Camino a Cerebus II

Como ya comenté, la importancia de Cerebus excede por completo los límites de cualquier aproximación. Aunque es evidente que, ya sea por el hecho de ser una serie realizada durante 26 años con un nivel artístico espectacular o por los hallazgos e investigación narrativa que se dan en esas 6.000 páginas, la serie debería formar parte de la Historia con mayúsculas del tebeo mundial, no se puede dejar de lado la fundamental influencia que ha tenido Cerebus y Dave Sim en el panorama editorial americano. Es más, me atrevería a afirmar que el tebeo americano hoy no sería igual sin ellos.
Aunque no era una desconocida, en la década de los 70, la autoedición estaba claramente identificada con la publicación alternativa y los movimientos contraculturales. Los mini-comics y los fanzines habían sido los protagonistas de toda la reivindicación de la historieta como medio de expresión adulto, pero no habían conseguido romper la barrera de una distribución marginal. En el fondo, su propio espíritu antisistema los alejaba de las estructuras consolidadas de venta y distribución y hubiera sido casi absurdo encontrar Zap Comix o American Splendor en las baldas de los supermercados junto con las publicaciones de Archie, Marvel, DC o GoldKey que imperaban en la época.
Sin embargo, desde sus inicios Cerebus huyó de esa etiqueta alternativa y buscaba codearse de igual a igual con las series de las grandes editoriales mainstream. Durante los primeros años de la serie, Sim consiguió el primero de sus titánicos logros: crear un sistema paralelo de distribución que permitía que la serie pasase de los 2.000 ejemplares iniciales a casi 20.000 apenas cinco años después. Un logro más importante si recordamos que el “Direct Market” no estaba generalizado tal y como lo conocemos hoy -con su espectacular boom a finales de los 80- y la distribución debía realizarse casi manualmente a los puntos de venta.

El empeño de Sim demostró que era posible otra forma de editar y de vender tebeos, desde la autoedición pero con aspiraciones comerciales, creando un camino que pronto seguirían autores como Wendy y Richard Pini con Elfquest, Larry Marder o Rick Veitch, pero que encontraría su ratificación final con los éxitos de Teenage Mutant Ninja Turtles de Kevin Eastman y Peter Laird o Bone de Jeff Smith.
Sin embargo, la labor de Sim no se quedó ahí: su defensa de la autoedición como forma válida de comercialización de tebeos se extendió a la defensa a ultranza de los derechos de autor. Una tarea que ya había dado sus frutos en el mercado americano: las reivindicaciones de autores como Neal Adams, Jim Steranko o Will Eisner, así como la influencia de las experiencias que llegaban desde Europa había cambiado por completo la consideración de la autoría de historietas en el cómic mainstream. Lo que se consideraba un simple trabajo de encargo, ahora era claramente un trabajo de creación con una serie de derechos inalienables por parte del autor. El éxito de publicaciones como Heavy Metal, creada a imagen y semejanza del Metal Hurlant galo, impulsó a editoriales como Marvel a crear revistas como EPIC (más tarde transformada en línea editorial), donde los autores retenían de forma completa los derechos de sus creaciones. Pero Sim luchaba porque este derecho fuera algo más que una simple concesión paternalista de las editoriales. No se trataba de un regalo de los editores a los autores díscolos a cambio de que éstos siguieran produciendo puntualmente sus entregas de sus series-franquicia. Era un derecho inalienable. Una batalla que tuvo su mayor expresión en la creación del denominado “Creator’s Bill of Rights” (Declaración de derechos de los creadores), originada en 1988 tras el enfrentamiento de Sim con la distribuidora Diamond. Poco antes, Sim había comenzado a publicar a través de su editorial Aadvark-Vaneheim otras obras como Normalman, Flaming Carrot, Ms. Tree o Puma Blues (lo que sería poco después seguido por WaRP Press, la editorial de Elfquest, que publicaría series como A distant soil o Fantagraphics, que comenzaría la edición de Love & Rockets), a la vez que se lanzaba a publicar la primera recopilación de Cerebus, High Society. Todo un hito editorial que se avanzaba en años a la moda de los Trade Paperbacks recopilatorios (de nuevo, Sim abriendo brecha) y que estrenaba además un original sistema de distribución por venta directa por correo. Una decisión que sentó mal a Diamond Comics, que tomó como represalia contra el sedicioso editor abandonar la distribución de Puma Blues. La actitud de la distribuidora dio lugar a reuniones de todo tipo y a la creación de una carta de derechos de los autores firmada inicialmente por el propio Dave Sim, Steve Bissette, Craig Farley, Gerhard, Mark Martin, Larry Marder, Michael Zulli, Ken Mitchroney, Scott McCloud, Rick Veitch, Peter Laird y Kevin Eastman. Aunque la declaración en sí misma no supuso un cambio en los mecanismos de funcionamiento de la industria, dio carta de nacimiento formal al movimiento de autoedición en los USA, que demostró una capacidad de trabajo y movilización inusitada. Dave Sim comenzó una interminable gira promocional con el ambicioso nombre de “Spirits of Independence”, que llevaba el concepto y ventajas de la autoedición a todos los rincones del país. Publicó una guía para la autoedición y alentaba a todos los creadores a autopublicarse sus obras. La incorporación del exitoso Jeff Smith y de Colleen Doran consolidó un grupo de activistas que lucharon durante años por los derechos de los autores y que ayudó a consolidar una nueva forma de entender la historieta. Las Small Press Expo, la instauración de las becas de la Xeric Foundation no existirían sin la labor inicial de este grupo.
Aunque también es cierto que no todo fueron luces en ese movimiento. Tras los enfrentamientos entre Jeff Smith y Dave Sim (que acusó al primero de ser una marioneta en manos de su mujer y lo retó públicamente a un combate de boxeo para dirimir sus diferencias), no fueron pocos los que criticaron que la defensa radical de la autoedición llevó a muchos autores a la ruina. Convencidos por la fuerza de las palabras del movimiento de autoedición, lo que algunos creadores comenzaron con una fe total en su obra se transformó en abultadas facturas que los hundieron económicamente. Como afirmó Max Alan Collins, quizá la independencia no era una opción, era simplemente que no existía otra alternativa.
Pero, en cualquier caso, y por encima de esas sombras, la realidad es que el trabajo de Sim en Cerebus ayudó a cambiar el modelo editorial americano e impulsó todo el movimiento independiente de una forma que es imposible de valorar en toda su extensión. A lo que hay que añadir que su decisión de publicar recopilatorios de su obra en gruesos volúmenes se adelantaba de nuevo a su tiempo: los phone-books de Cerebus demostraron que el público consideraba la historieta más allá de la entrega periódica mensual y que existía un nicho de lectores que querían ver sus tebeos favoritos publicados en un formato distinto, más próximo al del libro y donde la obra se extendiera mucho más allá de las 24 páginas del cómic-book.

