ARF

Es muy difícil definir en el breve espacio de una reseña lo que es ARF, la nueva obra de Micharmut. Quizás una definición para salir del paso fuese que el volumen publicado por Ponent es una recopilación de historias cortas de Micharmut realizadas entre 1981 y el 2000 para diversas publicaciones. Seria correcta, pero poco acertada.
Se podría decir también que ARF es un muestrario de la evolución creativa de un autor durante 20 años. Es cierto, sin duda, pero hay mucho más.
Según se define en la introducción, ARF es una onomatopeya de respiración entrecortada, de extenuación y de agobio. Y ésa sí es una perfecta definición.
Porque ARF es un ejercicio extenuante de radicalidad experimental que muestra el agobio del autor ante un “establishment” que le agobio y aprisiona, que no le deja respirar. Y su respuesta es una bofetada contra todos, un puñetazo en la mesa que demuestra que los caminos de la historieta siguen estando inexplorados. En los 20 años de historietas que hay en ARF encontramos algunas de las propuestas más sugerentes e hipnóticas que se pueden hacer en el tebeo, realizadas paradójicamente desde un respeto y conocimiento profundo de la tradición del tebeo popular. Desde el culebrón reconstruído de El hombre que veía insectos al recuerdo de los orígenes del tebeo infantl con Insolación, todas las historias de Micharmut son sorprendentes vericuetos que obligan al lector a introducirse en caminos espinosos, donde se le exige un importante esfuerzo que nunca antes había visto.
Pero ARF es también, como decía, un puñetazo que dejará sin respiración a más de uno, desde esa portada que provoca la repulsión, respuesta a una sociedad donde sólo lo bonito tiene salida comercial, a la realidad inventada de esa publicación de moderneces y necedades llamada ‘ARF’, que se ríe cruelmente de aquellos que confunden la experimentación con la vacuidad, la modernidad con el esnobismo.
Micharmut ha remasterizado sus historias, cambiándolas levemente en algunos casos, profundamente en otros, incorporando nuevas ideas que han ido apareciendo en esos veinte años y consiguiendo una de las obras más alucinógenas y atrayentes que se han podido ver en el tebeo español.
Por desgracia, el autor de Raya (uno de los tebeos más interesantes de la historieta española) es un autor maldito. Sus tebeos nunca han sido precisamente populares, aunque tampoco él lo busca, porque Micharmut sigue en su camino de análisis de nuevos caminos, ajeno a todo lo que se pueda decir de él. Los que seguimos su obra desde hace un par de décadas sabemos que somos una secta, un grupúsculo, posiblemente de locos sin criterio, pero que gozamos cada una de sus obras como un festín.

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