Lecturas de poniente

Bueno, después de tanto tebeo favorito, ya va siendo hora de que hable de cosas de hoy, y nada mejor que hablar sobre tebeos recién saliditos de la imprenta, calentitos e impregnados de ese maravilloso e hipnótico olor a tinta con el que nos encanta drogarnos a los tebeófilos.
Me descubro primero ante lo que será, sin dudas, uno de los tebeos españoles del año: La torre blanca, de Pablo Auladell. Una incursión por la nostalgia y el recuerdo de los primeros amores que convierte en poesía todas y cada una de su viñetas, repletas de silencios y pausas que nos dejan oler el mar y sentir su brisa. Auladell ha aprendido las lecciones de Castells y se erige en su mayor y mejor discípulo, logrando una narración minimalista, calmosa y reflexiva, pero repleta de sentimientos y sensaciones contenidas. La férrea estructura formal en la que discurre la vuelta del desconocido hombre a los lugares de veraneo de su niñez se erige en una forma métrica poética, en un metrónomo perfecto de los tempos de esos sentimientos falsos y reinterpretados por la memoria. El impacto del contraste entre las preciosas acuarelas y el blanco y negro que delimitan la región de la memoria y del presente no hace sino reafirmar la brillante puesta en escena de Auladell. Pero si todo lo dicho no os convence, sólo os digo que leáis las dos páginas que abren el álbum: si en las últimas viñetas no sentís como el viento os hace llegar la caricia de los cabellos de Bez, su dulce olor, es que este álbum no es para vosotros.(4-)
Y la segunda de las novedades de Ponent confirma la progresión de un autor que es capaz de sorprendernos en cada nueva obra. “Nuestro verdadero nombre” es un nuevo peldaño en la ascensión del creador de ilusiones llamado Luis Durán, un autor dotado de una imaginación desbordante que explora nuevos caminos de la fabulación clásica. En esta nueva obra Durán se adentra en los mecanismos que crean las leyendas, en cómo simples historias crecen y se desarrollan, se convierten en mágicas y toman vida propia hasta saltar los límites de la realidad para caer en el terreno de lo mitológico y legendario. Si hasta ahora sus obras eran cuentos, casi de factura clásica, ahora Durán se permite el lujo de acceder a las bambalinas de esas fabulaciones, a plantear cómo las anécdotas pasan de boca en boca y cómo la razón (perfectamente personificada en el terrible Sr. Powers, constructor de patíbulos, que usa la ciencia y la lógica para arrebatar vidas y sueños) se enfrenta inútilmente a la fuerza de la ilusión y la imaginación. Un maravilloso tebeo en el que Durán, acerca su dibujo a pasos agigantados al de mi amado y siempre incomprendido Micharmut (del que Ponent editará el mes que viene “Arf”), un estilo difícil y que no agradece en nada el grave problema que tiene, a mi entender este álbum: la penosa maquetación. A una portada poco afortunada, cuanto menos, hay que añadir una rotulación fría e inexpresiva y un diseño de páginas separadoras de capítulos horroroso, un conjunto que puede tirar atrás a cualquier posible comprador que no sepa lo que se va a encontrar en su interior. Un envoltorio que hace un flaco favor al excelente contenido. (3+)

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