La secreta relación entre los superhéroes, el porno y las patatas fritas

Os engañe. Habéis leído el título en Tebelogs! y esperabais una serie de libidinosas imágenes sacadas de contexto ¿verdad?. Pues os habéis equivocado, lo que sigue es un tocho retroautobiográfico sentimentaloide y nostálgico que no hay quien aguante, con polémica incluida sobre pijameros y gafapastas. Si queréis pasarlo bien, dirigiros rápidamente al blog de Jotacé, que os echaréis unas sanas risas.
Y avisado el personal, entro a trapo con un tema que, por eterno, comienza a anquilosarse en un toma y daca de opiniones que parece ya abocado al infinito: los superhéroes.
Resulta que hace unos días, el amigo Rafa Marín lanzaba la liebre afirmando el cansancio que le producían los tebeos de superhéroes que se producían de un tiempo a esta parte. Un artículo que recibió la friolera de 360 comentarios y que relanzó el enfrentamiento finisecular “género de superhéroes” contra “el resto del mundo mundial”, con repercusiones y comentarios en muchos blogs, alguno tan interesante como el de Toni Boix en Zona Negativa, y con coletazos incluso por los comentarios de esta web.
Servidor poco tiene que decir que no haya dicho ya, pero voy a intentar resumir y ordenar mis ideas, por aquello de echar más leña al fuego, si cabe.
Yo me he criado leyendo superhéroes, es cierto, pero no del todo. Me explico: uno era de los que tuvo la suerte de disfrutar de una buena colección de tebeos paterna, mucho clásico de prensa de la Dólar, mucho tebeo de Novaro y mucho más de Bruguera. De niño, aprendí a leer con los Dumbo de Disney, con sus golfos apandadores, Mickey Mouse, Goofy y Donald (que ahora sé que eran de Gottfredson, Barks…) para luego lanzarme sin red al humor de Bruguera de los primeros 70, de los Tiovivo, Pulgarcito, mortadela y demás… Eran mis lecturas preferidas, aunque también lo era ese Batman psicotrópico-psicodélico de Novaro, las locas historias de Sheldon Moldoff que me divertían y que luego podía ver en la tele casi calcadas. Me encantaban, pero también Superman, los Temerarios, el Guardián del Espacio… y las geniales historias del Museo del Espacio, de Mi Gran Avnetura y Titanes Planetarios. Pero ¡ay! crecí y me encontré con el Flash Gordon de Dan Barry, con Mandrake y con el Hombre Enmascarado de McCoy que me fascinaron. Era un renacuajo que no llegaba a los diez años y que ya soñaba con viajar a Mongo, con pelear en la jungla contra los contrabandistas y hacer juegos de magia increíbles. Y justo estaba yo en eso cuando descubrí a Zarpa de Acero, Kelly Ojo mágico, los muñecos de Dolman o Spider, con su mala leche a raudales y su humor socarrón.
Así que me vais a perdonar, pero cuando llegaron a mi mano los primeros superhéroes de Marvel de la mano de Vértice, con sus neuras personales, lo único que pensé es “Vaya gilipollez”. Esos ¿héroes? no le llegaban a la altura del talón a Flash Gordon o al Hombre Enmascarado, no tenían la ambigüedad de Luis Crandell o la malicia de Spider… ni siquiera me divertían como los de Novaro (que luego supe que eran de la DC).
