Recomendaciones para el salón

Las cosas están cambiando en el tebeo hispano, y uno de los principales síntomas es que la otrora brutal avalancha de novedades salonera se ha convertido en un incremento que aprovecha tanto el salón como las celebraciones del Día del Libro, pero sin llegar ni de lejos a las exageraciones de otros años. Un detalle para el lector, que puede seleccionar con un poco más de tranquilidad y evitar que su bolsillo quede maltrecho durante meses.

Hago una rápida selección de lo más interesante de este salón, comenzando con las que son -a mi entender-, las cuatro novedades imprescindibles:

  • El ala rota, de Kim y Altarriba (Norma Editorial, 23.90€). Extraordinaria contrapartida a El arte de volar, un recorrido sobre el papel de la mujer en la España de la posguerra a través de la figura de la madre del guionista. Un libro del que se debe hablar y aprender.
  • La ternura de las piedras, de Marion Fayolle (Nórdica, 25€). Fayolle es una autora de la que apenas conocemos esa pequeña joyita de surrealista sexualidad que es Las traviesas (Apa Apa). Aquí desarrolla una historia durísima sobre la muerte de su padre, pero que su aproximación convierte en un poema gráfico inesperado, maravilloso.
  • El piano oriental, de Zeina Abirechad (Salamandra, 28€). De esta autora libanesa ya había llegado su El juego de las golondrinas (Sins Entido), una obra interesante con, quizás, demasiada influencia de Satrapi en su planteamiento. Con esta nueva obra rompe toda prevención con un relato ambicioso que habla de la permeabilidad de las culturas, de la fascinación entre Oriente y Occidente, de la ingenuidad ante el mundo y de su propia vida. Un relato apasionante para el que propone un juego narrativo arriesgado lleno de simbolismos en el que la música y el dibujo se unen en pura sinestesia. Entre Ware y Satrapi, Abirechad encuentra un camino propio.
  • Fartlek, de José JaJaJa (Fulgencio Pimentel, 30) Poco sabemos de esta obra, más allá de su voluminoso tamaño de más de 400 páginas. Pero viniendo de José JaJaJa solo se puede esperar un reto continuo al lector, romper con todos los prejuicios narrativos para descubrir nuevas posibilidades del lenguaje de la historieta. Y dejarse llevar por su propuesta.

recomendaciones

Además de estas, muchos tebeos que pueden ser interesantes, apunten ustedes:

  • Presas Fáciles, de Miguelanxo Prado (Norma Editorial, 19.50€). Cualquier nueva obra de Miguelanxo es de lectura obligatoria.
  • Los Dientes De La Eternidad, de Jorge García y Gustavo Rico (Norma Editorial, 25€). Por fin se concluye esta revisión mitológica que el inteligente guion de García convierte en reflexión y la potencia de los dibujos de Rico en espectáculo visual.
  • Una Chica Dior, de Annie Goetzinger (Norma Editorial,  35€) Esperadísima nueva obra de esta maravilla autora, responsable de algunas de mis obras preferidas de los 80 (como la inexplicablemente inédita en castellano La voyageuse de petite ceinture).
  • Little Tulip, de Boucq y Charyn (Norma Editorial, 22€) Nueva reunión de esta pareja creativa, que siempre ha dado buenas obras en el pasado.
  • Mara, de Enric Sió (Trilita, 18€) Necesaria reedición de una obra clave del tebeo español, sin la que no se puede entender la asimilación de los conceptos del cómic de autor que llegaban de la Francia de los 60 y 70.
  • La aventura de Strong, de Martin y Salmon (Trilita, 22€) Un interesante libro teórico sobre una de las revistas más interesantes que se publicaron en los años 60 en España.
  • Soda Integral 1, de Warnant y Tome (Ponent Mon, 36€) Un Thriller apasionante y entretenidísimo, de lo mejor del cómic francobelga de los años 90.
  • Daredevil de Frank Miller y Klaus Janson (Panini, 60€). Un integral con toda la magistral etapa en este personaje de Miller, clave para la evolución del género y, también, del cómic americano.
  • Popeye, ¿Qué es un jeep?, de Segar (Kraken, 35€) Afortunadamente, Kraken continua la edición de este clásico maravilloso del cómic. Uno de los mejores tebeos de la historia.
  • Las Aventuras de Luther Arkwright, de Bryan Talbot (Astiberri, 26€) No se puede entender la ciencia ficción moderna sin este cómic y la fundamental influencia que ejerció sobre una generación de guionistas británicos como Alan Moore, Neil Gayman o Peter Milligan.
  • Malaria, de Jali (Astiberri, 12€) La fantasía de El mago de Oz es transportada al personalísimo universo de Jali en una obra que fascina a cada paso.
  • Como viaja el agua, de Juan Díaz Canales (Astiberri, 14€) Conocemos demasiado al Díaz Canales guionista y muy poco al excelente dibujante. Tengo muchísimas ganas de leer una obra de autoría completa suya.
  • El olor de los muchachos voraces, de Loo Hui Phang y Frederik Peeters (Astiberrri, 22 €). Me declaro fan de Peeters, un autor al que siempre hay que darle una oportunidad.
  • ID., de Emma Ríos (astiberri, 14€) Sabemos ya de la calidad de Ríos como dibujante, pero tengo mucho interés por su faceta de autora completa.
  • El dios Rata, de Richard Corben (Planeta Cómic, 18.95€) Corben vuelve a la fantasía pura, con casi 75 años pero con la potencia de un chaval de 20 en las manos.
  • Paletos Cabrones, de Aaron y Latour (Planeta Cómic, 14.95€) Aaron es un guionista sólido que dejó con muchas ganas de más en Scalped. Su trayectoria siguiente en el mainstream, aunque irregular, siempre ha cumplido con unos mínimos, lo que hace esperar mucho de una obra más personal.
  • Spirou y Fantasio. Integral 1988-1991, de Tome y Janry (dibbuks, 25€). El fandom más duro no supo valorar, en mi opinión, la frescura y atrevimiento de estos dos autores. Una de las mejores etapas del personaje de Rob-Vel.
  • La resistencia 2 (dibbuks) Juanjo el Rápido reúne a un grupo de autores increíble alrededor de esta revista. Muy recomendable.
  • 15 años en calle, de Miguel Fuster. (Chula ink, 19.90€) Integral de esta interesante obra que relata la vida en la calle de su autor, Miguel Fuster.
  • Duerme pueblo, de Nuria Tamarit y Xulia Vicente (La Cúpula, 12€) No hay sorpresa en el debú de estas dos autoras si se conocía su extraordinario trabajo en el fanzine Nimio. Un cuento clásico en su apariencia, pero que va transformándose en una atrevida propuesta.
  • Voltio #1 (La cúpula, 12€) Muchos años después de El víbora, La Cúpula vuelve a publicar una revista con el mismo mordiente. Modernidad, frescura y una apuesta por los autores que darán que hablar en el futuro del cómic español.
  • El día de julio, de Beto Hernández (La Cúpula, 12€). La competición entre los Hernández se iguala: tras varias obras maestras de Jaime, el Beto pone sobre el tapete una obra que recupera el mejor espíritu de Palomar, pero con personalidad propia y diferenciada.
  • Hotel California, de Nine Antico (Sapristi, 19.90) La música se mete en las viñetas y se hace protagonista de un atípico viaje de maduración donde nada será lo que se espera.
  • El guion del cómic, de Gerardo Vilches (Diminuta, 18€) Necesario era que se dedicara un espacio a los guionistas de cómic, siempre en la sombra de los dibujantes. Una obra teórica necesaria.
  • Romance neandertal, de Juarma (Ultarradio, 10) La genialidad de Juarma es paralela a lo salvaje de sus tebeos. ¡Imprescindible!
  • Chiisakobee, de Mochizuki (ECC, 9.95€) Un autor siempre en el límite, que ya demostró su calidad con obras como Fragon Head o MaiWai. Tengo mucha curiosidad.
  • Punzadas de fantasmas, de Junji Ito (ECC, 14.95€) Posiblemente, el mejor autor de terror japonés actual, capaz de plasmar las páginas más desasosegantes.
  • Fuga de la muerte, de Fidel Martínez (De ponent, 20€) Un dibujante excepcional, de una fuerza demoledora, que ofrece con esta su primera obra de autor completo. Hay que darle la oportunidad.
  • Matías y la nube, de Sanfelippo y Palomera (Mamut, 13€) Todo lo que edita Mamut es maravilloso, así que con los ojos cerrados por esta nueva obra.
  • La profecía del armadillo, de Zerocalcare (Reservoir Books, 17.90€) Llega a España la gran revelación del cómic italiano, un autor que aúna crítica y un espectacular éxito de público. Hay que leerlo.
  • Perramus, de Sasturain y Alberto Breccia  (001 ediciones). Por fin está obra maestra en formato integral.

El eterno OuBaPo

[Artículo publicado en el fanzine OuBaPo Los niños de Komodo, 2013]

Si nos atenemos a la historia, el movimiento OuBaPo (acrónimo de Ouvroir de Bande Dessinée Potentielle, Taller de Historieta Potencial) es descendiente directo del OuLiPo que fundaran el matemático François Le Lionnais y el escritor y poeta Raymond Queneau en 1960, un proyecto que pretendía espolear la creatividad estableciendo fronteras infranqueables, restricciones y condiciones que obligaban al autor a imaginar nuevas soluciones formales que abrieran nuevos caminos literarios. Aunque el concepto puede trasladarse a cualquier arte o forma creativa, no parece que exista mejor destinatario que el arte de la historieta para seguir el reto propuesto por las letras. Un arte invisible que tiene en la forma su elemento fundamental, su herramienta básica de construcción de la narración, podría extraer múltiples enseñanzas de la restricción formal, tanto como motivación creativa como por lo didáctico de que podría resultar la búsqueda de los elementos constitutivos básicos de su lenguaje. Dos autores, Lewis Trondheim y Jean-Christophe Menu, y un teórico, Thierry Groensteen, tomaron el guante de construir nuevas reglas para la creación a finales de los 80 y principios de los 90. El resultado forma parte ya de la historia: con L’Associaton como nexo de unión, un nutrido grupo de autores se lanzó a la experimentación oubapiana, a la deconstrucción del lenguaje en sus unidades mínimas para luego armar historias creadas desde un minimalismo compositivo. François Ayroles, Anne Barou, Patrice Killofer o Etienne Lecroart protagonizaron la explosión de un movimiento que tendría en la revista Oupus su portavoz y medio de expresión durante casi 20 años y que todavía hoy proyecta su influencia decisiva sobre autores como Ruppert y Mulot.

