Más Escobar animado

Los amigos Francisco y Antonio me siguen enviando información maravillosa sobre la labor de Escobar en el campo de la animación, como está página de Escobar del Almanaque TBO para 1947, justo en el momento de creación del Cine Skob.

Escobar, animador

Una faceta poco conocida de Escobar: la de animador. Y curiosa, ya que se realizaron sobre cine SKOB, un proyector muy simple patentado en 1945 y que proyectaba tiras de papel normal.

Por YouTube se pueden encontrar algunas de la animaciones realizadas por el dibujante con este sistema, como esta de Morcillón y Babalí:

O esta de Carpanta:

(¡Gracias Antonio!)

Batman & Robin, la película de superhéroes más importante

Para los que tanto criticaban el esperpento film de Joel Schumacher, declaraciones de Kevin Feige, presidente de Marvel Studios:
Puede ser la película más importante jamás hecha sobre un cómic. Era tan mala que provocó una nueva forma de hacer las cosas. Dio la oportunidad de hacer adaptaciones de ‘X-Men’ y ‘Spiderman’ que respetaban el material y la fuente original, evitando ser ‘cutres’.
[Visto en CanalTCM]

Popeye, también al cine

Entre los diferentes anuncios que Avi Arad hizo de relanzamientos de franquicias cinematográficas como Los 4 fantásticos, Daredevil o Ghost Rider ha pasado un poco desapercibido el de la nueva adaptación de Popeye al cine. La creación de Segar llegará de nuevo a la gran pantalla como una película de animación, en su segunda incursión tras la versión de Robert Altman de 1980 protagonizada por Robin Williams.
Un fracaso de taquilla, pero a mí me gustó…

Ronin al cine

Uyuyuyuy…. El Ronin de Frank Miller, definitivamente al cine. La noticia ya rondaba desde hace tiempo, pero parece que por fin se hace realidad. Según cuenta Bodoï, el realizador Sylvain White, comenzará el traslado de las viñetas de Miller a la gran pantalla tras finalizar otra adaptación de tebeo, la de The Losers de Andy Diggle y Jock (curioso lo de los directores que se “especializan” en tebeos”).
Ya veremos. Ronin es un gran tebeo con muchas características muy personales de experimentación gráfica. Como no dirige el propio Miller, a lo mejor queda hasta bien… :)

Trazo de Tiza, al cine

Entre tanta adaptación cinematográfica de tebeos con vocación de blockbuster, noticias de espectaculares movimientos empresariales, con cantidades de dinero tan desorbitantes como impúdicas donde las viñetas de papel se olvidan completamente, ahogadas por el atractivo de las luces multimedia, siempre se queda uno tranquilo al ver que el maridaje entre cine y tebeos no tiene por qué ser sólo carne de páginas salmón: Trazo de Tiza, el maravilloso tebeo de Miguelanxo Prado, se adaptará al cine. David y Alex Pastor serán los encargados de la película, que ya se encuentra en fase de preproducción. El rodaje comenzará en 2010.

trazotiza

La trilogía de Adèle

Al final, la película de Adèle Blanc-Sec que prepara Luc Besson será una trilogía. El rodaje ya ha comenzado, protagonizado por Louise Bourgion, basándose en los cuatro primeros álbumes de la saga (Adèle y la bestia, El demonio de la torre Eiffel, El sabio loco y Momias enloquecidas).

Mira que el director francés siempre me ha parecido demasiado irregular, pero debo reconocer que esta vez me está ilusionando la cosa…

Del papel a la pantalla

ATENCIÓN: En el siguiente texto hay información que puede desvelar detalles importantes de la trama de Watchmen, tanto del cómic como de la adaptación cinematográfica.

