De Modesty Blaise al Metal Hurlant

Modesty Blaise es uno de esos casos de creación que ha trascendido desde la historieta a la categoría de icono cultural. Un mecanismo de extrañas y desconocidas leyes, difícil de prever y mucho más de generar, que consigue que un personaje se proyecte a la categoría de icono sin que nadie recuerde sus orígenes. Porque, seamos claros, la tira diaria de O’Donell y Holdaway es divertida y entretenida, pero poco más. Sus aventuras son remedos de las de James Bond en versión femenina y la concepción de la narración gráfica de Holdaway se restringe a un eficaz estilo (inspirado en Stan Drake) y un seguido de primeros planos a modo de pose. Sin embargo, Modesty Blaise nació en un momento clave y O’Donell supo diseñar un personaje de una personalidad potente y sugerente, muy por encima de sus historias. En los principios de los años 60, Modesty retomaba la tradición de personajes femeninos de la historieta inglesa, con la Jane de Norman Pett a la cabeza, pero la alejaba de la imagen de mujer-objeto para convertirla en un actor principal, con un carácter fuerte, dominante. Una mujer independiente, inteligente, que rompía los esquemas de la época para ponerse en la vanguardia de las reivindicaciones de las mujeres a finales de los 60 y que representaba una nueva forma de entender las relaciones entre hombre y mujer, alejadas del estándar marido-«esposa-ama-de-casa-sumisa». Un magnetismo con el que O’Donell supo jugar en sus guiones, en general tópicas historias que no aportaban nada nuevo al género que prácticamente creo Ian Fleming una década antes, pero que supieron encandilar a toda una generación.
De hecho, es evidente la relación que existe entre Modesty Blaise y la revolución de la historieta en Francia en los 60, dominada por personajes femeninos de fuerte personalidad claramente inspirados en ella: Barbarella, Jodelle o Pravda no pueden negar ser hijas directas de la creación de O’Donell y Holdaway, lo que convertiría a esta tira diaria británica en el antecedente indirecto del movimiento de renovación de la BD que supuso Metal Hurlant. Y no sólo eso, ya que fue una inspiración directa para el movimiento «camp», desde la literatura al cine, siendo la adaptación cinematográfica firmada por Losey una de las joyas del cine de este movimiento.
Vista hoy la serie, sin conocer el contexto en el que se creó y lo que supuso, quedan tan sólo las entretenidas aventuras creadas por O’Donell, que quizás suenen a ya visto para un joven lector actual avezado en miles de aventuras Bondianas y sus clones y es hasta posible que la narrativa de Holdaway resulte chocante e impostada, pero hay que recordar que, más que leer un tebeo, se está asistiendo a la creación de un mito.
La edición que presenta Planeta es correcta, aunque hubiera sido de agradecer textos que pusiesen en situación al lector, sobre todo respecto a la trasgresión moral que suponía el personaje. Es una lástima, eso sí, que al seguir la edición de Titan se haya optado por la versión censurada (por los mismos autores) que se publicaba en las islas británicas, siempre atentas a preservar la salud moral de sus habitantes.
Unos enlaces:
Excelentes artículos de Ricardo Vigueras: 1 2 3
The complete Modesty Blaise Dossier
La censura en Modesty Blaise

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