Artículo publicado en Nemo #28

 

Jimmy Corrigan,

el chico más inteligente del mundo (con el permiso de Chris Ware)

 

 Con demasiado retraso llega a España por fin la edición de Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo, una obra maestra que supone apenas la punta del iceberg de ese ejercicio de renovación del tebeo que Ware denomina ACME Novelty Library. Premiado y reconocido por doquier, el americano ha conseguido retomar el desarrollo del lenguaje de los cómics allí donde lo dejaron los McCay, Herriman o King para darle un empujón que sólo se podrá evaluar en el futuro.

 

 

Dicen que el tal Ware nació en el muy americano estado de Nebraska en 1967, concretamente en Omaha, donde vivió hasta los dieciséis años, edad en la que se trasladó al más americano estado de Texas, a San Antonio concretamente. Dicen también que en su infancia fue un niño solitario, siempre rodeado del ambiente periodístico que su padre, trabajador del medio, no podía evitar traer a casa. O que fue un estudiante que pasó por la Universidad de Texas sin mayor pena ni gloria para terminar en Chicago a principios de los 90. Un vida muy normal, seguramente el mejor ejemplo del “american way of life” y de lo que es correcto moralmente.

Quizás una vida que no llamaría demasiado la atención, que podría ser la de millones de ciudadanos de los EEUU sin una ambición más allá que la de pensar que existirá un día de mañana y que podrán vivirlo.

Sin embargo, hay algo diferenciador en la vida de Mr. Chris Ware. Una fecha, un año en particular, en el que todo fue diferente.

Porque en 1993, Chris Ware cambió el cómic.

 

 

Los antecedentes

 

Ware decidió muy joven que quería dedicarse a dibujar esos tebeos que le alejaban de un mundo en el que no encajaba muy bien. Sin embargo, tuvo que esperar a sus años universitarios para descubrir el mundo de los clásicos de prensa de los años 20. Maravillado por los Herriman, McCay o Sterret, el joven estudiante universitario comprobaría hasta qué punto el lenguaje de la historieta había sido inventado casi en su totalidad por un puñado de genios. Y entendió que si quería hacer tebeos, ése era el lenguaje que debía aprender y, sobre todo, desarrollar.

Sus primeras obras aparecieron en periódicos locales, como The Daily Texan, sorprendiendo ni más ni menos que a Art Spiegelman, que lo incluyó en la nómina de autores de la influyente RAW. Todo un comienzo de lujo para un novato, que entraba por la puerta grande en el mundo de la historieta.

Pero Ware estaba convencido de que con los recursos que tenía a su disposición no podía contar lo que quería. Veía los que se publicaba a su alrededor y encontraba los mismos elementos que habían desarrollado los autores clásicos casi un siglo antes y él se encontraba limitado por ese código, por ese lenguaje. Así que aprovechando su traslado a Chicago y el comienzo de sus colaboraciones en el semanario New City, Ware afrontó un proyecto casi utópico: ¿por qué no buscar nuevas vías?¿se puede ser fiel a la tradición pero a la vez abrir nuevos caminos?

Comenzó a crear personajes como Jimmy Corrigan, Quimby the Mouse o Sparky the Cat que le permitían un doble objetivo: por un lado, explorar temáticas complejas y difíciles como la soledad, la alienación, la pérdida de la humanidad y, por otro, conseguir definir un lenguaje propio y distinto.

Un cúmulo de estilos, de formas, de fondos que se articuló alrededor de un nombre, de un gran contenedor de ideas, de proyectos y de experiencias: ACME Novelty Library.

 

ACME Novelty Library

 

En 1993 Fantagraphics comenzó la edición de un revista en formato comic-book que recopilaba las historias semanales que Ware publicaba. Y ya desde el primer número, es evidente que estamos ante algo más que un cómic-book al uso. El debú de la serie está dedicado a Jimmy Corrigan, the Smartest Kid on Earth y ya encontramos ciertas claves que serán después constantes en la obra. Primero, su afán rupturista con la tradicional colección de comic-books. Páginas de diferente textura, diseño que mezcla a partes iguales el modernismo con la estética de los periódicos de los años 20, pasión por los clásicos de prensa... Los siguientes números no hacen sino confirmar este punto, ya que cada nueva entrega es un tour de force de diseño, que rompe claramente la uniformidad habitual a la que nos tienen acostumbrados las series americanas. Ejemplares de 40 cm de alto que conviven con otros de apenas 10 cm  son tan sólo el aspecto externo de una enciclopedia de la experimentación radical en el lenguaje de la historieta. Todo vale para Ware si sirve para narrar una historia, pero siempre con un cuidado de la estética visual casi obsesivo que va desde la tipografía a la composición  de pagina o el color. Dentro del cajón de sastre de ACME encontraremos desde la estética sucia del tercer número (claramente deudora de Herriman) al minimalismo de Quimby the Mouse o Sparky the Cat llegando a la compleja limpieza de Jimmy Corrigan o Big Tex, pero pronto serán las andanzas del chico más inteligente del mundo las que tomarán el control de la colección, monopolizándola durante varios números.

