Sí que se ha caído, sí…

Alucinado estoy. Psicotropizado, psicodelizado y alucinado.
Y con un tebeo oigan. Con el último Astérix concretamente, !El Cielo se nos cae encima!
No iba a comprarlo, no me interesaba nada, pero a lo largo del día iban apareciendo opiniones a las que no llegaba a dar crédito…¿podía ser posible lo que estaba leyendo? Tenía que leerlo.
No podía ser posible.
Pues lo es. ¡Vaya si lo es!
Os pongo en antecedentes porque la cosa se lo merece: resulta a que nuestra bien conocida aldea gala llega un extraterrestre, un dyswaltniano llamado Kar Tun (una mezcla de Pogo y Mickey Mouse), acompañado de sus superclones (vestidos de azul con una gran capa roja, calzoncillos y botas rojas y cara de Arnoldo Chucheneger), para advertir a los irreductibles galos del terrible peligro que se avecina: los terribles y malísimos ‘Namgas’, seres amarillos de ojos rasgados con caparazón metálico y que viajan en naves gigantes de extraño parecido a Mazinger Z.
Parece una broma, pero no lo es… es muy cierto. Resulta que el sr. Uderzo y sus ayudantes se descuelgan en pleno s XXI con una pueril y absurda denuncia de la invasión manga que llega al mundo del tebeo, que sólo los irreductibles franceses de la BD pueden detener gracias a su ingenio y valentía.
Chauvinismo vulgar que no tiene nada que ver con el practicado en su día por Goscinny, que sabía reírse sabiamente de los tópicos franceses, con elegancia, inteligencia y brillantes diálogos y personajes.
Pero ya no es que el argumento sea una simple rabieta de abuelo que no entiende el manga… es que el resto del álbum es terrible. Los diseños de los “namgas” son dignos del Sanchis-manga, esa forma de entender el tebeo japonés que se inventó Sanchís en los 70 con sus adaptaciones de “Mazinger Z, el robot de las estrellas”, mezcladas con un poquito de “Los Caballeros del Zodiaco”, para que no se diga. A lo que hay que añadir que Uderzo (o sus ayudantes) ha descubierto el Photoshop, calzándonos unos ‘efectos especiales’ dignos de principiante que acaba de descubrir el programa y comienza a probar los botoncitos.
No discuto que Uderzo tenga derecho a quejarse de cómo el manga le quita mercado al tebeo tradicional francés, que a fin de cuentas, seguro que parte de ese 30% creciente de cuota que tiene el tebeo japonés en Francia ha sido a costa de sus suculentos ingresos, pero… con dignidad por favor. Recuerdo todavía la genial historieta de Boucq de Jerónimo Puchero en la que los personajes de siempre tienen que aprender el lenguaje del manga. Simple, concisa, imaginativa y genial. A años luz de lo que esta nueva entrega de la factoría Uderzo que no es sólo que sea un destarifo sin pies ni cabeza, es que no tiene gracia.
Ni disfrutar con el dibujo de Uderzo he podido.
Un rotundo (0).

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