waEs posible que las pocas formas de análisis que permitan un acercamiento correcto a Watchmen partan del aislamiento de todo el fenómeno que supone para el género de superhéroes, así como de la repercusión que la obra ha tenido en la evolución del medio. Una distancia que, posiblemente, sólo es accesible desde una lectura inicial virgen de toda coyuntura accesoria. Una situación que, en la mayoría de los casos sólo se dio en aquella lectura mes a mes de su primera edición. Es el único momento en el que el lector puede hacer un análisis coherente con las intenciones de los autores, que planificaron su obra según una cadencia y unas características de publicación, que además interactuaban con la propia evolución de la obra. Es bien conocido que, por imposible de creer que parezca, Moore fue desarrollando la obra desde una cierta improvisación, impulsado fundamentalmente por el afán experimentador hacia el medio y género. Una intención que se puede observar con claridad en la brutal evolución de las cuatro primeras entregas de la serie. En sus primeros dos números, Watchmen desarrolla un “whodunnit” canónico, un thriller detectivesco trasladado al género superhéroico que va lanzando interesantes apuntes hacia la propia definición del superhéroe. Dos capítulos donde la experimentación es restringida a un análisis pormenorizado y exhaustivo de los recursos clásicos del género: composición de página, puesta en escena, estructura argumental… pero sin aportar más que algunos aportes originales, como la minuciosidad obsesiva hacia la coherencia narrativa (explotada fundamentalmente en la detallada escenografía, que es mantenida temporalmente desde diferentes perspectivas con exquisita precisión), la puesta en escena de flashbacks, la utilización del color como elemento de navegación narrativa y, sobre todo, la inclusión de un análisis simbólico basado en el desarrollo de iconografía propia y de ideas conceptuales abstractas como la simetría omnipresente (que comienza a implantar, por ejemplo, a partir de la composición cromática de la página en el encuentro entre el Comediante y Moloch). Incluso se podría plantear que originalidad no es el término más adecuado, ya que muchos de estos recursos fueron ampliamente desarrollados por autores como Will Eisner, pero Moore, Gibbons y Higgins, los articulan con una fuidez desconocida hasta el momento.
Sin embargo, la improvisación del desarrollo argumental se descubre claramente en los famosos cuarto y quinto episodios de la serie. Tanto en el episodio marciano como en el planteamiento de “Aterradora simetría” Moore se despoja ya de la necesidad de seguir la línea narrativa de los tres anteriores números, rompiendo la identidad estructural para adentrarse en la experimentación más rabiosa, que alcanzará en el uso de la estructura de la página como armazón de un esquema temporal paralelo en el cuarto capítulo. Es verdad que el tercer capítulo ya comienza a introducir una experimentación más radical con la inclusión de tramas paralelas, pero todo el monólogo del Dr. Manhattan en Marte es un tour de force inaudito, una ruptura de la tradición de la continuidad temporal entre viñetas para jugar con el propio movimiento de página. El propio cómic-book es una especie de vista global del tiempo tal cual lo concibe Manhattan, sintetizado de forma espléndida con cada doble plancha, que analiza unidades temporales alternantes y dispersas, pero que adquieren sentido en su composición conjunta. Moore firma lo que es, sin duda, uno de los momentos álgidos de la historieta, pero establece una separación temática entre este capítulo y los anteriores, desarrollando una brillante reflexión sobre el concepto de superhombre de Nietzche y sentando la hipótesis del alejamiento de la humanidad a medida que se aproxima a la definición de divinidad. Aunque en cierta medida dinamita la continuidad de la serie, tiene sentido tanto dentro de ésta como de forma aislada, pero adquiere todo su sentido en la siguiente entrega, donde el concepto de simetría es explorado como vehículo generador de contrastes: Manhattan vs. Veidt, la concepción del héroe superhumano frente al humano perfecto. Dos claves en el planteamiento de la obra que definirán un punto de inflexión fundamental en la serie, que pasará a orbitar alrededor de la imposibilidad del héroe: si es superhumano, perderá su humanidad. Si es un humano perfecto, querrá ser divino. El “whodunnit” inicial deja de tener sentido y Moore se lanza a concluir una trama argumental que pese a que ya ha quedado definitivamente en segundo plano, debe arribar a puerto. Aprovecha para seguir experimentando con los elementos clásicos y para ahondar de forma ya colateral tanto en la decrepitud del héroe como en la propia experiencia metalingüística, identificando la historia de piratas clásica de la EC con el desarrollo posterior que espera (un viaje sobre muertos cuyo objetivo final se transfigura y pierde por el camino). La “realidad” es tan sólo una derivación de una simple historia de cómic-books y Moore se atreve al traspaso de recursos narrativos entre realidad e historieta.
En ese sentido, la lectura de forma conjunta de la obra de Moore como “novela gráfica” deja al descubierto, paradójicamente, las debilidades de Watchmen, derivadas de una concepción inicial que aprovechaba que el lector dejaba pasar un mes entre capítulo y capítulo y no atendería a la continuidad estructural de la obra. La experimentación aislada tiene sentido en entregas mensuales, pero chirría como capítulos de un único volumen, permitiendo incluso ver cómo muchas de las subtramas son secundarias y totalmente prescindibles (la relación entre Silk Spectre y El comediante, por ejemplo).

