Del papel a la pantalla

8 marzo 2009 / Cine,Opinión / 147 comentarios

ATENCIÓN: En el siguiente texto hay información que puede desvelar detalles importantes de la trama de Watchmen, tanto del cómic como de la adaptación cinematográfica.

waEs posible que las pocas formas de análisis que permitan un acercamiento correcto a Watchmen partan del aislamiento de todo el fenómeno que supone para el género de superhéroes, así como de la repercusión que la obra ha tenido en la evolución del medio. Una distancia que, posiblemente, sólo es accesible desde una lectura inicial virgen de toda coyuntura accesoria. Una situación que, en la mayoría de los casos sólo se dio en aquella lectura mes a mes de su primera edición. Es el único momento en el que el lector puede hacer un análisis coherente con las intenciones de los autores, que planificaron su obra según una cadencia y unas características de publicación, que además interactuaban con la propia evolución de la obra. Es bien conocido que, por imposible de creer que parezca, Moore fue desarrollando la obra desde una cierta improvisación, impulsado fundamentalmente por el afán experimentador hacia el medio y género. Una intención que se puede observar con claridad en la brutal evolución de las cuatro primeras entregas de la serie. En sus primeros dos números, Watchmen desarrolla un “whodunnit” canónico, un thriller detectivesco trasladado al género superhéroico que va lanzando interesantes apuntes hacia la propia definición del superhéroe. Dos capítulos donde la experimentación es restringida a un análisis pormenorizado y exhaustivo de los recursos clásicos del género: composición de página, puesta en escena, estructura argumental… pero sin aportar más que algunos aportes originales, como la minuciosidad obsesiva hacia la coherencia narrativa (explotada fundamentalmente en la detallada escenografía, que es mantenida temporalmente desde diferentes perspectivas con exquisita precisión), la puesta en escena de flashbacks, la utilización del color como elemento de navegación narrativa y, sobre todo, la inclusión de un análisis simbólico basado en el desarrollo de iconografía propia y de ideas conceptuales abstractas como la simetría omnipresente (que comienza a implantar, por ejemplo, a partir de la composición cromática de la página en el encuentro entre el Comediante y Moloch). Incluso se podría plantear que originalidad no es el término más adecuado, ya que muchos de estos recursos fueron ampliamente desarrollados por autores como Will Eisner, pero Moore, Gibbons y Higgins, los articulan con una fuidez desconocida hasta el momento.
Sin embargo, la improvisación del desarrollo argumental se descubre claramente en los famosos cuarto y quinto episodios de la serie. Tanto en el episodio marciano como en el planteamiento de “Aterradora simetría” Moore se despoja ya de la necesidad de seguir la línea narrativa de los tres anteriores números, rompiendo la identidad estructural para adentrarse en la experimentación más rabiosa, que alcanzará en el uso de la estructura de la página como armazón de un esquema temporal paralelo en el cuarto capítulo. Es verdad que el tercer capítulo ya comienza a introducir una experimentación más radical con la inclusión de tramas paralelas, pero todo el monólogo del Dr. Manhattan en Marte es un tour de force inaudito, una ruptura de la tradición de la continuidad temporal entre viñetas para jugar con el propio movimiento de página. El propio cómic-book es una especie de vista global del tiempo tal cual lo concibe Manhattan, sintetizado de forma espléndida con cada doble plancha, que analiza unidades temporales alternantes y dispersas, pero que adquieren sentido en su composición conjunta. Moore firma lo que es, sin duda, uno de los momentos álgidos de la historieta, pero establece una separación temática entre este capítulo y los anteriores, desarrollando una brillante reflexión sobre el concepto de superhombre de Nietzche y sentando la hipótesis del alejamiento de la humanidad a medida que se aproxima a la definición de divinidad. Aunque en cierta medida dinamita la continuidad de la serie, tiene sentido tanto dentro de ésta como de forma aislada, pero adquiere todo su sentido en la siguiente entrega, donde el concepto de simetría es explorado como vehículo generador de contrastes: Manhattan vs. Veidt, la concepción del héroe superhumano frente al humano perfecto. Dos claves en el planteamiento de la obra que definirán un punto de inflexión fundamental en la serie, que pasará a orbitar alrededor de la imposibilidad del héroe: si es superhumano, perderá su humanidad. Si es un humano perfecto, querrá ser divino. El “whodunnit” inicial deja de tener sentido y Moore se lanza a concluir una trama argumental que pese a que ya ha quedado definitivamente en segundo plano, debe arribar a puerto. Aprovecha para seguir experimentando con los elementos clásicos y para ahondar de forma ya colateral tanto en la decrepitud del héroe como en la propia experiencia metalingüística, identificando la historia de piratas clásica de la EC con el desarrollo posterior que espera (un viaje sobre muertos cuyo objetivo final se transfigura y pierde por el camino). La “realidad” es tan sólo una derivación de una simple historia de cómic-books y Moore se atreve al traspaso de recursos narrativos entre realidad e historieta.
En ese sentido, la lectura de forma conjunta de la obra de Moore como “novela gráfica” deja al descubierto, paradójicamente, las debilidades de Watchmen, derivadas de una concepción inicial que aprovechaba que el lector dejaba pasar un mes entre capítulo y capítulo y no atendería a la continuidad estructural de la obra. La experimentación aislada tiene sentido en entregas mensuales, pero chirría como capítulos de un único volumen, permitiendo incluso ver cómo muchas de las subtramas son secundarias y totalmente prescindibles (la relación entre Silk Spectre y El comediante, por ejemplo).