Sin embargo, ¿hasta qué punto el OuBaPo es realmente una expresión original en el noveno arte?¿Es realmente una innovación o tan sólo el reconocimiento de una línea preexistente innominada que toma por fin identidad y conciencia de sí misma? La pregunta no es ni capciosa ni baladí: la historieta ha sido un arte que ha nacido y se ha desarrollado desde la restricción formal exógena. El OuBaPo no deja de ser un juego autoimpuesto, unas reglas férreas pero consensuadas desde una libertad creativa absoluta, pero la emancipación de la historieta ha sido un proceso largo y complejo, que ha transitado un camino lleno de espinas. Baste ver las primeras expresiones de historieta en la prensa americana de finales del siglo XIX, que trasladaban la libertad formal de la experimentación fundacional de Töpffer a unas inflexibles condiciones de creación y producción, tanto en el contenido como sobre todo en un continente estrictamente limitado por el espacio que dejaba el periódico. Una restricción que, con el tiempo, se iría consolidando y endureciendo, llegando al límite total con la aparición de la tira diaria. Una línea, apenas un espacio de tres o cuatro viñetas que debían establecer una línea narrativa coherente que podría ser tanto autocontenida como parte de una narración extensa sobre la que debía expresar su independencia y sentido aislado. El lenguaje del cómic se configuró, desarrolló y expandió gracias precisamente a estas condiciones: en un espacio asfixiante, el creador debía contar una historia, establecer una estructura de presentación, nudo y desenlace coherente y sólida. Ante la carestía absoluta de medios narrativos, aquellos creadores tuvieron que establecer la elipsis como la base absoluta de la narración gráfica, la composición visual de las viñetas como una arquitectura narrativa básica que fuese compatible con la estética y con la funcionalidad.

descarga

La historia del cómic es, de momento, el relato de cómo han cambiado esas restricciones. Muchas veces impuestas por los usos sociales, otras simplemente por las limitaciones tecnológicas de la industria gráfica, pero siempre presentes: de la página al cómic-book, con un formato definido y un número de páginas establecido inamovible. De ahí, al álbum, 48 páginas a color con tamaño apenas modificable un par de centímetros. La revista con las restricciones de páginas a color y en blanco y negro, que limitaba a siete u ocho páginas la entrega periódica de la serie…. Cada época ha tenido un formato reinante, una condición de obligado cumplimiento para el autor, que poco a poco veía que su trabajo recibía un reconocimiento social que se traducía en una libertad autoral, pero que siempre tendría la frontera formal como barrera impracticable. Pero todo yugo tiene su fin: tras años de cautiverio, los autores se pudieron liberar de las cadenas de la imposición formal con el avance de una industria que, amparada en la tecnología, da por fin libertad absoluta al autor para controlar continente y contenido. Llega la novela gráfica, un formato liberador en las formas que dinamita tamaños, estilos y grosores. El autor ya no sólo puede contar lo que quiera, puedo hacerlo como quiera. En cierta medida, la historieta ha vivido un eterno OuBaPo, no consensuado ni aceptado, sino dictatorialmente impuesto por la industria y la tecnología, del que despierta por fin en el siglo XXI. Sin embargo, esta libertad lleva consigo retomar el espíritu OuBaPo: ¿puede la total y absoluta libertad creativa hacer que el necesario riesgo creativo se adocene? ¿Puede ser contraproducente el libertinaje creativo? La respuesta es, evidentemente, negativa. La creación precisa de la libertad para su expansión, no se le pueden poner cortapisas. Pero no menos cierto es que la inexistencia de límites en el arte no implica necesariamente la inexistencia de los individuales. Cada autor está marcado por su trabajo y vive y crea bajo los límites de su propia capacidad y esfuerzo. Aceptar y reconocer estos límites es necesario para poder rebasarlos, y la aceptación de retos desde esa libertad completa puede ser una catapulta para el autor, un estímulo infinito para encontrar nuevos caminos. Ahora que la libertad creativa es total, más que nunca, el OuBaPo renace como un instrumento de exploración y descubrimiento. Ya sea con las normas establecidas por Groensteen o, simplemente, como un ejercicio de estilo nacido como reto, la restricción formal es un poderoso motor de creación. Todo vale: desde la imposición temática a establecer que sólo se pueden utilizar determinado número de viñetas, desde jugar con dibujos preexistentes a sólo poder usar un tipo de trazo, desde cambiar el estilo constantemente a imitar otro, desde el juego individual al colectivo. Es un juego en el que los autores aceptan encerrarse ellos mismos en una mazmorra y tirar la llave: y ellos mismos deben descubrir cómo salir desde la constante experimentación. Los resultados pueden ser más o menos brillantes, divertidos o crípticos, conservadores o arriesgados, pero siempre serán sorprendentes, siempre establecerán la base de un nuevo camino a explorar. Y no sólo eso, enseñarán la esencia de un lenguaje, lo descompondrán para comprenderlo o para maravillarse ante una nueva lectura. Y, por eso, el OuBaPo debe seguir siendo eterno.

 

Más información sobre el movimiento OuBaPo:http://neuviemeart.citebd.org/spip.php?rubrique62

Yo soy Bluff

Hoy, 28 de Junio de 2015 se cumple el 75 aniversario del fusilamiento de Bluff y Vicente Carceller. En su memoria, Antonio Martín me ha pasado este texto que reproduzco.

 

75 ANIVERSARIO de la MUERTE del DIBUJANTE e HISTORIETISTA “BLUF”, CARLOS GÓMEZ CARRERA, FUSILADO en el  CEMENTERIO de PATERNA por los hombres del general FRANCO…

Antonio Martin

Quisiera estar hoy, a las 12 de la mañana, en el cementerio de Paterna para rendir recuerdo y homenaje al dibujante “BLUF”….   Pero ante la imposibilidad de estar allí quiero, al menos, dejar un breve y casi improvisado testimonio de admiración y traer al presente su recuerdo…  Al tiempo que condeno, una vez más, tajantemente, la represión que llevó a cabo el franquismo, especialmente entre 1936 y 1951, en el conjunto de los muchos miles de muertes y condenas a prisión con que arrasó y destruyó la Cultura Española… y nos dejó a todos los nacidos después de la guerra huérfanos de nuestra herencia vital, cultura y política.

He trabajado durante años sobre los autores españoles de la historieta y el humor gráfico españoles de las décadas 1920-1930, por su importancia, novedad y alta calidad y sobre todo porque su obra se apartó en general de la historieta infantil para dirigirse a un público lector adulto. Fue la generación o generaciones de K-Hito, Mihura, Tono, Alfaraz, López Rubio, Bellón, Bluff y bastantes más. Alguno de ellos, casi todos, dibujó también en las revistas infantiles de historietas pero su obra más importante quedó en las revistas de humor para adultos.

“Conocí” a BLUFF cuando preparaba mi libro sobre Historia del Cómic español en la segunda mitad de los años 70. Y ya me quedé con su nombre por sus obras primeras. En aquellos momentos sin duda eran mejores y más importantes K-Hito, por maestro, y Mihura, por su experimentación… pero Bluff tenía “algo” distinto que le convertía en un dibujante y autor importante.

bluff.c

Bluff, cuyo nombre civil era Carlos Gómez Carrera, se había dado a conocer, sobre todo, en la revista de humor gráfico Gutiérrez, dirigida por K-Hito, su grafismo recordaba aún a otros autores de los que había aprendido y a la mayoría de los cuales superó muy pronto hacia un estilo propio. Cuando publicó en la revista infantil Macaco demostró que era dueño de un humor muy distinto que compaginaba con obras más complejas como humorista político, siendo lo más destacable de su manera de hacer la libertad su trazo, el uso de las onomatopeyas y de los signos auxiliares en la historieta y cierta frescura gráfica que es difícil de explicar en pocas líneas. Al iniciarse los años treinta, Bluff comenzó a despegarse de la línea del humor absurdo que todos cultivaban en Gutiérrez  (no olvidemos que la revista se editaba durante la Dictadura del general Primo de Rivera) y pronto entró en contacto con las realidad concreta del país.

Durante los años de la II República Española, Bluff publicó mucho en la prensa diaria y en las revistas para adultos con obras de clara intención política de izquierdas. Al iniciarse la Guerra Civil, en 1936 se trasladó a Valencia, donde dibujó para los diarios La Correspondencia de Valencia,Adelante, La Libertad y sobre todo para la revista de humor La Traca, de Carceller.

La revista, primero publicada en valenciano/catalán, después cancelada  y desde 1931 vuelta a editar en castellano/español, nació como revista de humor grueso con muchas gotas, litros diría yo, de humor erótico y anticlerical. Pero en 1931 se reconvirtió y, sin dejar durante los años republicanos su humor anticlerical y de sal gorda, se convirtió en una revista política. Por ello fue suspendida en 1934 por el Gobierno del “bienio negro”, Lerroux, Samper, Gil Robles y tantos más. Para resurgir una vez más en 1936 después del triunfo del Frente Popular en las Elecciones Generales de febrero de aquel año, convertida en un arma de la “guerra de papel” de la propaganda.

Fue entonces cuando de nuevo conocí o “descubrí” de nuevo a Bluff. Como colaborador, como hombre esencial, como maestro de La Traca. A la que convirtió, con la ayuda de Carnicero, Enrique Pertegás, Modesto Méndez Álvarez, Palmer, Soriano Izquierdo, Echea, etc., en una revista en la primera línea de la propaganda de guerra, un arma terrible y temible que hizo befa y escarnio de los generales Queipo de Llano, siempre borracho, y Franco, a quien siempre presentó amariconado y con pluma, además de ridiculizar a los moros que trajo Franco, a los oficiales y al ejército dicho “nacional”, y puso en la picota a Hitler y a Mussolini, como sanguinarios dictadores que “avían” a Franco como a una figura de guiñol, y atacó a John Bull y a cuantas figuras, personas y entes trabajaban para hundir a la República.

De esta manera y junto a los espléndidos carteles republicanos, la revista La Traca se convirtió en la punta de lanza de la guerra de papel que se desarrollaba a la par que los hechos bélicos de la Guerra de España. De todos sus autores y dibujantes destacó por su obra gráfica, por su beligerancia contra el franquismo y por su calidad, Carlos Gómez Carreras Bluff.

Al acabar la guerra con la caída de Madrid, debido al golpe de estado del Coronel Casado con la ayuda de grupos socialistas y anarquistas, Bluff se trasladó a su casa en Madrid, donde fue detenido en abril de 1939 y encerrado en la prisión de Yeserías de Madrid. Después siguió el penoso recorrido por diversos centros de detención y cárceles, del que Eduardo Guzmán dejó testimonio en su novela biográfica Nosotros los asesinos, para finalmente acabar en la Cárcel Modelo de Valencia. En su encierro, Bluff comenzó a colaborar con dibujos, caricaturas y chistes en la revistaRedención “Semanario para los reclusos y sus familias”, creada por el Sistema Penitenciario franquista bajo el lema “la Redención de penas por el Trabajo”…. De lo que ocurrió después he escuchado o leído hasta tres versiones diferentes sobre qué chistes de Bluff, publicados en Redención, y da igual qué chiste o que tira fuera por el que le condenaron a muerte. A mi juicio, Bluff estaba potencialmente sentenciado desde mucho antes por sus feroces caricaturas de Franco y del franquismo.

Tal día como hoy, hace 75 años, el 28 de junio de 1940, Carlos Gómez Carreras Bluff fue fusilado en el Cementerio de Paterna, a veinte minutos de Valencia. Y hoy, a las 12 H. de la mañana, se realiza en dicho lugar un acto en recuerdo y homenaje a Bluff.  No puedo acudir al mismo, por ello: Vaya desde aquí mi dolorido sentir hacia uno de los mejores autores del humor gráfico español.

Y desde aquí, parafraseando a los franceses, afirmo: “Yo soy Bluff…”

Y al tercer año…

… resucitó.