Un análisis previo que, posiblemente, Snyder ha obviado en la adaptación cinematográfica en pos de una fidelidad narrativa, sí, pero que sólo hace que tensar todavía más las dificultades de la coherencia interna de la obra. Los primeros minutos de la obra pueden hacer pensar que el director realmente ha apostado por la experimentación que Moore planteaba, con ese diseño de títulos de crédito que es usado como síntesis argumental a partir de imágenes fijas “tridimensionalizadas”. Las viñetas bidimensionales de la historieta se convierten en fotografías que descubren en su movimiento la tercera dimensión, una preciosa metáfora de lo que encontraremos a continuación, y que además es utilizada como prólogo que resume (y amplía) a la perfección la coyuntura de los héroes de Watchmen. Sin embargo, la ilusión se desvanece enseguida al comprobar como Snyder opta por una traslación literal de la obra. Durante la primera mitad del metraje, es evidente que el objetivo del director es la visualización modélica de la obra de Moore. Lo que consigue, sin duda, con una nota espectacular: la escenografía es milimétricamente calcada de las viñetas, la puesta en escena es la traducción impecable de los dibujos de Gibbons, los diálogos son estrictamente los del tebeo y el casting es simplemente increíble, consiguiendo casi siempre que reconozcamos sin dificultad a los personajes (excepción hecha del ridículo Nixon, al que se le dota de probóscide… ¡sólo comparable a la de Depardieu en Cyrano de Bergerac!). Una estimable conducta que pronto se revela como uno de los grandes problemas de la película. Al asumir que el tebeo es el storyboard de la película, Snyder comete un error de principiante terrible que le obliga y condiciona el resto del metraje: el tempo de las viñetas no es el ritmo real, sino el impuesto por el dibujante, que será transformado en tiempo físico por el lector. Pero el ritmo entre imágenes está claramente marcado por la transición entre fotogramas, construida a partir de un intervalo temporal definido. Si pasas de una a otra, los tiempos no coincidirán y la única manera de traducirlos es a través de un ritmo anticinematográfico, basado en la cámara lenta como eje de identificación con la viñeta. Es cierto que el aficionado compulsivo disfrutará con la visión estática de las viñetas del tebeo, pero el ritmo cinematográfico se resiente brutalmente. Un error que se propaga a los actores: en su afán de encontrar los sosías perfectos de los personajes, el casting se olvida de las capacidades interpretativas, reuniendo un grupo de actores que nunca llegan a actuar conjuntamente y que no dan la talla en ningún momento, que sólo logran que los diálogos, excesivos para la pantalla, aparezcan como impostados y teatralizados hasta el ridículo en algunos momentos. Snyder falla en lo básico: en la propia definición de la diferencia entre medios. Obcecado por su traslación perfecta, no se da cuenta de que la estructura temporal del cuarto episodio no tiene sentido en la temporalidad secuencial del cine, donde deja de tener sentido, llegando al absurdo total en el intento de colocar el golpe de Veidt al sicario que intenta asesinarlo en el centro temporal de la película, al igual que Moore lo coloca en el centro espacial de “Aterradora simetría”. Una elección que puede causar orgasmos en los puristas de la serie, pero que lastra completamente la distribución temporal de la película, obligándole a cambiar toda la segunda parte de la obra.
Y es ahí donde más problemas se pueden plantear. Puede ser discutible que Snyder decida cambiar el final de la obra pero tiene cierta lógica, aunque se revele errónea. En una sociedad post 11-S y tras la caída del muro de Berlín, el planteamiento de guerra fría nuclear de Moore parece difícil de asumir, pero la propuesta del director es todavía peor, ya que transformar la amenaza alienígena en un atentado de dimensiones descomunales parte de un error básico: el 11-S no consiguió la unión de la humanidad y Snyder se atreve a comparar su idea con la realidad de forma evidente, con esa imagen de la nueva zona cero de la explosión con unas magnificentes torres gemelas de fondo. Sorprende que mantenga a fuego la cronología de la obra, incluyendo una banda sonora setentera/ochentera y, sin embargo, decida cambiar un final que es propio de esa década.
Pero, pese a todo, ninguno de los anteriores serían los mayores problemas. A mi entender, el mayor problema de la adaptación cinematográfica nace del cambio radical del mensaje básico que Moore plantea en Watchmen: el crepúsculo de los héroes que nacieron en la Golden Age. Si el británico deja claro en su obra que esos héroes ya no tienen sentido, el discurso de Snyder es radicalmente contrario, reivindicando la vuelta de los héroes. Un mensaje que deja claro en la “reaparición” de Búho Nocturno y Silk Spectre, un rescate de un incendio que en el tebeo es planteado desde una visión desprendida de espectacularidad y que en la película es mostrado como un momento épico. Para Moore es la demostración de que Peter Pan ha muerto. Para Snyder, los héroes han vuelto en todo su esplendor. Hasta en los pequeños detalles: en una película donde no se ahorran las imágenes más violentas y sexualmente explícitas, se opta porque el personaje de Silk Spectre ya no fume. Los héroes buenos de verdad no fuman, en un mensaje maniqueo e infantil, políticamente correcto, que antecede lo que vendrá después. Una aparición espectacular de los héroes (sólo la aparición de Silk Spectre es ya una declaración de intenciones claras), que llegará a su paroxismo en un orgasmo explícito que les devuelve su fuerza, mientras que el tebeo era la constatación de los traumas y necesidades de la máscara para escapar de la mediocre realidad. Un mensaje que es certificado tanto en la pelea de la cárcel como, sobre todo, en la escena final: Moore da carpetazo a unos héroes que deciden entrar en la vida normal teniendo hijos, familia y problemas humanos, mientras que la película abre una segunda parte de emocionantes aventuras encapuchadas.
Si bien podría ser razonable defender el cambio de final (que sólo tendría sentido si Snyder hubiera situado la acción en la actualidad, la opción más lógica teniendo en cuenta que Watchmen se desarrolla en el tiempo real en el que se publicó, lo que a mi entender no “traicionaría” el original, sino que aportaría matices nuevos muy interesantes), el cambio de mensaje es absurdo. Abandonados los aspectos formales, Watchmen es una reflexión sobre la imposibilidad del superhéroe en el mundo real, un dramático adiós a los héroes de una Golden Age.
Paradójicamente, Snyder se demuestra un seguidor canónico de la estética de Watchmen pero se niega a aceptar su mensaje.
¿Cuál es el veredicto final? Pues que Watchmen no deja de ser una película más. Ni es el horror del Spirit de Miller ni es la mejor adaptación que se ha hecho de un cómic. Es simplemente, una película más de superhéroes que sufre de la maniática prolongación exagerada de la duración, de un uso repetitivo y burdo de la cámara lenta y de unos actores olvidables, pero que se deja ver pese a los bostezos de algunos momentos. Que se parece mucho a lo que vimos en el tebeo de Watchmen, pero que cuenta otra historia.