Un análisis previo que, posiblemente, Snyder ha obviado en la adaptación cinematográfica en pos de una fidelidad narrativa, sí, pero que sólo hace que tensar todavía más las dificultades de la coherencia interna de la obra. Los primeros minutos de la obra pueden hacer pensar que el director realmente ha apostado por la experimentación que Moore planteaba, con ese diseño de títulos de crédito que es usado como síntesis argumental a partir de imágenes fijas “tridimensionalizadas”. Las viñetas bidimensionales de la historieta se convierten en fotografías que descubren en su movimiento la tercera dimensión, una preciosa metáfora de lo que encontraremos a continuación, y que además es utilizada como prólogo que resume (y amplía) a la perfección la coyuntura de los héroes de Watchmen. Sin embargo, la ilusión se desvanece enseguida al comprobar como Snyder opta por una traslación literal de la obra. Durante la primera mitad del metraje, es evidente que el objetivo del director es la visualización modélica de la obra de Moore. Lo que consigue, sin duda, con una nota espectacular: la escenografía es milimétricamente calcada de las viñetas, la puesta en escena es la traducción impecable de los dibujos de Gibbons, los diálogos son estrictamente los del tebeo y el casting es simplemente increíble, consiguiendo casi siempre que reconozcamos sin dificultad a los personajes (excepción hecha del ridículo Nixon, al que se le dota de probóscide… ¡sólo comparable a la de Depardieu en Cyrano de Bergerac!). Una estimable conducta que pronto se revela como uno de los grandes problemas de la película. Al asumir que el tebeo es el storyboard de la película, Snyder comete un error de principiante terrible que le obliga y condiciona el resto del metraje: el tempo de las viñetas no es el ritmo real, sino el impuesto por el dibujante, que será transformado en tiempo físico por el lector. Pero el ritmo entre imágenes está claramente marcado por la transición entre fotogramas, construida a partir de un intervalo temporal definido. Si pasas de una a otra, los tiempos no coincidirán y la única manera de traducirlos es a través de un ritmo anticinematográfico, basado en la cámara lenta como eje de identificación con la viñeta. Es cierto que el aficionado compulsivo disfrutará con la visión estática de las viñetas del tebeo, pero el ritmo cinematográfico se resiente brutalmente. Un error que se propaga a los actores: en su afán de encontrar los sosías perfectos de los personajes, el casting se olvida de las capacidades interpretativas, reuniendo un grupo de actores que nunca llegan a actuar conjuntamente y que no dan la talla en ningún momento, que sólo logran que los diálogos, excesivos para la pantalla, aparezcan como impostados y teatralizados hasta el ridículo en algunos momentos. Snyder falla en lo básico: en la propia definición de la diferencia entre medios. Obcecado por su traslación perfecta, no se da cuenta de que la estructura temporal del cuarto episodio no tiene sentido en la temporalidad secuencial del cine, donde deja de tener sentido, llegando al absurdo total en el intento de colocar el golpe de Veidt al sicario que intenta asesinarlo en el centro temporal de la película, al igual que Moore lo coloca en el centro espacial de “Aterradora simetría”. Una elección que puede causar orgasmos en los puristas de la serie, pero que lastra completamente la distribución temporal de la película, obligándole a cambiar toda la segunda parte de la obra.
