ENTREVISTA ANDRÉS G. LEIVA

 

- ¿Por qué Juana de Arco? ¿Qué te interesó de esta figura?

- En los tebeos que hacía hasta entonces, la figura de la mujer no terminaba muy bien parada. Así que quise ponerme en la piel de un personaje femenino. Además, me gustan los antihéroes y el uso de una persona carismática, para luego dejarla tirada. Esa es la hipocresía del Estado y de la Iglesia, que, a fin de cuentas, fue lo que más me interesó en la historia de Juana de Arco.

- Fue una mujer rebelde y así la describes.

- Sí, en el juicio que le montaron no apareció el delito de sangre por ninguna parte, a pesar de haber estado en plena batalla contra los ingleses. La juzgaron por hereje y porque vestía ropas de hombre. Todo fue una farsa, porque cabía la posibilidad de que ella le diese la vuelta a todo. Un personaje molesto, que había que eliminar. Pudo desmontar las estructuras establecidas del medioevo, las coacciones del feudo. Me interesó mucho la lucha del individuo frente al poder. Por eso, tomé al personaje y lo metí en una ficción histórica, para representar la tradición hasta las últimas consecuencias.

- ¿Cómo te documentaste?

- Tenía varias películas y libros. De las primeras, vi la de Dreyer, que me encantó y de quien me inspiré en la escena del juicio. También leí un libro histórico muy ameno, de una serie dedicada a “mujeres rebeldes”, de Leo Linder. Leí la obra de teatro de George B. Shaw, que me enseñó a ver a Juana de Arco como la primera mujer feminista. Además, él incluía un perro en escena, y me gustó mucho este recurso. Así que convertí a Pitú en el narrador de la epopeya de Juana de Arco. 

- Precisamente, ¿por qué la figura de un narrador?

- Me gustó por la posibilidad de incluir dos visiones de la misma historia: una, la más realista, la que se hace desde fuera del personaje; y otra, más intimista, la de la propia Juana. Además, suponía un recurso de humanización único, porque en su soledad final, lo único que la queda es el perro, ni siquiera amigos.

- ¿Tiene Juana algún modelo de la realidad?

- La verdad es que sí: Patti Smith. Ella es el auténtico modelo de mi Juana de Arco. Me encanta su música y su actitud rebelde, tan flaca y feucha. Me encanta. En los primeros bocetos ya aparece Patti y de ahí la pasé a morena. No creo en una Juana de Arco preciosa.

- No es una heroína sangrienta, que se muera por la batalla y sus excesos. El propio narrador dice: “Os parecerá mentira, pero nunca vi su espada manchada de sangre”.

- Bueno, todo es muy relativo. Ella fue tan cómplice, como hoy lo es George W. Bush. Daba órdenes. Shaw dice de ella que probablemente fue una gran estratega. Pero sí es cierto que quería reforzar las contradicciones. Juana es un personaje lleno de dudas; a veces es muy decidida, muy fría, valiente, pero con grandes momentos de debilidad y fragilidad humana, con arrepentimiento, incluso. Yo no quería un héroe de capa y superpoderes.

- ¿Qué vigencia tiene hoy este personaje?

- Admiro a la gente decidida, capaz de cambiar las cosas. Creo que admiro a Juana de Arco precisamente por eso. Son posiciones que todavía tienen vigencia: cambiar el mundo, frente a los que no piensan como nosotros.

- ¿Pensaste en el color desde el primer momento?

- Sí, sin duda. Ya estaba harto del blanco y negro y había empezado a probar con las ceras de colores. No sabía muy bien dónde me llevaría hacer una gran obra a color, así que lo hice sin prisas. Estuve con el libro tres años.

- Frente al empleo de técnicas digitales de la mayoría de tus coetáneos, tú has elegido la cera como recurso cromático, algo casi artesanal. 

- Mis compañeros me preguntaban si no conocía el Photoshop, pero yo es que me recreo muchísimo con la cera. Necesito renovar la técnica constantemente. La cera es algo mucho más espontáneo, más natural y torpe, no tan mecánico como el pincel. Me encanta el color que consigues con ellas. Además, todavía soy un poco analfabeto informático.

- Pero no son colores naturalistas: hay árboles rosas. Hablamos de la recuperación expresionista de los recursos que conforman la obra. Color como sentimiento, no como descripción.

- Sí, quería reforzar situaciones y sentimientos. Me gusta jugar, por ejemplo, con el paso del tiempo y eso el color te lo permite.

- Hay influencias cinematográficas, que ya has mencionado, pero también encontramos una narración en flashback, planos americanos, picados y contrapicados… Incluso, en la propia coronación, empleas una visión de gran angular.

- No es que sea un cinéfilo como Garci, pero el ojo se maneja inconscientemente como la cámara. Mis referencias son, sobre todo, del mundo del cómic, concretamente, de Richard Corben, de sus primeros trabajos. Me atrae más en la construcción de la narración que en sus formas (algo que también admiro). A él le gustaban mucho los picados y contrapicados, como a mí. Pero hay quien se maneja muy bien con los planos frontales y les saca mucho partido, como es el caso de Hergé y Tintín. De cualquier manera, hay que tener mucho cuidado con no caer en el efectismo.  

- Hay otras referencias, como las pictóricas. Es el caso de Klimt.

- Me gusta mucho la pintura. Me gusta como Gauguin utiliza el color y la mancha. Pero también tengo en la cabeza las catedrales de Monet o las mujeres de Degas. Quizá llegué a Klimt porque también me gustan mucho sus mujeres y sus dorados simbolistas.

- Su hijo también interviene en el cómic…

- Bueno, quería hacer algo parecido a los encabezamientos de los manuscritos góticos, con su gran carga de ingenuidad. Así que le dije a mi hijo: “Andrés, cópiame este dibujo”. Suyos son los encabezamientos de cada auto.

- Su obra se va a publicar directamente desde España en el mercado francés,  el principal mercado del mundo. ¿Cómo se siente?

- Es una satisfacción muy grande. Para cualquier editorial es muy arriesgado embarcarse en un cómic a todo color. Si, además, te traducen al francés, todo se complica. Juana de Arco es un personaje muy suyo y yo lo he tratado con mucho cariño.