Infidelidades beneficiosas


P. ¿La adaptación es fiel?
Fernando Meirelles. Creo que sí, sobre todo porque no conseguí liberarme del libro. A veces me preguntan si adapto novelas porque no encuentro historias propias, pero para mí Ciudad de Dios, El jardinero fiel y A ciegas [basadas en novelas de Paulo Lins, John le Carré y José Saramago] son propias. Soy un lector compulsivo, y hacer una película me parece una buena excusa para seguir metido en el mundo del libro.
J. S. Tampoco hace falta que una adaptación sea fiel. Incluso demasiada fidelidad no es buena. Es lo que ocurrió con La balsa de piedra [dirigida en 2002 por el francés George Sluizer]. Parece que el autor debería decir que cuanto más fiel mejor, pero hay infidelidades beneficiosas. La película cuenta la misma historia que el libro por otros medios.


Lo anterior es parte de una conversación entre el director Fernando Meirelles y el escritor José Saramago a cuento del estreno de la versión cinematográfica de la (maravillosa) Ensayo sobre la ceguera y refleja bastante bien qué es lo que pienso y espero de Watchmen, la adaptación de Zack Snyder.
Desde que se están dando noticias sobre esta película (y más ahora con las primeras impresiones), mi mayor miedo es que Snyder intentase hacer una reflejo “fiel” del tebeo. Un despropósito a todas luces, porque trasladar Watchmen al cine suponiendo que el tebeo es una especie de “storyboard” es no entender para nada qué es la historieta y, mucho menos, qué es Watchmen. Quedarse en la superficialidad de una traslación mimética de las viñetas puede resultar satisfactorio para un fan ávido de merchandising de su tebeo preferido, pero nunca puede realmente traducir el mensaje de Watchmen. Como bien dice Saramago, la riqueza de las adaptaciones está en las infidelidades, en contar la misma historia o basarse en ella para desarrollar un discurso propio en otro medio completamente diferente.
watchmensimpson
Si Snyder quiere adaptar de verdad Watchmen al cine, lo que el viernes deberíamos ver es un juego de rupturas formales cinematográficas, de propuestas clásicas reconvertidas y reinventadas desde el lenguaje del cine a partir de una propuesta argumental sencilla, que se atreva a conjugar en paralelo el análisis del mito del superhéroe (desde una perspectiva de hoy) con la crítica mordaz de la situación política. Para que viéramos de verdad Watchmen en la pantalla, Snyder debería estrujar el lenguaje cinematográfico hasta sus últimas consecuencias, como en su día hicieron Moore, Gibbons y Higgins, llevando al cine su sentido real y sin tener miedo a ser infiel a la literalidad del tebeo, pero no a su espíritu de transgresión formal, dando una versión personal de la historia original aprovechando las posibilidades que le oferta el nuevo medio.
Por eso, con todas sus limitaciones, me gustó la propuesta que los Wachowsky ofrecieron en V de Vendetta, transformando el mensaje de Moore, obligado en un Reino Unido tatcheriano a un discurso actual, próximo al de la sociedad del miedo que planteaba Michael Moore en Bowling for Columbine. Una infidelidad que demostraba que la propuesta de Alan Moore seguía viva y podía seguir generando nuevas lecturas.
Si nos guiamos por las entusiastas primeras impresiones que ya se han publicado en muchas webs, me temo que la película de Snyder puede ser un entretenido espectáculo que usa personajes que visten igual que los de Watchmen, pero que no se ha atrevido a romper fronteras. Una opción que, por otra parte, no creo que nunca tuviese Snyder: con el coste de producción de una película de este estilo, es casi imposible que el director tenga libertad para hacer un producto que se salga de los esquemas. Mientras que la DC dejó bastante libertad a los autores (total, en el peor de los casos, seria una serie de pocas ventas y la recuperación de los personajes estaba asegurada), la Warner habrá atado en firme que cualquier veleidad autoral por parte del director, que con los (millones de) dineros no se juega.
Personalmente, lo único que espero ver es un thriller de ciencia-ficción, correcto, bien dirigido y que me entretenga. E intentaré, por todos los medios, borrar de mi memoria durante las casi tres horas que dura la película que existe un tebeo del mismo nombre. Es la única forma de ser justo con la película.