No me hace gracia recurrir a Vizcaíno Casas para poner título a una entrada, pero viene al pelo, qué le voy a hacer: sirva la anterior entrada para decir Diego donde dije Digo y dar por enterrado cualquier intento de separarme de esta cárcel. Vuelvo a la carga. Pero menos. Como bien decía el anuncio, pesan los años, y uno ya no tiene tantos ánimos, pero sí que tengo morriña de hablar de los tebeos que leo. Poco a poco he ido recuperando ritmo de lectura y, aunque nunca será el de antaño, me vuelve a apetecer escribir sobre esos tebeos que leo. Eso sí, con tranquilidad: una o dos entradas a la semana, seguramente a modo de reseña general de las lecturas de la semana o de lo que se me pase por la cabeza, intentando recuperar el espíritu inicial que tenía la web hace ya casi 13 años. Es decir, que nada de noticias, listas de novedades, etc. Para eso sigan ustedes mi twitter, donde vuelco las noticias que voy leyendo o webs maravillosas como Entrecomics.

manos

 

Ale, nos vemos por aquí.

Las mejores lecturas del 2014

La verdad es que, al repasar las lecturas de este año, reconozco que ha sido un año mucho mejor de lo que a priori me parecía. Ha sido un año de grandes tebeos, en el que a mi entender hay que destacar varias cosas importantes. La primera, a saber, las excelentes reediciones de material clásico que se han hecho este año, de las que me gustaría destacar tres en especial: la de Las cosas de la vida, de Lauzier (Fulgencio Pimentel), según mi opinión EL tebeo del año; El bus, de Paul Kirchner (Ninth Ediciones), una delicia tan delirante como surrealista que entra directo en mi memoria sentimental como parte indisoluble del Zona 84 y Cadáver en Imjin, de Harvey Kurtzman (Norma), brutal, contundente, incontestable alegato antimilitarista que se debe considerar como uno de los grandes tebeos de la historia. No hay que olvidar otras grandes reediciones, como la del Dieter Lumpen, de Pellejero (Astiberri), BACO, de Eddie Campbell (Astiberri), el Miracleman de Alan Moore, Gary Leach y Alan Davis (ECC Ediciones), el magistral Popeye, de Segar (Kraken),  Johan y Pirluit de Peyo (Dolmen), Superman: ¿qué fue del hombre del mañana?, de Alan Moore (ECC Ediciones), las ediciones de Toppi y Micheluzzi de Ninth Ediciones, las ediciones de clásicos europeos de Ponent Mon (que este año ha recuperado clásicos como Buddy Longway o Tanguy y Laverdure) o la absolutamente espectacular y completa recuperación del Little Nemo in Slumberland, de Winsor McCay que se ha marcado TASCHEN.

lauzier
Me ha parecido muy importante también la apuesta decidida por la recuperación de los clásicos que están haciendo editoriales como El Nadir (responsable de maravillas como Pioneros del Cómic, Oskar Andersson y otras perlas que anuncian) o Reino de Cordelia (Baron Bean, Little Sammy Sneeze…). Es necesario y obligado recuperar a estos autores clásicos y que estén disponibles para los lectores españoles, aunque hay que reconocer que es casi una labor suicida por parte de los editores, lo que me produce todavía más admiración. Saludo y alabanzas con genuflexión para ellos.
La tercera, que haya podido aparecer un proyecto tan interesante, vital e ilusionante como Viñetas de vida (Intermon Oxfam y Astiberri), más allá de la calidad del tebeo –indudable- o de la importancia del mensaje que lanza la ONG con estas historias, creo que un proyecto de este estilo es un espaldarazo definitivo a la validez del lenguaje de la historieta, a su definitiva integración como medio. Eso que durante tanto tiempo llamaba “normalización” y que, creo, se ha conseguido plenamente.
Y la cuarta, las excelentes páginas de webcómics que están apareciendo. Hoy por hoy, soy adicto a varias páginas donde, creo, se están cociendo los autores y autoras que tendrán nombre en el futuro del medio. TikTok Comics , Parias Comix , y Grandpapier son visitas diarias obligadas. Ojo, que algunas de las historietas más brillantes se están publicando allí.

Pero vamos a mi listado particular de “Lo mejor del 2014”. Un listado, por supuesto, personal, subjetivo, intransferible y, claro limitado. Es, simplemente, el listado de “lo mejor que he leído” de las novedades aparecidas durante el 2014.
Pongo la lista y luego comento:

1 Arsène Schrauwen I y II, de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel)
2 Cowboy Henk, de Kamagurka y her Seel (Autsaider)
3 Vivíamos entre las flores, de Seiichi Hayashi (en Terry, Fulgencio Pimentel)
4 Historias de Barrio 2. Caminos, de Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí (Astiberri)
5 Las meninas, de Santiago García y Javier Olivares (Astiberri)
6 100 pictogramas para un siglo (XX), de Pere Joan (Edicions de Ponent)
7 Yo, asesino, de Antonio Altarriba y Keko (Norma Editorial)
8 Fabricar Historias, de Chris Ware (Random House)
9 El culto Charles, de José Ja Ja Ja (Fulgencio Pimentel)
10 Vampir 2, de Joann Sfar (Fulgencio Pimentel)
11 Inercia, de Antonio Hitos (Salamandra Graphic)
12 La entrevista, de Manuel Fior (Salamandra Graphic)
13 La enciclopedia de la tierra temprana, de Isabel Greenberg (Impedimenta)
14 Tiempo de canicas, de Beto Hernández (La Cúpula)
15 Aâma 4, de Frederick Peeters (Astiberri)
16 Habitaciones Íntimas, de Cristina Spano (Bang)
17 Kiosco, de Juan Berrio (dibbuks)
18 La gran guerra, de Joe Sacco (Random House)
19 Serie B, de Andrés G. Leiva (dibbuks)
20 Murderabilia, de Álvaro Ortiz (Astiberri)
21 En silencio, de Audrey Spiry (Diábolo)
22 Dossier negro, de Alan Moore y Kevin O’Neill (Planeta)
23 La técnica del perineo, de Ruppert y Mulot (Diábolo)
24 Extraños, de Javier Sáez (Sexto Piso)
25 Ikea Dreammakers, de Cristian Robles (deHavilland)

arsene

 

Inicio la lista con el que, a mi entender, es el mejor tebeo del año: Arsène Schrauwen. Los dos volúmenes editados (exquisitamente) por Fulgencio Pimentel muestran una obra rompedora, diferente, que exprime el lenguaje simbólico del cómic para componer un discurso donde el pasado toma forma de presente y los recuerdos se convierten en materia dúctil y maleable en las manos de Schrauwen. El uso del color, de la composición… se puede estar hablando de esta obra horas y seguir descubriendo nuevos detalles y matices. Después, todo un clásico del underground europeo, Cowboy Henk, puro surrealismo vestido de inocente tintinismo que esconde en sus páginas verdaderas joyas del absurdo cotidiano, que explotan cruelmente a la luz de la literalidad. La antología Terry (Fulgencio Pimentel) debería ser, en sí misma, un acontecimiento, pero me vais a permitir que me quede con Vivíamos entre las flores, un relato de melancolía pura, minimalista en su concepción narrativa pero demoledor en el sentimiento que provoca. Pura poesía visual de una belleza devastadora. Los puestos 3 y 4 me suponen un trauma. Esto es lo de papá y mamá. ¿Qué me parece mejor, la brutal sinceridad de Historias de Barrio 2 o la inteligente disección del arte de Las meninas? Qué queréis que os diga: Seguí y Beltrán por un lado y Olivares y García por el otro han conseguido dos obras profundamente distintas, pero coincidentes en su magistralidad. Hoy me decanto por ese camino de mujeres que plantea Beltrán con honestidad visceral, pero mañana puedo decantarme por la lúcida aproximación a la mirada del artista que crean Olivares y García. Son dos tebeazos, como también los es el sorprendente 100 pictogramas para un siglo (XX), que vuelve a demostrar la infinita inteligencia de Pere Joan y su endiablada habilidad para examinar las posibilidades del medio e ir un paso más allá. Y otro tebeo español brillante: Yo, asesino, donde Antonio Altarriba firma un guion casi perfecto, todo un ejemplo de reflexión que Keko borda hasta conseguir una obra realmente escalofriante. Y que se permite dar unas sonoras bofetadas al actual sistema universitario que, reconozco, me han encantado y comparto.

varios1

 

 

Lo de Chris Ware con Fabricar Historias es increíble. En lo formal, su repaso a la historia del medio me parece que crea una propuesta tan atrevida como formalmente inalcanzable, que dará miles de páginas de estudio. Sin embargo, reconozco que la historia que plantea no me ha llegado tanto como otras obras suyas, lo que no quita que sea un extraordinario tebeo/caja/loquesea. Otro patrio para la lista: El culto Charles, de José Ja Ja Ja, un tebeo que desató polémica en su día pero que a mí me ha fascinado por lo desvergonzado y fresco de su propuesta, que es capaz de tomar préstamos de aquí ya allá para hilar un discurso nuevo y sugerente. Ojo, que José puede ser el nuevo Ware. De Joann Sfar poco se puede añadir. A mí me tiene ganado y Vampir 2 me parece una delicia que sabe moverse en un romanticismo de encantadora ingenuidad pero profundamente irónico. Inercia, de Antonio Hitos es el gran debut del año. Un joven autor que ya tenía trayectoria en la última etapa de El Víbora pero que se descubre con una de las reflexiones más acertadas sobre la situación de la juventud actual, contada con riesgo y atrevimiento formal. De Manuel Fior sigo enamorado: es capaz incluso de sorprenderme con una historia de ciencia ficción que rompe todos los esquemas como La entrevista. Una de las sorpresas del año ha sido, sin duda La enciclopedia de la tierra temprana, de Isabel Greenberg. Todo un homenaje a la fabulación, a la capacidad del ser humano de crear y, sobre todo, contar historias. La autora es capaz de reunir religión, mito y leyenda con el cuento y la fábula, creando una historia tan hermosa como subyugante. De Beto poco se puede decir ya, pero Tiempo de canicas es una genialidad que consigue un retrato de la infancia y juventud insuperable. Casi nada. Peeters ha firmado en Aâma la que a mi entender es la mejor historia de ciencia ficción de los últimos años. Y lo hace con inteligencia, revisando y homenajeando el género desde Gillon hasta Moebius, con una historia que tiene matices a de Jodorowsky pero que consigue triunfar donde precisamente fallaba el mexicano, en un final redondo y perfecto. Habitaciones Íntimas, de Cristina Spano ha sido una de las sorpresas del año, una obra delicada e íntima, como su nombre indica, que une la memoria con los lugares, con los espacios. Kiosco, es Juan Berrio. Y con eso debería estar dicho todo, porque Berrio es uno de los autores más personales que tenemos y garantía de una obra encantadora, como es esta. La gran guerra es uno de esas obras que pone el lenguaje de la historieta al límite. Joe Sacco ha realizado una versión moderna del tapiz de Bayeaux con sutiles diferencias formales que lo trasladan completamente al noveno arte, tejiendo un mensaje antimilitarista categórico. Andrés G. Leiva se prodiga, por desgracia, poco. Eso sí, cuando reaparece hace gozadas como Serie B, un inteligente homenaje a la cultura popular, al cine de barrio y a esas historias tan extrañas como fascinantes que poblaron las películas y novelas de los años cincuenta. Álvaro Órtiz sigue camino firme y Murderabilia es la confirmación de un autor que nunca decepciona, con una historia de horrores cotidianos, de la fascinante atracción de lo morboso. El tratamiento del color de Audrey Spiry en En silencio debería bastar para colocarla en cualquier lista, pero es que además la historia que narra me ha parecido excelente, una reflexión sobre las relaciones humanas atractiva con una naturaleza salvaje de telón de fondo. Del Dossier negro, de Alan Moore y Kevin O’Neill poco se puede decir: el pastiche elevado a la categoría de arte, la relectura de la cultura popular como objeto de deseo. Divertidísimo. La técnica del perineo, puede no ser lo mejor de Ruppert y Mulot (galardón que se debe llevar, a mi entender, la sensacional Irene et les clochards), pero pese a no transitar por los caminos de la experimentación formal extrema, su reflexión sobre el sexo en los tiempos de internet me parece interesantísima. Y para acabar dos sorpresas de autores españoles: Extraños, de Javier Sáez es una fascinante excursión al lado oscuro de la imaginación humana mientras que Ikea Dreammakers, de Cristian Robles es un implacable análisis del capitalismo de diseño sueco con ecos gráficos de Hora de aventuras.