El Dr. Cerebus & Mr. Sim

Dave Sim es uno de los mejores autores de historieta que ha dado el medio.
Dave Sim está como una puñetera regadera.
Ambas afirmaciones son ciertas. Palabra por palabra. Y la publicación de sus dos últimas obras, Judenhass y Glamourpuss no hacen más que confirmarlo.
Pongamos la cosa en antecedentes: en 1977, un joven Dave Sim decidió –tras ser ingresado por una intoxicación de LSD, todo sea dicho- crear una serie de comics-books autoeditados que duraría 300 números. Los primeros números de Cerebus no eran más que una burda parodia de Conan el Barbaro, aunque torpemente dibujada, había que reconocerle cierta mala leche y una rápida progresión en la calidad del dibujo. Pero no dejaba de ser un tebeo del montón. Sin embargo, a partir de su número 26, la serie protagonizó un espectacular salto de calidad: comenzó una larga saga denominada High Society en la que Sim demostraba una brillante lucidez y una afilada ironía, creando una demoledora crítica del poder y la política. El excelente arco argumental de 25 números sólo fue el precedente de la espléndida Church & State, en la que Sim enfocaba su mira en las relaciones entre poder y religión, en una de las reflexiones más interesantes y contundentes que servidor pueda recordar. Por el camino, Sim demostraba además una innata capacidad para la narración, que se desataría completamente con la incorporación del impecable Gerhard en la realización de los fondos. Sin la presión de la finalización de la página, Sim se volcó sobre la narrativa: su dibujo mejoró y comenzó una carrera de experimentación narrativa en la que se encuentran algunas de las innovaciones más atrayentes de la historia del medio.
Sin embargo, todo cambió en 1984. La separación de Sim provocó un antes y un después en la obra del autor. Pese a que la siguiente saga de Cerebus, Jaka’s Story, se cuenta todavía como una joya de la historieta, se comienza a percibir un lento cambio en las ideas de Sim. En diez años, un ateo, liberal de rotundas ideas, iría derivando hasta un extremista religioso misógino. La saga Mothers and Daughters culminaría con Reads, un complejo álbum, en el que el texto domina casi completamente y en el que Sim certifica su deriva ideológica con un texto “antifeminista” que desataría las iras de las lectores y de buena parte de los seguidores de Sim. Tras él, Sim anunciaría además que abrazaba la religión en todas sus formas, declarándose cristiano-judio-musulman (sic) y creyente ultraortodoxo. A partir de ahí, su particularísima visión de la religión y de la vida se plasma, lógicamente, en Cerebus en sagas como Minds, Form Void, Latter Days o, sobre todo, The Last Day. El resultado es, cuanto menos, extravagante. Sim es un autor inteligente y su forma de plantear sus argumentos es, generalmente, brillante, tanto en forma como en fondo, pero el contenido de su mensaje puede llevar a la absoluta exasperación, por lo menos al que esto suscribe. Un choque ideológico tan brutal que suele dejar ligeramente conmocionado: tras haber seguido casi durante quince años Cerebus, la transición filosófica de Sim resulta difícil de creer. O peor, es la terrible constatación de la siempre peligrosa fe del converso.
Tras concluir la serie en 2004, Sim se alejó de la historieta y durante un tiempo las noticias que llegaba de él estaban unidas a agrias polémicas o a su mayor introducción en el mundo de la polireligión monoteísta que profesa.
Con estos antecedentes, se puede entender mi intriga ante la vuelta de Sim a la historieta con dos proyectos tan alejados como Glamourpuss y Judenhass.
Pero la espera terminó y, tras su lectura, no puedo más que decir que son un reflejo del actual estado mental de Sim.
La primera entrega de Glamourpuss se abre como una explicación del proyecto de Sim: un homenaje al tebeo de estilo fotorrealista, a los Raymond, Prentice, Williamson, Stan Drake o Neal Adams que produjeron durante los años 50 algunas de las mejores tiras de prensa de la historia. Sim quiere aprovechar una crítica salvaje y brutal del mundo de la moda para hacer una exploración continuada de las posibilidades del estilo fotorrealista y, en esta introducción, casi un ensayo, se dedica únicamente a copiar dibujos de los anteriormente citados. Las apenas cuatro páginas que dedica realmente a Glamourpuss son muy poco para realmente juzgar la serie, pero dejan entrever dos posibles debilidades: la primera, evidente, el ataque feroz hacia la mujer que no coincide con el ideal de Sim, perfectamente representado en esa mujer de los años cincuenta, elegante, pero dedicada fielmente a su marido. La segunda, más sorprendente en el caso de Sim, la burda narrativa que despliega. Parte, al igual que los autores que intenta seguir, de fotografías para sus dibujos pero, entretenido en la pose, olvida la narrativa. Mientras que autores como Raymond o Drake integran perfectamente la referencia fotográfica (e incluso la pose, como en el caso de Stan Drake), de forma absolutamente natural, estas primeras páginas de Glamourpuss parecen un seguido de postalitas. Es todavía pronto para juzgar, pero si bien no me extrañaría que la carga ideológica de Glamourpuss sea, cuanto menos, cuestionable, lo que me parece increíble conociendo la obra de este autor es un error tan de principiante.
Las sorpresas no acaban, porque Judenhass es una obra tan sorprendente como extraña. Sim realiza un alegato contundente contra la persecución judía, describiendo el Holocausto como la consecuencia de un odio secular hacia el pueblo judío. El guión no puede ser más simple: citas de personajes famosos, tanto de la cultura como de la política mundial, con declaraciones ofensivas o denigrantes hacia el pueblo judío. Una simple estructura que Sim acompaña de dibujos fotorrealistas (siguiendo el estilo definido en Glamourpuss) de los horrores en los campos de concentración nazi. El contraste entre citas y retratos con los cadáveres almacenados no puede ser más efectivo. Para el autor el problema del Holocausto no fue la locura nazi, sino el silencio del resto del mundo durante siglos de acumulación de odio. El Holocausto, según Sim, no fue una excepción que sólo podía ocurrir en la Alemania nazi, era algo que podía haberse dado en cualquier país y en cualquier momento. Hitler sólo dio el paso para sacar a la superficie un odio que se había ido cultivando en la sociedad. Se podría argumentar, no sin razón, que el alegato de Sim tiene una fuerte componente demagógica, pero es completamente lógica: el autor no busca un análisis reflexivo sobre el Holocausto, sino una denuncia que actúe de forma categórica sobre el lector. No busca la complacencia del lector, sino provocar y hacer saltar conciencias, desatando el debate.
Al no existir una necesidad narrativa, Sim se centra en la composición de la página para el mayor impacto visual, integrando perfectamente el estilo fotorrealista, consiguiendo resultados mucho más coherentes y logrados que en Glamourpuss.
Dos ejemplos claros del estrambótico laberinto que debe ser en este momento la mente de Sim. Un autor fundamental en el tebeo americano, pero capaz de provocar las reacciones más extremas con su particular visión de la vida.

¿Veremos alguna obra de Sim en castellano alguna vez?
Enlaces:
Blog de Dave Sim, con avances de Glamourpuss
Web de Judenhass
Web de Glamourpuss
Cerebus fangirl
Wiki de Cerebus
The Art of Dave Sim
Todas las portadas de Cerebus
Entrevista con Dave Sim