Bares y obras maestras
Me atrevería a decir que el segundo volumen de “En el bar” (Planeta deAgostini) se puede encontrar una de las mejores historietas de la historia del tebeo. Y es decir mucho, porque las historias que reúne este volumen son ya de una madurez pletórica, en la que Muñoz y Sampayo aúnan como pocos la reflexión y la experimentación sobre el medio, pero no puedo evitar maravillarme cada vez que leo “El Bar”. Una historia protagonizada por Sophie, amante/amiga/compañera de Alack Sinner, que llega al bar con una terrible noticia: tiene osteomielitis, una enfermedad terminal que le da pocas semanas de vida. Sophie se encuentra desesperada y perdida, pero su enfermedad no deja de ser un grano de arena en la playa de los problemas del mundo. Muñoz y Sampayo eligen afrontar un verdadero “tour de force” para narrar la historia, situándola en un segundo plano y “moviendo la cámara” de forma errática a lo largo del bar, captando fragmentos de historias, de dramas o alegrías. Logran emular el sentimiento que se tiene al catar parte de unas palabras en medio del tumulto y barullo de conversaciones de un bar. Palabras que nos intrigan, que motivan nuestro voyeurismo…Intentamos escuchar, pero las docenas de historias se entremezclan, se solapan, dejándonos tan sólo una impresión imperfecta. Pero en un ejercicio de magistralidad, Muñoz y Sampayo son capaces de compaginar esa sensación con una historia en la que cada trazo del dibujante es un sentimiento, visceral, rabioso. Poco a poco las piezas encajan y producen una imagen gigantesca en la que se ha conseguido reflexionar sobre nuestra existencia y sobre lo relativa que es frente al tiempo y el mundo. Granitos de arena, pero con sentimientos que luchan por ser escuchados entre la multitud.
Una historieta que, por sí misma, es una obra maestra, pero que acompañada de joyas como la tiernamente cruel historia de amor “Dibujitos”, la sorprendente reconstrucción de la personalidad de “Rasgos de Stevenson” o la rabiosa crítica de “Tenochtitlan”.
Un álbum extraordinario, único, que demuestra hasta dónde puede llegar la historieta. Magistral [(4+) para el álbum, (5) para la historieta "El Bar"]
3.03.06 | Lecturas | Compartir en Facebook |



Pues si el otro día expresaba mi sorpresa por el anuncio de Citren y su posible relación con Blacksad, ahora es seguridad absoluta. SEAT ha diseñado un modelo de Ibiza basado en los tebeos. Aunque no es un modelo de serie, parece que Luc Donckerwolke, Director de Diseño de SEAT y aficionado irredento a la serie 














Modesty Blaise es uno de esos casos de creación que ha trascendido desde la historieta a la categoría de icono cultural. Un mecanismo de extrañas y desconocidas leyes, difícil de prever y mucho más de generar, que consigue que un personaje se proyecte a la categoría de icono sin que nadie recuerde sus orígenes. Porque, seamos claros, la tira diaria de ODonell y Holdaway es divertida y entretenida, pero poco más. Sus aventuras son remedos de las de James Bond en versión femenina y la concepción de la narración gráfica de Holdaway se restringe a un eficaz estilo (inspirado en Stan Drake) y un seguido de primeros planos a modo de pose. Sin embargo, Modesty Blaise nació en un momento clave y ODonell supo diseñar un personaje de una personalidad potente y sugerente, muy por encima de sus historias. En los principios de los años 60, Modesty retomaba la tradición de personajes femeninos de la historieta inglesa, con la Jane de Norman Pett a la cabeza, pero la alejaba de la imagen de mujer-objeto para convertirla en un actor principal, con un carácter fuerte, dominante. Una mujer independiente, inteligente, que rompía los esquemas de la época para ponerse en la vanguardia de las reivindicaciones de las mujeres a finales de los 60 y que representaba una nueva forma de entender las relaciones entre hombre y mujer, alejadas del estándar marido-”esposa-ama-de-casa-sumisa”. Un magnetismo con el que ODonell supo jugar en sus guiones, en general tópicas historias que no aportaban nada nuevo al género que prácticamente creo Ian Fleming una década antes, pero que supieron encandilar a toda una generación.