varios2
Estos serían los 25 que más me han gustado. Hoy, mañana no sé. En cualquier caso, un año con una cosecha patria extraordinaria (¡11 de 25 en la lista!) y con una lista de buenos tebeos que no se acaba ahí. Han salido otros excelentes tebeos como El caso Maiakovski, de Laura (Luces de Galibo), Versus, de Luis Bustos (Entrecomics), Nosotros llegamos primero, de Furillo (Autsaider); Yo, René Tardi, de Tardi (Norma), Planeta Tierra, de Aisha Franz, Orlando y el juego, de Luis Durán, Aquél verano, de Jillian Tamaki y Mariko Tamaki (La Cúpula), Black ParadoxGyo, de Junji Ito (ECC), Trabajo de clase/Nuevos Románticos de Ana Galvañ y Marc Torices (apa apa), Putokrio, de Jorge Riera y VVAA (Edicions de Ponent), Vida y opiniones de Tristam Shandy, caballero de Martin Rowson y Laurence Sterne (Impedimenta), Alabaster, de Tezuka (Astiberri), Lo primero que me viene a la mente, de Juaco Vizuete (Astiberri), Mi amigo Dahmer, de Derf Bacder (Astiberri), Las guerras silenciosas, de Jaime Martín (Norma), Degenerado, de Cruchaudet (dibbuks), La gigantesca barba que era el mal, de Stephen Collins (La Cúpula), I’m a hero de Hanazawa (Norma) o Los últimos días de un inmortal, de Vehlmann y De Bonneval (Ninth).
Sin olvidar que 2014 ha sido el año en que, creo, me he reconciliado con los superhéroes: hacía años que no me lo pasaba tan bien leyendo tebeos de este género. Y la culpa hay que echársela al Hawkeye de David Aja y Matt Fraction, el Hulka de y Pulido y Soule, el FF de Allred y Fraction o el Silver Surfer de Allred y Slott.
No me gustaría acabar sin hacer una recomendación de algunos tebeos infantiles deliciosos. Dedico mucho a buscar tebeos para mi hijo que no sean simples franquicias de series de televisión y, cada vez más, creo que la labor de las editoriales que apuestan por hacer tebeos para este segmento de edad es encomiable. De los que he leído este año con mi crio, me (nos) ha(n) encantado el Hilda y el trol de Luke Pearson (Bárbara Fiore), ¡Super Jaime! de Verónica Álvarez y Daniel Martínez de Leiva (La tribu), todos los títulos de Mamut de Bang! y dos reediciones maravillosas: Boro, Moro y Puromoro, de Toni Cabo (Ponent) y el clásico Mumin de Tove Jansson (Coco Books).
Y ya está.

Paco Roca

(Entrevista realizada en enero de 2011 y publicada en la Revista Laraña de Sevilla en 2011, aprovecho el estreno de la película de Arrugas para recuperarla. Como veréis es una entrevista muy informal, pensada para un público muy generalista.)

ENTREVISTA A PACO ROCA

La entrevista no puede tener mejor fondo: en la pantalla del ordenador, la portada de Laraña que está haciendo Paco, rememorando la mítica del primer Tío Vivo en una versión realista, al estilo de lo que Alex Ross hizo con Kirby.

Comencemos por el principio: ¿dónde nacen las ideas?
Pues la verdad es que es complicado. Por lo menos llegado el momento en el que estoy ahora, que creo que no es que cada vez tenga menos libertad, pero que te planteas las cosas de una forma diferente. Las ideas nunca sabes bien de donde salen, pero al final todas las ideas son como un reciclado de todo lo que nos rodea y vivimos, desde una película, un libro que has leído, un artículo… cualquier cosa. La reciclas y, llegado el momento, más o menos como el de ahora, haces una selección. Yo creo que ya no llegas a hacer todas las cosas que quisieras si no las cosas que crees que tienes que hacer, por diferentes motivos, por ventas, y más o menos por lo que ya es tu línea. En un principio me gustaba mucho la aventura, me gustaba el género, el fantástico y demás, pero poco a poco te vas desmarcando. Es algo que me sigue gustando mucho y me gustaría hacer una historia así, pero creo que ahora no encaja, empiezas a tener un tipo de público como muy general. Al principio cuando hice El juego lúgubre o Hijos de la Alhambra todavía no tenía ningún público y yo hacía lo que quería, ahora me apetece hacer otro tipo de cosas  incluso, pero piensas que a estas alturas hacer este tipo de cosas no te llevan a ningún lado. Yo creo que el tener más lectores cada vez te va delimitando más el abanico de ideas.

Es paradójico: cuando llegas al estatus del “creador” pierdes libertad, cuando debería ser al contrario, ¿no?
Sí, ganas libertad en el sentido de que se abren muchas más puertas y, en teoría, nadie te replantea las historias que haces, pero tú mismo te las planteas porque te da más miedo hacer ciertas cosas o cambiar de registro. Yo lo intento, pero siempre dentro de una misma línea para un mismo tipo de público determinado. Es verdad que contra más lectores tienes, pierdes un poco de libertad creativa. Cuanto más tienes, más miedo da perderlo.


Continue Reading →

Del libro al e-book

La charla que impartí en la pasada Jornada de Ilustración Gráfica organizada por APIV en marzo de 2011: Del libro al e-book: crónica de una transición digital y propuestas ante una revolución en la distribución de contenidos digitales
Por si a alguien le interesa…

charlaapiv

Taller de cómic en Castellón

El lunes 17 de octubre a las 18:00h arranca una nueva edición del Taller de Cómics organizadas por por la Universitat Jaume I desde su Aula de Cinema i Creació Juvenil y el colectivo comiCS (Cómic Castelló). El taller conta de 40 horas y se desarrollará hasta el 22 de diciembre en la Universitat Jaume I. El curso estará impartido por el dibujante profesional Sergio Abad de Edición Limitada Estudio que actualmente esta trabajando para editoriales tanto en Europa como en el mercado estadounidense.
Continue Reading →

Encantador

Ayyyy, en estos tiempos de efectos especiales digitales hiperrealistas, en el que cualquier detalle imaginado es factible de ser puesto en pantalla, en 3D y con sensorround, esta imagen del Batman de los 60 me parece encantadora y entrañable…

(Vía quadrinhos)

Informe sobre ciegos

Ser dibujante de tebeos de terror debe ser deprimente. No por nada, no es cuestión de consideración peyorativa sobre el género (que la hay, seguro) o de la sempiterna cuestión de las miserias del que afila lápices para dibujar (que las hay, y a toneladas). Es algo tan simple como impotencia. Me imagino al señor o señora dibujante o dibujanta delante de la página, intentando trasladar esa experiencia cinéfila de escalofrío gélido que va agarrándose a la columna y que explota finalmente en un aterrador susto que nos hace saltar del asiento, ese clima de terror tensionado, de nerviosismo ansioso ante la siguiente imagen… Y claro, también me imagino al pobre dibujante o dibujanta poniendo velitas por tener a mano una sala oscura, una banda sonora de chillones y estridentes violines y el control férreo de los tiempos para que el lector, obediente, pase de viñeta única y exclusivamente cuando se le indique. Pero, ¡ay!, dura es la vida del dibujante o dibujanta o dibujanto, porque el lector resulta ser caprichoso y lee el terrorífico tebeo con halógenos de 2000W y gafas de sol, con música de Parchís y antes de pasar la página, esa que escondía un impactante y terrorífica doble-página destinada a hacerle saltar por los aires, se va a echarse una meadilla ante la presión de la fresquita cerveza que se estaba tomando. Y si esto me lo imagino yo, piensen ustedes en la cara del dibujante/a/o/u/i ante la página en blanco, pensando en lo mismo: terminará dibujando ositos amorosos, que por lo que le pagan es lo mismo. 
Pero no. Resulta que es posible trasladar el terror al papel. A viñetas exactamente. O por lo menos, hay un precedente claro. O una excepción: Alberto Breccia. 
Mira que uno ya está baqueteado en esto de las lecturas terroríficas, pero sigo teniendo grabado a fuego el día que leí dos historias de Breccia, dos adaptaciones: La gallina degollada de Quiroga y El corazón delator de Poe. Aparecían en el Biblioteca TOTEM de El Eternauta, una espléndida versión inacabada de la genial creación de Oesterheld, como algo casi sin importancia, como un relleno más. Pero oigan, qué relleno. Era dos historietas que jugaban con ese expresionismo brutal del claroscuro rotundo para crear una tensión y un ritmo únicos, para romper todas las reglas del juego: el dibujo, antes pasivo ante el lector, toma las riendas y le marca los tiempos. Era algo increíble: en una secuencia sin precedentes (Krigstein, quizás, se acercaba), cuatro viñetas se repetían incesantemente. Un solo cambio: una onomatopeya cada vez mayor. Un único resultado: nuestros propios latidos se acompasaban frenéticamente al ritmo de lo ficcionado, se transformaban en ansiedad y sentíamos ese escalofrío primordial y atávico incomprensible que es el miedo. Y lo mismo para La gallina degollada, en la que de nuevo la imagen repetida y esa palabra ROJO, marcada a fuego tipográfico saliendo de bocas mudas y de unos ojos perdidos consigue espantar hasta lo impensable. Breccia había captado la esencia del terror, no necesitaba de ritmos, músicas ni efectos. Sólo necesitaba crear miedo y espanto. Era lógico que fuese, también, el único dibujante capaz de traducir a dibujos la prosa de Lovecraft. Esos monstruos ignominiosos que se desplazaban por geometrías imposibles con formas y colores inhumanos encontraron en las aguadas y los efectos de Breccia el cómplice ideal, llevando el expresionismo al límite del impacto visual ante el lector, usando luces y sombres para insinuar y sugerir, para ir deslizando lentamente un estado de ánimo, un cúmulo de sensaciones, una alucinación gráfica que se tornase tangible, que erizase todos y cada uno de los pelos del cogote. 
Pero donde quizás ese terror se hace más palpable es cuando Breccia se atrevió con Sabato y su Informe sobre ciegos, un relato magistral sobre el camino que lleva a la locura que deja siempre pequeños flecos a la reflexión, a la duda sobre esa sociedad atenazante y mutiladora del individuo que nos rodea. Manteniendo ese espíritu – y perdóneseme la herejía-, Breccia multiplicó la eficacia de la pluma de Sabato hasta el infinito, extrayendo del relato original la esencia del terror, de ese miedo a lo desconocido que lleva del delirio y la paranoia a la pura locura. De golpe, los miedos atávicos y primordiales de Lovecraft toman sentido y forma, como parte oculta de la mente humana que puede aparecer proyectada en cualquier esquina. Nuestra psique se intenta proteger de lo desconocido, de aquello que nos perturba transformándolo en señal de peligro, de algo a evitar ante todo y sobre todo. Sin embargo, como bien demuestra el personaje de Fernando Vidal, aquello que nos atemoriza nos fascina, nos impulsa a seguirlo pese a la amenaza de destrucción. Y Breccia borda esa avalancha de sensaciones contradictorias, de elementos que nos inquietan y nos atraen a la vez, siempre con ese juego magistral de sus aguadas, con la insinuación de sus contrastes, con formas imposibles que la razón no reconoce pero el subconsciente acepta como parte de sus recuerdos más olvidados, dinamitando las conexiones entre imaginación y realidad para conseguir dibujar la esencia del terror.
Aprovechen ustedes la edición de Astiberri y no se pierdan esta obra maestra del viejo Breccia.

Japón

Las imágenes del desastre de Japón son terribles, pero no puedo evitar la macabra sensación de haberlas visto cientos de veces… Hace poco leía en twitter a los de 13 millones de naves con idénticas sensaciones: Akira, Breakdown, Jacarandá, Dragon Head, Aula a la deriva… Hemos visto en los cómics mil veces el efecto de la devastación en el país del sol naciente.
Una inquietante sensación de déjà vu… y extraña obsesión de un país que sueña continuamente con la pesadilla de su destrucción.

Los premios de Angoulême

– Premio de la BD alternative: “L’arbitraire”
– Premio del Patrimonio: Attilio Micheluzzi (a ver si alguien se anima a publicar en España obras suyas, como esa joya que es Bab-El-Mandeb)
– Premio Revelación: La Parenthèse, de Elodie Durand y Trop n’est pas assez, de Ulli Lust (que ya se había adjudicado el premio Artémisia 2011 de la bd femenina)
– Premio de la audacia: Les noceurs, de Brecht Evens
– Premio Mirada al mundo: Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco. Lógico, esperado y merecido.
– Premio Intergénération: Pluto de Naoki Urasawa
– Premio a la mejor serie: Il était une fois en France T. 4, de Fabien Nury y Sylvain Vallée
– Premio especial del jurado: Asterios Polyp, de David Mazzucchelli
– Premio del público: Le bleu est une couleur chaude, de Julie Maroh
– Fauve d’or al mejor álbum: Cinq mille kilomètres par seconde, de Manuele Fior ¡Sorpresa!
Y ya es oficial: Art Spigelman, Gran Premio de Angoulême.

Sorteo Apa Apa Cómics

Pues finalizado el plazo del sorteo, recontados los mail y borrados los repetidos, el sorteo se hace por generación aleatoria mediante MATLAB de 3 números entre el 1 y el 584. And de güiners ar:
Rocío Stevenson Muñoz (Alcalá de Henares)
Emilio José Padrón González (A Coruña)
Victor Miguel Ocón Ramos (San Vicent del Raspeig)
En breve la editorial os hará envío de vuestro premio. ¡Enhorabuena!

Tezuka

Ayer Osamu Tezuka hubiera cumplido 82 años. Una buena ocasión para hablar de su figura, más cuando Planeta DeAgostini ha editado a todo lujo una de sus (muchas) obras maestras, Adolf. Recupero un antiguo artículo que escribí para la revista Trama en 2004:

Setecientas obras, más de ciento cincuenta mil páginas. Son los números que definen de forma fría y aséptica la producción de un sólo autor. Unas cifras mareantes, casi imposibles de imaginar si las comparamos con las realizadas por cualquier autor español o, incluso, por la suma de todos ellos. Más sorprendente se podría considerar todavía que el porcentaje de esas obras que puede merecer el adjetivo de “maestra” es altísimo, sin que prácticamente ninguna de ellas no tenga algún aspecto destacable. Datos espectaculares de un clásico mundial de influencia decisiva que hacen casi increíble que hasta hace apenas unos años, Osamu Tezuka, el padre del manga, era un total desconocido en nuestro país. Afortunadamente, en los últimos años estamos asistiendo a una explosión de publicaciones de su obra que puede permitir al lector español conocer y admirar a este autor imprescindible.
Tezuka, el revolucionario
Tras la II Guerra Mundial, el manga japonés seguía los rígidos esquemas de los clásicos emonogatari (relatos ilustrados) que derivaron en los periódicos en el koma-manga, historietas de cuatro viñetas que copiaban el formato en las comic-strips americanas que habían inundado los periódicos japoneses desde principios de siglo. Su concepción era más próxima a la ilustración o al humorismo gráfico que a la narración visual, muy influenciada, lógicamente, por la tradición gráfica japonesa. Los autores de éxito del momento seguían esta tradición de forma casi religiosa y pocas licencias eran permitidas a los jóvenes que intentaban abrirse camino en ese mundo. Cuando el joven estudiante de medicina Shigeru Tezuka comenzó a colaborar bajo el pseudónimo de Osamu en el en el magazine Mainichi Shogakusei Shinbun con la obra Ha-chan’s Diary (1946) seguía de forma pulcra los cánones del koma-manga. Un debú clásico que apenas hacía presagiar el éxito arrebatador que le esperaba apenas un año después con una obra que se atrevía a romper todos los esquemas preconcebidos y traicionales de la narración gráfica japonesa. Shintakarajima (“La nueva isla del tesoro”), revolucionaba en 1947 el mundo del manga incorporando una narrativa absolutamente nueva y distinta. Maravillado por el mundo occidental, Tezuka se había empapado de los dibujos animados de Walt Disney y los Fleischer (Popeye, Betty Boop…), de los cómics americanos de prensa, del cine de Hollywood, de la literatura europea, una amalgama de influencias que cristalizó en La nueva isla del tesoro. La obra supuso un shock instantáneo no sólo para el público japonés, sino para los autores japoneses. Un jovencillo de apenas dieciocho años había abierto un camino nuevo, que anunciaba formas distintas de entender el manga. Un punto de partida que la inagotable capacidad investigadora de Tezuka convirtió casi en una costumbre, en una manera de abordar la creación que le acompañó el resto de su vida.

Tezuka, el renovador.
Si su primera obra rompía moldes, las siguientes volvieron a ser piedras miliares no sólo del manga, sino de la historia del cómic mundial, renovando géneros, formatos y formas de entender la historieta. Tras el éxito de su primera obra, Tezuka se introdujo en la la ciencia ficción con la trilogía de los Mundos Antiguos (Lost World (1948), Metrópolis (1949) y Next World (1951)) abordando un género poco trillado por el manga. Tezuka firma una apasionante saga en la que las influencias de obras occidentales como el Metrópolis de Fritz Lang, el Flash Gordon de Raymond o los clásicos de Verne se mezclan de irrepetible. Como buen espíritu inquieto, dio un giro de 180º y de la ciencia ficción y los clásicos de la literatura pasó a adentrarse en la jungla salvaje con Jungle Emperor Leo (1950-54), la historia de un león nacido entre humanos y que reclama su puesto como rey de la selva. Una obra que supuso el reconocimiento absoluto para su autor y que años después sería la inspiración evidente de la famosísima película «El Rey León» de Disney.
Pero no contento con renovar géneros clásicos con títulos que, por sí solos, le darían lugar en la historia del tebeo, Tezuka llegó a crear géneros propios dentro del manga sin los que es imposible entender hoy en día la historieta japonesa. En 1951 inicia Captain Atom, una versión moderna del Pinocho de Collodi en la que un científico se fabrica un hijo cibernético de cien mil caballos de potencia y poderes increíbles. La serie es un éxito arrollador y pronto pasa a denominarse Tetsuwan Atom (aunque es más conocida en Occidente como Astroboy), desatando la pasión por los mangas de ingenios mecánicos (el mecha-manga). Apenas unos años después, realizaba Ambassador Magma (1965), las aventuras de un gigantesco robot controlado por un niño en el que se avanzaba a toda la moda de robots gigantes como Mazinger Z.
Dos años después de la creación de Astroboy, un nuevo cambio radical de rumbo le lleva a crear una comedia romántica Ribon no Kishi (1953) (“La princesa Caballero”), una historia de princesas escondidas y amores imposibles que desata pasiones entre las niñas niponas, siendo justamente considerada como el primer shojo-manga o manga de género femenino, germen de un fenómeno propio el mercado japonés: el altísimo porcentaje de mujeres consumidoras de historieta.
La lista de ejemplos donde Tezuka se adelantó a su tiempo no queda ahí. Se adentró en el género histórico con adaptaciones de relatos tradicionales japoneses como la leyenda del Rey Mono (Son Goku the Monkey, 1952), un cuento que en los noventa saltaría a la fama gracias a la versión de Akira Toriyama (Dragon Ball), deudora en muchísimos aspectos de la interpretación de Tezuka; adaptó la vida de Buda (Buda, 1972) en una larguísima obra de casi tres mil páginas en la que hace un recorrido de la mítica vida del fundador de la religión budista. Incluso en sus últimos años se introdujo en la tempestuosa transición entre el periodo Edo y el Meiji con Tezuka’s Ancestor Dr. Ryoan (1981).
La fantasía más pura tuvo también su oportunidad en la obra de Tezuka, protagonizando la que es llamada la obra de su vida, Hi no Tori (Fénix) (1967-1989), una monumental obra que parte del mito del ave Fénix para contar historias tradicionales japonesas y, paralelamente, realiza un estudio de la naturaleza humana tan excitante como soberbio.
Nada se escapaba a la capacidad innovadora de este autor. Incluso aprovechando sus conocimientos de medicina, inventó un género de historias médicas a medio camino entre el thriller y la denuncia social de la que serían máximos exponentes Oda a Kirihito (1970), la odisea de un médico enfermo de una terrible enfermedad deformante y Black Jack (1973-1984), las aventuras de un excelente cirujano que ofrece sus servicios al mejor postor. Una denuncia social que se descarnaría y alcanzaría sus máximos extremos en dos obras magistrales: Ayako y Adolf.

