Bienvenidos a Angoulême!
Dario Adanti muestra España a los visitantes de Angoulême :)
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Paco Roca
(Entrevista realizada en enero de 2011 y publicada en la Revista Laraña de Sevilla en 2011, aprovecho el estreno de la película de Arrugas para recuperarla. Como veréis es una entrevista muy informal, pensada para un público muy generalista.)
ENTREVISTA A PACO ROCA
La entrevista no puede tener mejor fondo: en la pantalla del ordenador, la portada de Laraña que está haciendo Paco, rememorando la mítica del primer Tío Vivo en una versión realista, al estilo de lo que Alex Ross hizo con Kirby.
Comencemos por el principio: ¿dónde nacen las ideas?
Pues la verdad es que es complicado. Por lo menos llegado el momento en el que estoy ahora, que creo que no es que cada vez tenga menos libertad, pero que te planteas las cosas de una forma diferente. Las ideas nunca sabes bien de donde salen, pero al final todas las ideas son como un reciclado de todo lo que nos rodea y vivimos, desde una película, un libro que has leído, un artículo… cualquier cosa. La reciclas y, llegado el momento, más o menos como el de ahora, haces una selección. Yo creo que ya no llegas a hacer todas las cosas que quisieras si no las cosas que crees que tienes que hacer, por diferentes motivos, por ventas, y más o menos por lo que ya es tu línea. En un principio me gustaba mucho la aventura, me gustaba el género, el fantástico y demás, pero poco a poco te vas desmarcando. Es algo que me sigue gustando mucho y me gustaría hacer una historia así, pero creo que ahora no encaja, empiezas a tener un tipo de público como muy general. Al principio cuando hice El juego lúgubre o Hijos de la Alhambra todavía no tenía ningún público y yo hacía lo que quería, ahora me apetece hacer otro tipo de cosas incluso, pero piensas que a estas alturas hacer este tipo de cosas no te llevan a ningún lado. Yo creo que el tener más lectores cada vez te va delimitando más el abanico de ideas.
Es paradójico: cuando llegas al estatus del “creador” pierdes libertad, cuando debería ser al contrario, ¿no?
Sí, ganas libertad en el sentido de que se abren muchas más puertas y, en teoría, nadie te replantea las historias que haces, pero tú mismo te las planteas porque te da más miedo hacer ciertas cosas o cambiar de registro. Yo lo intento, pero siempre dentro de una misma línea para un mismo tipo de público determinado. Es verdad que contra más lectores tienes, pierdes un poco de libertad creativa. Cuanto más tienes, más miedo da perderlo.

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Pillada por ti
Pillada por ti, un cómic de Cristina Durán y Miguel Ángel Giner patrocinado por el Ministerio de Sanidad que se puede leer online desde aquí (o desde iPad con esta aplicación gratuita).

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Del libro al e-book
La charla que impartí en la pasada Jornada de Ilustración Gráfica organizada por APIV en marzo de 2011: Del libro al e-book: crónica de una transición digital y propuestas ante una revolución en la distribución de contenidos digitales
Por si a alguien le interesa…
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Taller de cómic en Castellón
El lunes 17 de octubre a las 18:00h arranca una nueva edición del Taller de Cómics organizadas por por la Universitat Jaume I desde su Aula de Cinema i Creació Juvenil y el colectivo comiCS (Cómic Castelló). El taller conta de 40 horas y se desarrollará hasta el 22 de diciembre en la Universitat Jaume I. El curso estará impartido por el dibujante profesional Sergio Abad de Edición Limitada Estudio que actualmente esta trabajando para editoriales tanto en Europa como en el mercado estadounidense.
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Encantador
Ayyyy, en estos tiempos de efectos especiales digitales hiperrealistas, en el que cualquier detalle imaginado es factible de ser puesto en pantalla, en 3D y con sensorround, esta imagen del Batman de los 60 me parece encantadora y entrañable…

(Vía quadrinhos)
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Informe sobre ciegos
Ser dibujante de tebeos de terror debe ser deprimente. No por nada, no es cuestión de consideración peyorativa sobre el género (que la hay, seguro) o de la sempiterna cuestión de las miserias del que afila lápices para dibujar (que las hay, y a toneladas). Es algo tan simple como impotencia. Me imagino al señor o señora dibujante o dibujanta delante de la página, intentando trasladar esa experiencia cinéfila de escalofrío gélido que va agarrándose a la columna y que explota finalmente en un aterrador susto que nos hace saltar del asiento, ese clima de terror tensionado, de nerviosismo ansioso ante la siguiente imagen… Y claro, también me imagino al pobre dibujante o dibujanta poniendo velitas por tener a mano una sala oscura, una banda sonora de chillones y estridentes violines y el control férreo de los tiempos para que el lector, obediente, pase de viñeta única y exclusivamente cuando se le indique. Pero, ¡ay!, dura es la vida del dibujante o dibujanta o dibujanto, porque el lector resulta ser caprichoso y lee el terrorífico tebeo con halógenos de 2000W y gafas de sol, con música de Parchís y antes de pasar la página, esa que escondía un impactante y terrorífica doble-página destinada a hacerle saltar por los aires, se va a echarse una meadilla ante la presión de la fresquita cerveza que se estaba tomando. Y si esto me lo imagino yo, piensen ustedes en la cara del dibujante/a/o/u/i ante la página en blanco, pensando en lo mismo: terminará dibujando ositos amorosos, que por lo que le pagan es lo mismo.
Pero no. Resulta que es posible trasladar el terror al papel. A viñetas exactamente. O por lo menos, hay un precedente claro. O una excepción: Alberto Breccia.
Mira que uno ya está baqueteado en esto de las lecturas terroríficas, pero sigo teniendo grabado a fuego el día que leí dos historias de Breccia, dos adaptaciones: La gallina degollada de Quiroga y El corazón delator de Poe. Aparecían en el Biblioteca TOTEM de El Eternauta, una espléndida versión inacabada de la genial creación de Oesterheld, como algo casi sin importancia, como un relleno más. Pero oigan, qué relleno. Era dos historietas que jugaban con ese expresionismo brutal del claroscuro rotundo para crear una tensión y un ritmo únicos, para romper todas las reglas del juego: el dibujo, antes pasivo ante el lector, toma las riendas y le marca los tiempos. Era algo increíble: en una secuencia sin precedentes (Krigstein, quizás, se acercaba), cuatro viñetas se repetían incesantemente.
Un solo cambio: una onomatopeya cada vez mayor. Un único resultado: nuestros propios latidos se acompasaban frenéticamente al ritmo de lo ficcionado, se transformaban en ansiedad y sentíamos ese escalofrío primordial y atávico incomprensible que es el miedo. Y lo mismo para La gallina degollada, en la que de nuevo la imagen repetida y esa palabra ROJO, marcada a fuego tipográfico saliendo de bocas mudas y de unos ojos perdidos consigue espantar hasta lo impensable. Breccia había captado la esencia del terror, no necesitaba de ritmos, músicas ni efectos. Sólo necesitaba crear miedo y espanto. Era lógico que fuese, también, el único dibujante capaz de traducir a dibujos la prosa de Lovecraft. Esos monstruos ignominiosos que se desplazaban por geometrías imposibles con formas y colores inhumanos encontraron en las aguadas y los efectos de Breccia el cómplice ideal, llevando el expresionismo al límite del impacto visual ante el lector, usando luces y sombres para insinuar y sugerir, para ir deslizando lentamente un estado de ánimo, un cúmulo de sensaciones, una alucinación gráfica que se tornase tangible, que erizase todos y cada uno de los pelos del cogote.