 

Jimmy Corrigan, el fondo contra la forma

 

Ya el primer número de ACME, donde se presenta al personaje, nos avanza el importante fondo autobiográfico de la serie. Inicialmente, Ware confrontará los miedos de un Jimmy Corrigan adulto, derivados de la soledad y la falta de confianza en el entorno con las fantásticas aventuras de su otro yo infantil, un inteligente y osado niño que es todo lo que el adulto no pudo ser. Pero, poco después, el contraste dejará paso únicamente a la reflexión profunda sobre ese Jimmy Corrigan adulto, inmerso en un mundo que no es el suyo, vestido con ropas de décadas antes y con un aspecto mucho más envejecido del que sus apenas treinta años pudieran mostrar. Una evidente imagen de cómo se ve a sí mismo el autor frente al espejo de una hoja en blanco. Posiblemente por esta razón, quizás por una necesidad interna de exorcizar sus propios problemas, Jimmy Corrigan va decantándose cada vez más en una reflexión autobiográfica (que no en un relato) sobre su vida. Justo en ese quinto número de ACME donde Jimmy recibe la llamada de un padre al que dejó de ver de niño es cuando nos damos cuenta de la transmutación del personaje en su autor, que bucea a partir de ese momento en sus propios sentimientos, conformando una larga saga que posteriormente sería recopilada en el libro que es editado por Planeta De Agostini y que ha recibido premios allá donde se haya publicado.

El encuentro de Ware con su padre es el inicio de un largo viaje en pos de la propia identidad, de ruptura con la realidad de una vida que hasta el momento transcurría entre la rutina de un trabajo alienante y la soledad tan sólo compartida con una asfixiante madre que lo controla cada hora. Corrigan descubre en su padre un reflejo de lo que él no es, descubre en su nueva hermana la compañía que nunca tuvo, una familia que le da lo que él ni tan siquiera imaginó que existiese y que le enfrenta a sus miedos internos, a esa pérdida de la monotonía que, en el fondo, le mantiene vivo.

 

 

Jimmy Corrigan, la forma contra el fondo

 

Pero en esta obra, Ware necesitaba de algo más que una historia. Para adentrarse en sus recuerdos necesitaba de herramientas potentes, del armazón que le permitiese aguantar su propia existencia con consistencia. Por eso, durante toda la extensión de la obra, el autor desarrolla una serie de recursos narrativos y estilísticos absolutamente brillantes y sorprendentes.

Aunque muchos posiblemente se hayan quedado tan sólo con el lujoso envoltorio que Ware diseña, con la aplastante rotundidad de su visualidad, lo cierto es que cada una de las filigranas, cada uno de los estilos, tiene un sentido narrativo profundamente estudiado.

Comenzando por su estilo de dibujo, un homenaje a la gran saga familiar del cómic de prensa americano, Gasoline Alley, que tomado prestado y sintetizado al máximo, consiguiendo una personalidad propia, pero sin dejar nunca de recordar el trazo de Frank King. Pero este trazo es apenas una parte de una cuidada y estudiada estrategia que consiga transmitir el máximo aislamiento de su protagonista. El frío dibujo es acompañado de un ritmo, de una paginación que inexorablemente lleva a un desasosegante sentimiento de soledad, de estar fuera de la sociedad que nos rodea que es todavía más acentuado por esa despersonalización de los secundarios, a los que nunca veremos la cara. En el mundo de Jimmy Corrigan sólo existe su familia, su entorno más próximo. Todo lo demás son actores que entran y salen y a los que nunca conoceremos.

Un mundo dónde sólo hay dos gélidas perspectivas, una frontal y un alzado isométrico que nos recuerda la regularidad monótona de la existencia de Corrigan, que sólo es roto cuando sueña o cuando se nos narran recuerdos del abuelo durante la exposición universal de 1892, una época de maravillas que contrasta con la dura vida real y con el presente.

Es increíble hasta qué punto todo esta medido con una exactitud de relojero suizo y, sin embargo, con que facilidad los sentimientos logran salir del intrincado andamio que Ware levanta.

 

La influencia del fondo y la forma

 

Chris Ware ha transformado ACME Novelty Library en una obra maestra que expande los límites del lenguaje de la historieta. Una poliédrica obra con tantas facetas distintas que es imposible enumerarlas en este corto espacio, pero del que podemos evaluar su importancia mirando tan sólo la importante influencia que ha supuesto en los creadores actuales. No hace falta salir de nuestro país para encontrar irredentos admiradores de la obra del americano como Alex Fito o Max, que lo homenajea abiertamente en Bardín el hiperrealista. Autores que han sabido no quedarse cegados por el desbordante envoltorio creado por el americano y han sabido no pararse en la superficie y profundizar en el mensaje que Ware realmente transmitía: la inmensa capacidad del cómic para contar historias.

 

Álvaro Pons