Tezuka, el humanista
El movimiento gekiga, nacido a finales de los 50, planteaba que los mangas tocasen temas de la calle, realistas, que hablasen de los problemas de la gente. Muchos de los autores que siguieron este estilo veían precisamente en Tezuka un ejemplo a no seguir, quizás fijándose más en su estilo gráfico de grandes ojos y espíritu infantil que en el claro y abierto compromiso del autor con sus ideales. Hombre de profundo humanismo y abierto de miras hacia el progreso, usó todas y cada una de sus obras como tribuna desde la que hablar acerca de sus inquietudes, siempre desde una perspectiva radicalmente opuesta al conservadurismo social imperante en Japón. Incluso obras aparentemente infantiles esconden una segunda lectura en la línea de sus ideas. Así, Astroboy no deja de ser una parábola sobre la importancia de la ciencia y la tecnología en un Japón que apenas salía de las terribles consecuencias del uso violento de la energía atómica. Un mensaje de apertura que sigue siendo válido en casi toda su obra, tanto en las historias de género fantástico o de ciencia ficción como en cualquier otra. Tezuka cree firmemente en la necesidad de abrirse a un futuro que no puede tener anclas en una tradición ancestral, pero donde sus ideas logran un protagonismo absoluto en sus obras más adultas. Ayazo (1972), por ejemplo, puede resumir perfectamente toda su ideología. En las casi seiscientas páginas de esta obra, Tezuka es capaz de hacer un radiografía exacta y rigurosa de la situación creada en el Japón que salió derrotado de la II Guerra Mundial, transmitiendo de forma cristalina los sentimientos de un pueblo que se debatía entre las miserias y las mafias que buscaban dominar el país. Paralelamente, Tezuka ataca los atavismos feudales de una sociedad que sigue anteponiendo las tradiciones a las libertades individuales, contando la historia de la joven Ayako encerrada por sus padres para evitar el deshonor. Una durísima obra en la que no hay ganadores sino únicamente perdedores, un lugar donde la visión del autor es desagarradoramente pesimista, sin atisbo alguno de piedad hacia ninguno de los protagonistas. Con una endiablada capacidad consigue que cada personaje es un paradigma de cada uno de los males que, según él, atenazan a una sociedad anclada en el pasado, creando víctimas del odio, la envidia, la ambición o la ignorancia.
Un compromiso con el humanismo que reflejó claramente en Fénix, la obra que desarrolló durante casi treinta años haciendo un repaso a las pasiones humanas, a todos los defectos y virtudes del ser humano, reflejados en el mito de la resurrección, del fuego reparador que es capaz de consumir y volver a lanzar desde sus cenizas a un ave de belleza incomparable. Una creación inmensa, que recuperaba en diferentes momentos de su vida y que iba recogiendo una evolución personal en la que no había pasos atrás y que se resumió en una obra final magistral, exponente perfecto del camino recorrido anteriormente.
Adolf (1983) es la historia de tres hombres que comparten nombre pero siguen destinos bien diferenciados. Con la excusa argumental del supuesto origen judío de Adolf Hitler, Tezuka trama una complejísima historia donde dos niños, Adolf Kamil y Adolf Kauman, siguen caminos bien diferentes, ejemplificando la deriva del pueblo alemán atraído por el nazismo y la implacable persecución judía. Pero de nuevo, tras una milimétrica estructura narrativa, encontramos una historia de honda humanidad, que habla de amistad y de la verdadera naturaleza de las emociones humanas.

Tezuka, narrador visual
Tanto la vanguardia como el compromiso de este autor se sustentan en una capacidad artística casi inhumana. Si su estilo gráfico, deudor de la animación americana de los años 30, permaneció casi inmutable durante sus cuarenta años de profesión, su narrativa es toda una enciclopedia de recursos del arte secuencial. Cada una de sus obras descubre una cuidada planificación, una elección de perfectos encuadres que, en muchos casos, se avanza décadas a lo que luego se vería en el mundo del cómic. Conocedor como pocos de las tiras de prensa clásicas americanas de los años 20 y 30, Tezuka incorpora a sus obras un dinamismo y un sentido de la narrativa único. Incluso en obras menores como Crimen y Castigo (1953), la adaptación del clásico de Dostoievski, encontramos ejemplos de la capacidad narrativa de este autor: escenas que transcurren en tres pisos diferentes compuestas en paralelo sin que el lector sea consciente de la complejidad de la planificación de la escena, tan sólo del flujo narrativo natural.
En todas sus obras Tezuka consigue imprimir velocidad y dinamismo a la acción y pasar sin solución de continuidad a escenas dialogadas con una naturalidad aplastante, influida en muchos casos por los grandes clásicos cinematográficos tan del gusto del autor. Una característica que pasa a menudo desapercibida para el lector demostrando precisamente la grandeza de la narrativa de Tezuka: conseguir llevar al espectador allá donde él quiere, ralentizando o acelerando su ritmo de lectura según las necesidades de la narración.
Y todo, basando en el dibujo toda la fuerza narrativa, despojando las viñetas de textos redundantes y expresando gráficamente todo aquello que otros autores anteriores perdían en textos infinitos, enfatizando al máximo el concepto de arte secuencial.

2004, el año de Tezuka
Paradójicamente, el conocimiento de Tezuka en nuestro país ha sido inversamente proporcional a su talla como autor. Desconocido durante décadas, sus obras comenzaron a ser introducidas con la edición Black Jack por parte de Glenat a finales de los noventa. A partir de ahí, una larga pausa que fue interrumpida por la edición de Adolf de Planeta DeAgostini en 2000, todo un pistoletazo de salida para la edición de un buen puñado de obras del maestro. La misma editorial publicó las enormes sagas de Buda (2002) y Fénix (iniciada en el mismo año pero paralizada en el momento de escribir este artículo a la espera de decidir el formato final de su edición), mientras que otras dos casas lanzaron sendas colecciones Tezuka. La barcelonesa Glénat comenzaba la edición cronológica de Astroboy en el salón del manga del 2003, a la que seguirían este mismo año, la trilogía de los mundos antiguos con Metrópolis y el gérmen del shojo La Princesa Caballero. Por su parte, la madrileña Otakuland se encargaba de poner durante en el mercado Crimen y Castigo, Oda a Kirihito y la fundamental Ayako, convirtiendo el 2004 en el “año Tezuka” en España.
Esperemos que esta explosión de interés por el creador del manga moderno no se detenga y, al menos, veamos las obras fundamentales de este autor traducidas al castellano. Pensar en ver toda la obra de Tezuka en nuestro país es una utopía, pero a veces, de ilusión también se puede vivir.

Toth

Poco a poco iré recuperando el ritmo, de momento, aprovecho la edición del muy recomendable especial House of Mistery dedicado a Alex Toth que edita Planeta DeAgostini para recuperar la biografía que escribí de este autor para la edición de El Zorro de Editorial Azake hace unos años…

ALEX TOTH
Maestro. Se pueden buscar en el diccionario términos sinónimos, se pueden crear bellas metáforas o simplemente se puede eludir la palabra con extraños eufemismos, pero si queremos encontrar una forma clara y directa de definir a Alex Toth, ésta es la única palabra que se debe usar. Porque para la gran mayoría de artistas que han triunfado en el comic-book o que buscan su oportunidad en el mundo del arte secuencial, la obra de Toth es un completísimo magisterio de cómo hacer tebeos, una forma única e imprescindible de aprender los mecanismos de la narrativa gráfica y de entender la economía formal como el medio de introducir al lector en la historia que se está contando.
El estudio de su biografía demuestra la comprometida actitud del autor con el medio en el que desarrolló su carrera artística: Toth estudió, investigó y amplió los horizontes de la narrativa gráfica como pocos autores han hecho. Desgraciadamente, su obra, reconocida y admirada por los dibujantes, es en muchos casos desconocida por el gran público.
El comienzo de la vida de este autor debemos colocarlo en Nueva Cork, en la medianoche del 25 de Junio de 1928. Sander Toth y su mujer Mary conseguían su propósito de formar una humilde familia con la llegada del pequeño Alex. Aunque parezca un tópico manido, lo cierto es que la familia Toth daba a su retoño un entorno artístico donde parece lógico que posteriormente desarrollara sus habilidades creativas de alguna forma.
En su niñez, Toth se vio rápidamente atraído por las páginas dominicales de los periódicos, repletas de aventuras enérgicas y emocionantes, que se completaban con los seriales radiofónicos tan al uso en esa época. Las versiones de «Terry y los Piratas» y «Superman», o el show de Red Skelton consiguieron despertar la imaginación de un jovenzuelo que decidió asistir a la High School of Industrial Arts para conseguir emular a sus ídolos. Pero pronto se dio cuenta que las clases de ilustración que recibía en la escuela no eran suficientes y comenzó a visitar a dibujantes profesionales, buscando aquello que no encontraba en las aulas. El joven aprendiz de dibujante consiguió llegar a autores como Frank Robbins, entintador en aquella época de «Scorchy Smith», la serie estrella de su muy admirado Noel Sickles, Pero fue Sheldon Mayer quien le puso en el camino de lo que sería su trabajo posterior cuando hablando sobre el arte del cómic le dijo: “Clara y simplemente, cuenta una historia”. Una sentencia que podría resumir la futura obra de Alex Toth casi en su totalidad.
Todavía en la escuela, comienza a trabajar por las tardes en Eastern, la editora de «Famous Funnies» y «Heroic Comics», revista ésta donde debutaría en 1945. Durante dos años seguiría trabajando en la editorial hasta que Mayer lo introduce en la poderosa DC, editorial de la que nunca se desligó plenamente, aunque sus trabajos fueran intermitentes.
Su primer periodo para DC comprende cinco años en los que trabajó en series como «Green Lantern», «All Star Comics», «All American» (con el personaje Johnny Tunder) o «Jimmy Wakely». Es también en esta etapa donde Toth dibuja series románticas como «Girls Love Stories» o «Girl’s Romances», una constante temática a partir de este momento en sus trabajos.
Su traslado a California le lleva a dejar DC y, tras un breve paso por la tira «Cassey Ruggles», firma con la pequeña editorial Standard, desarrollando una cantidad impresionante de historias románticas o bélicas. Series como «New Romances», «Popular Romance», «Best Romance» o «Battlefield» gozan de los exquisitos dibujos de Toth, que va afianzando su oficio y comprendiendo cada vez mejor la máxima de Mayer.
Sin embargo, la quiebra de Standard y su incorporación al ejército trunca durante dos años su fulgurante carrera. Destinado en Japón, todavía realizaría una pequeña tira semanal para el periódico de la base, «Jon Fury», premiada por el ejército americano.
En 1956 vuelve a los Estados unidos y se instala en Los Ángeles, firmando con Dell Comics. Su trabajo en esta editorial es básicamente la adaptación a la historieta de series famosas de televisión. «Roy Rogers», «Rin Tin Tin» y, sobre todo la adaptación de la serie de Disney «El Zorro», centran su obra durante los casi 6 años que trabaja para Dell Comics. Un periodo que influye decisivamente en la decisión que le llevaría a dejar los cómics para trabajar en animación.
Durante casi 8 años, Toth trabajó para la productora Hanna-Barbera en todos los campos de la creación de series de dibujos animados: desde el diseño de personajes hasta el story-board, su imaginación creó decenas de héroes que van desde los «Herculoids» al hoy casi considerado como un fetiche «Space Ghost» pasando por el aventurero «Johnny Quest». Todas las series de la todopoderosa Hanna-Barbera durante la década de los 60 nacieron y se produjeron con el “toque Toth”. Pero si la productora aprovechó la inmensa capacidad y conocimiento del neoyorquino, fue éste quien sacó más partido. Los dibujos animados fueron la plataforma perfecta para el estudio de la figura humana en acción, para la búsqueda de la simplificación máxima que le dijera Mayer. Con la animación, Toth encuentra una economía de dibujo que no podía hallar en el cómic, pero también percibe la necesidad de ir más allá. El credo del historietista no se acaba en la simplificación: debe ser la narrativa, el storytelling, el por qué de esa simplificación.