Pero donde quizás ese terror se hace más palpable es cuando Breccia se atrevió con Sabato y su Informe sobre ciegos
, un relato magistral sobre el camino que lleva a la locura que deja siempre pequeños flecos a la reflexión, a la duda sobre esa sociedad atenazante y mutiladora del individuo que nos rodea. Manteniendo ese espíritu – y perdóneseme la herejía-, Breccia multiplicó la eficacia de la pluma de Sabato hasta el infinito, extrayendo del relato original la esencia del terror, de ese miedo a lo desconocido que lleva del delirio y la paranoia a la pura locura. De golpe, los miedos atávicos y primordiales de Lovecraft toman sentido y forma, como parte oculta de la mente humana que puede aparecer proyectada en cualquier esquina. Nuestra psique se intenta proteger de lo desconocido, de aquello que nos perturba transformándolo en señal de peligro, de algo a evitar ante todo y sobre todo. Sin embargo, como bien demuestra el personaje de Fernando Vidal, aquello que nos atemoriza nos fascina, nos impulsa a seguirlo pese a la amenaza de destrucción. Y Breccia borda esa avalancha de sensaciones contradictorias, de elementos que nos inquietan y nos atraen a la vez, siempre con ese juego magistral de sus aguadas, con la insinuación de sus contrastes, con formas imposibles que la razón no reconoce pero el subconsciente acepta como parte de sus recuerdos más olvidados, dinamitando las conexiones entre imaginación y realidad para conseguir dibujar la esencia del terror.
Aprovechen ustedes la edición de Astiberri y no se pierdan esta obra maestra del viejo Breccia.

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Japón
Las imágenes del desastre de Japón son terribles, pero no puedo evitar la macabra sensación de haberlas visto cientos de veces… Hace poco leía en twitter a los de 13 millones de naves con idénticas sensaciones: Akira, Breakdown, Jacarandá, Dragon Head, Aula a la deriva… Hemos visto en los cómics mil veces el efecto de la devastación en el país del sol naciente.
Una inquietante sensación de déjà vu… y extraña obsesión de un país que sueña continuamente con la pesadilla de su destrucción.

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Los premios de Angoulême
- Premio de la BD alternative: “L’arbitraire”
- Premio del Patrimonio: Attilio Micheluzzi (a ver si alguien se anima a publicar en España obras suyas, como esa joya que es Bab-El-Mandeb)
- Premio Revelación: La Parenthèse, de Elodie Durand y Trop n’est pas assez, de Ulli Lust (que ya se había adjudicado el premio Artémisia 2011 de la bd femenina)
- Premio de la audacia: Les noceurs, de Brecht Evens
- Premio Mirada al mundo: Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco. Lógico, esperado y merecido.
- Premio Intergénération: Pluto de Naoki Urasawa
- Premio a la mejor serie: Il était une fois en France T. 4, de Fabien Nury y Sylvain Vallée
- Premio especial del jurado: Asterios Polyp, de David Mazzucchelli
- Premio del público: Le bleu est une couleur chaude, de Julie Maroh
- Fauve d’or al mejor álbum: Cinq mille kilomètres par seconde, de Manuele Fior ¡Sorpresa!
Y ya es oficial: Art Spigelman, Gran Premio de Angoulême.
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Resultado del sorteo de dos ejemplares de Frank
Pues recontados todos los mails (539) y realizado el sorteo mediante generación de dos números aleatorios por MATLAB, los ganadores han sido:
- Manuel Piñeiro (Tarragona)
- Adela García (Sevilla)
Enhorabuena a los dos, pronto recibiréis los ejemplares de Frank cortesía de la editorial Fulgencio Pimentel :)
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Ideas para regalar
- Me llamo barro, de Miguel Ángel Díez y Pedro F. Navarro (Edicions de Ponent). Un hermoso acercamiento a la figura del poeta Miguel Hernández, un canto a la amistad y el amor en el centenario del poeta alicantino.
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Sorteo Apa Apa Cómics
Pues finalizado el plazo del sorteo, recontados los mail y borrados los repetidos, el sorteo se hace por generación aleatoria mediante MATLAB de 3 números entre el 1 y el 584. And de güiners ar:
- Rocío Stevenson Muñoz (Alcalá de Henares)
- Emilio José Padrón González (A Coruña)
- Victor Miguel Ocón Ramos (San Vicent del Raspeig)
En breve la editorial os hará envío de vuestro premio. ¡Enhorabuena!
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Tezuka
Ayer Osamu Tezuka hubiera cumplido 82 años. Una buena ocasión para hablar de su figura, más cuando Planeta DeAgostini ha editado a todo lujo una de sus (muchas) obras maestras, Adolf. Recupero un antiguo artículo que escribí para la revista Trama en 2004:
Setecientas obras, más de ciento cincuenta mil páginas. Son los números que definen de forma fría y aséptica la producción de un sólo autor. Unas cifras mareantes, casi imposibles de imaginar si las comparamos con las realizadas por cualquier autor español o, incluso, por la suma de todos ellos. Más sorprendente se podría considerar todavía que el porcentaje de esas obras que puede merecer el adjetivo de “maestra” es altísimo, sin que prácticamente ninguna de ellas no tenga algún aspecto destacable. Datos espectaculares de un clásico mundial de influencia decisiva que hacen casi increíble que hasta hace apenas unos años, Osamu Tezuka, el padre del manga, era un total desconocido en nuestro país. Afortunadamente, en los últimos años estamos asistiendo a una explosión de publicaciones de su obra que puede permitir al lector español conocer y admirar a este autor imprescindible.
Tezuka, el revolucionario
Tras la II Guerra Mundial, el manga japonés seguía los rígidos esquemas de los clásicos emonogatari (relatos ilustrados) que derivaron en los periódicos en el koma-manga, historietas de cuatro viñetas que copiaban el formato en las comic-strips americanas que habían inundado los periódicos japoneses desde principios de siglo. Su concepción era más próxima a la ilustración o al humorismo gráfico que a la narración visual, muy influenciada, lógicamente, por la tradición gráfica japonesa. Los autores de éxito del momento seguían esta tradición de forma casi religiosa y pocas licencias eran permitidas a los jóvenes que intentaban abrirse camino en ese mundo. Cuando el joven estudiante de medicina Shigeru Tezuka comenzó a colaborar bajo el pseudónimo de Osamu en el en el magazine Mainichi Shogakusei Shinbun con la obra Ha-chan’s Diary (1946) seguía de forma pulcra los cánones del koma-manga. Un debú clásico que apenas hacía presagiar el éxito arrebatador que le esperaba apenas un año después con una obra que se atrevía a romper todos los esquemas preconcebidos y traicionales de la narración gráfica japonesa. Shintakarajima (“La nueva isla del tesoro”), revolucionaba en 1947 el mundo del manga incorporando una narrativa absolutamente nueva y distinta. Maravillado por el mundo occidental, Tezuka se había empapado de los dibujos animados de Walt Disney y los Fleischer (Popeye, Betty Boop…), de los cómics americanos de prensa, del cine de Hollywood, de la literatura europea, una amalgama de influencias que cristalizó en La nueva isla del tesoro. La obra supuso un shock instantáneo no sólo para el público japonés, sino para los autores japoneses. Un jovencillo de apenas dieciocho años había abierto un camino nuevo, que anunciaba formas distintas de entender el manga. Un punto de partida que la inagotable capacidad investigadora de Tezuka convirtió casi en una costumbre, en una manera de abordar la creación que le acompañó el resto de su vida.
Tezuka, el renovador.
Si su primera obra rompía moldes, las siguientes volvieron a ser piedras miliares no sólo del manga, sino de la historia del cómic mundial, renovando géneros, formatos y formas de entender la historieta. Tras el éxito de su primera obra, Tezuka se introdujo en la la ciencia ficción con la trilogía de los Mundos Antiguos (Lost World (1948), Metrópolis (1949) y Next World (1951)) abordando un género poco trillado por el manga. Tezuka firma una apasionante saga en la que las influencias de obras occidentales como el Metrópolis de Fritz Lang, el Flash Gordon de Raymond o los clásicos de Verne se mezclan de irrepetible. Como buen espíritu inquieto, dio un giro de 180º y de la ciencia ficción y los clásicos de la literatura pasó a adentrarse en la jungla salvaje con Jungle Emperor Leo (1950-54), la historia de un león nacido entre humanos y que reclama su puesto como rey de la selva. Una obra que supuso el reconocimiento absoluto para su autor y que años después sería la inspiración evidente de la famosísima película «El Rey León» de Disney.