Una opinión corta sobre The Spirit

spiritVisto “eso”, la verdad es que sólo se me ocurre una palabra: mala. O dos: muy mala. Pero también creo que las críticas que he leído por ahí van bastante desencaminadas en muchos aspectos. A mi entender, el principal problema de The Spirit es cinematográfico y argumental: Miller no domina la narrativa cinematográfica y la película es torpe y tosca, a lo que hay que añadir que el argumento se pierde en cada cambio de plano. Punto, no hay mucho más que decir que no sea rajar por rajar inútilmente.
Eso sí, respecto al respeto a la obra de Eisner, que también se ha criticado profusamente, creo que la situación es completamente contraria: no me cabe duda que Miller intenta respetar al máximo a The Spirit, trasladando muchísimas de las características de la serie (como bien indica irónicamente Kyle Baker), incluso con escenas calcadas de las historietas, pero choca con dos grandes problemas: uno, que se queda en la superficie formal sin ahondar en los argumentos de las historias, no trasladando, paradójicamente, el espíritu de la serie; y dos, que en su afán de reflejar la comicidad de la obra de Eisner, se excede cayendo en el histrionismo. Lo primero es grave, lo segundo, molesto. Personalmente, a mí lo que más me ha molestado es que, en ese panorama de máximo respeto, no encaja la representación de Octopus, único elemento de la serie que Miller se salta completamente (recordemos que nunca se ve al personaje en la historieta) y donde vuelca una creación más personal, completamente conectada con sus constantes previas.
El problema es que en su afán de ser fiel a Eisner, Miller le ha hecho un flaco favor. Los espectadores que vayan al cine, muchísimos más que los que conocen al personaje, van a hacer una lógica equiparación: “si esto es The Spirit, The Spirit es una mierda”. Un silogismo simple y reduccionista, sí, pero indudablemente lógico. Y que la percepción de la gran obra maestra de la historieta (hoy estoy eisneriano) por parte del gran público sea ésta es terrible. Por mucha edición de libros tan adecuados como Lo mejor de The Spirit, el público se acercará antes a la taquilla del cine que a la librería, y la huella que quedará del personaje, por desgracia, es la de la película, perdiendo la oportunidad de dar a conocer masivamente este gran clásico del tebeo.
Otra vez será.

Watchmen…¿en 2011?

watchmenAtentos a la noticia: FOX gana el primer asalto judicial contra la Warner por los derechos de Watchmen. Parece que el intento de la 20th Century Fox de quedarse con una parte del pastel de los previsibles suculentos ingresos de la película de Zack Snyder tiene un primer fallo favorable, que reconoce a la Fox los derechos de distribución de la cinta.
Evidentemente, esta primera resolución admite recurso, pero entrar en el entramado judicial puede suponer un retraso en el estreno de al menos dos años…

Temblad: vuelve Zé do Caixao

Me entero gracias a 100 kg de broza en mi disco duro de la vuelta al cine del inclasificable José Mojica Marins, más conocido como Zé do Caixao, un mítico personaje del cine de terror brasileño que marcó época con películas tan delirantes como À MEIA-NOITE LEVAREI SUA ALMA o ESTA NOITE ENCARNAREI NO TEU CADÁVER o con la alucinógena y psicotrópica, Despertar do Besta. Encarnaçao do demonio, su nueva película, completa la trilogía de Zé do Caixao y se ha exhibido en Sitges.

Su trailer:

Y un par de ejemplos del delirante universo de Mojica Marins:

El juicio a Charlie Hebdo, al cine

Esta semana se estrena en Francia el documental C´est dur d’être aimé par des cons (Es duro ser amado por tontos), de Daniel Leconte, donde se repasa todo lo acontecido en Francia alrededor del proceso seguido contra la revista Charlie Hebdo por el especial dedicado a las viñetas de Mahoma y que tenía como portada un chiste con la misma frase. Recordemos que diversas organizaciones islámicas (la mezquita de París, la liga islámica) denunciaron al semanario satírico, en un largo proceso que llegó a un juicio que, para muchos, suponía un plebiscito a la libertad de expresión. El juicio, que fue pasado a la historieta por Joann Sfar en su cuaderno Greffier, fue finalmente ganado por Charlie Hebdo.

En Blogdecine tenéis un completo reportaje y en la página de Allocine se pueden ver varios vídeos del documental.
Supongo que, como siempre, las probabilidades de que esta cinta se estrene en España son nulas.

Y sin embargo, a esto no le tengo miedo…

Entre la vorágine de adaptaciones comiqueras que se avecinan, hay una que debo reconocer que me ha provocado bastante curiosidad y no pocas buenas vibraciones: parece ser que Stephen Chow será el encargado de llevar a la gran pantalla The Green Hornet, serie Golden Age donde las haya. Por un lado, no puedo evitar cierta sonrisa nostálgica cuando pienso en los episodios de la serie de televisión que por estos lares llegaban a los cines de reestreno o peor, a los de colegio (¡ay! aquellas sesiones domingueras en el cine de Maristas o en el Lauria -hoy Corte Inglés tras su largo periplo como Galerías Preciados). Bruce Lee nos maravillaba haciendo de Kato y la opción de que sea el propio Chow que lo sustituya no me desagrada, sobre todo después de lo bien que me lo pasé con sus Shaolin Soccer y Kung Fu Hustle (jartá de reír, oigan).

La cuestión es… ¿habrá crossover posterior entre el Batman de Nolan y el Green Hornet de Chow? No sería la primera vez… :)