El efecto del trabajo en animación se puede ir contemplando en sus esporádicos trabajos para DC y Warren. Sus dibujo se reduce a los mínimos trazos que definen el movimiento del personaje. Su narrativa da un salto cualitativo y se convierte en el objetivo fundamental de su obra. Ya en los 70, Toth comienza a dar lecciones de maestría en revistas como «Hot Wheels» o «House of Secrets» en DC o en «Creepy» para Warren.
Tras un breve paso por estas editoriales, vuelve a Hanna-Barbera para encargarse plenamente de la gran apuesta de la productora,«Super-Friends». Su experiencia previa en DC es decisiva para el desarrollo completo de la serie durante casi cinco años. Los clásicos superhéroes son tratados por Toth de una forma distinta y única hasta el momento. Por primera vez, los personajes de la DC toman vida propia y exhiben un dinamismo desconocido.
Su vuelta al mundo del cómic se caracteriza por la dispersión. Toth comienza a trabajar de nuevo para Warren y otras editoriales pequeñas. Pero en este periodo, dibuja la que es considerada por muchos como su obra maestra y la mejor serie publicada jamás por Warren: «Bravo for Adventure». La serie se comienza a publicar en 1980 en una revista menor, «The Rook», tras cuatro años en los que Toth intentó infructuosamente conseguir un editor. La visión de la aventura basada en guapas chicas, coches veloces, aviones y un protagonista a lo Errol Flynn pasó sin pena ni gloria por un cómic americano donde se imponían otro tipo de formas de entender la aventura. La posterior edición por Dragon Lady Press y su paso por Europa le proporcionó un reconocimiento de sobra merecido.
Durante la década de los 80, las historietas de Toth se publican casi con cuentagotas en multitud de pequeñas editoriales, en muchos casos reeditando antiguas publicaciones suyas o con compilaciones de su obra. Sin embargo, como el propio autor declaró muchas veces, el cómic que se hace a partir de ese momento deja de interesarle. Sus férreos principios éticos y morales entran en contradicción con unos contenidos que no le satisfacen. Buen ejemplo de esta actitud es el rechazo a seguir la serie Torpedo 1936 para el editor español Toutain.

Los violentos guiones de Sánchez Abulí desagradan profundamente a Toth, que decide abandonar la serie con apenas dos episodios dibujados. Durante los 90, su obra original publicada se ve limitada a apenas unas ilustraciones para reediciones de sus obras, pero paradójicamente, se comienzan a reeditar sus obras de forma sistemática. A partir de las completas recopilaciones de Eclipse y sobre todo de las completas antologías editadas por Manuel Auad, la obra de Toth vive una revitalización importante que es paralela a la su importante colaboración escrita (especialmente destacable, ya que sus misivas rotuladas a mano han sido reproducidas siempre tal cual, aprovechando uno de los muchos aspectos en los que destacó este autor: la rotulación) en medios como «The Comics Journal» o «Comic Book Artist» .
Alex Toth falleció el 27 de mayo de 2006.
Más información, en la excelente Tothfans, donde podemos encontrar The Annotated Toth, comentarios sobre sus propias obras que son una guía extraordinaria de cómo hacer historieta.

Watchmen, éxito total

La prueba del éxito total de Watchmen, transcribo lo que me ha pasado hace escasos 10 minutos. Me llama un buen amigo (que, por razones obvias, no quiere que dé su nombre):
– Álvaro, ¿estás en casa?
– Sí, sí.
-Pues pon el Sálvame, rápido.
-¿Qué?
– El Sálvame, cojones, rápido, que lo pongas, en Tele5.
Y yo cambio, suponiendo que estaba saliendo algún dibujante hablando de sus amoríos o algo así…y no. Increíble pero cierto: en el escenario del programa, de fondo, tras el presentador… ¡una imagen de Watchmen!
Lo he visto con estos ojitos miópicos míos… La prueba:

Si esto no es éxito… :)

ACTUALIZACIÓN: en los comentarios Eme A que el otro cartel es de ¡Expomanga 2009! ¡El tebeo toma Sálvame!
Atención, interpretaciones: manga y una “novela gráfica” de superhéroes… Mmmmmm.

Sin maestros

Según la senadora Nancy King, el gran problema de la falta de maestros en las escuelas es que…¡terminarían leyendo tebeos! ¡Qué horror! Porque ya se sabe, de ahí a las drogas, la delincuencia y matar a los padres con una katana, sólo hay un paso…

Supongo que al ver esto, llamaría a la Guardia Nacional, a los marines y Chuck Norris, por lo menos…
País.
El de los USA, claro…
(Via The Beat)

¡Felicidades, Krazy & Ignatz!

Tal día como hoy, hace 100 años, en la parte inferior de The Family Upstairs, aparecían dos pequeños personajes invitados, un gato (o gata) y un ratón. Sin nombres, sin títulos, sólo con una acción: el ratón le tiraba una piedra al gato (o gata). Después supimos sus nombres Krazy e Ignatz. Y que no eran piedras, sino ladrillos.
Nunca supimos era si era gata o gato, pero lo que es seguro es que comenzaba el periplo de una de las obras más fascinantes de la historia del tebeo.

Pinchar para ver completa…

ACTUALIZACIÓN: El Mundo dedica una animación especial…

XXXIII premios Diario de Avisos

Los veteranos premios Diario de Avisos llegan a su XXXIII edición, con la siguiente lista de premiados:
Guión de historieta realista: Antonio Altarriba
Dibujo historieta realista: Marcial Toledano
Guión Historieta Humor: Lalo Kubala
Dibujo Historieta de Humor: Kim
revista del año: Amaniaco
Editor del año: Ediciones La Cúpula
Mejor labor prohistorieta: Tebeosfera
Mejor comentarista: Javier Mesón
Totalidad obra de humor: Tunet Vila
Totalidad obra realista: Julio Vivas
¡Enhorabuena a todos!

Sorteo de 5 catálogos de la exposición 100×100 cómic

Decía en la anterior entrada que el catálogo de la exposición 100×100 cómic es espectacular… y complicado de obtener. La limitadísima tirada hace que sea desde ya todo un objeto de coleccionista (por si no hubiera razones: excelentes textos, gran formato, reproducción exquisita…).
Una tarea difícil que gracias a La Alhóndiga Bilbao puede ser un poco más sencilla, ya que amablemente ha cedido cinco ejemplares para que sean sorteados en La Cárcel de Papel.
Para participar, nada más sencillo: rellenar este formulario, contestando a un simple pregunta: indica una de las parejas de autores intérprete/interpretado. Podéis participar hasta el 10 de junio a las 23:59h.

(Los datos personales se utilizarán única y exclusivamente para este sorteo. Una vez acabado el mismo, serán borrados y no se mantendrá copia de los mismos.)

Comunicado de la AACE

Os paso un comunicado de la AACE:

Estimado compañero:
En coordinación con el SNAC (Sindicato Nacional de Autores de Cómic) francés, y como parte de la colaboración de la AACE con las distintas asociaciones de autores de la Comunidad Económica Europea, te hacemos llegar el siguiente comunicado agradeciéndote, previamente, nos ayudes en su mayor difusión posible con el fin de llegar a todos los autores de cómic de nuestro país.
Este documento es una recogida de firmas, por parte del sindicato francés, en busca de conseguir una situación justa para el autor de cómics y del reconocimiento de sus derechos de autor en las futuras ediciones digitales de su obra.
Se puede firmar el comunicado sin necesidad de estar publicando en Francia, siendo una muestra de apoyo al movimiento francés, cuyo resultado final, con toda seguridad, también acabará afectándonos a nosotros.
Los autores interesados pueden apoyar el mismo con su firma en el siguiente link:
http://jesigne.fr/appeldunumerique
Y aquí podrán encontrar una traducción del manifiesto:
http://llamamientodigital.blogspot.com/
Un afectuoso saludo
AACE
(Asociación de Autores de Cómic de España)

Agradeciendo

Me siento abrumado (bueno, la verdad, lo que me siente es con un sueño que no veas…) por las muestras de cariño…¡hasta en la wikipedia! :-)
De verdad, muchísimas gracias a todos. Madre e hijo, en perfectas condiciones.
Por cierto… ¿alguien sabe dónde tienen el botón de off?¿y por dónde se le cambiarán las pilas???

Frank Trueba

De una entrevista a Fernando Trueba hoy en La Contra de La Vanguardia:

P.- Buscamos la ejemplaridad perdida.
R.- Y no la hallaremos sin la épica. Pero hoy no tenemos héroes, sino superhéroes, que son todo lo contrario de la épica.
P.- ¿Superman no es un personaje épico?
R.- Un superhéroe es un imbécil vestido de forma estrafalaria, un fracaso de la ficción.
P.- Si los efectos especiales son buenos…
R.- Serán lo que sean, pero no son cine. El superhéroe carece de aliento épico, de grandeza: es fruto barato de esta época sin héroes pero con supergilipollas con superpoderes.
P.- A ratitos son humanos…
¡Sandeces! Un héroe de verdad es un cínico capaz de tragarse hasta su propio cinismo para jugárselo todo en un instante por los demás sin esperar nada a cambio.
P.- ¿Dónde están hoy los héroes?
R.- Los he visto cuando rodé El milagro de Candeal. Son niños y viejos luchando día a día por mejorar su comunidad, cada metro cuadrado donde viven…

[Gracias Carles!]

Lo mejor del 2009, según los lectores de La Cárcel de Papel

Más de 180 votantes y, a fe mía, con buen gusto. Los lectores de La Cárcel de Papel han elegido con sus votos en los comentarios, facebook, twitter y correo electrónico que el mejor álbum del año es:

El arte de volar, de Kim y Antonio Altarriba (Edicions de Ponent)

¡Gracias a todos por participar! (Más tarde, mi lista personal)

La lista de los diez primeros es:
1.- El arte de volar, de Antonio Altarriba y Kim
2.- George Sprott, de Seth
3.- Catálogo de Novedades Acme, de Chris Ware
4.- Las calles de Arena, de Paco Roca
5.- Diario de un ingenuo, de Emile Bravo
6.- Génesis, de Robert Crumb
7.- Ombligo sin fondo, de Dash Shaw
8.- All Star Superman, de Grant Morrison y Frank Quitely
9.- El gusto del cloro, de Bastien Vives
10.- Los muertos vivientes, de Robert Kirkman y Charlie Adlard

El recuento de los más de 180 votantes es el siguiente:
Continue Reading →

Lo mejor del 2009

Se acaba ya el año (lo de la década va a gustos) y esa pulsión que nos lleva a confeccionar listas de todo tipo se dispara hasta el infinito. ¡Mira que nos gusta la cosa! Y el caso es que -hay que reconocerlo- es adictivo. Eso sí, servidor, para evitar olvidarse de aquello publicado el último día del año, tiene la costumbre de esperar unos días para no olvidarse de nada y que ninguna de las lecturas todavía pendientes se escape (que ya me ha pasado alguna vez…).
Pero mientras termino de repasar y repensar el listado, algo que no había hecho nunca en estos siete años: ¿por qué no hacer una “consulta popular” entre los lectores de La Cárcel? Así que, allá va la pregunta: ¿Cuál es vuestra lista de los cinco mejores del año?. Ponedla en los comentarios o mandádmela por mail.