Pero no contento con renovar géneros clásicos con títulos que, por sí solos, le darían lugar en la historia del tebeo, Tezuka llegó a crear géneros propios dentro del manga sin los que es imposible entender hoy en día la historieta japonesa. En 1951 inicia Captain Atom, una versión moderna del Pinocho de Collodi en la que un científico se fabrica un hijo cibernético de cien mil caballos de potencia y poderes increíbles. La serie es un éxito arrollador y pronto pasa a denominarse Tetsuwan Atom (aunque es más conocida en Occidente como Astroboy), desatando la pasión por los mangas de ingenios mecánicos (el mecha-manga). Apenas unos años después, realizaba Ambassador Magma (1965), las aventuras de un gigantesco robot controlado por un niño en el que se avanzaba a toda la moda de robots gigantes como Mazinger Z.
Dos años después de la creación de Astroboy, un nuevo cambio radical de rumbo le lleva a crear una comedia romántica Ribon no Kishi (1953) (“La princesa Caballero”), una historia de princesas escondidas y amores imposibles que desata pasiones entre las niñas niponas, siendo justamente considerada como el primer shojo-manga o manga de género femenino, germen de un fenómeno propio el mercado japonés: el altísimo porcentaje de mujeres consumidoras de historieta.
La lista de ejemplos donde Tezuka se adelantó a su tiempo no queda ahí. Se adentró en el género histórico con adaptaciones de relatos tradicionales japoneses como la leyenda del Rey Mono (Son Goku the Monkey, 1952), un cuento que en los noventa saltaría a la fama gracias a la versión de Akira Toriyama (Dragon Ball), deudora en muchísimos aspectos de la interpretación de Tezuka; adaptó la vida de Buda (Buda, 1972) en una larguísima obra de casi tres mil páginas en la que hace un recorrido de la mítica vida del fundador de la religión budista. Incluso en sus últimos años se introdujo en la tempestuosa transición entre el periodo Edo y el Meiji con Tezuka’s Ancestor Dr. Ryoan (1981).
La fantasía más pura tuvo también su oportunidad en la obra de Tezuka, protagonizando la que es llamada la obra de su vida, Hi no Tori (Fénix) (1967-1989), una monumental obra que parte del mito del ave Fénix para contar historias tradicionales japonesas y, paralelamente, realiza un estudio de la naturaleza humana tan excitante como soberbio.
Nada se escapaba a la capacidad innovadora de este autor. Incluso aprovechando sus conocimientos de medicina, inventó un género de historias médicas a medio camino entre el thriller y la denuncia social de la que serían máximos exponentes Oda a Kirihito (1970), la odisea de un médico enfermo de una terrible enfermedad deformante y Black Jack (1973-1984), las aventuras de un excelente cirujano que ofrece sus servicios al mejor postor. Una denuncia social que se descarnaría y alcanzaría sus máximos extremos en dos obras magistrales: Ayako y Adolf.
Tezuka, el humanista
El movimiento gekiga, nacido a finales de los 50, planteaba que los mangas tocasen temas de la calle, realistas, que hablasen de los problemas de la gente. Muchos de los autores que siguieron este estilo veían precisamente en Tezuka un ejemplo a no seguir, quizás fijándose más en su estilo gráfico de grandes ojos y espíritu infantil que en el claro y abierto compromiso del autor con sus ideales. Hombre de profundo humanismo y abierto de miras hacia el progreso, usó todas y cada una de sus obras como tribuna desde la que hablar acerca de sus inquietudes, siempre desde una perspectiva radicalmente opuesta al conservadurismo social imperante en Japón. Incluso obras aparentemente infantiles esconden una segunda lectura en la línea de sus ideas. Así, Astroboy no deja de ser una parábola sobre la importancia de la ciencia y la tecnología en un Japón que apenas salía de las terribles consecuencias del uso violento de la energía atómica. Un mensaje de apertura que sigue siendo válido en casi toda su obra, tanto en las historias de género fantástico o de ciencia ficción como en cualquier otra. Tezuka cree firmemente en la necesidad de abrirse a un futuro que no puede tener anclas en una tradición ancestral, pero donde sus ideas logran un protagonismo absoluto en sus obras más adultas. Ayazo (1972), por ejemplo, puede resumir perfectamente toda su ideología. En las casi seiscientas páginas de esta obra, Tezuka es capaz de hacer un radiografía exacta y rigurosa de la situación creada en el Japón que salió derrotado de la II Guerra Mundial, transmitiendo de forma cristalina los sentimientos de un pueblo que se debatía entre las miserias y las mafias que buscaban dominar el país. Paralelamente, Tezuka ataca los atavismos feudales de una sociedad que sigue anteponiendo las tradiciones a las libertades individuales, contando la historia de la joven Ayako encerrada por sus padres para evitar el deshonor. Una durísima obra en la que no hay ganadores sino únicamente perdedores, un lugar donde la visión del autor es desagarradoramente pesimista, sin atisbo alguno de piedad hacia ninguno de los protagonistas. Con una endiablada capacidad consigue que cada personaje es un paradigma de cada uno de los males que, según él, atenazan a una sociedad anclada en el pasado, creando víctimas del odio, la envidia, la ambición o la ignorancia.
Un compromiso con el humanismo que reflejó claramente en Fénix, la obra que desarrolló durante casi treinta años haciendo un repaso a las pasiones humanas, a todos los defectos y virtudes del ser humano, reflejados en el mito de la resurrección, del fuego reparador que es capaz de consumir y volver a lanzar desde sus cenizas a un ave de belleza incomparable. Una creación inmensa, que recuperaba en diferentes momentos de su vida y que iba recogiendo una evolución personal en la que no había pasos atrás y que se resumió en una obra final magistral, exponente perfecto del camino recorrido anteriormente.
Adolf (1983) es la historia de tres hombres que comparten nombre pero siguen destinos bien diferenciados. Con la excusa argumental del supuesto origen judío de Adolf Hitler, Tezuka trama una complejísima historia donde dos niños, Adolf Kamil y Adolf Kauman, siguen caminos bien diferentes, ejemplificando la deriva del pueblo alemán atraído por el nazismo y la implacable persecución judía. Pero de nuevo, tras una milimétrica estructura narrativa, encontramos una historia de honda humanidad, que habla de amistad y de la verdadera naturaleza de las emociones humanas.
Tezuka, narrador visual
Tanto la vanguardia como el compromiso de este autor se sustentan en una capacidad artística casi inhumana. Si su estilo gráfico, deudor de la animación americana de los años 30, permaneció casi inmutable durante sus cuarenta años de profesión, su narrativa es toda una enciclopedia de recursos del arte secuencial. Cada una de sus obras descubre una cuidada planificación, una elección de perfectos encuadres que, en muchos casos, se avanza décadas a lo que luego se vería en el mundo del cómic. Conocedor como pocos de las tiras de prensa clásicas americanas de los años 20 y 30, Tezuka incorpora a sus obras un dinamismo y un sentido de la narrativa único. Incluso en obras menores como Crimen y Castigo (1953), la adaptación del clásico de Dostoievski, encontramos ejemplos de la capacidad narrativa de este autor: escenas que transcurren en tres pisos diferentes compuestas en paralelo sin que el lector sea consciente de la complejidad de la planificación de la escena, tan sólo del flujo narrativo natural.
En todas sus obras Tezuka consigue imprimir velocidad y dinamismo a la acción y pasar sin solución de continuidad a escenas dialogadas con una naturalidad aplastante, influida en muchos casos por los grandes clásicos cinematográficos tan del gusto del autor. Una característica que pasa a menudo desapercibida para el lector demostrando precisamente la grandeza de la narrativa de Tezuka: conseguir llevar al espectador allá donde él quiere, ralentizando o acelerando su ritmo de lectura según las necesidades de la narración.
