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Entrevista con
JOANN SFAR
En
1994, se publicaban los primeros trabajos de Joann Sfar. Diez años y una centena
de álbumes más tarde, este prolífico e inspirado autor, va más allá del “noveno
arte”. Apasionado por el dibujo, la música y la literatura, también escribe
novelas, dirige una colección para la Editorial Bréal y ha supervisado la serie
animada que la cadena France 3 realiza sobre su Vampir: 52 episodios de 13
minutos cada uno, cuya emisión se inició en la cadena de televisión el 20 de
octubre.
A continuación, recogemos el testimonio que Joann Sfar ofreció a las revistas
BDK y DVD francesas, especializadas en el sector del cómic.
Con todo lo que
emprendes, los álbumes, los dibujos animados, las novelas y la música, ¿te queda
tiempo para entrevistarte con periodistas?
Joann Sfar: Bueno, también tengo días bastante
tranquilos. Dibujo desde las nueve de la mañana hasta la una del mediodía. Por
la tarde hago trabajos de escritura o de story-board. La noche la paso
con mis hijos o con mis amigos. No tengo la impresión de llevar una vida tan
ajetreada. Todo lo que se refiere a mi oficio de dibujante me complace; nadie me
obliga a trabajar mucho. Sin embargo, encontrar veinte minutos al día para la
guitarra es complicado.
A menudo en tus
libros evocas tu propia infancia en tus libros, ¿cómo fue?
Joann
Sfar: Perdí a mi madre a la edad en la que uno
encuentra satisfacciones en el dibujo. Tenía tres años y medio y, desde
entonces, de manera muy obsesiva, dibujo. Es el centro de mi existencia. No se
trata de desarrollar la parte estética, sino de contar historias, dar vida a
personajes, tal y como lo hicieron nuestros antepasados prehistóricos con tótems.
Inventé una especie de religión previa a la religión, por la imperiosa necesidad
de tener una presencia; como un niño con un osito de peluche. Seguramente,
esconda alguna neurosis, pero desembocó en un trabajo, que me permitió
integrarme perfectamente al juego social.
Hablemos
de tus inicios en el tebeo...
Joann Sfar: Empecé a mandar proyectos con quince
años; uno al mes, a todos los editores. Siempre dibujé tres páginas al día desde
muy niño. Casi nunca me contestaban, pero de repente, Dargaud, Delcourt y
L’Association me llamaron a la vez. Ante la oportunidad de trabajar con esas
tres editoriales que yo apreciaba, porque siempre había sido lector de
underground y de mainstream, empecé a desarrollar tres estilos algo
distintos.

¿Pensaste desde el primer momento en crear al tiempo
Vampir
y Gran Vampir?
Joann Sfar:
Gran Vampir
resulta ser un homenaje a la película Les Vampires, de Louis Feuillade,
el realizador de Fantômas. Era una banda de ladrones parisinos que se
hacían llamar Los vampiros, y el jefe era Gran Vampir. También
aparecía una mujer con medias, tetas gordas y culo gordo, que se llamaba
Musidora. Además, me había encontrado con cajas de figuras Aurora, sacadas de
películas de terror de los años cincuenta y sesenta en América, tenían un diseño
extraordinario y copié las rotulaciones para escribir Vampir
y Gran Vampir. También fabriqué las portadas de Vampir
a partir de las cajas de estas figuras.
¿Por qué elegiste un vampiro
y no otro monstruo?
Joann Sfar:
La cuestión de la muerte me acosa desde mi infancia. De niño me llevaron a un
cementerio ruso en Niza, donde vi una tumba de un niño. Me marcó y me imaginé
que, igual que se hablaba de vampiros adultos, existían también vampiros niños.
Entonces, inventé este personaje. Era un personaje benéfico, que venía a hacerme
los deberes, tal y como Los Pitufos también entraban en mi habitación.
En tus álbumes, explicas que Vampir y Gran Vampir
son una misma persona.
Joann Sfar:
Una de mis principales fuentes de inspiración es Leiji Matsumoto, el autor de
Albator. Creó universos paralelos donde los personajes se encuentran de una
historia a otra. Hay una lógica, pero sientes que es misteriosa. Gran
Vampir y Vampir son dos personajes distintos, pero cuando
me hablan siento que tienen la misma voz. De la misma manera, aunque sean muy
distintos, Michel, de Vampir y Michel Douffon, en Gran
Vampir, son un solo personaje en mi mente.
¿Ah si? ¡Más
bien parece que el pequeño Vampir es Joann Sfar de niño!
Joann Sfar:
También es así. Me suelen prestar intenciones autobiográficas en Gran
Vampir. Sin embargo, Vampir es el realmente
autobiográfico. La única diferencia entre Miguel, el protagonista, y yo es que
tuve a un papá, mientras que él no. Por lo demás, los abuelos de Miguel son los
míos, su casa es la de mis abuelos, las fantasmagorías de Miguel son las mías de
niño. Sí, es realmente a mí de niño a quien dibujo.
Tus personajes se pasan el
tiempo intentando seducir a las mujeres.
Joann Sfar:
En realidad, no hacen nada, como ocurre con Fernán (Gran Vampir).
Es la miseria absoluta, porque nunca pasa nada. Fernán liga por ligar, es algo
que no le hace feliz. Como es un vampiro pasea por las casas, sin saber muy bien
por qué. Los cuatro primeros títulos de Gran Vampir realmente
forman un todo, porque relatan este recorrido sin meta, pero a partir del quinto
tomo hago otra cosa. Fernán siempre se arrojará a las mujeres como un torpe. Me
cae bien Gran Vampir, porque es una historia que trata de la
adolescencia y no de ligones treinteañeros. Para mí, representa la vida adulta
tal y como uno se la imaginaba cuando tenía catorce o quince años. A esta edad
no te planteas que salir con una chica sea para toda la vida. Yo encontré mi
chica a los quince años de edad y fue para toda la vida. Estoy encantado, pero
recuerdo esa época como la posibilidad de convertirme en un seductor.
