Lecturas Saloneras (II)

Pupurrí de lecturas saloneras:
Mouse Guard, de David Petersen (Norma), era uno de esos tebeos que habían conseguido colarse entre la lista de tebeos que me interesaba leer, gracias tanto a las muchas recomendaciones que de él se han dado como a un nutrido currículum plagado de premios, entre los que se incluye el Eisner a autor revelación. Petersen ha construido una historia clásica de aventuras, con claras inspiraciones en el ciclo artúrico o las historias de caballerías: cortes de aguerridos hombres que deben guardar con sus vidas la paz y sosiego de los demás. Con una pequeña diferencia, eso sí: los protagonistas de Mouse Guard son ratoncillos.
En teoría, un punto de partida original que permitiría desarrollar todo un despliegue imaginativo que, por desgracia, apenas explora. Si bien Petersen podría haber desarrollado ese mundo de ratoncillos siguiendo la excelsa línea de “furry animals” del tebeo americano, opta por utilizarlo únicamente como una opción estética –con apenas algunos apuntes más relacionados con el tamaño-. Se centra en la historia heroica, con un entretenido argumento de traiciones seculares y valientes caballeros, que si bien tiene momentos confusos y baches de ritmo, quedan compensados por el impresionante trabajo gráfico del autor. Petersen brilla especialmente en este apartado: un grafismo elegante y muy adecuado a la historia, un interesante uso del color y una indudable solidez narrativa se conjugan acertadamente, consiguiendo que, al final, se pase un agradable momento de lectura. (1)
Koma 4. El Hotel, de Wazeem y Peeters (dibbuks). A estas alturas, recomendar encarecidamente la lectura de esta obra de Peeters debería sobrar. Encontraremos exactamente lo mismo que en los tres anteriores: un guión sólido, perfectamente orquestado por los dos autores, que va enredándose y abriendo nuevos y sugerentes caminos en cada álbum; personajes atractivos y perfectamente definidos, como la deliciosa Addidas o el intrigante monstruo; un dibujo extraordinario, con un dominio de la narrativa al mismo nivel…Y la única pega, la misma que en los anteriores: que las 48 páginas del álbum se quedan en nada. Siguiendo la tónica de los últimos años en el tebeo francobelga, cada álbum de Koma es apenas un suspiro que obliga a esperar ansioso la siguiente entrega…dentro de un año. Por desgracia, el modelo de álbum anual tan propio del tebeo francés casa con mucha dificultad con un estilo narrativo basado en pocas viñetas por página y una mayor dilatación de la acción. Una lástima, porque con una serie como Koma, la espera se hace insufrible. (3)
Aya de Yopougon 2, de Marguerite Abouet y Clément Oubreríe (Norma). Poco puedo decir que no repita lo ya dicho para el primer volumen de la serie. Un entretenidísimo tebeo, que si bien podría encasillarse dentro de la moda “Persépolis”, tiene suficientes méritos propios como para destacarse. Abouet y Oubrerie crean un retrato costumbrista que nos habla de la vida en Costa de Marfil sin caer en la anécdota fácil o en la visión habitualmente reduccionista del extranjero, equilibrando con acierto la historia de las tres amigas Aya, Adjoua y Bintou con el relato de las particularidades de la vida y sociedad marfileña, siempre con humor y frescura. Un cóctel de National Geographic, Sfar y “slice of life” de lo más atractivo. (2)