Y todo, basando en el dibujo toda la fuerza narrativa, despojando las viñetas de textos redundantes y expresando gráficamente todo aquello que otros autores anteriores perdían en textos infinitos, enfatizando al máximo el concepto de arte secuencial.
2004, el año de Tezuka
Paradójicamente, el conocimiento de Tezuka en nuestro país ha sido inversamente proporcional a su talla como autor. Desconocido durante décadas, sus obras comenzaron a ser introducidas con la edición Black Jack por parte de Glenat a finales de los noventa. A partir de ahí, una larga pausa que fue interrumpida por la edición de Adolf de Planeta DeAgostini en 2000, todo un pistoletazo de salida para la edición de un buen puñado de obras del maestro. La misma editorial publicó las enormes sagas de Buda (2002) y Fénix (iniciada en el mismo año pero paralizada en el momento de escribir este artículo a la espera de decidir el formato final de su edición), mientras que otras dos casas lanzaron sendas colecciones Tezuka. La barcelonesa Glénat comenzaba la edición cronológica de Astroboy en el salón del manga del 2003, a la que seguirían este mismo año, la trilogía de los mundos antiguos con Metrópolis y el gérmen del shojo La Princesa Caballero. Por su parte, la madrileña Otakuland se encargaba de poner durante en el mercado Crimen y Castigo, Oda a Kirihito y la fundamental Ayako, convirtiendo el 2004 en el “año Tezuka” en España.
Esperemos que esta explosión de interés por el creador del manga moderno no se detenga y, al menos, veamos las obras fundamentales de este autor traducidas al castellano. Pensar en ver toda la obra de Tezuka en nuestro país es una utopía, pero a veces, de ilusión también se puede vivir.
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Toth
Poco a poco iré recuperando el ritmo, de momento, aprovecho la edición del muy recomendable especial House of Mistery dedicado a Alex Toth que edita Planeta DeAgostini para recuperar la biografía que escribí de este autor para la edición de El Zorro de Editorial Azake hace unos años…
ALEX TOTH
Maestro. Se pueden buscar en el diccionario términos sinónimos, se pueden crear bellas metáforas o simplemente se puede eludir la palabra con extraños eufemismos, pero si queremos encontrar una forma clara y directa de definir a Alex Toth, ésta es la única palabra que se debe usar. Porque para la gran mayoría de artistas que han triunfado en el comic-book o que buscan su oportunidad en el mundo del arte secuencial, la obra de Toth es un completísimo magisterio de cómo hacer tebeos, una forma única e imprescindible de aprender los mecanismos de la narrativa gráfica y de entender la economía formal como el medio de introducir al lector en la historia que se está contando.
El estudio de su biografía demuestra la comprometida actitud del autor con el medio en el que desarrolló su carrera artística: Toth estudió, investigó y amplió los horizontes de la narrativa gráfica como pocos autores han hecho. Desgraciadamente, su obra, reconocida y admirada por los dibujantes, es en muchos casos desconocida por el gran público.
El comienzo de la vida de este autor debemos colocarlo en Nueva Cork, en la medianoche del 25 de Junio de 1928. Sander Toth y su mujer Mary conseguían su propósito de formar una humilde familia con la llegada del pequeño Alex. Aunque parezca un tópico manido, lo cierto es que la familia Toth daba a su retoño un entorno artístico donde parece lógico que posteriormente desarrollara sus habilidades creativas de alguna forma.
En su niñez, Toth se vio rápidamente atraído por las páginas dominicales de los periódicos, repletas de aventuras enérgicas y emocionantes, que se completaban con los seriales radiofónicos tan al uso en esa época. Las versiones de «Terry y los Piratas» y «Superman», o el show de Red Skelton consiguieron despertar la imaginación de un jovenzuelo que decidió asistir a la High School of Industrial Arts para conseguir emular a sus ídolos. Pero pronto se dio cuenta que las clases de ilustración que recibía en la escuela no eran suficientes y comenzó a visitar a dibujantes profesionales, buscando aquello que no encontraba en las aulas. El joven aprendiz de dibujante consiguió llegar a autores como Frank Robbins, entintador en aquella época de «Scorchy Smith», la serie estrella de su muy admirado Noel Sickles, Pero fue Sheldon Mayer quien le puso en el camino de lo que sería su trabajo posterior cuando hablando sobre el arte del cómic le dijo: “Clara y simplemente, cuenta una historia”. Una sentencia que podría resumir la futura obra de Alex Toth casi en su totalidad.
Todavía en la escuela, comienza a trabajar por las tardes en Eastern, la editora de «Famous Funnies» y «Heroic Comics», revista ésta donde debutaría en 1945. Durante dos años seguiría trabajando en la editorial hasta que Mayer lo introduce en la poderosa DC, editorial de la que nunca se desligó plenamente, aunque sus trabajos fueran intermitentes.
Su primer periodo para DC comprende cinco años en los que trabajó en series como «Green Lantern», «All Star Comics», «All American» (con el personaje Johnny Tunder) o «Jimmy Wakely». Es también en esta etapa donde Toth dibuja series románticas como «Girls Love Stories» o «Girl’s Romances», una constante temática a partir de este momento en sus trabajos.
Su traslado a California le lleva a dejar DC y, tras un breve paso por la tira «Cassey Ruggles», firma con la pequeña editorial Standard, desarrollando una cantidad impresionante de historias románticas o bélicas. Series como «New Romances», «Popular Romance», «Best Romance» o «Battlefield» gozan de los exquisitos dibujos de Toth, que va afianzando su oficio y comprendiendo cada vez mejor la máxima de Mayer.
Sin embargo, la quiebra de Standard y su incorporación al ejército trunca durante dos años su fulgurante carrera. Destinado en Japón, todavía realizaría una pequeña tira semanal para el periódico de la base, «Jon Fury», premiada por el ejército americano.
En 1956 vuelve a los Estados unidos y se instala en Los Ángeles, firmando con Dell Comics. Su trabajo en esta editorial es básicamente la adaptación a la historieta de series famosas de televisión. «Roy Rogers», «Rin Tin Tin» y, sobre todo la adaptación de la serie de Disney «El Zorro», centran su obra durante los casi 6 años que trabaja para Dell Comics. Un periodo que influye decisivamente en la decisión que le llevaría a dejar los cómics para trabajar en animación.
Durante casi 8 años, Toth trabajó para la productora Hanna-Barbera en todos los campos de la creación de series de dibujos animados: desde el diseño de personajes hasta el story-board, su imaginación creó decenas de héroes que van desde los «Herculoids» al hoy casi considerado como un fetiche «Space Ghost» pasando por el aventurero «Johnny Quest». Todas las series de la todopoderosa Hanna-Barbera durante la década de los 60 nacieron y se produjeron con el “toque Toth”. Pero si la productora aprovechó la inmensa capacidad y conocimiento del neoyorquino, fue éste quien sacó más partido. Los dibujos animados fueron la plataforma perfecta para el estudio de la figura humana en acción, para la búsqueda de la simplificación máxima que le dijera Mayer. Con la animación, Toth encuentra una economía de dibujo que no podía hallar en el cómic, pero también percibe la necesidad de ir más allá. El credo del historietista no se acaba en la simplificación: debe ser la narrativa, el storytelling, el por qué de esa simplificación.
El efecto del trabajo en animación se puede ir contemplando en sus esporádicos trabajos para DC y Warren. Sus dibujo se reduce a los mínimos trazos que definen el movimiento del personaje. Su narrativa da un salto cualitativo y se convierte en el objetivo fundamental de su obra. Ya en los 70, Toth comienza a dar lecciones de maestría en revistas como «Hot Wheels» o «House of Secrets» en DC o en «Creepy» para Warren.
Tras un breve paso por estas editoriales, vuelve a Hanna-Barbera para encargarse plenamente de la gran apuesta de la productora,«Super-Friends». Su experiencia previa en DC es decisiva para el desarrollo completo de la serie durante casi cinco años. Los clásicos superhéroes son tratados por Toth de una forma distinta y única hasta el momento. Por primera vez, los personajes de la DC toman vida propia y exhiben un dinamismo desconocido.