El caballero oscuro

Toda la parafernalia mediática que se ha cocido alrededor del nuevo y suculento taquillazo que ha significado la reaparición de Batman me producía bastantes dudas a la hora de acercarme al cine a verla. Un resquemor al que había que añadir el mal sabor de boca que me dejó Batman Begins, alabada por aficionados y parte de la crítica y que a mí me pareció una película muy floja, en la que la bien conocida habilidad de Nolan brillaba por su ausencia, con momentos –léase “escenas de acción” en los que, para horror mayor, parecía más un clon del infame Michael Bay.
Pero el verano consigue maravillas y nada mejor que un puente de agosto para acercarse al cine. Primero porque dos hora y media de película son muchas horas, pero más soportables bajo un buen aire acondicionado. Y segundo, y más importante, porque el exilio veraniego favorece que esa subespecie humana de “gente-que-no-para-de-hablar” que tanto ha proliferado en los cines, emigre.
Pero olvidemos las circunstancias y vayamos al grano, es decir a responder llanamente a la pregunta fatídica “¿qué te ha parecido la película?”. Y la respuesta es simple: una película muy buena, posiblemente la mejor adaptación del género de superhéroes al cine con permiso de Richard Donner y su Superman.
El primer Batman de Nolan padecía, a mi entender, de una falta absoluta de definición como género. Parecía claro que el director quería hacer algo realista con el personaje, pero no tenía muy clara la dirección que seguir. Pese a tener un villano de la categoría de Ra’s Al Ghul, Nolan no llegaba a entender esa bicefalia necesaria entre supervillano/superhéroe que tan necesaria es al género y que, por fin, acepta plenamente en este Caballero Oscuro.
El superhéroe precisa al supervillano. Es una especie de ley natural, una máxima que Moore lanzó como mensaje básico de La Broma Asesina y que Nolan admire aquí literalmente: para que el bien exista, debe existir el mal. Y en el caso del superhéroe, ese mal debe ser exagerado, brutal e imposible. El heroísmo tiene una vertiente de sacrificio vital, de humanidad, que el superhéroe no se puede permitir. No puede salvar a las víctimas del 11-S o parar a todos los delincuentes, pero sí que puede focalizar todo ese desastre y crimen en un icono, en una representación de todo el horror que se alce como su némesis. El superhéroe sale así de la temida realidad para entrar en el terreno de los símbolos, donde su muerte es innecesaria, donde puede vivir eternamente.
Y Nolan por fin lo comprende, enfrentando a Batman con un Joker que es imagen perfecta de la anarquía, del caos y de la locura. De todo lo irrefrenable a lo que sólo un Batman se puede enfrentar. El resultado es una película con muchísima más épica y profundidad, que es redondeada por un cuidado guión, que desarrolla con acierto el argumento de la necesidad de la elección y su responsabilidad como base del comportamiento humano adulto. Los hermanos Nolan y David S. Goyer van un paso más allá del “todo poder conlleva una gran responsabilidad” que simbolizaba el paso de la adolescencia a las primeras muestras de mayoría de edad para entrar plenamente en la reflexión sobre la propia asunción de la elección como signo inequívoco de madurez. Aunque sea una comparación simple, la inclusión de Dos Caras actúa de forma efectiva en esta argumentación, como contraste entre la elección azarosa y la elección reflexionada, entre una justicia probabilística y aséptica y otra más humana pero que puede errar. Una intención que precisa de una revisión del Joker más compatible con esa búsqueda del realismo y que, a mi entender, es uno de los grandes aciertos de la película. Sin perder la referencia original de los tebeos, este Joker cinematográfico resulta tan creíble como espantoso, con una excelente actuación de Ledger que sin llegar a ser de Óscar (aunque la querencia por las actuaciones de personajes histriónicos y morbo de la Academia le da muchísimos puntos para recibirlo), es muy destacable, por encima de las de Bale o Eckhart (y mira que me gusta este actor, sobre todo después de la vitriólica Gracias por fumar).
Pese a que ha hecho muchos deberes respecto a la anterior, en el debe de Nolan siguen quedando varios apartados por resolver. En primer lugar, el acercamiento al personaje Batman. Paradójicamente, el protagonista de la historia es, de lejos, el peor tratado por director y guionistas. Comparado con Joker, Dent o Jim Gordon, Bruce Wayne y su alter ego quedan desdibujados y poco definidos, maltratados por la cámara. Frente a las brillantes secuencias del Joker, Batman como personaje apenas tiene las casi necesarias entradas épicas en escena, sustituidas por sus contrapartidas tecnológicas. Resulta sorprendente que sean más vibrantes las escenas con el batmóvil o la batmoto que las propias del hombre murciélago. De hecho, esta indefinición se acentúa en algunos de los pocos momentos de naufragio del guión, que lo llevan a convertirse en algunas secuencias en una especie de émulo de James Bond, con Q/Morgan Freeman incluido.
En segundo lugar, la propia estructura de la película, que rompe la clásica de presentación-nudo-desenlace (perfecta para este tipo de películas, no hay porque experimentar con algo que es perfecto) por una especie de perfil en diente de sierra con varios nudos/desenlaces continuados. Quizás no se deba achacar a Nolan este problema, derivado de la mala costumbre de incluir varios villanos en las películas de superhéroes a los que hay que dar salida por separado por las cosas de producción hollywoodiense, pero en un película de una duración tan exagerada, llega a romper completamente el necesario clímax final.
En tercer lugar, y aquí debo reconocer que es una cuestión personal, la falta de una concepción visual unitaria de la película. El afán de realismo de Nolan olvida que la propia “suspensión de la incredulidad” inherente al género permite ahondar la carga dramática con una cuidada coreografía visual. Algo que entendió perfectamente Tim Burton en la, a mi entender, espléndida Batman vuelve, dotada de una poderosa imagen gótica que se convierte en un recurso narrativo más de la película. Quizás sin llegar a este extremo, Nolan podría haber conseguido una imagen más personal, basada quizás también en el realismo arquitectónico urbano, pero sin tanta incoherencia visual.
El cuarto puesto tampoco creo que sea achacable al director: la manía del cine actual por llegar casi a las tres horas para contar una historia. Creo que con media hora menos, la película hubiera sido mucho más redonda. ¡Si de verdad se necesita más tiempo para contar una historia, hagan ustedes una serie de televisión, no una película!
Dejo para el final el mayor pero que le puedo poner a la película: la banda sonora. Frente a la épica música de Elfman, la banda sonora de Zimmer me parece tan insulsa y poco acertada como, en general, todas las que compone este hombre, sin una correlación clara entre el dramatismo de la escena y lo que oímos. Un problema que acentúa la frialdad que Nolan suele aportar a la dirección, evitando que la película llegue a emocionar en muchos momentos.
No es, desde luego, ni la mejor película del año ni, mucho menos, la mejor película de la historia, pero El caballero oscuro es una buena película, que pese a los problemas señalados cumple con las expectativas y tiene motivos más que sobrados para ser considerada como una de las mejores películas de superhéroes que se han visto hasta el momento. Muy recomendable.

