Mis tebeos favoritos VII: Philemon, de Fred

¿Os habéis detenido alguna vez delante de un mapamundi? Sí, de esos con sus paralelos y meridianos, y sus continentes hábilmente ordenados al estilo europeo, con la vieja Europa en mitad del mundo conocido. Supongo que, como la mayoría, os dedicaréis a buscar esos países que salen en el telediario y nunca sabemos colocar con exactitud en la geografía mundial, pero seguramente no os habréis dado cuenta de que, justo entre Europa y América hay un extenso océano, llamado Atlántico. Y si afináis la vista y el ingenio, comprobaréis que en todos los mapas habidos y por haber en ese océano hay una serie de letras que forman las palabras “Océano Atlántico”. ¿Coincidencia?
¡No!
Es una gran realidad, esas letras no están puestas de forma aleatoria, sino que referencian un lugar real, el mundo de las letras. Un mundo desconocido para todos excepto para el pobre Philemon, el hijo de un pocero que un día tuvo la fortuna o desgracia de caer en un pozo que estaba directamente conectado con una de las A, exactamente la segunda de Atlántico.
Comienza así “El Naufrágo de la A”, la primera de las aventuras de Philemon, su burro Anatole y el pobre y eterno naufrago Barthelemy. Pero se inicia también uno de los viajes más surrealistas e inspirados de la historia del tebeo. La unión entre el delirio de Herriman y la imaginación de McCay, pasados por el tamiz de la reflexión sobre la realidad, con unas gotas de la poesía de Lewis Carroll y aromas de absurdo dadaísta. Un cóctel asombroso que consigue la que es, en mi opinión, la mejor obra del tebeo europeo de todos los tiempos.
A través de sus viajes por las letras, Philemon encuentra mundos fantásticos habitados por seres imposibles que son, paradójicamente, el mejor reflejo de la sociedad en la que vivimos. En los quince álbumes que la serie ha deparado hasta el momento (tantos como letras de Ocean Atlantique) Fred ha dejado caer vitriolo en estado puro sobre el mundo de la crítica, sobre la burocracia, el capitalismo, el arte, la educación y los usos sociales. En un tebeo poco acostumbrado a las innovaciones como es el francés, fiel de la narrativa secuencial sin grandes estridencias, Fred ha sido, además, el gran innovador de la narrativa con una constante búsqueda de las posibilidades de la historieta, que le llevaban a composiciones imposibles, juegos alocados con la lectura, la composición y la página. Philemon ha salido del espacio físico de las viñetas para moverse entre páginas en fascinante puzzles que obligan al lector a penetrar por vericuetos narrativos nunca antes vistos. No hay reglas físicas, sólo el límite que el lector quiera poner a la expansiva realidad fantástica del mundo de Philemon.
Aunque la serie parecía terminada con su decimoquinta entrega, desde hace varios años Fred viene anunciando una decimosexta aventura de Philemon, eternamente aplazada, quizás porque Philemon ha conseguido ir más allá de las letras y entrar en nuestro mundo, jugando al escondite con sus lectores, quién sabe.

Ediciones en España.
Siento decirlo, pero leer a Philemon en castellano es un imposible. Tan sólo los seguidores de la revista infantil en catalán Cavall Fort pudimos descubrir esta maravillosa obra bajo el título de “Filalici” (además de otras genialidades de autores como Tilleux, Peyo, Mezieres, Xots, Madorell, Pilarín Bayés… la labor de esta revista nunca será lo suficientemente valorada), pero jamás se han publicado álbumes de esta serie, ni siquiera en catalán. Pero es que, además, Fred es un gran desconocido en España, apenas entrevisto en algunas historias cortas en TOTEM o en el álbum publicado por Grijalbo “Historia de un cuervo con bambas”.
No me cansaré de reivindicar la publicación de esta magistral serie en castellano, pero de momento, la única posibilidad de disfrutarla es leer los álbumes en francés de Dargaud.

Algunos enlaces
Un homenaje a Philemon, Batbad
Philemon
Fred en Dargaud

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