Su vuelta al mundo del cómic se caracteriza por la dispersión. Toth comienza a trabajar de nuevo para Warren y otras editoriales pequeñas. Pero en este periodo, dibuja la que es considerada por muchos como su obra maestra y la mejor serie publicada jamás por Warren: «Bravo for Adventure». La serie se comienza a publicar en 1980 en una revista menor, «The Rook», tras cuatro años en los que Toth intentó infructuosamente conseguir un editor. La visión de la aventura basada en guapas chicas, coches veloces, aviones y un protagonista a lo Errol Flynn pasó sin pena ni gloria por un cómic americano donde se imponían otro tipo de formas de entender la aventura. La posterior edición por Dragon Lady Press y su paso por Europa le proporcionó un reconocimiento de sobra merecido.
Durante la década de los 80, las historietas de Toth se publican casi con cuentagotas en multitud de pequeñas editoriales, en muchos casos reeditando antiguas publicaciones suyas o con compilaciones de su obra. Sin embargo, como el propio autor declaró muchas veces, el cómic que se hace a partir de ese momento deja de interesarle. Sus férreos principios éticos y morales entran en contradicción con unos contenidos que no le satisfacen. Buen ejemplo de esta actitud es el rechazo a seguir la serie Torpedo 1936 para el editor español Toutain.

Los violentos guiones de Sánchez Abulí desagradan profundamente a Toth, que decide abandonar la serie con apenas dos episodios dibujados. Durante los 90, su obra original publicada se ve limitada a apenas unas ilustraciones para reediciones de sus obras, pero paradójicamente, se comienzan a reeditar sus obras de forma sistemática. A partir de las completas recopilaciones de Eclipse y sobre todo de las completas antologías editadas por Manuel Auad, la obra de Toth vive una revitalización importante que es paralela a la su importante colaboración escrita (especialmente destacable, ya que sus misivas rotuladas a mano han sido reproducidas siempre tal cual, aprovechando uno de los muchos aspectos en los que destacó este autor: la rotulación) en medios como «The Comics Journal» o «Comic Book Artist» .
Alex Toth falleció el 27 de mayo de 2006.
Más información, en la excelente Tothfans, donde podemos encontrar The Annotated Toth, comentarios sobre sus propias obras que son una guía extraordinaria de cómo hacer historieta.
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Watchmen, éxito total
La prueba del éxito total de Watchmen, transcribo lo que me ha pasado hace escasos 10 minutos. Me llama un buen amigo (que, por razones obvias, no quiere que dé su nombre):
- Álvaro, ¿estás en casa?
- Sí, sí.
-Pues pon el Sálvame, rápido.
-¿Qué?
- El Sálvame, cojones, rápido, que lo pongas, en Tele5.
Y yo cambio, suponiendo que estaba saliendo algún dibujante hablando de sus amoríos o algo así…y no. Increíble pero cierto: en el escenario del programa, de fondo, tras el presentador… ¡una imagen de Watchmen!
Lo he visto con estos ojitos miópicos míos… La prueba:
Si esto no es éxito… :)
ACTUALIZACIÓN: en los comentarios Eme A que el otro cartel es de ¡Expomanga 2009! ¡El tebeo toma Sálvame!
Atención, interpretaciones: manga y una “novela gráfica” de superhéroes… Mmmmmm.
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Sin maestros
Según la senadora Nancy King, el gran problema de la falta de maestros en las escuelas es que…¡terminarían leyendo tebeos! ¡Qué horror! Porque ya se sabe, de ahí a las drogas, la delincuencia y matar a los padres con una katana, sólo hay un paso…

Supongo que al ver esto, llamaría a la Guardia Nacional, a los marines y Chuck Norris, por lo menos…
País.
El de los USA, claro…
(Via The Beat)
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Leyendo tebeos en público
Les recuerdos a ustedes, lectores y lectoras de tebeos, que hoy, 93 aniversario del nacimiento de Jack Kirby, se celebra el Día de Lectura de Tebeos en Lugares Públicos. Vamos, que salgan ustedes del armario de una vez y que lean tebeos allá dónde puedan (y manden fotos!)
Si el podía…¡tu también puedes!
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Breccia
Alberto Breccia
Cargado por pointgmagazine. – Videos web independientes.
_Via Forbidden Planet
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Novedad de Taschen para septiembre
- 75 Years of DC Comics: The Art of Modern Mythmaking, de Paul Levitz. Tapa dura, 29 x 39.5 cm. 664 páginas Pvp:150.00€
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¡Felicidades, Krazy & Ignatz!
Tal día como hoy, hace 100 años, en la parte inferior de The Family Upstairs, aparecían dos pequeños personajes invitados, un gato (o gata) y un ratón. Sin nombres, sin títulos, sólo con una acción: el ratón le tiraba una piedra al gato (o gata). Después supimos sus nombres Krazy e Ignatz. Y que no eran piedras, sino ladrillos.
Nunca supimos era si era gata o gato, pero lo que es seguro es que comenzaba el periplo de una de las obras más fascinantes de la historia del tebeo.
Pinchar para ver completa…
ACTUALIZACIÓN: El Mundo dedica una animación especial…
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Presentación de Silhouette
El Viernes 25 de Junio, a las 19:00, se presentará en la librería Generación X de MAdrid (C/Puebla 15) el álbum Silhouette, de Jesus Alonso Iglesias y Víctor Santos.
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XXXIII premios Diario de Avisos
Los veteranos premios Diario de Avisos llegan a su XXXIII edición, con la siguiente lista de premiados:
Guión de historieta realista: Antonio Altarriba
Dibujo historieta realista: Marcial Toledano
Guión Historieta Humor: Lalo Kubala
Dibujo Historieta de Humor: Kim
revista del año: Amaniaco
Editor del año: Ediciones La Cúpula
Mejor labor prohistorieta: Tebeosfera
Mejor comentarista: Javier Mesón
Totalidad obra de humor: Tunet Vila
Totalidad obra realista: Julio Vivas
¡Enhorabuena a todos!
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Novedad de Apa Apa
(**)- Colibrí #1, de VArios autores. Portada a Color, Guardas a una tinta rosa. 64 páginas. 12 x 16. Tirada de 300 ejemplares. PVP: 3€
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Sorteo de 5 catálogos de la exposición 100×100 cómic
Decía en la anterior entrada que el catálogo de la exposición 100×100 cómic es espectacular… y complicado de obtener. La limitadísima tirada hace que sea desde ya todo un objeto de coleccionista (por si no hubiera razones: excelentes textos, gran formato, reproducción exquisita…).
Una tarea difícil que gracias a La Alhóndiga Bilbao puede ser un poco más sencilla, ya que amablemente ha cedido cinco ejemplares para que sean sorteados en La Cárcel de Papel.
Para participar, nada más sencillo: rellenar este formulario, contestando a un simple pregunta: indica una de las parejas de autores intérprete/interpretado. Podéis participar hasta el 10 de junio a las 23:59h.
(Los datos personales se utilizarán única y exclusivamente para este sorteo. Una vez acabado el mismo, serán borrados y no se mantendrá copia de los mismos.)
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Comunicado de la AACE
Os paso un comunicado de la AACE:
Estimado compañero:
En coordinación con el SNAC (Sindicato Nacional de Autores de Cómic) francés, y como parte de la colaboración de la AACE con las distintas asociaciones de autores de la Comunidad Económica Europea, te hacemos llegar el siguiente comunicado agradeciéndote, previamente, nos ayudes en su mayor difusión posible con el fin de llegar a todos los autores de cómic de nuestro país.
Este documento es una recogida de firmas, por parte del sindicato francés, en busca de conseguir una situación justa para el autor de cómics y del reconocimiento de sus derechos de autor en las futuras ediciones digitales de su obra.
Se puede firmar el comunicado sin necesidad de estar publicando en Francia, siendo una muestra de apoyo al movimiento francés, cuyo resultado final, con toda seguridad, también acabará afectándonos a nosotros.
