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Viernes.27.Diciembre
EMPEZAMOS Dejemos las cosas claras: a mí esto de los ejercicios de exhibicionismo impúdico nunca me ha atraído. Cosa que afirmo y reitero vista la creciente mania de mis congéneres humanos en lavar sus trapos más íntimos en público por medio de las bitácoras/weblogs éstas. Puede ser (intento explicarme) que la influencia del gran hermano haya superado todo lo previsto por los más preclaros psicólogos, pero mi finisecular sentido del ridículo sigue superando ampliamente mi capacidad como exhibicionista por lo que no caeré en contarle al mundo (más concretamente a los pocos chalados que lean esto) mis momentos más introspectivos. Ahora bien, como bien estableció Stevenson, todos ocultamos un monstruo que no podemos controlar y en mi caso, como buen ser humano vulgaris, me temo que también existe. Sólo que este monstruo sí es un descarado y se presenta de forma habitual ante muchos lectores como crítico/divulgador del mundo del tebeo. Así que, como ejercicio psiquiátrico y sólo como eso, me dedicaré a escribir mis sentimientos profundos sobre los tebeos. ¿Superficial? Sí, seguro. ¿Simple? Ay! servidor que lo es. ¿Infantil? Ah, ¿pero eso es malo? Pasen y lean señores. Comienza mi diario sobre mi vicio: los tebeos. Enviado por Álvaro :: [+] :: Sin comentarios Sábado.28.Diciembre
MIEDOS No, no voy a hablar de miedos internos (que no los tengo, servidor ha visto muchas películas de Simbad el marino y de psicólogos, decidiendo pasar como el susodicho héroe entre ejércitos de psicoanalizadores argentinos esquelotinazados que le atacan con pasión) sino de dos álbumes que me han impactado profundamente (queda bonito, ¿no?): "Dr Jekyll & Mr Hyde" y "El rumor de la escarcha". En los dos, el prodigioso Lorenzo Mattotti a los lápices, ilustrando guiones de Kramsky y Zentner respectivamente. Los dos álbumes coinciden en temática: el enfrentamiento del ser humano contra sus miedos profundos. Mientras que en la obra de Stevenson Jekyll busca eliminar el lado oscuro del ser humano por la ciencia, creando la abyecta figura de Hyde, en la intimista obra de Zentner un hombre se enfrenta contra el miedo a la paternidad. Vayamos con el primero. Poco se puede decir de esta obra bien conocida, adaptada, parodiada e incluso vilipendiada, salvo que demuestra la gran imaginación de su autor y la fuerza de su obra. La adaptación de Kramsky, excelente, mantiene un tono duro y, permítaseme, casi agónico, destacando la figura quejumbrosa de Jekyll y su ambigua posición ante una creación que odia tanto como le atrae. Mattotti, por su parte está excelso: su color, siempre espectacular, juega con fuertes contrastes, con oscuraridades, creando una atmósfera de irrealidad malsana alrededor de la figura de Hyde, mientras que las apariciones Jekyll se complementan con imágenes distorsionadas, con colores vivos, que generan un entorno que evidencia la creciente locura del doctor. Pero lo sorprendnte es el brutal cambio de registro que encontramos en la obra de Zentner. Aquí Mattotti logra una gama de colores cálidos, intimos, con un dibujo sensual, que envuelve la prosa de Zentner ensalzándola. Y Zentner consigue una interesante reflexión sobre la pareja y el miedo a la rutina, a la responsabilidad de una relación estable, represantado aquí por ese miedo a la frase "quiero tener un hijo" . El viaje/camnio iniciático, tan querido por Zentner, es aquí un juego de reflexiones internas brillante y sincero que atrae desde la primera página. Un tebeo sensacional. A comprárselos, que son muy buenos. Enviado por Álvaro :: [+] :: Sin comentarios Domingo.29.Diciembre
Cuentos Debo reconocer que soy un gran aficionado a los cuentos clásicos. Sí, sí, los cuentos clásicos de tradición oral que fueron la base para Perrault, Andersen y tantos y tantos (incluyendo al maravilloso Calleja). Quizás por ello, desde siempre me ha dado por la extraña costumbre de rebuscar entre la mitología más variada buscando los relatos originales que dieron lugar las versiones edulcoradas que hoy conocemos. La realidad de los cuentos es que eran un sistema didáctico de enseñanza de valores morales en época donde tan sólo la tradición oral era un vehículo eficaz de transmisión del conocimiento. Y me gustan, que narices. Me encanta comprobar