Y es ahí donde más problemas se pueden plantear. Puede ser discutible que Snyder decida cambiar el final de la obra pero tiene cierta lógica, aunque se revele errónea. En una sociedad post 11-S y tras la caída del muro de Berlín, el planteamiento de guerra fría nuclear de Moore parece difícil de asumir, pero la propuesta del director es todavía peor, ya que transformar la amenaza alienígena en un atentado de dimensiones descomunales parte de un error básico: el 11-S no consiguió la unión de la humanidad y Snyder se atreve a comparar su idea con la realidad de forma evidente, con esa imagen de la nueva zona cero de la explosión con unas magnificentes torres gemelas de fondo. Sorprende que mantenga a fuego la cronología de la obra, incluyendo una banda sonora setentera/ochentera y, sin embargo, decida cambiar un final que es propio de esa década.
Pero, pese a todo, ninguno de los anteriores serían los mayores problemas. A mi entender, el mayor problema de la adaptación cinematográfica nace del cambio radical del mensaje básico que Moore plantea en Watchmen: el crepúsculo de los héroes que nacieron en la Golden Age. Si el británico deja claro en su obra que esos héroes ya no tienen sentido, el discurso de Snyder es radicalmente contrario, reivindicando la vuelta de los héroes. Un mensaje que deja claro en la “reaparición” de Búho Nocturno y Silk Spectre, un rescate de un incendio que en el tebeo es planteado desde una visión desprendida de espectacularidad y que en la película es mostrado como un momento épico. Para Moore es la demostración de que Peter Pan ha muerto. Para Snyder, los héroes han vuelto en todo su esplendor. Hasta en los pequeños detalles: en una película donde no se ahorran las imágenes más violentas y sexualmente explícitas, se opta porque el personaje de Silk Spectre ya no fume. Los héroes buenos de verdad no fuman, en un mensaje maniqueo e infantil, políticamente correcto, que antecede lo que vendrá después. Una aparición espectacular de los héroes (sólo la aparición de Silk Spectre es ya una declaración de intenciones claras), que llegará a su paroxismo en un orgasmo explícito que les devuelve su fuerza, mientras que el tebeo era la constatación de los traumas y necesidades de la máscara para escapar de la mediocre realidad. Un mensaje que es certificado tanto en la pelea de la cárcel como, sobre todo, en la escena final: Moore da carpetazo a unos héroes que deciden entrar en la vida normal teniendo hijos, familia y problemas humanos, mientras que la película abre una segunda parte de emocionantes aventuras encapuchadas.
Si bien podría ser razonable defender el cambio de final (que sólo tendría sentido si Snyder hubiera situado la acción en la actualidad, la opción más lógica teniendo en cuenta que Watchmen se desarrolla en el tiempo real en el que se publicó, lo que a mi entender no “traicionaría” el original, sino que aportaría matices nuevos muy interesantes), el cambio de mensaje es absurdo. Abandonados los aspectos formales, Watchmen es una reflexión sobre la imposibilidad del superhéroe en el mundo real, un dramático adiós a los héroes de una Golden Age.
Paradójicamente, Snyder se demuestra un seguidor canónico de la estética de Watchmen pero se niega a aceptar su mensaje.
¿Cuál es el veredicto final? Pues que Watchmen no deja de ser una película más. Ni es el horror del Spirit de Miller ni es la mejor adaptación que se ha hecho de un cómic. Es simplemente, una película más de superhéroes que sufre de la maniática prolongación exagerada de la duración, de un uso repetitivo y burdo de la cámara lenta y de unos actores olvidables, pero que se deja ver pese a los bostezos de algunos momentos. Que se parece mucho a lo que vimos en el tebeo de Watchmen, pero que cuenta otra historia.