Los autores interesados pueden apoyar el mismo con su firma en el siguiente link:
http://jesigne.fr/appeldunumerique
Y aquí podrán encontrar una traducción del manifiesto:
http://llamamientodigital.blogspot.com/
Un afectuoso saludo
AACE
(Asociación de Autores de Cómic de España)
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Agradeciendo
Me siento abrumado (bueno, la verdad, lo que me siente es con un sueño que no veas…) por las muestras de cariño…¡hasta en la wikipedia! :-)
De verdad, muchísimas gracias a todos. Madre e hijo, en perfectas condiciones.
Por cierto… ¿alguien sabe dónde tienen el botón de off?¿y por dónde se le cambiarán las pilas???
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Frank Trueba
De una entrevista a Fernando Trueba hoy en La Contra de La Vanguardia:
P.- Buscamos la ejemplaridad perdida.
R.- Y no la hallaremos sin la épica. Pero hoy no tenemos héroes, sino superhéroes, que son todo lo contrario de la épica.
P.- ¿Superman no es un personaje épico?
R.- Un superhéroe es un imbécil vestido de forma estrafalaria, un fracaso de la ficción.
P.- Si los efectos especiales son buenos…
R.- Serán lo que sean, pero no son cine. El superhéroe carece de aliento épico, de grandeza: es fruto barato de esta época sin héroes pero con supergilipollas con superpoderes.
P.- A ratitos son humanos…
¡Sandeces! Un héroe de verdad es un cínico capaz de tragarse hasta su propio cinismo para jugárselo todo en un instante por los demás sin esperar nada a cambio.
P.- ¿Dónde están hoy los héroes?
R.- Los he visto cuando rodé El milagro de Candeal. Son niños y viejos luchando día a día por mejorar su comunidad, cada metro cuadrado donde viven…
[Gracias Carles!]
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Lo mejor del 2009, según los lectores de La Cárcel de Papel
Más de 180 votantes y, a fe mía, con buen gusto. Los lectores de La Cárcel de Papel han elegido con sus votos en los comentarios, facebook, twitter y correo electrónico que el mejor álbum del año es:
El arte de volar, de Kim y Antonio Altarriba (Edicions de Ponent)

¡Gracias a todos por participar! (Más tarde, mi lista personal)
La lista de los diez primeros es:
1.- El arte de volar, de Antonio Altarriba y Kim
2.- George Sprott, de Seth
3.- Catálogo de Novedades Acme, de Chris Ware
4.- Las calles de Arena, de Paco Roca
5.- Diario de un ingenuo, de Emile Bravo
6.- Génesis, de Robert Crumb
7.- Ombligo sin fondo, de Dash Shaw
8.- All Star Superman, de Grant Morrison y Frank Quitely
9.- El gusto del cloro, de Bastien Vives
10.- Los muertos vivientes, de Robert Kirkman y Charlie Adlard
El recuento de los más de 180 votantes es el siguiente:
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Lo mejor del 2009
Se acaba ya el año (lo de la década va a gustos) y esa pulsión que nos lleva a confeccionar listas de todo tipo se dispara hasta el infinito. ¡Mira que nos gusta la cosa! Y el caso es que -hay que reconocerlo- es adictivo. Eso sí, servidor, para evitar olvidarse de aquello publicado el último día del año, tiene la costumbre de esperar unos días para no olvidarse de nada y que ninguna de las lecturas todavía pendientes se escape (que ya me ha pasado alguna vez…).
Pero mientras termino de repasar y repensar el listado, algo que no había hecho nunca en estos siete años: ¿por qué no hacer una “consulta popular” entre los lectores de La Cárcel? Así que, allá va la pregunta: ¿Cuál es vuestra lista de los cinco mejores del año?. Ponedla en los comentarios o mandádmela por mail.
ACTUALIZACIÓN: Recuento de 105 votos por comentarios, mail, tweenty y facebook
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Save Our Souls
Aprovecho la nueva edición por parte de Apa Apa Cómics de la obra de Felipe Almendros para una nueva lectura y reconozco que las sensaciones y vibraciones mejoran con el tiempo. Un año después, Save Our Soul sigue manteniendo intactas sus virtudes y, de paso, encuentro nuevos puntos de conexión.
Reciclo la reseña que hice en su día:
Poco puedo decir del autor, del que no he leído Pony Boy, pero me pareció intrigante que reconozca no leer tebeos y desconocer prácticamente el medio y, acto seguido, no sólo lo use para expresarse, sino que se embarque en una autoedición cuidada y limitadísima (sólo 100 copias). Uno de esos casos donde puede ser interesante hasta qué punto el lenguaje secuencial nace de una forma natural, sin necesidad real de un aprendizaje de recursos propios. Almendros se desprende de todo tipo de artificio para contar su viaje a Colima (México), acompañando a su hermana en los primeros días de maternidad. Un punto de partida argumental aparentemente simple y compatible con el relato autobiográfico, sobre el que Almendros pronto construirá un mensaje formal rabiosamente rebelde: el dibujo es marcadamente feísta, infantiloide; reniega de forma decidida de las perspectivas e incluso de la viñeta tradicional, descomponiendo la página en ocho espacios constantes que, muchas veces, pueden incluir en su interior más de una escena, en una ruptura completa con la tradición compositiva. Una serie de elecciones que parecen querer rechazar al lector, pero que permiten a Almendros narrar su historia de una manera completamente original. Pese a que ha declarado abiertamente que plantea sus historietas de forma cinematográfica, la realidad es que esa idea inicial se ve corrompida y desmentida casi de inmediato por el uso de recursos propios de la historieta, jugando con simbolismos, deformaciones, espacios en blanco y transiciones, que le permiten maximizar la expresividad de su relato y caer en la exploración profunda de sus obsesiones y complejos.
Si bien a priori de la sinopsis argumental cabría esperar un relato costumbrista de “choque de civilizaciones” al estilo Delisle, lo que tenemos en Save Our Souls es el retorcido testimonio de una personalidad difícil, una apertura completa hacia las angustias, complejos y pesadillas del autor. El alejamiento se traduce en aislamiento que actúa como elemento de enfrentamiento entre “El autor” y ese “Felipollas” autosatirizado que lo sustituye.
Una obra muy interesante (2+)
Más información.
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La noticia la da El Jueves: Ramoncín consigue cerrar su canal en YouTube
[Visto en La tebeoteca de Fali]
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El slice of life del siglo XXI
Definir Scott Pilgrim implica aceptar que es posible combinar en igualdad de condiciones el manga, los videojuegos, el slice of life, el cine de acción, las series americanas de TV para adolescentes descerebrados y el toque inteligente de sitcom humorística (con el referente claro de Friends o la excelente Cómo conocí a vuestra madre). No parece fácil, más que nada por lo inmiscible de algunos de los elementos y la dificultad de equiparar lenguajes: el videojuego es una cultura profundamente interactiva que precisa de una intervención que es imposible en historieta y parece complicado mezclar los intereses de los treintañeros con los de los adolescentes, por poner sólo dos ejemplos. Sin embargo, Brian Lee O’Malley logra una fusión de todos ellos aplicando como único aglutinante descaro y frescura en cantidades industriales. Sin prejuicios ni preconcepciones, cuenta esta historia de grupo de amigos y sus relaciones sentimentales centrándose en la figura del atolondrado Scott Pilgrim, que para conseguir el amor de ramona deberá enfrentarse a las iras de sus siete novios anteriores. Eso sí, traduciendo “enfrentamiento” por una lucha al modo de los videojuegos en la que se incorporan desde las batallas épicas a lo Dragon Ball al encuentro de ítems mágicos en la mejor tradición de los juegos de Nintendo. Todo asimilado dentro de la narración con absoluta naturalidad, asumiendo que en un momento se puede estar discutiendo sobre chicas y al otro reconvertido en luchador de alto nivel. La estética del manga y el uso de muchos de sus recursos actúa tan sólo de referente formal: sus contenidos tienen más que ver con el “slice of life” tradicional americano, tanto en el tratamiento de los personajes como en el de las situaciones, pero sin miedo a romper esquemas ni costumbres preestablecidas.