por las grandes editoriales, que copiaban los formatos de LAssociation para sus propios intereses. Un escrito visceral, que podía ser fácilmente criticado (como así ha sido) si sólo nos fijamos en la numantina defensa de LAssociation como primer y único referente de la vanguardia francesa. Es verdad que la postura de Menu en ese punto podría ser en exceso indulgente hacia la editorial que creó junto a Trondheim, pero no debe ocultar las muchas y profundas verdades que el texto citaba.
Leído el primer y grueso libro de LEprouvette, las sensaciones son contradictorias. Por un lado, la revista (grueso libro, más bien, podéis verlo en el vídeo de 
Este mes de febrero el
Comencemos por Sfar, un autor que demuestra día a día que lleva la historieta en la sangre, que piensa en historieta y que la siente como ningún otro autor actual. Sus obras son siempre, cuanto menos, interesantes, pero hay momentos en los que su genio brota de sus tebeos como una inundación imparable que nos arrastra. Y el mejor ejemplo es La Java Bleue, séptimo volumen de una serie poco conocida de este autor, Pascin, en la que la excusa argumental de una biografía imaginada del pintor Julios Pinkas (conocido como “Pascin”) sirve al autor para hacer una brillante reflexión sobre la creación y el concepto del arte.
Pero si la obra de Sfar es visceral y apasionada, la de de Crecy se encuentra en las antípodas, en el terreno de la reflexión brillante, pero también compartiendo una profunda meditación sobre el arte. Periode Glaciare nos lleva a un incierto futuro donde Europa ha desaparecido por completo bajo el hielo de la glaciación, es el continente perdido que unos arqueólogos buscan sin más pistas que unos antiguos mapas. El grupo, acompañado de unos perros inteligentes cruzados con cerdos, descubre por azar el Museo del Louvre. A partir de aquí, la historia se deriva en dos reflexiones tan lúcidas como contundentes. Por un lado, la interpretación de los arqueólogos de los cuadros, que lleva a pensar en una cultura analfabeta basada en la imagen, reconstruyendo la historia de la humanidad en función de los cuadros, pero a imagen y semejanza de esa sociedad futura. Una demoledora crítica al interpretacionismo artístico e histórico, ácida e inteligente, llena de paradojas que no dejan indiferente al lector, que rápidamente cuestiona si no cometeremos los mismos errores. Pero junto a ésta línea argumental, se desarrolla otra completamente simbólica, protagonizada por el perro-cerdo Hulk (todos los perros-cerdos de la misión, brillantes intelectualmente, llevan el nombre de superhéroes de la Marvel, según la interpretación arqueológica futura, dioses de la religión del s.XX) en el que la historia del arte, de la cultura y de la humanidad se equiparan como única base del futuro de la misma. Un ejercicio inteligente en el que la interpretación del arte y cultura “oficial” son cuestionados pero, simultáneamente, se elevan como único motor de la vida humana. (4)
Norma acaba de editar la cuarta entrega de la saga de Isaac El Pirata: La Capital, una buena excusa para releer todo lo publicado hasta ahora y volver a certificar que es, sin duda, una de las grandes series europeas de los últimos años. Blain ha construido una inteligente historia en la que van de la mano las aventuras y la progresión personal del joven pintor Isaac, pasando del género de piratas al histórico casi sin solución de continuidad y demostrando un conocimiento profundo de los recursos de ambos géneros. Si hasta la mitad del anterior volumen asistimos a un relato de piratas casi perfecto, en el que las claves del género (las expediciones, los motines…) son puntos miliares de la evolución del personaje, la vuelta a tierra firme de Isaac nos trae una nueva vuelta de tuerca, en la que el iluso joven se convierte en un descreído que ha vivido demasiado, que ha perdido las ambiciones y las ilusiones de artista y se enfrenta a la vida siguiendo la máxima del “Carpe Diem”. En esta cuarta entrega, la vuelta a su ciudad natal le enfrenta con su padre, un viejo y tradicionalista judío y a la búsqueda de su amada Alice. Siempre acompañado de Jacques, Isaac se adentra en la otra vida de la ciudad de París, la de los ladrones y mafias, alejándose todavía más de su vida anterior…incluyendo a Alice.