ACTUALIZACIÓN: Recuento de 105 votos por comentarios, mail, tweenty y facebook
Continue Reading →

Save Our Souls

Aprovecho la nueva edición por parte de Apa Apa Cómics de la obra de Felipe Almendros para una nueva lectura y reconozco que las sensaciones y vibraciones mejoran con el tiempo. Un año después, Save Our Soul sigue manteniendo intactas sus virtudes y, de paso, encuentro nuevos puntos de conexión.
Reciclo la reseña que hice en su día:

Poco puedo decir del autor, del que no he leído Pony Boy, pero me pareció intrigante que reconozca no leer tebeos y desconocer prácticamente el medio y, acto seguido, no sólo lo use para expresarse, sino que se embarque en una autoedición cuidada y limitadísima (sólo 100 copias). Uno de esos casos donde puede ser interesante hasta qué punto el lenguaje secuencial nace de una forma natural, sin necesidad real de un aprendizaje de recursos propios. Almendros se desprende de todo tipo de artificio para contar su viaje a Colima (México), acompañando a su hermana en los primeros días de maternidad. Un punto de partida argumental aparentemente simple y compatible con el relato autobiográfico, sobre el que Almendros pronto construirá un mensaje formal rabiosamente rebelde: el dibujo es marcadamente feísta, infantiloide; reniega de forma decidida de las perspectivas e incluso de la viñeta tradicional, descomponiendo la página en ocho espacios constantes que, muchas veces, pueden incluir en su interior más de una escena, en una ruptura completa con la tradición compositiva. Una serie de elecciones que parecen querer rechazar al lector, pero que permiten a Almendros narrar su historia de una manera completamente original. Pese a que ha declarado abiertamente que plantea sus historietas de forma cinematográfica, la realidad es que esa idea inicial se ve corrompida y desmentida casi de inmediato por el uso de recursos propios de la historieta, jugando con simbolismos, deformaciones, espacios en blanco y transiciones, que le permiten maximizar la expresividad de su relato y caer en la exploración profunda de sus obsesiones y complejos.
Si bien a priori de la sinopsis argumental cabría esperar un relato costumbrista de “choque de civilizaciones” al estilo Delisle, lo que tenemos en Save Our Souls es el retorcido testimonio de una personalidad difícil, una apertura completa hacia las angustias, complejos y pesadillas del autor. El alejamiento se traduce en aislamiento que actúa como elemento de enfrentamiento entre “El autor” y ese “Felipollas” autosatirizado que lo sustituye.
Una obra muy interesante (2+)
Más información.

El slice of life del siglo XXI

scottDefinir Scott Pilgrim implica aceptar que es posible combinar en igualdad de condiciones el manga, los videojuegos, el slice of life, el cine de acción, las series americanas de TV para adolescentes descerebrados y el toque inteligente de sitcom humorística (con el referente claro de Friends o la excelente Cómo conocí a vuestra madre). No parece fácil, más que nada por lo inmiscible de algunos de los elementos y la dificultad de equiparar lenguajes: el videojuego es una cultura profundamente interactiva que precisa de una intervención que es imposible en historieta y parece complicado mezclar los intereses de los treintañeros con los de los adolescentes, por poner sólo dos ejemplos. Sin embargo, Brian Lee O’Malley logra una fusión de todos ellos aplicando como único aglutinante descaro y frescura en cantidades industriales. Sin prejuicios ni preconcepciones, cuenta esta historia de grupo de amigos y sus relaciones sentimentales centrándose en la figura del atolondrado Scott Pilgrim, que para conseguir el amor de ramona deberá enfrentarse a las iras de sus siete novios anteriores. Eso sí, traduciendo “enfrentamiento” por una lucha al modo de los videojuegos en la que se incorporan desde las batallas épicas a lo Dragon Ball al encuentro de ítems mágicos en la mejor tradición de los juegos de Nintendo. Todo asimilado dentro de la narración con absoluta naturalidad, asumiendo que en un momento se puede estar discutiendo sobre chicas y al otro reconvertido en luchador de alto nivel. La estética del manga y el uso de muchos de sus recursos actúa tan sólo de referente formal: sus contenidos tienen más que ver con el “slice of life” tradicional americano, tanto en el tratamiento de los personajes como en el de las situaciones, pero sin miedo a romper esquemas ni costumbres preestablecidas.
El único problema que encuentro a la serie, reconozco, es particular: Scott Pilgrim es un producto generacional, tanto en su forma como su fondo. Es una apuesta decidida por lanzar un mensaje que cohesiona todos los referentes obligados y reconocibles para la generación que vive ahora su veintena, pero en la que me resulta difícil entrar. Esas vivencias y esas referencias son ajenas a mí, supongo que la diferencia de edad ya es un abismo irreversible, y la única vía de enganche con la serie es esa desvergüenza formal que sí que me ha sorprendido y agradado, hasta el punto de hacerlo entretenido pese a la distancia generacional.
En cualquier caso, es evidente que ha llegado el slice of life del siglo XXI. (1+)

Comunicado de Ponent Mon

Como todos sabemos nos encontramos en plena crisis. Nuestra labor durante estos años nos ha permitido publicar grandes obras de autores de la talla de Jiro Taniguchi, Aurelia Aurita, Emmanuel Guibert o Étienne Davodeau. Creemos que podemos continuar con nuestra línea editorial, pero para ello necesitamos la ayuda de vosotros: los lectores.

Sólo te pedimos que te acerques a tu librería habitual y compres cualquiera de los títulos de Ponent Mon o, si lo prefieres, puedes comprarlos en nuestra web. Tienes la oportunidad de ayudarnos adquiriendo ese libro que tanto has postergado o haciendo un presente muy especial al regalar aquel cómic que te entusiasmó. Tu ayuda nos permitirá publicar Cerebus de Dave Sim, más títulos del maestro Jiro Taniguchi y otros libros que estamos seguros que serán de tu agrado.

Aprovechamos para anunciar que Barrio lejano (versión integral) y El sueño de Meteor Slim se retrasarán hasta la tercera semana de noviembre. A comienzos de diciembre podremos disfrutar de Un zoo en invierno, la autobiografía de Jiro Taniguchi. Cerebus queda emplazada para principios de 2010.

Saludos de Ponent Mon

Un nuevo Astérix

Uderzo acaba de desvelar el título y características del nuevo volumen de Astérix que se pondrá a la venta el 22 de octubre. El libro de oro recopila una serie de historietas cortas guionizadas inéditas por Goscinny y será el mascarón de proa de todo un asalto mediático para conmemorar el 50 aniversario del personaje.
Un acontecimiento en toda regla desde cualquier perspectiva que se mire: económica, la primera, porque cada nueva aparición del galo irreductible supone un récord de ventas (estamos hablando de millones de ejemplares). Mediática, porque su aparición será noticia (le pese a quien le pese) en todos los periódicos. Y morbosa, porque seguramente estamos ante el último álbum de la serie dibujado por Uderzo, justo en medio de una tormenta sobre el paso de los derechos de publicación de Albert René a Dargaud, la autorización para continuar la serie con otros autores y el enfrentamiento personal con su hija. La verdad es que, tras el decepcionante (por ser educados) ¡El cielo se nos cae encima!, la vuelta a Goscinny es todo un gesto por parte del dibujante, un regreso a los orígenes para cerrar un ciclo fundamental en la historia del tebeo francés en las bodas de oro del pequeño galo.

asterix

Y llegó la respuesta

Poco que decir a la respuesta de Vicente Molina Foix en la revista Tiempo de esta semana. Resumiendo el texto: Molina Foix reescribe la columna de la semana pasada en los términos en los que tuvo que escribirla la primera vez, expresando su poca querencia por la animación y la historieta, pero esta vez evitando despreciar el medio, simplemente alegando su poco interés hacia él y, sobre todo, sin generalizaciones absurdas. Afirmaciones como que le parece que Boris Vian o Ionesco son superiores a Astérix, desde la complejidad de la comparación, son razonables. E incluso las comparto en este caso, pero no derivan en la conclusión de la inferioridad del medio. Sólo es una apreciación personal sobre determinadas obras y autores.
Personalmente, creo que todo este asunto se acabó en aquél momento y que esta respuesta no era necesaria, por mucho que se exigiera.
La revista aprovecha para acompañar la respuesta con un artículo sobre la consideración de la historieta con interesantes intervenciones de Pepo Pérez y Max Vento y otra columna de Ignacio Vidal Folch en defensa de la historieta que me temo le pilló con el pie cambiado.
Después de todo esto, paadójicamente, me quedo con las palabras de Vicente Molina Foix:
No es sólo cosa del verano, sino que parece que la consideración del tebeo como una de las bellas artes está ahí para quedarse.

Núñez

Recto fue una exquisitez. Un fanzine predestinado por su diminuto formato a cumplir aquello de la buena esencia y los frascos pequeños, reuniendo a los tres autores más inteligentes (con permiso de Santiago Valenzuela) de su generación: Paco Alcázar, Miguel Brieva y Miguel B. Núñez. Cada uno con estilos e intenciones diferenciadas, pero que en conjunto se erigían en una trinidad laica de la razón pura usada a modo de arma brutal santo. El tiempo consagró a Brieva y Alcázar, que siguieron destilando ironía ponzoñosa y hoy comparten espacio cada semana en El Jueves, pero dejó un poco de lado a Núñez, demostrando que Cronos sabría de relojes y de tiernos retoños en steak tartar pero de tebeos, poco. Aunque también algo de culpa tendrá el Sr. Núñez, que en todo este tiempo ha dejado a sus acólitos huérfanos de obra, alimentados tan sólo un puñado de libritos. Eso sí, qué libritos. Porque desde aquél primario M hasta Muertemanía, Núñez se permite hacer repaso a todo lo humano: comenzó despedazándose a sí mismo (M), para seguir con las mujeres (Soy una chica), los hombres (Stroszek), quedándose al final sólo al más puro estilo Matheson (El último hombre), obligándole en lógica obvia a enfrentarse a lo único irrebatible, la temible parca (Muertemanía). Su visión siempre dura, jugando con los simbolismos desde un racionalismo que rallaba la misantropía cruel, obligando al lector a que la dura perspectiva autocrítica del autor se transformase en un espejo de las imperfecciones y dudas de uno mismo. Historietas que militaban en la reivindicación de lo intelectual como necesario peldaño inicial de cualquier catarsis individual o colectiva, que sin embargo ejercían una fina ironía descreída como vacuna ante posibles egomanías. Usa referentes densos y prolijos, de la literatura a la filosofía, pero no cae en la tentación de la exhibición infantil de muchos otros: él los trabaja no para deslumbrar con sus conocimientos, sino para lograr destilar un mensaje propio e incitar a la reflexión.
Muertemanía parecía cerrar un ciclo lógico de reflexión, que coronaba la exposición de la filosofía de Núñez.corazon No dejó de hacer viñetas, pero en este largo lustro sus entregas se contaron por acontecimientos: una historieta aquí, otra acullá… tan separadas y dispersas que parecían simplemente ejercicios de nostalgia de una autor que se resiste a dejar los lápices pese a desearlo. Una impresión que afortunadamente se demuestra completamente errónea al verlas todas agrupadas ahora en El corazón de los árboles, regalo que nos hace Polaqia y que nos asegura que Núñez ha seguido una pauta marcada, afilando los lápices y el ingenio para demostrar que sigue teniendo mucha guerra que dar. Recopiladas, las historietas de este Greco de la línea clara adquieren la fuerza de la unidad y demuestran que la moral del ser humano sigue siendo la gran incógnita y reto del pensamiento racional. Hurga en la herida buscando contradicciones e incoherencias del ser humano, se la juega con un Hitler casi adorable o encuentra historias tras una pintura de Brueghel el Viejo. Tan a gusto está con lo medieval como con los furry animals, transitando por los géneros con la coherencia de su marcada personalidad como autor. Un álbum brillante que no precisa de la coartada de las apariencias “grim & gritty” para ser provocador e inteligente y que nos deja con la esperanza de que esas anunciadas incursiones en el western y en el terror no se demoren demasiado. (4)

Colección Novela gráfica de Parramón

Nueva editorial que da el salto a la historieta, y esta vez con tanto prestigio y tradición consolidada como Parramón. Su colección Novela Gráfica se inicia con tres líneas: adaptaciones de clásicos, infantil-juvenil y contemporáneo. Y atentos a los nombres que incluye porque encontramos a Meritxell Ribas, Jorge García y Pedro Rodríguez, entre otros.
Más información en el PDF promocional.