Lecturas astronómicas

No recordaba yo que los lunes por la mañana las sábanas se transmutasen en hormigón del bueno, de ese de tonelada por metro cuadrado que se usa en puentes y viaductos. Vamos, que levantar las sábanas hoy ha sido un ejercicio digno de Bruce Banner en sus mejores momentos de verdosidad fosforescente.
Aunque tampoco hay que quejarse, que hoy tendremos acontecimiento astronómico de esos que dejan patidifuso al personal y que haría que nos acojonásemos de no ser por el bombardeo mediático que nos ha dejado bien claro que el mundo no se acaba (bueno, quizás Lagerfeld piense lo contrario). Pero ojito, y nunca mejor dicho, que mi vena profesional de la visión me obliga a advertiros que toméis todas las precauciones posibles para su correcta observación: gafitas de protección homologadas y demás, ya sabéis. O que lo veáis por internet, que se verá de maravilla. Más información en eclipseanular.com.
Claro que entre tanta información sobre planetas, sistemas solares y demás, me ha venido al pelo que tuviera pendiente un par de lecturas. La primera, una que se podría calificar como ideal para estos días: el primer recopilatorio de El Cuarto Mundo de Jack Kirby, que recoge los primeros números de la serie New Gods. Un volumen que se pude resumir fácilmente en dos palabras: Kirby desatado. El “rey” llegó a DC con ganas de seguir explorando ese mundo mítico y épico que había iniciado en Marvel (desde los episodios más épicos de 4F a las memorables sagas mitologicas en Thor), retomando viejas series como Jimmy Olsen y creando nuevas para dar rienda suelta a sus excesos. Posiblemente hoy la serie quede anticuada, casi ridícula, con unos personajes estrambóticos y delirantes (¿qué pensar de un esquiador galáctico?) que sólo abren la boca para dictar sentencias grandilocuentes y vacuas. Es cierto, no lo voy a negar, pero también es cierto que si se sabe entrar en el juego épico de Kirby, en ese teatro de la maravilla épica, la serie adquiere todo su potencial, a modo de relato que comparte y explota todas las claves de la mitología más clásica. Kirby ha sido el único dibujante que ha sido capaz de representar lo grandioso, lo inabarcable e inabordable. Sólo él es capaz de dibujar espacios profundos donde “gigantes prometeicos están anclados a gigantescos mundos”, a representar el infinito. A Kirby hay que leerlo con el espíritu de un niño que va a ver “Star Wars”, que se ofrece a ser hipnotizado por las imágenes.
Si se consigue llegar con esa virginal conducta a “El Cuarto Mundo”, la serie os proporcionará un buen rato de diversión. Si no lo conseguís, queda siempre el recurso de admirar la potencia de la narrativa de Kirby, su uso de la splash page como momento de impacto dramático o su espectacular composición de viñeta. Que no es poco. (4-)
La edición de Planeta, correcta, aunque no le encuentro mucho sentido a aumentar el tamaño de página respecto a la antigua Biblioteca Marcel para no aumentar la mancha, el espacio que ocupa la historieta en la misma.
La segunda lectura me llega de los USA, el último volumen del Sleeper de Brubaker y Philips, The long way home, brillante conclusión de una de las mejores series que ha dado el mainstream en los últimos años. Tenía yo mis dudas sobre cómo se iba a cerrar la serie y mucho me temía que la evolución del agente doble Holden Carver se estaba dirigiendo a un callejón sin salida, pero debo reconocer que Brubaker me ha sorprendido con un arriesgado giro argumental que redondea a la perfección la historia. En las anteriores entregas se nos ha presentado un personaje que desconocía realmente dónde estaban los límites del bien y del mal, que tenía que decidir cuál de las dos visiones del juego era la correcta aún a sabiendas que él mismo era el protagonista de una gran mentira, donde las dos partes se desvelaban como dos caras de la misma moneda. Una situación compleja, porque pocas salidas le quedaban al protagonista salvo este enfrentamiento cara a cara contra Lynch y Tao, un pulso del que se sabe perdedor pero en el que juega una carta desesperada.
Es una verdadera lástima que Planeta no publique esta segunda sesión de la serie, porque es, sin duda y como ya he dicho, uno de los mejores tebeos que he leído este año. Un tebeo de género con un guión sólido, excelentes personajes, bien conducidos en una trama compleja que atrapa. Otro gallo nos cantaría si el mainstream americano tuviera siempre esta calidad. (4-)

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