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Casas encantadas, fantasmas y e(Spirit)us

7 marzo 2009 / Enlaces / 3 comentarios

Bronze of Age of Blogs descubre un curiosísimo y desconocido proyecto de Will Eisner: The Spirit’s Casebook Of True Haunted Houses & Ghosts

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Vale, pasó el día W y no veo ningún calamar gigante teletransportado en NY. Dejando de lado el fracaso de los vaticinios y videntes…¿Opiniones de la película ya sobre hechos y no sobre prejuicios?

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Tebeos en la revista Ínsula

6 marzo 2009 / Noticias / 5 comentarios

La revista Ínsula, una de las publicaciones más prestigiosas de literatura hispana dedica un apartado de su almanaque 2008 (número 747, Marzo 2009) a los tebeos, con un repaso a lo que fue la novela gráfica de autores españoles en el 2008.
Una barrera más que cae… :)


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Sam’s Strip

6 marzo 2009 / Enlaces / 8 comentarios

No os perdáis el avance que Fantagraphics publica de Sam’s Strip, una tira diaria de los años 60 de Mort Walkey y Jerry Dumas casi desconocida, pero que significó uno de esos casos extraño de metalingüismo extremo, con un personaje que vive en el “universo” de las tiras diarias, consciente de ser un personaje de historieta. Una serie incomprendida (muchas veces los lectores no entendían los chistes por desconocer los personajes que aparecían) que apenas duró un par de años y que con el tiempo se retomaría en una serie convencional, Sam & Silo. Aprovechando la próxima edición, se publican también opiniones de Walker y Dumas sobre la génesis de esta serie tan atípica.

samstrip

samstrip2

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Tenéis más imágenes sobre la obra en esta cuenta de Flickr y en Isn’t life Terrible.


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Hoy a las 22:00h, en La 2, el programa Días de cine está dedicado a Watchmen y los tebeos…

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En el blog de Tex, entrevista a Alfonso Font, en el que cuenta su experiencia como dibujante de esta serie.

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Clásicos del Humor: Rompetechos

4 marzo 2009 / Lecturas / 36 comentarios

rompetechosDejémonos de Watchmenes y vamos a las cosas serias: nueva semana, nueva entrega de la colección de clásicos de Bruguera de RBA, dedicada esta vez a otra de las creaciones de Ibáñez, el cegato Rompetechos. Vaya por delante que siempre me ha parecido una creación excesivamente repetitiva e insulsa, remedo doméstico de esa genialidad de la UPA que fue Mr. Magoo. Pero a los que les guste el personaje, un volumen a comprar: se agradece la inclusión de más de 60 planchas de la primera época del personaje en Tio Vivo, en un bitono maltratado muchas veces por el escaneo, aunque en este caso disculpable por el difícil estado de los materiales de partida (tengo bastantes números de Tio Vivo de la época y, la verdad, la impresión es muy deficiente). En el caso de las planchas de Din Dan, en general, calidad aceptable a excepción de las ya habitual existencia algunas páginas con ligeros desenfoques en la línea.cataplasma
Para acérrimos de Ibáñez. Servidor se queda mil veces con la genialidad de Martz Schmidt en el volumen de Super Humor de El Dr. Cataplasma editado por Ediciones B, que incluye planchas de El profesor Tragancanto, Polvorilla, El Sheriff Chiquito, Pepe K.O. y Delirante Rococó. Genial y con una calidad aceptable, aunque por desgracia no incluye información sobre fechas de edición, etc (¡qué mal nos acostumbran!…).
Eso sí, curiosa la frase incluida en los créditos: “Ante la imposibilidad de contactar con el propietario de las ilustraciones, la editorial pone a su disposición todos los derechos que le son legítimos e inaliebables”, indicando el copyright de Martz Schimdt.
Cierto que la cosa tiene poco valor real, pero hay que reconocerle a Ediciones B que acepte la autoría de los creadores originales de las obras que edita y sus derechos derivados. Es un detalle importante.