EN EL CINE Y LA
ANIMACIÓN
¿Cuál es el
balance de tu experiencia en la animación, con la serie de dibujos Vampir
para France 3?
Joann Sfar:
¡Fue genial! Había un equipo pequeño, todo el mundo se divertía y no me
avergüenzo del resultado. Al principio, yo era recalcitrante, porque cada vez
que se anima a un personaje de cómic, defrauda el resultado. En realidad, la
única manera de llegar al mismo nivel que el cómic, es pedir al autor que siga
con su trabajo. Si se busca a un mercenario para pedirle que adapte una serie,
no se va a atrever a cambiar lo que sea porque no está “en su casa”. En
Vampir, si me apetece inventar un personaje, o explicar que Claude viene de
los bayous de Louisiane, lo puedo hacer, porque es mi universo. Un guionista no
puede permitirse inventar este tipo de cosas. Las series audiovisuales tienen
que ser un trabajo de autor, no un producto derivado.
Parece ser que
habrá un largometraje de Gran Vampir.
Joann Sfar:
Arena Films, una filial del grupo Pathé, compró los derechos de Gran
Vampir. Es la empresa que financia todas las películas de Alain Resnais,
Régis Wargnier y Léo Carax. No entiendo del todo el tiempo del cine. A veces,
tenemos que entregar un texto con urgencia y luego nos quedamos sin noticias
durante tres meses. Digamos que si todo va bien, la película podría rodarse
algún día y yo sería guionista y director artístico. En cuanto a la realización,
sigue entre nieblas. Un realizador al que adoro dijo que sí y más tarde dijo que
no tenía tiempo antes de dos años. El problema es que es una película realmente
cara, con muchos efectos especiales, y que no hay muchos franceses capaces de
hacer algo así, con tanto entusiasmo. Así que, Gran Vampir es un
proyecto con efectos especiales al modo americano, pero con escenas de amor en
vez de peleas. En el cine, Gran Vampir tendrá un tono mucho más
divertido.
Una cosa
sorprendente al final de tus álbumes: el anuncio sistemático del título de la
siguiente historia.
Joann Sfar:
¡A veces anuncio un título y no es el bueno! Pero eso motiva. Me gusta decirme:
“Aquí tienes el tema del próximo libro, te las arreglas con esto”. Es un
desafío. También es una referencia a James Bond: al final de los títulos de
crédito, siempre aparece el famoso “James Bond will come back in...”, con el
título de la próxima película.
JUDAÍSMO
Tus
tebeos están impregnados de judaísmo...
Joann Sfar: Sí, se me pega, es agobiante.
Además, siempre hablo de eso, es igual que mis cinco kilos de más. Bueno, siete.
En fin, ocho y se acabó. Evidentemente, cada dos minutos algo me recuerda que
soy judío.
¿Algunos de tus álbumes, los más recientes, son didácticos?
Joann Sfar:
Espero que no. Sólo me apetece dar a conocer esta religión, para evitar los
eternos tópicos. Cuando la gente oye la palabra judío, se imaginan enseguida
sionismo y Sharon. Socorro: ¡Tenemos derecho a existir! Estuve dos veces en
Israel en mi vida. No es mi culpa si Ariel Sharon es un tío malo. La mayoría de
los israelíes tratan de vivir normalmente y se vuelven locos con las bombas. No
tienen más proyecto político que cualquier francés. Los israelíes no tienen
vocación de oprimir a las poblaciones árabes. Yo ya estoy harto de que me pidan
cuentas por los gestos del gobierno israelí. No soy israelí, soy judío y ni lo
hice a propósito. Como francés, puedo sentirme culpable de la elección de Chirac,
porque lo voté por segunda vez. Pero no soy elector israelí.
CARGA POLÍTICA
¿Normalmente
evidencias tus opiniones políticas?
Joann
Sfar: Bueno, no puedo ser de derechas, porque no
puedo ser nostálgico del pasado, pero tampoco puedo ser de izquierdas, porque no
tengo fe en el futuro. El principio de la izquierda está basado en la esperanza
de una sociedad mejor, y no creo en ello. Después de dos mil años, siguen
existiendo organizaciones musulmanas que no aceptan que se tomen en foto a las
mujeres sin su chador para el carné de identidad. Esas personas están
dispuestas a aceptar las ventajas de una sociedad laicista, pero no los
inconvenientes, es decir abandonar un poquito de su individualismo cultural para
una vida en común. Dar una oportunidad a los de fuera, es permitir que se
emancipen en un espacio público, sin símbolos religiosos. Si me hubieran puesto
la kippa para ir a la escuela, no sería ahora el mismo hombre, estaría menos a
gusto conmigo. Tener respeto por la gente que llega de Maghreb y que vive en
suelo francés, es protegerla de los depredadores barbudos, que quieren utilizar
su fe con metas políticas. La religión, es para casa y ya está. Bueno, estoy
desesperado, ¡pero soy un humanista! Tengo la misma visión tragicómica del mundo
que René Goscinny, en Le petit Nicolas. La vida es desesperante,
pero ¿qué hacemos? Bebemos chocolate, nos divertimos e intentamos limitar los
excesos. No soy nihilista. No creo en el Apocalipsis, sino más bien en la
permanencia del exceso. Para mí, la idea de no tener mucha esperanza en el
futuro, no significa no tener nada que dar en el presente.
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