Un nuevo Asterix

Dentro de unos minutos, Albert Uderzo protagonizará una multitudinaria rueda de prens en Bruselas para dar a conocer el nombre del próximo álbum de Asterix, que aparecerá simultáneamente en 104 lenguas en todo el mundo, con un tirada global de 8.000.000 de ejemplares, de los que 3.2 millones serán para el mercado francés y unos 200.000 para el español. Un fenómeno social y cultural que ha invertido medio millón de euros en las labores de promoción, que van desde la página web oficial, que lleva ya unos meses con una especie de juegos de pistas sobre el título (que ya ha generado una página web de especulaciones) y tema del nuevo álbum hasta las tournés, presentaciones, exposiciones y demás que van a hacerse por todo el mundo (en España, sin ir más lejos, la FNAC de Callao tiene prevista una gran exposición del 26 de septiembre al 1 de noviembre, así como actividades infantiles los domingos 2, 9 y 16 de octubre).
Impresionante.
Y ojo, que seguro que conseguirán la publicidad buscada, porque es obvio que todos los medios informativos dedicarán algo de su tiempo a glosar y hablar de este nuevo álbum (de hecho, mi intervención anoche en el programa de radio El Ombligo de la Luna era por esta razón). Se decía, con razón, en uno de los comentarios a la nota que puse sobre el programa de radio que precisamente éste álbum es de los que no necesitan promoción, indicando que hay otros tebeos a publicitar. Y es cierto, pero eso no significa que sea malo en sí mismo que éste nuevo álbum tenga el eco mediático que se le dará.
Nadie va a negar que este tebeo no necesita promoción, pero esa publicidad innecesaria lo único que hace es poner, al menos durante unos días, al tebeo a la misma altura que otros medios. Porque no nos engañemos: las películas, libros o discos de música de las que se habla en televisión, radio o revistas son exactamente aquellas que no necesitan promoción y que van a ser un bombazo de taquilla con o sin publicidad. Si Spielberg estrena una película, todos los medios darán cumplida y extensa cuenta del estreno, pero si lo hace Jim Jarmush, difícilmente veremos una mención de más de unos segundos en algún informativo extraviado. Por desgracia, el show-business está por encima de los intereses culturales y sólo se preocupa de que sus espectaculares inversiones sean traducidas en píngües beneficios.
Astérix es, hoy por hoy, un emporio empresarial que, paradójicamente, es el equivalente europeo a los tebeos de la Marvel: un gigantesco franquiciado que precisa la excusa de un nuevo álbum cada cuatro años para seguir manteniendo todos los productos que se derivan de ellos, desde el merchandising a las películas pasando por los parques de atracciones. Lo de menos es el tebeo, se venderá sea bueno o sea malo, siguiendo la teoría de que basta con hablar mucho de algo para que se venda.
Personalmente, me interesa bastante poco esta nueva entrega del galo irreductibel. De hecho, tras la muerte de Goscinny, la serie dejó de tener interés y cayó en una repetición insulsa de tópicas, demostrando que Uderzo es un gigantesco dibujante, un pésimo guionista, pero un genial empresario.
Lo más curioso es que todo lo que rodea a Astérix fue criticado con dureza en el genial Obelix y Cia., una acidísima crítica del mercantilismo salvaje y sus consecuencias y último álbum de Goscinny, que quizás tuvo una inesperada visión de lo que iba a ser la serie…

ACTUALIZACIÓN (22/09/05)
Ya hay título definitivo para la 33 aventura de Astérix: “Le ciel lui tombe sur la tête” (El cielo se nos cae encima). Y los números, escalofriantes: 8 millones de ejemplares en 13 lenguas, 3.200.000 ejemplares sólo para Francia, 300.000 en castellano y 50.000 en catalán.