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¡Qué pesadez! Se acabó Watchmen por esta semana… (hasta que vea la película, claro).

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Una película para frikis

4 marzo 2009 / Enlaces / 106 comentarios

Lo comenta Abel Grau en el blog de Watchmen de EL PAíS a raíz de una noticia aparecida en Los Angeles Times:
“A pesar de toda la fanfarria publicitaria, Watchmen sólo interesa de verdad a los fanáticos del cómic original, que sobrepasan la franja de los 25 años. A los más jóvenes (adolescentes y veinteañeros) no les atrae tanto, y a las mujeres en general no les llama lo que se dice nada. Estas son algunas de las conclusiones de varios recientes estudios sobre espectadores de cine citados por Los Angeles Times.”

La cuestión es que, viendo el artículo en su extensión, la sensación es terrible, de productoras invirtiendo en películas según criterios etiquetados por equipos de marketing y estadísticos, olvidando que el cine es un medio que cuenta historias. Las historias son lo de menos, lo único que importa es cómo hacer películas-soma que todos puedan deglutir.
No, no creo que Watchmen sea una obra para frikis, es una obra para adultos. Mayores de 25 años, sí (terror señores productores, pueden no ser zombis palomiteros que consumen lo que ustedes impongan). Aunque es evidente que es una obra que disfrutan mucho más aquellos que conocen la claves del género y son conocedores del medio. Igual que un buen somelier disfruta de un vino de calidad y hay otros que somos incapaces de diferenciar un Don Simón de un Vega Sicilia.


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Ordenando antiguas entrevistas y artículos para ir subiéndolos a la web (lo que era, en su día, el objetivo primigenio de La Cárcel…)

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¡Salvemos al calamar!

4 marzo 2009 / Enlaces / 12 comentarios

squid


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Infidelidades beneficiosas

4 marzo 2009 / Cine,Opinión / 58 comentarios


P. ¿La adaptación es fiel?
Fernando Meirelles. Creo que sí, sobre todo porque no conseguí liberarme del libro. A veces me preguntan si adapto novelas porque no encuentro historias propias, pero para mí Ciudad de Dios, El jardinero fiel y A ciegas [basadas en novelas de Paulo Lins, John le Carré y José Saramago] son propias. Soy un lector compulsivo, y hacer una película me parece una buena excusa para seguir metido en el mundo del libro.
J. S. Tampoco hace falta que una adaptación sea fiel. Incluso demasiada fidelidad no es buena. Es lo que ocurrió con La balsa de piedra [dirigida en 2002 por el francés George Sluizer]. Parece que el autor debería decir que cuanto más fiel mejor, pero hay infidelidades beneficiosas. La película cuenta la misma historia que el libro por otros medios.


