Me ha sorprendido muchísimo la publicación de Poema en viñetas, de Dino Buzzati, una obra prácticamente desconocida fuera de algunos círculos y que entronca directamente con la renovación formal que impulsó Eric Losfeld a finales de los 60. Una serie de obras que, personalmente, creo que son el origen del debate sobre la famosa dualidad arte/industria, ya que marcan el punto de arranque del enfrentamiento que llega hasta hoy, desde las discusiones entre comercialidad y creatividad hasta las luchas gafapastas vs. pijameros.
Las obras patrocinadas por Losfeld suponen una reacción frente al tebeo infantil/juvenil que se estaba realizando en Francia a finales de la década de los 60, por un lado explorando temáticas «adultas» (lo que obligaba en cierta medida a usar el tema erótico como vehículo, exigido además por la revista donde se publicaban, V Magazine) y por otro usando la narrativa gráfica en busca de un resultado estético. Si tradicionalmente la narrativa había estado al servicio de la narración, los Forest, Gigi y sobre, todo, Pellaert y Devil volcaron su investigación narrativa en el aspecto puramente estético, en la forma. Se podría decir que se había pasado de focalizar el esfuerzo en la transmisión del significado para centrarse en el significante. Pese al intento de mostrarlo como el primer paso en esta línea, no se puede decir que la búsqueda de recursos narrativos supeditados un resultado estético sea algo nuevo, ya que lo encontramos desde las obras de McCay, Sterret o Herriman, pero lo que sí que era nuevo es que protagonizase sesudas discusiones en los recién nacidos salones del cómic, firmadas por estudiosos de la importancia de Umberto Eco, Claudio Moliterni o nuestro Luis Gasca. El tebeo europeo daba en ese momento el salto a la cultura oficial de la mano de esas obras, lo que automáticamente generaba la dualidad entre los que seguían este «nuevo camino» y los que preferían la «tradición», dando pie a la discusión que se mantiene hoy en día y que no deja de ser absurda.
Porque, a fin de cuentas, cualquier arte puede investigar ambas posibilidades sin que sea excluyente, siendo el ejemplo más claro y, posiblemente, mas equivalente, el de la poesía y la prosa. Mientras que la primera busca transmitir sentimientos dándole un peso fundamental al aspecto formal, en la prosa este aspecto formal queda más encubierto. Algo parecido pasa en la historieta: mientras que algunos autores (caso por ejemplo de Eisner o Caniff) han avanzado en una línea en la que la narrativa es una herramienta para contar una historia, que debe permanecer casi invisible al lector, otros (como Pellaert. o Miguel Calatayud) buscan experimentar a través de la respuesta estética, centrando su trabajo sobre el aspecto formal. No significa eso que los primeros descuiden la forma y los segundo el fondo, sino que los caminos seguidos para conseguir captar la atención del lector son distintos, pero alcanzando en ambos casos una respuesta emotiva del receptor que es, a fin de cuentas, lo que busca el autor.
A partir de aquí, creo que intentar discutir cuál de los dos caminos es mejor es tan estéril como discutir si es mejor la prosa o la poesía. Lo que hay que hacer es saber disfrutar de ambas opciones o, en su caso, no intentar denigrar a la contraria porque, sencillamente, no nos gusta.
Dicho esto, hay que evaluar Poema en viñetas como una transgresión para la cultura oficial del año 69, que veía como un literato respetado usaba la historieta como herramienta para su discurso, «rebajándose» a usar un medio popular. Si nos olvidamos de ese aspecto, leído hoy, Poema en viñetas es una curiosa revisión del mito de Orfeo y Eurídice al mejor estilo de los 60, recreando la figura de Orfeo en un cantautor que usa sus composiciones para abrirse paso por un infierno de clara inspiración dantiana.
No es, desde luego, una historieta en el sentido tradicional, sino más bien un poema ilustrado en el que el dibujo carga con toda la función alegórica y simbólica, un «libro de texto con dibujos intercalados» en palabras de su autor, que juega con una incontable serie de referencias que van desde el surrealismo a la cultura pop y que sigue fielmente la línea de experimentación formal iniciada en Francia apenas unos años antes.
Con casi cuarenta años a sus espaldas, la obra de Buzzati sigue siendo una sugerente e inteligente reflexión sobre el amor y sus fundamentos, pero también es un medio excelente para estudiar y comprender los cambios radicales que sufrió el tebeo en los 60 y, por extensión, su efecto en la historieta actual.
Aunque visto que se publica esta obra…¿existiría alguna posibilidad de recuperar clásicos como Jodelle, Pravda, Saga de Xam o incluso más cercanas como Peter Petrake?