El único problema que encuentro a la serie, reconozco, es particular: Scott Pilgrim es un producto generacional, tanto en su forma como su fondo. Es una apuesta decidida por lanzar un mensaje que cohesiona todos los referentes obligados y reconocibles para la generación que vive ahora su veintena, pero en la que me resulta difícil entrar. Esas vivencias y esas referencias son ajenas a mí, supongo que la diferencia de edad ya es un abismo irreversible, y la única vía de enganche con la serie es esa desvergüenza formal que sí que me ha sorprendido y agradado, hasta el punto de hacerlo entretenido pese a la distancia generacional.
En cualquier caso, es evidente que ha llegado el slice of life del siglo XXI. (1+)
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Comunicado de Ponent Mon
Como todos sabemos nos encontramos en plena crisis. Nuestra labor durante estos años nos ha permitido publicar grandes obras de autores de la talla de Jiro Taniguchi, Aurelia Aurita, Emmanuel Guibert o Étienne Davodeau. Creemos que podemos continuar con nuestra línea editorial, pero para ello necesitamos la ayuda de vosotros: los lectores.
Sólo te pedimos que te acerques a tu librería habitual y compres cualquiera de los títulos de Ponent Mon o, si lo prefieres, puedes comprarlos en nuestra web. Tienes la oportunidad de ayudarnos adquiriendo ese libro que tanto has postergado o haciendo un presente muy especial al regalar aquel cómic que te entusiasmó. Tu ayuda nos permitirá publicar Cerebus de Dave Sim, más títulos del maestro Jiro Taniguchi y otros libros que estamos seguros que serán de tu agrado.
Aprovechamos para anunciar que Barrio lejano (versión integral) y El sueño de Meteor Slim se retrasarán hasta la tercera semana de noviembre. A comienzos de diciembre podremos disfrutar de Un zoo en invierno, la autobiografía de Jiro Taniguchi. Cerebus queda emplazada para principios de 2010.
Saludos de Ponent Mon
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Un nuevo Astérix
Uderzo acaba de desvelar el título y características del nuevo volumen de Astérix que se pondrá a la venta el 22 de octubre. El libro de oro recopila una serie de historietas cortas guionizadas inéditas por Goscinny y será el mascarón de proa de todo un asalto mediático para conmemorar el 50 aniversario del personaje.
Un acontecimiento en toda regla desde cualquier perspectiva que se mire: económica, la primera, porque cada nueva aparición del galo irreductible supone un récord de ventas (estamos hablando de millones de ejemplares). Mediática, porque su aparición será noticia (le pese a quien le pese) en todos los periódicos. Y morbosa, porque seguramente estamos ante el último álbum de la serie dibujado por Uderzo, justo en medio de una tormenta sobre el paso de los derechos de publicación de Albert René a Dargaud, la autorización para continuar la serie con otros autores y el enfrentamiento personal con su hija. La verdad es que, tras el decepcionante (por ser educados) ¡El cielo se nos cae encima!, la vuelta a Goscinny es todo un gesto por parte del dibujante, un regreso a los orígenes para cerrar un ciclo fundamental en la historia del tebeo francés en las bodas de oro del pequeño galo.

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Y llegó la respuesta
Poco que decir a la respuesta de Vicente Molina Foix en la revista Tiempo de esta semana. Resumiendo el texto: Molina Foix reescribe la columna de la semana pasada en los términos en los que tuvo que escribirla la primera vez, expresando su poca querencia por la animación y la historieta, pero esta vez evitando despreciar el medio, simplemente alegando su poco interés hacia él y, sobre todo, sin generalizaciones absurdas. Afirmaciones como que le parece que Boris Vian o Ionesco son superiores a Astérix, desde la complejidad de la comparación, son razonables. E incluso las comparto en este caso, pero no derivan en la conclusión de la inferioridad del medio. Sólo es una apreciación personal sobre determinadas obras y autores.
Personalmente, creo que todo este asunto se acabó en aquél momento y que esta respuesta no era necesaria, por mucho que se exigiera.
La revista aprovecha para acompañar la respuesta con un artículo sobre la consideración de la historieta con interesantes intervenciones de Pepo Pérez y Max Vento y otra columna de Ignacio Vidal Folch en defensa de la historieta que me temo le pilló con el pie cambiado.
Después de todo esto, paadójicamente, me quedo con las palabras de Vicente Molina Foix:
No es sólo cosa del verano, sino que parece que la consideración del tebeo como una de las bellas artes está ahí para quedarse.
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Núñez
Recto fue una exquisitez. Un fanzine predestinado por su diminuto formato a cumplir aquello de la buena esencia y los frascos pequeños, reuniendo a los tres autores más inteligentes (con permiso de Santiago Valenzuela) de su generación: Paco Alcázar, Miguel Brieva y Miguel B. Núñez. Cada uno con estilos e intenciones diferenciadas, pero que en conjunto se erigían en una trinidad laica de la razón pura usada a modo de arma brutal santo. El tiempo consagró a Brieva y Alcázar, que siguieron destilando ironía ponzoñosa y hoy comparten espacio cada semana en El Jueves, pero dejó un poco de lado a Núñez, demostrando que Cronos sabría de relojes y de tiernos retoños en steak tartar pero de tebeos, poco. Aunque también algo de culpa tendrá el Sr. Núñez, que en todo este tiempo ha dejado a sus acólitos huérfanos de obra, alimentados tan sólo un puñado de libritos. Eso sí, qué libritos. Porque desde aquél primario M hasta Muertemanía, Núñez se permite hacer repaso a todo lo humano: comenzó despedazándose a sí mismo (M), para seguir con las mujeres (Soy una chica), los hombres (Stroszek), quedándose al final sólo al más puro estilo Matheson (El último hombre), obligándole en lógica obvia a enfrentarse a lo único irrebatible, la temible parca (Muertemanía). Su visión siempre dura, jugando con los simbolismos desde un racionalismo que rallaba la misantropía cruel, obligando al lector a que la dura perspectiva autocrítica del autor se transformase en un espejo de las imperfecciones y dudas de uno mismo. Historietas que militaban en la reivindicación de lo intelectual como necesario peldaño inicial de cualquier catarsis individual o colectiva, que sin embargo ejercían una fina ironía descreída como vacuna ante posibles egomanías. Usa referentes densos y prolijos, de la literatura a la filosofía, pero no cae en la tentación de la exhibición infantil de muchos otros: él los trabaja no para deslumbrar con sus conocimientos, sino para lograr destilar un mensaje propio e incitar a la reflexión.
Muertemanía parecía cerrar un ciclo lógico de reflexión, que coronaba la exposición de la filosofía de Núñez.
No dejó de hacer viñetas, pero en este largo lustro sus entregas se contaron por acontecimientos: una historieta aquí, otra acullá… tan separadas y dispersas que parecían simplemente ejercicios de nostalgia de una autor que se resiste a dejar los lápices pese a desearlo. Una impresión que afortunadamente se demuestra completamente errónea al verlas todas agrupadas ahora en El corazón de los árboles, regalo que nos hace Polaqia y que nos asegura que Núñez ha seguido una pauta marcada, afilando los lápices y el ingenio para demostrar que sigue teniendo mucha guerra que dar. Recopiladas, las historietas de este Greco de la línea clara adquieren la fuerza de la unidad y demuestran que la moral del ser humano sigue siendo la gran incógnita y reto del pensamiento racional. Hurga en la herida buscando contradicciones e incoherencias del ser humano, se la juega con un Hitler casi adorable o encuentra historias tras una pintura de Brueghel el Viejo. Tan a gusto está con lo medieval como con los furry animals, transitando por los géneros con la coherencia de su marcada personalidad como autor. Un álbum brillante que no precisa de la coartada de las apariencias “grim & gritty” para ser provocador e inteligente y que nos deja con la esperanza de que esas anunciadas incursiones en el western y en el terror no se demoren demasiado. (4)
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Colección Novela gráfica de Parramón
Nueva editorial que da el salto a la historieta, y esta vez con tanto prestigio y tradición consolidada como Parramón. Su colección Novela Gráfica se inicia con tres líneas: adaptaciones de clásicos, infantil-juvenil y contemporáneo. Y atentos a los nombres que incluye porque encontramos a Meritxell Ribas, Jorge García y Pedro Rodríguez, entre otros.