Lo anterior es parte de una conversación entre el director Fernando Meirelles y el escritor José Saramago a cuento del estreno de la versión cinematográfica de la (maravillosa) Ensayo sobre la ceguera y refleja bastante bien qué es lo que pienso y espero de Watchmen, la adaptación de Zack Snyder.
Desde que se están dando noticias sobre esta película (y más ahora con las primeras impresiones), mi mayor miedo es que Snyder intentase hacer una reflejo “fiel” del tebeo. Un despropósito a todas luces, porque trasladar Watchmen al cine suponiendo que el tebeo es una especie de “storyboard” es no entender para nada qué es la historieta y, mucho menos, qué es Watchmen. Quedarse en la superficialidad de una traslación mimética de las viñetas puede resultar satisfactorio para un fan ávido de merchandising de su tebeo preferido, pero nunca puede realmente traducir el mensaje de Watchmen. Como bien dice Saramago, la riqueza de las adaptaciones está en las infidelidades, en contar la misma historia o basarse en ella para desarrollar un discurso propio en otro medio completamente diferente.
watchmensimpson
Si Snyder quiere adaptar de verdad Watchmen al cine, lo que el viernes deberíamos ver es un juego de rupturas formales cinematográficas, de propuestas clásicas reconvertidas y reinventadas desde el lenguaje del cine a partir de una propuesta argumental sencilla, que se atreva a conjugar en paralelo el análisis del mito del superhéroe (desde una perspectiva de hoy) con la crítica mordaz de la situación política. Para que viéramos de verdad Watchmen en la pantalla, Snyder debería estrujar el lenguaje cinematográfico hasta sus últimas consecuencias, como en su día hicieron Moore, Gibbons y Higgins, llevando al cine su sentido real y sin tener miedo a ser infiel a la literalidad del tebeo, pero no a su espíritu de transgresión formal, dando una versión personal de la historia original aprovechando las posibilidades que le oferta el nuevo medio.
Por eso, con todas sus limitaciones, me gustó la propuesta que los Wachowsky ofrecieron en V de Vendetta, transformando el mensaje de Moore, obligado en un Reino Unido tatcheriano a un discurso actual, próximo al de la sociedad del miedo que planteaba Michael Moore en Bowling for Columbine. Una infidelidad que demostraba que la propuesta de Alan Moore seguía viva y podía seguir generando nuevas lecturas.
Si nos guiamos por las entusiastas primeras impresiones que ya se han publicado en muchas webs, me temo que la película de Snyder puede ser un entretenido espectáculo que usa personajes que visten igual que los de Watchmen, pero que no se ha atrevido a romper fronteras. Una opción que, por otra parte, no creo que nunca tuviese Snyder: con el coste de producción de una película de este estilo, es casi imposible que el director tenga libertad para hacer un producto que se salga de los esquemas. Mientras que la DC dejó bastante libertad a los autores (total, en el peor de los casos, seria una serie de pocas ventas y la recuperación de los personajes estaba asegurada), la Warner habrá atado en firme que cualquier veleidad autoral por parte del director, que con los (millones de) dineros no se juega.
Personalmente, lo único que espero ver es un thriller de ciencia-ficción, correcto, bien dirigido y que me entretenga. E intentaré, por todos los medios, borrar de mi memoria durante las casi tres horas que dura la película que existe un tebeo del mismo nombre. Es la única forma de ser justo con la película.


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PwP

4 marzo 2009 / Enlaces / 2 comentarios

Scott Kurtz sigue homenajeando a Watchmen en su tira PvP, esta vez uniendo al Dr. Manhattan con Blondie:

pwp2


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Para comérselo

4 marzo 2009 / Enlaces / 9 comentarios

El arte del bento se alía con los tebeos:

bento

Para comérselo, oigan… :)

[Gracias L!]


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Curioso artículo en Wired: La vida secreta de los dependientes de librerías especializadas… ¿Alguien se atreve a hacer lo mismo en Espain? :)

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Watchobama

3 marzo 2009 / Enlaces / 6 comentarios

wtchobama

[Vía The Beat]


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Watchem+Garfield+Popeye+Peanuts…

3 marzo 2009 / Enlaces / 14 comentarios

= PvP Ombudsmen

ombusdmen


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Doomscult

3 marzo 2009 / Enlaces / 17 comentarios

Hablando de escaneos: en Bronze Age of Blogs se puede encontrar la famosa fotonovela de Richard Corben Doomscult. Todo un clásico en el que el de Kansas combinaba su particularísima técnica cromática (no daba color directamente, sino que trabajaba sobre las separaciones de color) con fotografías. La “fotonovela” está protagonizada por Bruce Jones, Karen Feeley y Estelle Gunderson (que, aunque parezca increíble, no era su habitual modelo para sus personajes femeninos, Karen Gilbertson).
Y sí, son reales.

doomscult


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Hablando de Watchmen: el auca/aleluya que se marcan Efedito y Sark en Adlo! sólo se puede calificar de laineG!

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En el fondo, la esperanza de que la adaptación cinematográfica de Watchmen sea “una gran película”, ¿no es una expresión del tremendo complejo de inferioridad que seguimos teniendo los lectores de tebeos?

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