la crueldad de las versiones primigenias de edulcoradas versiones como Blancanieves, La princesa durmiente, Cenicienta y otros. Supongo que los autores de Fables, los señores Willingham, Medina y Leiahola no conocen ni de lejos esas veriosnes originales, pero su versión de los clásicos cuentos merece, cuanto menos, una lectura generosa. La idea básica es usar a todos los protagonistas de los cuentos clásicos para contar una suerte de novela negra, donde se le da la vuelta a los roles clásicos de los personajes. Desde una Blancanieves mostrada casi como una halcona financiera (divorciada, por cierto, del principe azul) a un Lobo reformado en detective de policia, Willigham demuestra bastante habilidad en construir una historia entretenida y, simultáneamente, divertirnos con su nueva visión de la personalidad de los personajes (un buen ejemplo puede ser esa sesión de terapia de pareja entre la bella y la bestia). Los lápices de Medina son dignos (que no maravillosos, recuerdan, sólo recuerdan a Gene Ha, pero supongo que por extensión a muchos dibujantes realistas) y el tebeo se deja leer con facilidad. No es una obra maestra, no pasará a la historia del tebeo, pero divierte y entretiene, algo que en épocas navideñas puede ser suficiente. Enviado por Álvaro :: [+] :: Sin comentarios Lunes.30.Diciembre
Se acerca el final... ...de año, de año, y vuelven con el las sempiternas discusiones sobre qué ha sido lo mejor del año. Y como bien dice mi amigo Jesús, este año ha destacado por las sensacionales reediciones que han visto la luz: desde Mort Cinder a Maus, pasando por V de Vendetta, Swamp Thing, Spirit, etc, junto con la llegada de historietas ya con un buen número de años a sus espaldas han permitido salvar la cara a un año que nos ha demostrado la inexistencia de la industria del tebeo en nuestro país. Muchísimas novedades para dos o tres mil compradores compulsivos que son incapaces de soportar el vicio y caen sistemáticamente en una espiral de compras que termina con tarjetas de crédito a borde del suicidio. Pese a todo, las mismas discusiones improductivas de siempre: que si Norma es cara, que si PdA no publica todo lo de Marvel... Nos miramos el ombligo con tanta insistencia que podríamos escribir una preciosa "Oda al ombligo comiquero". Otro día hablaré de esto. De momento, una recomendación: la segunda parte de Persépolis, de Marjane Satrapi, donde la autora nos sigue contando sus vivencias de la revolución islámica iraní. Un tebeo sincero, donde vamos descubriendo cómo la madurez llega a golpe de realidad en una sociedad divida y doblegada por una guerra que no es la suya. Tantos y tantos tertulianos que se llenan la boca de perogrulladas sobre el mundo árabe, sobre la sociedad islámica, deberían leerse primero este tebeo antes de decir sus gilipolleces. A más de uno se le caería la cara de vergüenza. O no, que éstos tipos la suelen tener bien cimentada con hormigón del bueno. Enviado por Álvaro :: [+] :: Sin comentarios
Pero que bueno!!!! Lo acabo de terminar y no puedo esperarme (maldita costumbre esta mía del entusiasmo, mecachis). La última obra del maestro de maestros es una joyita que todo aquél que se considere aficionado a los tebeos debería leer. Will Eisner retoma en "Las reglas del juego" su mejor pulso narrativo y afronta toda la evolución de una familia judía durante casi dos siglos. En la línea de ilustres predecesoras como "La Avenida Dropsie" y "Viaje al Corazón de la tormenta", nos encontramos aquí al mejor Eisner, el especialista en llevarnos a través de diferentes historias que convergen en una central, moviendo con una agilidad pasmosa decenas de personajes alrededor de la familia Arnheim. Su visión de esas reglas del juego que mueven la sociedad es demoledar, sin concesiones, contundente. Cada paso es un mazazo que descubre hasta que punto el ser humano se puede arrastrar ante la necesidad de guardar las apariencias ante sus congéneres. En un contraste casi brutal con su anterior obra, donde los buenos sentimientos eran la línea argumental, esta vez Eisner nos trae una visión tan hipócrita de la vida que parece que estamos ante otro autor. Brillante, genial, uno de los mejores tebeos del maestro. Y eso es decir mucho. Enviado por Álvaro :: [+] :: Sin comentarios
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