Vale sí, me gustaban el Hombre de Hierro, la Patrulla X y Dan Defensor, por aquello de la tecnología y la pasión robotil (que por aquella época venía el Mazinger), pero Spiderman me parecía el horror de los horrores y no digamos Los Vengadores o Los 4F, pesados y aburridos como pocos. Me enganché, recuerdo, a la Patrulla X de Byrne y Claremont, que me parecía más divertida. Y a Nova, por aquello de ser serie nueva y que podía seguir… pero duró poco la cosa, porque tras la esquina estaban los tebeos de Toutain, con su 1984 y su Creepy, género puro, todo sea dicho, con una perspectiva más “adulta” (vamos, que salían tetas) y que me atrajeron y subyugaron con sus cantos de sirena (ay! ¡Corben, mon amour!). No duré yo ni un par de años con los superhéroes, que todo sea dicho, no aguantaban los críticos análisis de repelente empollón que era yo por aquella época (un ejemplo:”a ver, si uno tiene superpoderes…¿porqué tiene que estar cuadrado y mazas? Digo yo que si uno le puede dar dos sopapos al malo de turno y lanzarlo a un kilómetro de distancia, como que puede estar tranquilamente gordo, flaco o como le dé la gana ¿no?”). Volví a ellos años más tarde, con los Miller, Moore y demás, y con el crash de las revistas. Y a fe mía que leí más superhéroes que en toda mi vida… y los sigo leyendo. Pero no es lo mismo.
Por lo dicho, queda claro que no comparto esa pasión de muchos de “haber crecido” con el género, con lo que me parece uno más de tantos. No es, por tanto, lo mismo que le ocurre a otros. No hay esa complicidad entre lector y lectura que otros encuentran.
Y quizás por eso, tampoco entiendo esa equiparación automática entre género de superhéroes y cómic que se hace habitualmente. Es cierto que es el género de mayor producción de títulos anual (con el permiso del manga) y, posiblemente, con mayores ventas mundiales (permiso otra vez del manga y de Titeuf, Astérix y demás) …¿y?
El porno es, sin duda, el género de mayor producción en el cine (y posiblemente de mayores ventas) y a nadie se le ocurre equiparar este género con el medio. Y mucho menos, cabrearse si alguien afirma que el 99% es basura (excepción hecha de los implicados directamente en la producción).
El género de superhéroes se ha convertido hoy en una especie de gigantesca máquina de hacer salchichas donde sólo importa la cantidad que se produce y que todas sea exactamente iguales, por lo que entiendo perfectamente la postura de Rafa, aunque no la comparta.
Porque la realidad es que al final es una cuestión de proporciones. Hagamos la distinción que hagamos, género, nacionalidad, temática… la mayoría de la producción es muy flojita por no decir directamente basura. Pasa en el manga, en la BD, en la ciencia-ficción y en lo que queramos. Es verdad que a mi entender, esta proporción es mayor en el género de superhéroes, pero no nos equivoquemos, no es por el género en sí, sino por los condicionantes industriales que lo envuelven: es donde los imperativos editoriales más buscan la uniformidad (nunca mejor dicho) y donde más se produce. Pero eso no quita que no haya excelentes tebeos de superhéroes hoy.
El problema es, al final de todo, la etiqueta, la necesidad de compartimentación. No hay nada más terrible que ver que alguien sólo lee superhéroes, o manga, o BD… Yo recuerdo que cuando hace unos años leía una reseña que ponía bien un tebeo en un tebeo de Toutain, por ejemplo, mi pensamiento era “joder quiero leerlo”. Pero ahora la reacción es siempre: “eso debe ser una mierda de …….”, y póngase en los puntos suspensivos pijameros o gafapastas al gusto. Es como si uno sólo comiese patatas fritas y cuando le enseñas un cocido madrileño, una paella o una exquisitez gastronómica dijese: “¡que asco, no lleva patas fritas!”. Vamos, yo en esa situación me como las patatas, el cocido, la paella, la exquisitez y lo que venga. Así me va a mí…
Señoras y señores: hay buenísimos tebeos en todas partes. En el manga, en los superhéroes, en la BD, en el alternativo. Y también hay malísimos. Pero no nos cerremos, no cataloguemos el tebeo con absurdas etiquetas, no perdamos la curiosidad por descubrir nuevos tebeos que nos cuenten cosas nuevas y distintas.
La única manera de no perder la ilusión de leer tebeos es tener la seguridad absoluta de que no se han leído nunca los suficientes y de que la mejor obra a leer está siempre por llegar.

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