Por fin vuelvo a leer algunas cosillas

Tras muchos días atado a una mesa corrigiendo, vuelvo a recuperar el control de mi tiempo y, ¡oh sorpresa! Ya me he podido leer algunos tebeos atrasadísimos, así que para aligerar la lista, hago reseña rápida de las lecturas:
La ruta de Tao Bang, de Stanislas y Rullier es la segunda entrega de Las aventuras de Víctor Levallois, una antigua serie de Stanislas que entronca directamente con dos de las grandes pasiones francesas: la aventura y la reflexión sobre la pérdida de Indochina, una unión bien conocida por el público francés, que gusta de esa aventura de estilo oriental con tintes de Conrad y que tantas buenas series ha dado, como el Theodere Poussin de LeGall o Les Innomables de Yann y Conrad. No llega Rullier a la altura de estas series pero desarrolla un medido guión en el que exotismo, amoríos, un poco de serie negra y un poco de historia se mezclan con eficacia para lograr una lectura entretenida, al mismo nivel que la primera entrega, Tráfico en Indochina. Agradable sin estridencias (2-).
Sensaciones parecidas me provoca la lectura de los Astonishing X-Men de Cassaday y Whedon. Un tebeo entretenido y de lectura fácil que me lleva a reflexionar sobre lo curioso que es que hayan tenido que ser los guionistas que provienen de la televisión los que volvieran a darle un sentido al formato cómic-book, demasiado lastrado en estos últimos tiempos por autores que pensaban claramente en la publicación posterior en tomo recopilatorio. Whedon (y Stracynski, es evidente) traslada casi forma exacta la estructura de un capítulo televisivo al cómic-book, aplicando una concepción de los tempos narrativos muy cinematográfica (incluyendo el necesario punto de tensión de la última viñeta del tebeo para enganchar al lector) que Cassaday interpreta a la perfección, con apenas algunas concesiones a los recursos propios de la historieta, como el uso del pase de página como elemento de tensión emocional y sorpresa. No cuenta nada nuevo, es más, recupera en cierta medida el aire de los mutantes de Claremont centrándose en esta primera trama en los problemas personales de los protagonistas, con la misma ingenuidad de visión que tenía el inglés si cabe, pero es una lectura que es consciente de su función y limitaciones, lo que se agradece (1+).
La decepción, relativa, viene de City of Tomorrow, la última obra de Howard Chaykin y a la que tenía muchísimas ganas tras el buen rato pasado con Mighty Love o Challengers of Unknown. No es una mala obra, pero Chaykin ha perdido en esta parábola sobre la alienación y el progreso parte del mordiente, mala leche y, sobre todo, la radical experimentación narrativa que mostraba en sus anteriores obras. Aún así, sigue quedando la provocación inteligente y un divertido guión que traslada los enfrentamientos mafiosos de los años 20 a un futuro de telenovela donde en una utópica ciudad ideal los sirvientes robóticas se rebelan para conformar mafias locales. Un tebeo superior a la media de lo que se ve hoy en día en el mainstream pero que deja ese puntillo de amargura en su degustación de saber hasta dónde es capaz de llegar Chaykin.(1)