Más información en el PDF promocional.
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Compartiendo
Por si a alguien le interesa: he creado una página de Elementos compartidos de Google Reader, en la que podréis encontrar todo lo que vaya encontrando interesante por ahí en los más de 200 blogs que sigo en Reader. Aunque el sistema de microentradas es cómodo y rápido, muchas veces no tengo tiempo para compartir por aquí todo lo que encuentro por los peligrosos ciberespacios, pero mediante este sistema, cualquiera puede acceder (en una curiosa cabriola autoreferencial, se puede seguir también mediante RSS).
Espero que os sirva…
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Kirby
Hoy Jack Kirby hubiera cumplido 92 años. Buen día para leerse el excelente Kirby, el rey de los cómics, de Mark Evanier que editó Rossell cómics.

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¿Quién fue Al Levin?
Una curiosa anécdota del mundo del tebeo y de la investigación en historieta que me recuerda esta noticia sobre Bonvi…
Primero: busquen por internet (es decir, en Google), “Al Levin” Disney. Encontrarán decenas de referencias a este dibujante, considerado uno de los más importantes y brillantes que tuvo Disney junto a Gottfredson y Barks.
Segundo: lean esta entrevista al gran estudioso y guionista Alfredo Castelli. Traduzco un párrafo en particular…
BSJ: Hablando de las influencias de Disney. Mis fuentes me dicen que usted es un ávido fan de Disney, tanto que una vez consiguió enloquecer a los aficionados y críticos italianos, incluso al editor de Disney, haciéndoles creer que existió un dibujante de Mickey Mouse llamado Al Levin que, realmente, nunca existió. Hablénos un poco sobre ese asunto.
AC: Mmm… No es algo de lo que estar orgulloso… En 1965, fui el confundador del primer fanzine sobre cómics en Italia, “Comic Club 104″. Uno de los números estaba dedicado a los personajes Disney y sus autores. En ese momento, nadie tenía ni la menor idea de quiénes eran los artistas americanos que había dibujado a los personajes Disney! Yo identifiqué correctamente a Carl Barks (triste anécdota: Barks fue tan amable que me envió una autocaricatura firmada, la famosa en la que él aparece con la cabeza de Tío Gilito y Tío Gilito con su cabeza… Se perdió en alguna imprenta algunos años después!), Paul Murry, Tony Strobl y otros muchos. Pero fui incapaz de identificar a Floyd Gottfredson, por lo que – ¡Dios me perdone! – inventé un nombre, Al Levin, y le atribuí las historias de Gottfredson. Estaba en contacto con muchos fanzines americanos de la época (escribí un extenso artñiculo sobre ellos en “Linus”): “Alter Ego” “Rocketblast Comicollector”, “Vanguard”, “Capa Alpha”, la posterior línea de reediciones de Edwin April, etc., por lo que envié una copia del número dedicado a Disney Issue a Mike Barrier y Malcolm Willits, de “Funnyworld”. Ellos corrigieron mis errores y me dieron los datos exactos, y yo corregí mi información lo más pronto que pude. Pero el asunto “Al Levin” se había extendido y en muchas enciclopedias sobre cómic (e incluso algunas publicaciones Disney) todavía se puede encontrar el nombre de este artista “fantasma”, en el sentido más literal de la palabra.
Tercero: Vuelvan a la búsqueda en Google anterior y comprueben cómo, más de cuarenta años después, Al Levin sigue vivo….
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Lanza en astillero
Menuda se está armando con la polémica Lanza en astillero, ya sabéis esa versión pornográfica de El Quijote que casi un lustro después de su aparición está removiendo conciencias de todo tipo porque “tiene imágenes más propias del kamasutra”. Ahora se ha sumado hasta Losantos, que asegura en su programa radiofónico de hoy -según nos indica Belano en los comentarios – que este tebeo “era una basura que no valía para nada, que los dibujos eran grotescos y que aquello ni siquiera valía para poner soldadito al personal. y que le asombraría que aumentase la natalidad viéndolo”.
Recordemos un poco que Lanza en astillero es un proyecto colectivo, dirigido por Jesús Cuadrado, con motivo del IV centenario del Quijote y con financiación de la Comunidad de Castilla La Mancha. Los grotescos dibujantes que participaron, ilustrando diferentes pasajes de la obra de Cervantes, fueron: Filipe Abranches, Pablo Auladell, Miguel Calatayud, Marta Cano, Denis Deprez, Lorenzo Díaz, Luis Durán, Anke Feuchtenberger, Antoni Garcés, Esther Gili, Jorge González, Raquel Jiménez, Andrés G. Leiva, Luis Manchado, Francisco Marchante, Max, Micharmut, Carlos Nine, Álvaro Ortiz, Miguel Ángel Ortiz, Pere Joan, Miguelanxo prado, Stefano Ricci, Karim Taylhardat y Fernando Vicente.
Por si sirve, lo que dije de esta obra, allá por Junio de 2005:
Y terminada la lectura de Lanza en Astillero, sólo puedo que descubrirme. Pese a que toda obra colectiva tiene el peligro de caer en la irregularidad, el nivel medio de las historias de este álbum es excelente, alcanzando pese a la disparidad estilística una extraña coherencia que hace todavía más valorable el resultado. Es muy difícil destacar la contribución de alguno de los autores implicados, y sería injusto señalar a uno sobre otro, pero me gustaría hacer notar el impacto que me han producido las colaboraciones de Auladell, Leiva, Nine y, sobre todo, Micharmut, quizás el que más se aparta del literalismo de la obra de Cervantes para darnos una reflexión sorprendente e interesante de la locura de amor de Alonso Quijano. Pequeños matices de un conjunto extraordinario que cumple fielmente su cometido de acercar una visión plural y respetuosa de la mítica obra de Cervantes. Aunque como bien decía uno de los autores “lo teníamos fácil, el que escribía los guiones lo hacía bastante bien”, la adaptación de un capítulo del Quijote era algo mucho más complejo y difícil, una tarea hercúlea que los autores han sabido afrontar, consiguiendo evocar el espíritu de la magna obra cervantina sin perder su personalidad. Una interesante experiencia, producida con excelencia por sin sentido (¡y qué portada de Fernando Vicente!).
Os pongo también algunas páginas de esta perversa obra (atentos a la de Jorge González….¡se ve una teta!¡cuidado lectores viriles y masculinos!¡os podéis poner soldaditos!¡cuidado lectoras!…¡¡¿os podéis poner soldaditas?!):

ACTUALIZACIÓN:
Lo que dijo Losantos (Programa Federico a las 6): “ahora tengo los dibujos… no es que sean obscenos, pse, aspiran… es que son tan malos que prácticamente te pueden quitar la afición, vamos, me asombraría que aumentase la natalidad viendo esto. Tiene ganas de retirarse uno a una cueva, la cueva de montesinos.. Uh que feo, una cosa grotesca y ridícula. [...] La misma basura que en todas partes.
(Qué lástima, no dijo lo del soldadito…)
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La pela es la pela, amigo Haddock
Si hace poco la bomba era que Astérix volvía a Dargaud, con culebrón familiar incluido, ahora la noticia es la contraria: Moulinsart, la sociedad que controla los derechos de Tintín quiere quitarle los derechos de edición a Casterman, la editorial que publica las aventuras del personaje desde sus inicios. Tras la cortina de declaraciones que los responsables de Moulinsart han efectuado, lamentando la poca comunicación entre editorial y herederos, es evidente que subyace la contundencia de las cifras: 16 millones de euros de negocio y más de 800.000 euros de beneficio neto. A lo que hay que sumar el estreno de las películas de Spielberg y Jackson, que multiplicaría el negocio hasta el infinito.
Y el negocio es el negocio…
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