La secreta relación II: ¿son los superhéroes un género adulto?

Buena pregunta, sí señor. Y un poco marciana, si se me permite. Porque que yo sepa, nadie se cuestiona si el western es adulto, o el terror, o la ciencia-ficción. Y como género o subgénero (me da igual, considero aquí el sub no como inferior, sino como parte de) me parece increíble que a estas alturas se siga haciendo este planteamiento.
Es un género más y, como tal, pues habrá obras buenas y malas, dirigidas a un público más o menos adulto…¿qué más da?
Pero si lo da, pero el problema no lo tiene el género, lo tenemos los lectores.
Nadie puede discutir que el género superhéroico nació como un entretenimiento para preadolescentes y adolescentes, es un hecho objetivo. Su audiencia durante casi cuatro décadas han sido los ávidos y voraces lectores de 12 a 16 años. Algo que, en principio, no deja de tener mayor importancia porque, en general, los tebeos han estado destinados al público infantil mayoritariamente hasta hace apenas una década.
El problema es que en cierto momento histórico indefinido, los lectores infantiles dejaron de leer esos tebeos y se trasladaron a otras formas de entretenimiento, dejando al género sin repuesto generacional. Y los editores, que no son tontos, decidieron ir aumentando selectivamente la edad a la que iban destinados sus productos. Primero lectores tardo-adolescentes, luego jóvenes y hoy machuchitos treintañeros y casi cuarentones. Precisamente esos lectores que miran atrás y se preguntan:”Estoy leyendo lo mismo que leía cuando era niño…¿seré un crío?”.
Pues no, no lo son.
El género ha ido cambiando, creciendo y adaptándose, acogiendo historias más adultas (por desgracia, muchas veces confundiendo el término adulto con enseñar un par de tetas o decir unos cuantos tacos)… pero con las mismas preconcepciones creativas que el género tenía cuando estaba dedicado a los niños.
Ése es, a mi entender, el problema: se quieren aplicar las mismas reglas creativas e industriales de un producto infantil a un lector ya maduro, considerándolo como un comprador compulsivo con las características de un lector de 13 años. Se sigue jugando con términos como la continuidad, el culto al personaje… Con formatos, y técnicas de marketing propias de la infancia cuando lo que se está vendiendo es un tebeo para adultos.
Pero los editores lo tienen todo a favor, porque juegan con ese terrible sentimiento de inferioridad del lector de superhéroes que no es sino una particularización del síndrome de lector de tebeos: el miedo al qué dirán los demás cuando nos vean leer tebeos.
“¡Qué dirán de mí, un probo y prestigioso profesional si me ven leyendo tebeos!”
Y lo peor es que incluso ese sentimiento lo tenemos entre los propios lectores de tebeos, que nos atacamos, etiquetamos y nos reímos mutuamente unos de otros. Los gafapasteros de los pijameros, los pijameros de los gafapasteros, los pijameros de los mangosos y los mangosos de los anteriores…una rueda enfermiza en la que todos perdemos porque al fina…todos leemos tebeos. Todos.
Cada cual con sus gustos, pero no confundamos términos.
¿Se pueden hacer tebeos adultos con los superhéroes? Sí, desde luego. Otra cosa es como se hagan o si se hacen, pero hay demostraciones fehacientes de que el género lo permite: de Moore a Milligan. Pero también se pueden hacer excelentes tebeos infantiles.
Como también se pueden hacer con cualquier otro género. Como los hay en el manga, en el alternativo y lo que sea: de Doraemon a Hideshi Hino, de Peyo a Tardi, de Berrio a Durán, de Kirby a Moore… ¿qué problema hay?
Lo que tiene que haber es tebeos para niños, para adultos, adolescentes y ancianos si se tercia.
Y del género que sea.

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