Mis tebeos favoritos XV: Spirou, de Franquin

La lucha entre las escuelas de Marcinelle y Moulinsart es dentro del mundo del tebeo el equivalente al enfrentamiento entre Oxford y Cambridge, entre el Barcelona y el Madrid. O incluso más, porque para muchos ha llegado a ser casi paradigma del bien contra el mal, en aquellas luchas zafias entre claros y oscuros.
A un servidor siempre le han gustado las dos, pero si me obligan a elegir (tampoco tendrían que hacerlo mucho), la decisión es clarísima: me quedo con la escuela de Marcinelle, a mi entender, el verdadero germen del tebeo francés actual, tal y como lo entendemos hoy en día.
Y si tengo que mojarme todavía más, la cosa está fácil: el Spirou de Franquin.
Caso curioso éste, porque Franquin llegó al personaje de rebote en 1946, casi ocho después de que fuese creado por Rob-Vel y tras la breve etapa de Jijé al frente, que dejó en su joven pupilo la responsabilidad de seguir adelante con las aventuras del alegre botones y su compañero Fantasio (la gran aportación de Jijé a la serie). Franquin siguió con reverencia los rígidos esquemas narrativos de la época en una historia que cumplía a rajatabla con lo que se esperaba de él, pero tardó poco en empezar a solicitar más espacio libre, a desprenderse de los corsés para dar rienda suelta a su imaginación desbordante. En apenas unos años, su evolución es fulgurante, demuestra una soltura narrativa envidiable y sus argumentos conjugan un concepto de la aventura de optimismo desbordante con una fina y elegante ironía que impregnará toda su obra en el futuro. Spirou consigue con Franquin madurar como personaje, recrearse como un aventurero rodeado de secundarios de lujo, desde su eterno compañero Fantasio al Conde Champiñac, pasando por los sensacionales villanos (Zorglub, Zantafio…) o su gran creación del genial Marsupilami, quizás el punto de inflexión que marca la gran década de Franquin al frente de Spirou. Maravillas como El dictador y el champiñón, Los piratas del silencio, El nido de los marsupilamis o la genial Z como Zorglub (mi álbum preferido de la serie) son buenas muestras del increíble nivel al que llegó Franquin, un autor que ha proyectado su influencia de forma decisiva en el tebeo francés (y no sólo francés, que se lo pregunten a Ibáñez) de las últimas cuatro décadas.
Un autor que supo conjugar su inteligencia con una capacidad para el dibujo sobrenatural, que le llevó a ese estilo tan personal, una suerte de representación naturalista de la realidad caricaturizada en todos y cada uno de sus detalles. El dibujo de Franquin juega no sólo con los personajes, sino con los fondos, los objetos, los animales, consiguiendo que cualquier cosa que dibuje automáticamente nos provoque la sonrisa y nos lleve a su universo: un gatito dibujado por Franquin nos transmite automáticamente el carácter de ese animal, una finca casi su historia, un objeto su utilidad o inutilidad…
Franquin abandonó la serie en 1968, para dedicarse plenamente a otras creaciones suyas, tan geniales como Gaston Lagaffe (Tomás el gafe en España) o las Ideas Negras (recientemente publicado por Dolmen).
La serie fue continuada con oficio por Jean-Claude Fournier, que si bien aportó poco, por lo menos respetó a la labor de Franquin. Curiosamente, cuando parecía que la serie quedaría olvidada, pasando de mano en mano (sobre todo tras la pobre etapa de Cauvin y Nic), Tome y Janry le dieron una nueva vida al personaje, logrando un altísimo nivel durante su etapa al frente de la serie, que se prolongó casi 20 años (durante los cuales crearon también esa maravilla llamado El pequeño Spirou). Recuperaron el espíritu fantástico e imaginativo de Franquin y fueron poco a poco virando al personaje hacia una vía más adulta, que alcanzaría su momento más importante en “La machina qui rêve”, último álbum de estos dos autores en el que la serie daba un giro radical, enfrentándose Spirou a sí mismo en una clara metáfora de ruptura con el pasado que llegaba incluso a un cambio en el estilo de dibujo. Por desgracia, el cambio fue mal recibido por los lectores y la serie entró en un largo sueño del que saldría gracias al guionista Morvan y al dibujante español Munuera con el correcto Paris-sous-Seine.

Ediciones en España
Aunque en España llegó a aparecer la revista de Spirou (Spirou-Ardilla) y Grijalbo publicó casi todos los álbumes del personaje, la desaparición de esta editorial provocó un parón absoluto en su aparición, dejando al público español en la penúltima aventura de Tome y Janry, Luna Fatal. En la actualidad, quedan por aparecer todavía en España Le Machine qui Rêve y la etapa de Munuera. Aunque existen rumores sobre una posible edición de la serie en España, de momento hay que conformarse con la edición que ha hecho Planeta DeAgostini de la etapa de Franquin en Spirou, siguiendo la realizada por la editorial belga Niffle.

Enlaces
La mejor página en castellano sobre el personaje
Spirou World
Sitio no oficial
Sitio oficial
Página oficial de Franquin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation