¡Feliz cumpleaños Nemo!

Y es que, tal día como hoy de 1905, aparecía por primera vez Little Nemo in Slumberland en las páginas del New York Herald, comenzado la primera gran Obra Maestra de la historieta, con mayúsculas.

Para los interesados, os recuerdo que hace poco dediqué un post de las serie Mis tebeos favoritos a la gran obra de McCay y que la editorial Sins Entido acaba de publicar un libro homenaje en el que, además de una selección de planchas de la serie, hay colaboraciones de Jan Baetens, Benot Peeters, Peter Maresca, Paul Auster, Jean-Marie Apostolidès, Pierre Fresnault-Deruelle, Pierre Sterckx, Thierry Groensteen, Thierry Smolderen, Gilles Ciment, Serge Tisseron, Benot Mouchart, Henri Van Lier y Jean Rouaud, Art Spiegelman, Chris Ware, Bill Watterson, Craig Thompson, David B, Joann Sfar, Franois Schuiten, Jean-Philippe Bramanti, Marc-Antoine Mathieu, Moebius, Lorenzo Mattotti, Igort, Katsuhiro Otomo, Jiro Taniguchi y Miguelanxo Prado.

Sí que se ha caído, sí…

Alucinado estoy. Psicotropizado, psicodelizado y alucinado.
Y con un tebeo oigan. Con el último Astérix concretamente, !El Cielo se nos cae encima!
No iba a comprarlo, no me interesaba nada, pero a lo largo del día iban apareciendo opiniones a las que no llegaba a dar crédito…¿podía ser posible lo que estaba leyendo? Tenía que leerlo.
No podía ser posible.
Pues lo es. ¡Vaya si lo es!
Os pongo en antecedentes porque la cosa se lo merece: resulta a que nuestra bien conocida aldea gala llega un extraterrestre, un dyswaltniano llamado Kar Tun (una mezcla de Pogo y Mickey Mouse), acompañado de sus superclones (vestidos de azul con una gran capa roja, calzoncillos y botas rojas y cara de Arnoldo Chucheneger), para advertir a los irreductibles galos del terrible peligro que se avecina: los terribles y malísimos ‘Namgas’, seres amarillos de ojos rasgados con caparazón metálico y que viajan en naves gigantes de extraño parecido a Mazinger Z.
Parece una broma, pero no lo es… es muy cierto. Resulta que el sr. Uderzo y sus ayudantes se descuelgan en pleno s XXI con una pueril y absurda denuncia de la invasión manga que llega al mundo del tebeo, que sólo los irreductibles franceses de la BD pueden detener gracias a su ingenio y valentía.
Chauvinismo vulgar que no tiene nada que ver con el practicado en su día por Goscinny, que sabía reírse sabiamente de los tópicos franceses, con elegancia, inteligencia y brillantes diálogos y personajes.
Pero ya no es que el argumento sea una simple rabieta de abuelo que no entiende el manga… es que el resto del álbum es terrible. Los diseños de los “namgas” son dignos del Sanchis-manga, esa forma de entender el tebeo japonés que se inventó Sanchís en los 70 con sus adaptaciones de “Mazinger Z, el robot de las estrellas”, mezcladas con un poquito de “Los Caballeros del Zodiaco”, para que no se diga. A lo que hay que añadir que Uderzo (o sus ayudantes) ha descubierto el Photoshop, calzándonos unos ‘efectos especiales’ dignos de principiante que acaba de descubrir el programa y comienza a probar los botoncitos.
No discuto que Uderzo tenga derecho a quejarse de cómo el manga le quita mercado al tebeo tradicional francés, que a fin de cuentas, seguro que parte de ese 30% creciente de cuota que tiene el tebeo japonés en Francia ha sido a costa de sus suculentos ingresos, pero… con dignidad por favor. Recuerdo todavía la genial historieta de Boucq de Jerónimo Puchero en la que los personajes de siempre tienen que aprender el lenguaje del manga. Simple, concisa, imaginativa y genial. A años luz de lo que esta nueva entrega de la factoría Uderzo que no es sólo que sea un destarifo sin pies ni cabeza, es que no tiene gracia.
Ni disfrutar con el dibujo de Uderzo he podido.
Un rotundo (0).

La secreta relación II: ¿son los superhéroes un género adulto?

Buena pregunta, sí señor. Y un poco marciana, si se me permite. Porque que yo sepa, nadie se cuestiona si el western es adulto, o el terror, o la ciencia-ficción. Y como género o subgénero (me da igual, considero aquí el sub no como inferior, sino como parte de) me parece increíble que a estas alturas se siga haciendo este planteamiento.
Es un género más y, como tal, pues habrá obras buenas y malas, dirigidas a un público más o menos adulto…¿qué más da?
Pero si lo da, pero el problema no lo tiene el género, lo tenemos los lectores.
Nadie puede discutir que el género superhéroico nació como un entretenimiento para preadolescentes y adolescentes, es un hecho objetivo. Su audiencia durante casi cuatro décadas han sido los ávidos y voraces lectores de 12 a 16 años. Algo que, en principio, no deja de tener mayor importancia porque, en general, los tebeos han estado destinados al público infantil mayoritariamente hasta hace apenas una década.
El problema es que en cierto momento histórico indefinido, los lectores infantiles dejaron de leer esos tebeos y se trasladaron a otras formas de entretenimiento, dejando al género sin repuesto generacional. Y los editores, que no son tontos, decidieron ir aumentando selectivamente la edad a la que iban destinados sus productos. Primero lectores tardo-adolescentes, luego jóvenes y hoy machuchitos treintañeros y casi cuarentones. Precisamente esos lectores que miran atrás y se preguntan:”Estoy leyendo lo mismo que leía cuando era niño…¿seré un crío?”.
Pues no, no lo son.
El género ha ido cambiando, creciendo y adaptándose, acogiendo historias más adultas (por desgracia, muchas veces confundiendo el término adulto con enseñar un par de tetas o decir unos cuantos tacos)… pero con las mismas preconcepciones creativas que el género tenía cuando estaba dedicado a los niños.
Ése es, a mi entender, el problema: se quieren aplicar las mismas reglas creativas e industriales de un producto infantil a un lector ya maduro, considerándolo como un comprador compulsivo con las características de un lector de 13 años. Se sigue jugando con términos como la continuidad, el culto al personaje… Con formatos, y técnicas de marketing propias de la infancia cuando lo que se está vendiendo es un tebeo para adultos.
Pero los editores lo tienen todo a favor, porque juegan con ese terrible sentimiento de inferioridad del lector de superhéroes que no es sino una particularización del síndrome de lector de tebeos: el miedo al qué dirán los demás cuando nos vean leer tebeos.
“¡Qué dirán de mí, un probo y prestigioso profesional si me ven leyendo tebeos!”
Y lo peor es que incluso ese sentimiento lo tenemos entre los propios lectores de tebeos, que nos atacamos, etiquetamos y nos reímos mutuamente unos de otros. Los gafapasteros de los pijameros, los pijameros de los gafapasteros, los pijameros de los mangosos y los mangosos de los anteriores…una rueda enfermiza en la que todos perdemos porque al fina…todos leemos tebeos. Todos.
Cada cual con sus gustos, pero no confundamos términos.
¿Se pueden hacer tebeos adultos con los superhéroes? Sí, desde luego. Otra cosa es como se hagan o si se hacen, pero hay demostraciones fehacientes de que el género lo permite: de Moore a Milligan. Pero también se pueden hacer excelentes tebeos infantiles.
Como también se pueden hacer con cualquier otro género. Como los hay en el manga, en el alternativo y lo que sea: de Doraemon a Hideshi Hino, de Peyo a Tardi, de Berrio a Durán, de Kirby a Moore… ¿qué problema hay?
Lo que tiene que haber es tebeos para niños, para adultos, adolescentes y ancianos si se tercia.
Y del género que sea.

La secreta relación entre los superhéroes, el porno y las patatas fritas

Os engañe. Habéis leído el título en Tebelogs! y esperabais una serie de libidinosas imágenes sacadas de contexto ¿verdad?. Pues os habéis equivocado, lo que sigue es un tocho retroautobiográfico sentimentaloide y nostálgico que no hay quien aguante, con polémica incluida sobre pijameros y gafapastas. Si queréis pasarlo bien, dirigiros rápidamente al blog de Jotacé, que os echaréis unas sanas risas.
Y avisado el personal, entro a trapo con un tema que, por eterno, comienza a anquilosarse en un toma y daca de opiniones que parece ya abocado al infinito: los superhéroes.
Resulta que hace unos días, el amigo Rafa Marín lanzaba la liebre afirmando el cansancio que le producían los tebeos de superhéroes que se producían de un tiempo a esta parte. Un artículo que recibió la friolera de 360 comentarios y que relanzó el enfrentamiento finisecular “género de superhéroes” contra “el resto del mundo mundial”, con repercusiones y comentarios en muchos blogs, alguno tan interesante como el de Toni Boix en Zona Negativa, y con coletazos incluso por los comentarios de esta web.
Servidor poco tiene que decir que no haya dicho ya, pero voy a intentar resumir y ordenar mis ideas, por aquello de echar más leña al fuego, si cabe.
Yo me he criado leyendo superhéroes, es cierto, pero no del todo. Me explico: uno era de los que tuvo la suerte de disfrutar de una buena colección de tebeos paterna, mucho clásico de prensa de la Dólar, mucho tebeo de Novaro y mucho más de Bruguera. De niño, aprendí a leer con los Dumbo de Disney, con sus golfos apandadores, Mickey Mouse, Goofy y Donald (que ahora sé que eran de Gottfredson, Barks…) para luego lanzarme sin red al humor de Bruguera de los primeros 70, de los Tiovivo, Pulgarcito, mortadela y demás… Eran mis lecturas preferidas, aunque también lo era ese Batman psicotrópico-psicodélico de Novaro, las locas historias de Sheldon Moldoff que me divertían y que luego podía ver en la tele casi calcadas. Me encantaban, pero también Superman, los Temerarios, el Guardián del Espacio… y las geniales historias del Museo del Espacio, de Mi Gran Avnetura y Titanes Planetarios. Pero ¡ay! crecí y me encontré con el Flash Gordon de Dan Barry, con Mandrake y con el Hombre Enmascarado de McCoy que me fascinaron. Era un renacuajo que no llegaba a los diez años y que ya soñaba con viajar a Mongo, con pelear en la jungla contra los contrabandistas y hacer juegos de magia increíbles. Y justo estaba yo en eso cuando descubrí a Zarpa de Acero, Kelly Ojo mágico, los muñecos de Dolman o Spider, con su mala leche a raudales y su humor socarrón.
Así que me vais a perdonar, pero cuando llegaron a mi mano los primeros superhéroes de Marvel de la mano de Vértice, con sus neuras personales, lo único que pensé es “Vaya gilipollez”. Esos ¿héroes? no le llegaban a la altura del talón a Flash Gordon o al Hombre Enmascarado, no tenían la ambigüedad de Luis Crandell o la malicia de Spider… ni siquiera me divertían como los de Novaro (que luego supe que eran de la DC).
Vale sí, me gustaban el Hombre de Hierro, la Patrulla X y Dan Defensor, por aquello de la tecnología y la pasión robotil (que por aquella época venía el Mazinger), pero Spiderman me parecía el horror de los horrores y no digamos Los Vengadores o Los 4F, pesados y aburridos como pocos. Me enganché, recuerdo, a la Patrulla X de Byrne y Claremont, que me parecía más divertida. Y a Nova, por aquello de ser serie nueva y que podía seguir… pero duró poco la cosa, porque tras la esquina estaban los tebeos de Toutain, con su 1984 y su Creepy, género puro, todo sea dicho, con una perspectiva más “adulta” (vamos, que salían tetas) y que me atrajeron y subyugaron con sus cantos de sirena (ay! ¡Corben, mon amour!). No duré yo ni un par de años con los superhéroes, que todo sea dicho, no aguantaban los críticos análisis de repelente empollón que era yo por aquella época (un ejemplo:”a ver, si uno tiene superpoderes…¿porqué tiene que estar cuadrado y mazas? Digo yo que si uno le puede dar dos sopapos al malo de turno y lanzarlo a un kilómetro de distancia, como que puede estar tranquilamente gordo, flaco o como le dé la gana ¿no?”). Volví a ellos años más tarde, con los Miller, Moore y demás, y con el crash de las revistas. Y a fe mía que leí más superhéroes que en toda mi vida… y los sigo leyendo. Pero no es lo mismo.
Por lo dicho, queda claro que no comparto esa pasión de muchos de “haber crecido” con el género, con lo que me parece uno más de tantos. No es, por tanto, lo mismo que le ocurre a otros. No hay esa complicidad entre lector y lectura que otros encuentran.
Y quizás por eso, tampoco entiendo esa equiparación automática entre género de superhéroes y cómic que se hace habitualmente. Es cierto que es el género de mayor producción de títulos anual (con el permiso del manga) y, posiblemente, con mayores ventas mundiales (permiso otra vez del manga y de Titeuf, Astérix y demás) …¿y?
El porno es, sin duda, el género de mayor producción en el cine (y posiblemente de mayores ventas) y a nadie se le ocurre equiparar este género con el medio. Y mucho menos, cabrearse si alguien afirma que el 99% es basura (excepción hecha de los implicados directamente en la producción).
El género de superhéroes se ha convertido hoy en una especie de gigantesca máquina de hacer salchichas donde sólo importa la cantidad que se produce y que todas sea exactamente iguales, por lo que entiendo perfectamente la postura de Rafa, aunque no la comparta.
Porque la realidad es que al final es una cuestión de proporciones. Hagamos la distinción que hagamos, género, nacionalidad, temática… la mayoría de la producción es muy flojita por no decir directamente basura. Pasa en el manga, en la BD, en la ciencia-ficción y en lo que queramos. Es verdad que a mi entender, esta proporción es mayor en el género de superhéroes, pero no nos equivoquemos, no es por el género en sí, sino por los condicionantes industriales que lo envuelven: es donde los imperativos editoriales más buscan la uniformidad (nunca mejor dicho) y donde más se produce. Pero eso no quita que no haya excelentes tebeos de superhéroes hoy.
El problema es, al final de todo, la etiqueta, la necesidad de compartimentación. No hay nada más terrible que ver que alguien sólo lee superhéroes, o manga, o BD… Yo recuerdo que cuando hace unos años leía una reseña que ponía bien un tebeo en un tebeo de Toutain, por ejemplo, mi pensamiento era “joder quiero leerlo”. Pero ahora la reacción es siempre: “eso debe ser una mierda de …….”, y póngase en los puntos suspensivos pijameros o gafapastas al gusto. Es como si uno sólo comiese patatas fritas y cuando le enseñas un cocido madrileño, una paella o una exquisitez gastronómica dijese: “¡que asco, no lleva patas fritas!”. Vamos, yo en esa situación me como las patatas, el cocido, la paella, la exquisitez y lo que venga. Así me va a mí…
Señoras y señores: hay buenísimos tebeos en todas partes. En el manga, en los superhéroes, en la BD, en el alternativo. Y también hay malísimos. Pero no nos cerremos, no cataloguemos el tebeo con absurdas etiquetas, no perdamos la curiosidad por descubrir nuevos tebeos que nos cuenten cosas nuevas y distintas.
La única manera de no perder la ilusión de leer tebeos es tener la seguridad absoluta de que no se han leído nunca los suficientes y de que la mejor obra a leer está siempre por llegar.