet nace del underground más canónico y se proyecta hacia una nueva forma de entender la creación desde la ruptura con lo establecido. Es posible que la obra de Doucet sea de las más influyentes que se han dado en las últimas décadas. No soy gran fan de Sattouf, pero no puedo menos que descubrirme ante Los cuadernos de Esther (Sapristi Cómics), brillantísimo proyecto en el que toma el diario de una niña de nueve años para crear un retrato revelador de la sociedad moderna. Lúcido y mordaz, los dos volúmenes publicados este año son dos joyas. Face, de Rosario Villajos (Ponent Mon) fue toda una sorpresa: un relato construido desde la ausencia del rostro, de ese supuesto “reflejo del alma”, lo que le permite a Villajós hacer una reflexión apasionante sobre sobre las personas y sus relaciones.

De El Sr. Lambert (Blackie Books) solo voy a decir que es Sempé. Y eso debería bastar. Igual que de El patito Saubón (Reservoir Books), inexplicablemente inédita en castellano pese a su reconocimiento en Angoulême como mejor álbum…¡en 2002!. Solo decir Carlos Nine debería ser suficiente. Una absoluta genialidad. En Una hermana (Diábolo), Bastien Vivés vuelve a desatar esa capacidad única que tiene de transmitir sensaciones y sentimientos con su trazo. Un relato de iniciación adolescente, de descubrimiento de la sexualidad que no se lee, se siente.

En Cortázar (Nórdica), Marc Torices y Jesús Marchamalo firman una excelente biografía del gran escritor de Rayuela, basada en el espectacular trabajo simbólico del dibujo de Torices. Por su parte, Un policía en la luna, de Tom Gauld (Salamandra Graphic) es una sorprendente vuelta de tuerca a la aproximación sobre la soledad del astronauta, ciencia-ficción desde una perspectiva no canónica genial.

El informe de Brodeck, de Manu Larcenet (Norma) adapta la novela del mismo nombre de Phillipe Claudel con un despliegue gráfico aplastante. El trabajo de Larcenet, inspirado en el expresionismo de los Breccia, consigue dotar a la obra de una fuerza extraordinaria, basado en un blanco y negro de cortante dureza. En el extremo opuesto gráfico encontramos Conociendo a Jari, de José Jajaja (Fulgencio Pimentel), una obra insólita en su propuesta argumental y desarrollo, donde JaJaJa vuelve a romper toda convención y código preestablecido para conseguir que el lector empatice con un personaje tan detestable.

Maldito Allende, de Olivier Bras y Jorge González (ECC) es un necesario doloroso acercamiento a la figura de Salvador Allende y el inicio del régimen de Pinochet en Chile. La pequeña forastera, de Nagabe (ECC) es toda una sorpresa, un cuento oscuro y tenebroso que se va tejiendo desde la sencillez de la relación de una niña con un extraño monstruo, pero sobre todo por las preguntas sin respuesta. Me ha dejado encantado el ciclo de Dan Slott, Mike Allred y Laura Allred en Estela plateada (Panini), una inspirada aproximación al personaje desde el respeto a la creación de Kirby y Lee que ha sido capaz de combinar el humor con la imaginación desbordada y un final maravilloso, de esos que dan ganas de leer una y otra vez.

Podía haber elegido tanto Las cosas del querer (Lumen) como Archivos estelares (Caramba), pero lo que es imposible es no hacer un listado sin Flavita Banana, posiblemente la mejor humorista hoy en día, heredera de ese humor de sentido común aplastante y demoledor de El Roto, pero actualizado con una mirada renovada. Hablando de humor, Disparen al humorista, de Darío Adanti (Astiberri) es el mejor ensayo escrito sobre los límites del humor y el preocupante aumento desmedido de la corrección política como autocensura encubierta. Oscuridades programadas, de Sarah Glidden (Salamandra) es una obra que sorprende porque, tras su apariencia de ensayo sobre la situación en Oriente Medio, es una interesantísima reflexión sobre el periodismo y sus motivaciones.

Hâsib y la reina de las serpientes (Impedimenta) es David B en estado puro, exprimiendo su dibujo al máximo para transmitir esa sensación de maravilla de las mil y una noches. En Viñetas de plata (Reino de Cordelia), Laura Pérez Vernetti logra su mejor ejercicio de la adaptación poética a través de la obra de Luis Alberto de Cuenca. Y, por último, mención de honor para Tik Tok comics (http://www.tiktokcomics.com), un proyecto de creación de vanguardia que sigue siendo ineludible en hoy en día para descubrir nuevas formas y creadores.

Pero la lista podría incluir muchas más obras. Dudando hasta el último momento he estado con cualquiera de las publicaciones de Fosfatina o con obras tan interesantes como El ruido secreto, de Roberto Massó (Spiderland), Hernán Esteve, de Esteban Hernández (Libros de Autoengaño), Cosmonauta, de Pep Brocal (Astiberri) o Un millón de años, de David Sanchez (Astiberri). Pero es que la lista de obras recomendabilísimas de este año puede llegar sin problemas al centenar.  Ahí han estado también las entregas de esa joya del yokai que es Kitaro, de Shigeru Mizuki (Astiberri), la imaginación desbordante de Ether, de Matt Kindt y David Rubín (Astiberri), la memoria vitriólica de Los sexcéntricos, de Ramón Boldú (Astiberri), la triste despedida de Nimio. Fantasía final, de VVAA (La Cúpula) o el duro relato de la manipulación de los sentimientos de Poncho fue, de Sole Otero (La Cúpula). Ojo también a las publicaciones museísticas, con el evocador Idilio, de Montesol (Ediciones del Museo del Prado), el sugerente paseo por el arte de Museomaquia, de David Sánchez y Santiago García (Edicions del museo Thysen) o el intrigante El perdón y la furia, de Altarriba y Keko (Museo del Prado). Ha sido el año de la despedida de Orgullo y Satisfacción: Grandes Éxitos, VV.AA. (Caramba) y de la vuelta de Paracuellos 8, de Carlos Giménez (Reservoir Books), así como del reencuentro con Gerard Miquel en Yo fui guía en el infierno (Desfiladero). Hemos tenido obras experimentales tan interesantes como Febrero para galgos, de Peter Jojaio (Entrecomics), Fragmentos seleccionados, de Andrés Magán (Apa-Apa), Ya será, de Klari Moreno (Libros de autoengaño), Zona Hadal, de Roberto Massó (Fosfatina), Fearless color, de Samplerman (Ediciones Valiente) o Desolation.exe, de Berliac (Fosfatina). Han sido puntuales a sus citas anuales Paco Roca (La encrucijada, con Juan M. Casañ, Astiberri), Miguel Brieva (La Gran Aventura Humana, Reservoir Books) y Juan Berrio (Te quiero, Impedimenta). Y no se nos puede olvidar destacar también obras como El arte de Charlie Chan Hock Chye: Una historia de Singapur, de Sonny Liew (Dibbuks / Amok), Hilda y el bosque de piedra, de Luke Pearson (Barbara Fiore), Shangri-La, de Mathieu Bablet (dibbuks), Valerosas, de Pénélope Bagieu (Dibbuks), I am a Hero, de Kengo Hanazawa (Norma), Jojo’s Bizarre Adventure (Ivrea), Equatoria, de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero (Norma Editorial), Super Patata nº7, de Artur Laperla (Bang Ediciones/Mamut) o la efímera experiencia de Voltio (La Cúpula). Y acabo con un webcómic que finalizaba este año: Hopper, de F .H. Navarro.

Mañana, las reediciones del año.