MIGUEL CALATAYUD, ILUSTRADOR Y DIBUJANTE DE TEBEOS

“NO HAY NADA QUE SE PAREZCA AL TEBEO”

 

Miguel Calatayud no necesita muchas presentaciones para el lector de la Turia, ya que fue el responsable de una época de portadas que aún hoy en día se recuerdan. Como autor de cómics, su estilo fue la inspiración para toda una serie de jóvenes autores que revolucionaron el cómic español en la década de los 80. Aunque son pocas sus obras para este medio, han sido unánimemente reconocidas y, su última creación , “El Pie Frito”, ganó el premio del Salón de Cómic de Barcelona.

 

-Últimamente eres más conocido por tu labor como ilustrador, aunque no hace mucho llegaste a ganar el premio del Salón del Cómic de Barcelona con “El Pie Frito”. ¿Qué diferencias encuentras entre el mundo de la ilustración y el de la historieta?

 A mí me interesa, y siempre me ha interesado, la imagen. El tebeo tiene el encanto y el gran atractivo de que, además, tiene una estructura narrativa con la que cuentas una historia. Yo siempre he trabajado con guiones propios, y eso supone sacar una historia que llevas dentro, elaborarla y plasmarla en papel, lo que tiene un impacto que la ilustración no tiene. En cambio la ilustración supone un planteamiento de imagen con un esquema muy consolidado de espacio, no pictórico, sino de composición, que quizás en  el cómic no es tan evidente.

 

- “El Pie Frito” fue una sorpresa, ya que suponía importantes diferencias con lo que habías hecho hasta el momento y, en cierta medida, unía los dos mundos, la ilustración y el cómic.

- Me apetecía trabajar con la imagen, pero sin renunciar a contar una historia, por lo que mezclé la ilustración con el cómic y la literatura. Es una historia que me apetecía contar, que se desarrolla en el ámbito geográfico donde yo nací y en la que son muy importante ciertas formas la cultura popular, como el auca, que no sólo no me parece arcaica, sino de una modernidad tremenda. Yo fui el primer sorprendido de ganar el premio del Saló.

 

-Tus primeros trabajos para Trinca estaban muy influidos por la cultura “pop” de la época, y suponen un contraste muy grande con lo que se estaba realizando, incluso en la misma revista. ¿Cómo nace ese estilo tan característico tuyo?

-Yo empecé con ese estilo porque lo que me interesaba era el mundo de la línea, de los dibujos animados si me apuras, donde se daba un tratamiento plano del color. El tebeo estaba basado generalmente en el juego de pincel y pluma, con un sentido del negro muy fuerte, del juego de claroscuro, y a mí me apetecía ese estilo más plano donde el color funcionaba como color, no para dar volúmenes. Hoy lo veo como trabajos muy espontáneos, un poco pretenciosos, aunque parezca lo contrario, por ese aire de modernidad que tenían. Fue un estilo que sorprendía e incluso no gustaba porque eran muy diferentes al resto de historietas. Curiosamente, al cabo del tiempo, mucha gente me pide que haga cosas con aquel estilo, algo que hoy en día me resulta imposible, por la propia evolución de mi estilo, que ha sido muy dispersa y con elementos muy variados.

 

-Precisamente, el tratamiento que haces del color diferencia tus tebeos de los otros, porque se observa un estudio muy profundo del mismo, algo completamente novedoso en aquel momento.

-Sí, en aquellos tiempos, el color era secundario en los tebeos: incluso el mismo editor o impresor lo aplicaba a partir de unas indicaciones. Yo creo que en un tebeo el color es tan importante como la propia línea. De hecho, la construcción lineal está hecha en función de lo que viene luego

 

-Siempre se te ha reconocido como el iniciador de la llamada escuela de la “línea clara valenciana”, que involucraba a autores como Torres, Sento, Micharmut o Mique. ¿Cómo ves esa escuela ahora?