Terrorífico

Puestos a hablar de disfrutes variados, me van a permitir unos momentos de descanso del tema principal del blog para hablar de un libro que me ha tocado la fibra sensible de otra mis grandes aficiones: el género de terror. En Terror Cinema, Juan Andrés Pedrero Santos hace un largo y amplio recorrido por la historia del cine de terror desde sus inicios hasta 1975, representado por el simbólico estreno de Tiburón, la excelente película de Spielberg. El autor hace un recorrido por el género a través de casi 90 películas, agrupadas bajo diferentes ítems geográfico-temporales-autorales. Desde los orígenes al cine de la Hammer pasando por los lógicos capítulos dedicados al cine de la Universal y sin olvidar las contribuciones japonesas, italianas o españolas (y con un obligado -y de agradecer- capítulo dedicado a Val Lewton). Pese a que cualquier organización de este tipo está sujeta a diferentes visiones subjetivas y críticas, hay que reconocerle a Pedrero un adecuado afán completista y descubridor de pequeñas joyas que suelen olvidarse en este tipo de antologías. En ese sentido me ha producido especial disfrute encontrar referencias a películas europeas como Häxan o Vampyr, auténticos pilares del género, así como a otras obras magistrales que no se suelen incluir dentro del género de terror, como Les diaboliques, de Clouzot, la inalcanzable La noche del cazador, de Laughton, El testamento de Dr. Cordelier, de Renoir o El fotógrafo del pánico, de Powell. A lo que hay que añadir que se acuerda de la extraña El Cebo, de Ladislao Vadja, más ligada al thriller pero que, personalmente, me parece una de las obras maestras del género.
A destacar la excepcional documentación gráfica manejada por el autor, que hace de la lectura del libro todo un ejercicio de entretenimiento y regocijo visual, con centenares de imágenes, en algunos casos completamente desconocidas.
De refrencia obligada para los aficionados al género. A ver si vemos algo lejanamente parecido dedicado al cómic de terror algún día… 

Sin miedo

Después de tantos y tan comentados miedos, bueno es reconocer que hay algo que no me da ni un poquito de miedo: señoras y señores, nueva película de Hayao Miyazaki habemus, Ponyo.

Más miedos

Supongo que ya lo habréis visto por toda la red, pero no puedo evitar seguir con mi aburrida retahíla de prevenciones ante las adaptaciones cinematográficas que nos llegan. La verdad es que uno ve el trailer de la película de Snyder y no puede evitar pensar “¡Joder!¡Es Watchmen!”. Pero es, me temo un pensamiento erróneo: realmente lo que estamos viendo son las viñetas de Watchmen, pero no estamos viendo Watchmen. Y me explico: si algo tiene el tebeo de Moore y Gibbons es que es, sin duda, uno de los exponente máximos de lo que significa la narrativa gráfica, lo que realmente es la historieta. No se me ocurre concepto más alejado del lenguaje cinematográfico que esta obra, precisamente porque parte de su magistralidad reside en cómo exprime todos los recursos del arte secuencial. Watchmen es un magistral edificio formal, imponente en todos sus aspectos. Todos y cada uno de sus recovecos tiene sentido en esa concepción global de la narración visual, desde la composición, las entregas mensuales y la puesta en escena a las historias paralelas, todo construyendo una reflexión única sobre el concepto del superhéroe y del propio género. Es un metatebeo en toda su extensión, un tebeo que tiene sentido al reflexionar sobre un género que toma forma y se desarrolla en los tebeos, marcando un antes y un después. Pero con un punto débil: la excusa argumental, a mi entender excesivamente setentera. Un pequeño pero, mínimo, que en el caso de la historieta es casi irrelevante y olvidable: Watchmen es un obra maestra. Sin embargo, en la traslación al lenguaje cinematográfico, toda esa arquitectura majestuosa se perderá por obligación. No por la incompetencia del director, sino por la imposibilidad física de trasponer todos los recursos del lenguaje del cómic al del cine, más en el caso de llevarlos al límite como hacen Moore y Gibbons. Y ahí mi miedo: despojado de la forma, el fondo de la historia toma mayor protagonismo y corre un importante peligro: si Snyder se ha centrado en la trama principal, el resultado puede parecer decepcionante para muchos (“la mejor novela gráfica de la historia”, recordemos que se anuncia). Si Snyder se centra en la reflexión sobre el superhéroe, puede conseguir una película interesante… pero no será Watchmen. Veremos una película interesante, incluso muy buena, pero no será lo que firmaron Moore y Gibbons.

