Jamilti

Las historias que componen Jamilti, historias de Israel, son un perfecto fresco para entender el particular universo formal y reflexivo de Rutu Modan. Si en Metralla nos sorprendía con una obra de extraordinaria solidez, que reflejaba una autora que había llegado a un importante nivel de madurez, ahora comprobamos que ese nivel no aparece por arte de magia, sino que es el resultado de una continua búsqueda, de un estudio sistemático de las posibilidades del medio. Jamilti es el resultado de la evolución como autora de Rutu Modan dentro del colectivo Actus Tragicus, en el que podemos analizar dos planos fundamentales. Por un lado, el temático, en el que la israelí se demuestra como una autora de excepcional lucidez, capaz de analizar el ser humano desde historias que huyen del tópico y lo manido. Toma anécdotas de la vida real y las exprime hasta conseguir una narración de múltiples facetas, en las que todos los intereses de la autora toman forma para dar lugar a una aproximación original, que difícilmente habremos leído antes, en la que lo atípico se aborda desde una perspectiva distante, a veces tierna, a veces corrosiva. Un gancho perfecto para que el lector quede atrapado en la inteligente telaraña que la israelí dispone: un hotel temático llevado por dos hermanas que esconde antiguos secretos, un avión que da vueltas sobre una playa y que lleva una esperanza, una curandera que se llevará una venganza familiar, un aspirante a estrella musical que descrubirá que la fama no es lo que parece, un cirujano estético que busca a su amor perdido en sus creaciones…
Pero, además, en Jamilti vamos a encontrar todo un catálogo de soluciones estéticas y narrativas que exploran las posibilidades del medio. Desde la brillante paginación viñetas únicas en Vuelta a casa, en la que el flujo narrativo se mueve a lo largo de toda la página en una escena única donde los fondos toman protagonismo propio, a la más clásica Fan, siempre con un cuidado uso del cromatismo como recurso narrativo y con un brillante uso de los silencios, de los ritmos silentes.
Un álbum recomendabilísimo, en cuidada y perfecta edición de sin sentido. (3+)