- Me resulta difícil hablar de estas cuestiones porque estoy involucrado, pero creo que, hablando de autores valencianos, el común denominador es una actitud, una forma de hacer las cosas en las que se trabaja con las ideas que a uno le interesan, sin imposiciones, una defensa a ultranza de unos mecanismos de trabajo. No me gusta la denominación de escuela porque se presta a establecer unos códigos que pueden llevar a confusiones. Lo cierto es que en un momento determinado había un foco importante e interesante que no se aprovechó. Fue una oportunidad desaprovechada, y muchas veces se nos ha acusado de falta de motivación a los autores, lo que es absurdo, porque cualquiera de nosotros hemos hecho cosas cuando hemos tenido la oportunidad.

 

-Los autores que hacéis tebeos hoy es evidente que no os movéis por el aspecto económico, sino porque tenéis muchas ganas de contar cosas y os gusta, ¿se os podría calificar de ONG del cómic?.

- Cuando ves un cómic ves un acabado y un resultado, pero esto supone un proceso que no se tiene presente y, al menos en mi caso y en los que conozco, supone tiempo y dedicación que es muy difícil llegar a pagar. Lo que me admira es que, pese a las dificultades, el tebeo sobrevive, gracias a los fanzines sobre todo. Y es muy  sorprendente se esta funcionando mediante estos mecanismos, sin cobrar nada, mas en estos tiempos donde se valora más el mínimo esfuerzo con mucha rentabilidad. Me parece indicativo de que existen ganas de hacer cosas.

 

-Hay ganas de contar cosas, pero el problema puede estar en que no hay lectores y, posiblemente no los habrá, ya que los niños ya no leen tebeos y no hay preocupación por generar lectores futuros.

- A los niños el mundo del tebeo les atrae muchísimo, su estructura, la viñeta, el bocadillo, piensa que desde el punto de vista grafico no hay nada que se le parezca, el hecho de avanzar, de retroceder, crearte tu propia lectura, la secuencia de viñetas... todo esto ofrece una particularidad que no está en los libros. Otro problema son los intentos, como los de la prensa con los suplementos, que han sido fallidos. Creo que su actitud ha sido un poco conformista, tenían que hacer un suplemento para niños y no se han preocupado de la parte creativa, sólo de lanzar el producto y eso no genera lectores. La continuidad de los niños se está perdiendo, aunque creo que ha salido una nueva revista dedica a los niños que está teniendo éxito.

 

- En efecto, la revista Dibus de Norma.

- Lo que demuestra que los chicos siguen teniendo receptividad. En ese sentido, no hay que dejar de lado que en cómic es muy importante el receptor, hay que ver qué lectura demanda el lector. Hoy el lector infantil se mueve por recomendaciones paternas o pedagógicas, como en la literatura infantil. Sin embargo, en la época dorada del tebeo era diferente, porque el chaval elegía su propio tebeo yendo al quiosco. A fin de cuentas, el tebeo a fin de cuentas es una forma de cultura popular.

 

- Ahora que lo dices, es curioso comprobar como el mundo del libro infantil tiene mucha mejor salud que el del tebeo.

-Lo que ocurre es que realmente es una industria, con editoriales muy consolidadas y con toda una nómina de escritores, ilustradores que configura un mundo que está más vivo, más en la calle. También es cierto que alrededor suyo existe todo otro mundo el de la animación a la lectura, todo un colectivo que se esfuerza mucho y que trabaja con mucho interés y que va desde los cuentacuentos a los propios maestros.

 

- Cambiando de tema, durante muchos años fuiste el responsable de las portadas de la Turia, dándole una imagen inconfundible que hoy todavía se recuerda.

- El mérito también es del equipo de la cartelera, que apostó por una dinámica de cubiertas, donde yo mezclaba los dibujos personales con trabajos fotográficos. En aquel momento trabajábamos con fotograbado y con dos planchas, las limitaciones eran absolutas y, dentro de ellas, las convertimos en la gracia del producto. Con la cartelera hicimos un trabajo que resultó curioso y que me dio a conocer porque era una actividad que se veía en la calle.

 

ÁLVARO PONS (alvaro.pons@teleline.es)