Enlace:
Una entrevista a Moore (Vía Entrecomics, como es obvio) donde expresa la imposibilidad de adaptar su obra al cine y su opinión sobre el 300 de Miller (que coincide bastante con la mía…).

Ya no sé si tengo miedo…

De hecho no sé ni lo que tengo tras ver esto:


Spirit trailer

En efecto, trailer de Frank Miller’s The Spirit habemus. Y recalco lo de “Frank Miller’s” porque las sensaciones son contrapuestas. Por un lado, creo que podemos estar ante un “suceso visual” similar a lo que en su día me sugiró Sin City. Miller es un genio de la narrativa gráfica y visual y su paso al cine está generando una forma nueva de entender la narrativa cinematográfica, creando recursos inexistentes previamente. Con todos los peros que se le puede poner a sacar conclusiones de unos minutos, hay detalles que me parecen tremendatamente atractivos: las texturas gráficas, el uso del color, esa peculiar forma de entender la narrativa dentro del plano por encima de la narrativa de la secuencia (una mezcla real de cómic y cine, no lo que se entiende siempre por poner cuatro viñetas en la pantalla o varias escenas simultáneas)… Pero existe un “pero”. Y bien gordo. Yo no veo al Spirit de Will Eisner por ningún lado. Vale, que sí, que tendré que esperarme a ver la película para juzgar, pero algún guiño al Spirit de toda la vida hubiese sido de agradecer. Y ojo, que reconozco que esto es pataleta: si Miller hubiera hecho lo mismo con cualquier otro personaje de tebeos me la refanfinflaría espectacularmente, pero es que me ha tocado el corazoncito con una de las series de mi santísima Trinidad tebeística. Reconozco pues que, por coherencia, debería aceptar que la traslación a otro medio y otro tiempo implica cambios sustanciales, lo sé…. ¡joder!, ¡pero es que es The Spirit!….
Snifffffff
PD: aunque lo de Lorelei, seamos claros, tiene pinta de intoxicación por los vapores de los líquidos de revelado o algo así…

Imaginadores

Ya comenté que el próximo martes se estrena en Valencia, dentro del festival Cinema Jove el documental Imaginadores, de Daniel Fiore. Un amplio recorrido por la historieta argentina con declaraciones de los principales autores de ese país y animaciones de sus obras más conocidas.
Pues para motivar un poco el que os acerquéis por el Centro Cultural Bancaja a las 22:30, un trailer del documental y una entrevista a la directora:

Tristeza…

Se ha muerto Cyd Charisse.
Para los que no la conocieran, protagonizó el, a mi entender, mejor número de la historia del musical junto a Gene Kelly en la maravillosa Cantando bajo la lluvia, una de mis películas de cabecera.

Y no se la pierdan tampoco junto al gran Fred Astaire en Melodías de Broadway

PD: ¿He dicho alguna vez que soy un apasionado del musical americano?

Nebuloso

De vez en cuando, muy de vez en cuando, los aficionados al terror tenemos una agradable sorpresa: no se pierdan ustedes La niebla de Stephen King. Frank Darabont firma una película con espíritu de serie B cincuentera, con reflexiones interesantes (fanatismos religiosos, situaciones extremas…) y un final demoledor.

Ya me contarán…

Spielberg+Masamune Shirow

Dice Ain’t it cool news que dice Variety que dice Spielberg que quiere llevar al cine el Ghost in the shell the Masamune Shirow. Parece ser que el director quiere rodarla con las últimas tecnologías 3D. Una noticia a priori de lo más interesante, porque la interesante idea de partida del confuso manga de Shirow ganó muchísimos enteros al pasar a la gran pantalla en versión anime. Si se mantiene la coherencia del guión del anime y se le añade la brillantez de Spielberg en la dirección, la verdad es que puede salir una película de lo más interesante… Tiempo al tiempo.

Miedo

Yo qué queréis que os diga… Cada vez que veo nuevas imágenes de la adaptación de The Spirit que está filmando Frank Miller, me entran unos sudores fríos y unos escalofríos que me frigorizan las meninges. Vale, mi lado racional me dice que la adaptación de Sin City era muy interesante visualmente y que no hay que juzgar nunca una obra sin haberla catado, pero es que entre esto:

y esto:

me parece que va un mundo… Y eso que sólo me fijo en el Octopus (o eso de lo que en teoría va disfrazado Samuel Jackson).
Soy de los que siempre han defendido que el lenguaje del tebeo y del cine son muy diferentes y que no se debe ser integrista a la hora de juzgar las adaptaciones, que se pueden y deben cambiar cosas en el trasvase… pero sigo teniendo miedo.

Persépolis, nominada como mejor película de animación

La adaptación del tebeo de Marjane Satrapi no fue nominada a mejor película extranjera pero sí a mejor película animada. De donde se deduce que la habitual equiparación cine de animación = cine infantil, lo sigue siendo también para la academia hollywoodiense. Y es que, sin desmerecer para nada a la estupendísima Ratatouille (una de las películas del año), la categoría de Mejor película de animación de los premios de la academia se sigue entendiendo como la de mejor película infantil. Una lástima, porque el cine de animación merece ya dejar de ser tratado como medio únicamente infantil y el cine infantil dejar de ser considerado como una tontería para niños.

perserata.jpg