Aquí mismo

Cuando Norma anunció la publicación de Ici Même, de J.C. Forest y Tardi, varios sentimientos contradictorios me invadieron. A un lado el buen recuerdo que guardaba de este tebeo, leído en su edición de Laertes hace ya más de veinte años (¡ay! de cuando esta editorial nos regalaba con las maravillosas ediciones de McCay, Altan o F’Murr), una lectura combativa perfecta para la ideología versión pupurrí típica de un adolescente de aquellos años 80. Pero la experiencia me dice que veinte años pueden ser nada o mucho y que muchas de aquellas lecturas que me fascinaron entonces ahora han bajado muchos enteros en mi apreciación (por no decir que me saca los colores pensar lo mucho que me gustaron) y esta obra es hija de su tiempo, de esa historieta tan particular que parieron los franceses en los 70, hija de la Dña. Psicodelia y Don Anarquismo aburguesado. Un tebeo que visto con la perspectiva es, además, extraño en su concepción, uniendo dos autores tan dispares como Forest y Tardi. El primero, un autor de culto que dio el pistoletazo de ese nuevo cómic francés de los 60 con Barbarella, y que siguió en la ciencia-ficción más onirista como vehículo de expresión de sus ideas, con obras tan interesantes como Los Náufragos del tiempo (con Gillon), o con tan hipnóticas como La jonque fantme, vue de l’orchestre; el segundo, un autor que ya había dejado la etapa de promesa para ser toda una revelación con obras como Griffú o Adéle Blanc-Sec, donde había demostrado su pasión por el género y el novela de misterio del s. XIX. Dos autores en las antípodas que se unían para el primer número de la revista (A Suivre) con un relato que mezclaba el surrealismo con la denuncia social, pero contado a modo de relato popular.
Una situación en la que no me he podido resistir y he desempolvado el vestusto ejemplar de la edición de Casterman que tenía para resolver la duda.
¡Y qué equivocado estaba!
Pese a los años pasados, Ici Même sigue manteniendo su fuerza inicial, producto de esa unión de contrarios tan antinatura. Me he vuelto a quedar prendado de la extraña historia del pobre Arthur Même, desterrado a vivir encima de los muros de su antigua propiedad familiar, lo único que le han dejado sus despóticos primos. Paradójicamente, estos muros que son su única propiedad contienen también las puertas de entrada y salida de la propiedad, lo que le permite a Même cobrar peaje a sus enemigos, que es usado para pagar a los abogados que intentan devolverle su propiedad. Entre el onirismo y el costumbrismo más surrealista, Forest y Tardi crean una metáfora apasionante de la sociedad, de la ambigua relación entre el poder (los políticos y terrateniente) y el pueblo (el propio Même). Son los poderosos los que disfrutan de las posesiones de Même, pero es él el que tiene las llaves que dan paso o salida a la propiedad, una representación casi literal de lo que es la política en democracia.
Es verdad que, veinticinco años después de su concepción, chirrían algunos conceptos, algunas poses que hoy se nos antojan lejanas, pero son pocas y no le restan sentido a su lectura. Quizás sigue pesando todavía en el debe esa parte final de la historia, que ya en su día me pareció excesiva y laberíntica, que se antoja como sin rumbo claro y que le resta la posibilidad de convertirse en una obra redonda y perfecta.
Aún así, una excelente lectura que sorprenderá a más de uno. (4-)

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